Abr 10 2017
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Cultura

Las mil y una noches

Hace muchos a√Īos en Uruguay se eleg√≠an a los abanderados o abanderadas de la escuela, de acuerdo al promedio de sus notas durante toda la primaria. Quien ten√≠a el mejor promedio llevaba la bandera uruguaya, quien contaba con el segundo mejor promedio llevaba la bandera de Artigas y el tercero la de los Treinta y Tres Orientales. Se ten√≠an en cuenta las notas en las diferentes materias y la conducta.

Yo ten√≠a excelentes notas en toda la primaria, sab√≠a que mi promedio era uno de los mejores, pero sab√≠a tambi√©n que no ten√≠a buenas notas en conducta. A veces no aceptaba imposiciones de algunas maestras, a veces ten√≠a que colocar en su sitio a alguno que me molestaba por tener un hermano guerrillero preso, a veces me enojaba cuando ve√≠a alg√ļn tipo de injusticia y respond√≠a, y si hab√≠a que pelear me peleaba. Era una √©poca compleja.

Entonces, cuando ocurr√≠a alguna de esas situaciones iba ‚Äúen penitencia‚ÄĚ a la biblioteca. Una biblioteca cerrada, que casi no era visitada, con bastantes libros y muchos cuadernos del Ministerio de Educaci√≥n y Cultura.

Los cuadernos se supon√≠a que los maestros deb√≠an darlos a los ni√Īos que no pod√≠an compararlos. Ten√≠an tapa y contratapa grises y muy feas, con la cara de Jos√© Pedro Varela unos y la de Jos√© Artigas otros. Sin embargo, las maestras nunca los entregaban a quienes no pod√≠an comprar sus √ļtiles escolares.Resultado de imagen para las mil y una noches libro sherezade

Alguna que otra vez, cuando nos quedamos en penitencia con el ‚ÄúGabyl√°n‚ÄĚ un amigo de la escuela y del barrio, nos llevamos los cuadernos y los repartimos por ah√≠. De alguna forma, hac√≠amos nuestra peque√Īa justicia. Yo, adem√°s, siempre me llevaba alg√ļn libro: Las mil y una noches, El viejo y el mar, El Principito‚Ķ Unas maravillas que le√≠a con gran emoci√≥n y entusiasmo en el altillo de mi casa all√° en la calle Mu√Īoz, o en el Parque Rod√≥ en la √©poca de calor. La vieja ni sab√≠a que aquellos libros no eran prestados, y ten√≠a tantos problemas que yo estaba seguro que nunca lo descubrir√≠a. Lo m√°s importante era tener notas excelentes en todo, menos en conducta, pero eso lo asum√≠a como parte de mi rebeld√≠a y la de la familia. Nunca nadie reclam√≥ por ning√ļn libro.

Cuando estaba en sexto a√Īo y se acercaba la fecha de Jurar la Bandera y de nombrar a los abanderados o abanderadas, yo ya hab√≠a dado por sentado que no me elegir√≠an por esa tacha en conducta. Me dol√≠a un poco, pero ya me hab√≠a hecho la idea de que as√≠ era la vida y no pod√≠a hacer nada. Sab√≠a que algunas maestras me ten√≠an ojeriza por ser de una familia vinculada a la guerrilla y no pensaba ser abanderado.

Unos d√≠as antes de la fecha se√Īalada, la directora de la Escuela me llam√≥ a la direcci√≥n. Qued√© blanco como un papel, y en el trayecto de mi sal√≥n de clase hasta su oficina iba pensando que seguramente me echar√≠an de la escuela. Entonces fui imaginando qu√© le dir√≠a luego a mi vieja. Con tantos problemas, uno m√°s. Iba casi llorando, solo casi porque hab√≠a aprendido a no llorar para mostrarme siempre fuerte. Las palabras de la directora, luego de saludarme, fueron una sorpresa.

-Lucas, usted tiene las mejores notas de la escuela, pero tiene mala nota en conducta.
Lo que yo ya sabía, por lo tanto no era nada nuevo, pero intenté justificarme, aunque no encontraba todas las palabras que necesitaba. La sorpresa fue cuando me dijo: -Eso podemos entenderlo, pero no podemos justificar que usted haya robado libros de la biblioteca.

Quedé mudo, estaba seguro que nunca se habían dado cuenta y que a nadie le importaba esa biblioteca a la que íbamos castigados.

Primero pensé en negar, pero por lo visto tenía muy claro que yo me había llevado los libros, y si negaba tal vez me chantaran también los cuadernos, pero eso ella no lo había mencionado. Por suerte, parecía no estar enterada o las maestras nunca le dijeron porque les reclamaría al no haberlos repartido o se hizo la desentendida. Entonces le dije rápidamente: -Yo solo me los llevé prestados, los tengo todos juntos para devolverlos.

Ella sonrió con un aire de satisfacción y de complicidad y dijo: -Bueno, si usted los trae, puede ser abanderado y yo puedo defenderlo en la reunión de maestras. Sonreí tímidamente.

Resultado de imagen para las mil y una noches libro sherezadeAl otro día aparecí en la escuela con unos diez libros, no recuerdo muy bien cuántos eran. Ella miró uno por uno, y al finalizar me dijo: -Falta uno.

Bajé la cabeza y me puse colorado, mientras la escuchaba decir: -Falta el de Las mil y una noches.
Me volvió a sorprender. Intenté hacerme el vivo y no devolver el ejemplar de uno de los libros que más quería. Seguía convencido de que no podían saber los libros que había en una biblioteca a la cual no iban, y mucho menos saber exactamente los que yo me había llevado.

Levant√© la mirada y le dije: -Se lo traigo ma√Īana -entre avergonzado por la situaci√≥n y triste por tener que devolver un libro que me fascinaba. Ella volvi√≥ a sonre√≠r con la misma sonrisa del d√≠a anterior. Al d√≠a siguiente le llev√© el libro.

En la reunión de profesores no comentó estos pormenores y, mostrando mis notas y resaltando mi interés por la lectura, insistió que debía ser el primer abanderado. Finalmente se impuso el criterio de algunas maestras que no me querían mucho, y preferían reconocer a otro alumno, además de darme una lección. Así, fui elegido como segundo abanderado.

El d√≠a del desfile portando la bandera de Artigas me sent√≠a levantando la bandera de los tupamaros. Camin√© contento y orgulloso de ser uno de los tres abanderados, pero con cierta tristeza porque ni mi Vieja ni mis hermanos, ni alg√ļn pariente pudieron estar ah√≠. Terminado el acto, cuando ya √≠bamos saliendo con los compa√Īeros, la directora volvi√≥ a llamarme: -Lucas tengo que hablar con usted.
Todos miraron y enseguida cuestionaron: -¬ŅY ahora qu√© hiciste?

En la dirección, ella solo sonrió y me entregó un regalo: era un ejemplar de Las mil y una noches. Salí feliz.

Esa directora, a√Īos despu√©s fue despedida por la dictadura, acusada de ser comunista. Ese libro me acompa√Ī√≥ un buen trayecto en el camino del tiempo, hasta terminar, por descuido o temor, en una fogata, junto a otros libros que era necesario quemar porque hab√≠an sido prohibidos‚Ķ

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