Nov 13 2016
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Despacito por las piedras

Las nuevas l贸gicas del capital

Airbnb, la plataforma internacional de arriendo de casas y departamentos para alojamiento de viajeros, envi贸 un email a sus usuarios para informar sobre los nuevos t茅rminos de su contrato. A partir de diciembre, los clientes se comprometen por escrito a no discriminar a otros usuarios del sistema. De hacerlo, la plataforma se reserva el derecho a expulsarlos.

Airbnb es un negocio basado en las nuevas tecnolog铆as en pleno auge, hoy con una valoraci贸n de mercado cercana a los diez mil millones de d贸lares: tanto como las mayores cadenas hoteleras. Creado en 2008, ha logrado sumar diez millones de reservas en todo el mundo. Los cambios a los t茅rminos del contrato, aun cuando pueden apuntar a la tolerancia y al respeto de los derechos humanos, son sin duda una consecuencia de poner freno a cualquier prejuicio o rigidez cultural que sea un obst谩culo a este expansivo mercado.

Airbnb se inscribe en los nuevos negocios, que bajo la denominaci贸n de econom铆a o consumo colaborativo, est谩n rompiendo moldes del mercado y l贸gicas del capitalismo. No es que planteen modelos basados en la solidaridad o los v铆nculos comunitarios, sino es una nueva conformaci贸n que une a las nuevas tecnolog铆as con las necesidades de las personas. No son ideas ni emprendimientos basados en el capital, sino en la integraci贸n, la comunicaci贸n y el intercambio. Por otro lado, por cierto, se comportan como un cl谩sico negocio, d谩ndoles a sus creadores millones de d贸lares en ganancias por comisiones cobradas a sus usuarios.

Uber, Cabify son otros ejemplos de estos emprendimientos en el sector de los autos de alquiler con conductor, m谩s conocidos por haberse enfrentado a otros sectores del mismo mercado (taxis u hoteles) que por sus beneficios.

El origen de este tipo de iniciativas puede hallarse en algunas plataformas digitales, como el peer to peer (red entre pares para intercambio de informaci贸n) o en las mismas redes sociales, modelos potenciados con la amplificaci贸n de usuarios a trav茅s de los tel茅fonos inteligentes. S贸lo a trav茅s de esta hiperconexi贸n es posible intercambiar las ingentes cantidades de informaci贸n entre los usuarios.

El nuevo concepto de negocio, que tiene estos dos o tres grandes referentes mundiales, tiene otras expresiones en muchas 谩reas e intereses, desde intercambio de servicios, educaci贸n, compra y venta de productos; desde estacionamientos gratuitos disponibles, a bicicletas para compartir en diferentes lugares geogr谩ficos, desde alimentos sobrantes a herramientas inactivas. Un estudio del MIT de Estados Unidos calcul贸 en m谩s de cien mil millones de d贸lares las posibilidades de estos negocios; en la actualidad apenas factura unos 25 mil millones.

Pero sin duda el verdadero potencial no est谩 s贸lo en actividades tan masivas como las de Airbnb o Uber. El consumo colaborativo utiliza ingentes recursos ociosos o sobrantes. En este aspecto, es una respuesta a la ineficiencia de otros sistemas y a la inequidad. Distribuye de una forma m谩s justa los recursos en tanto los actores en el intercambio, a diferencia de la econom铆a basada en el capital, son de magnitudes y poderes similares. Quienes arman y sostienen la red son los mismos usuarios.

Hay quienes ven un gran potencial de cambio en estas tecnolog铆as. En especial en momentos de una econom铆a desregulada y globalizada que ha alcanzado in茅ditos niveles de concentraci贸n e inequidad. Un modelo que se mueve desde abajo como respuesta no a una estrategia del capital sino a las de los mismos usuarios.

Pero hay, sin duda, un gran riesgo, el que ya se observa en las grandes plataformas digitales como Uber o Cabify. La amenaza es la reproducci贸n en estas mismas 谩reas del modelo del gran capital, tal como en Google, Facebook y otras tecnolog铆as, que ha convertido en capital a los mismos usuarios, como afirma David Harvey en las 17 contradicciones del capitalismo. Facebook, sin ir m谩s lejos, anunci贸 la semana pasada que sus ganancias por publicidad alcanzaron a cinco mil millones de d贸lares, en tanto su valoraci贸n burs谩til supera los doscientos mil millones de d贸lares, por encima de un gigante como Walmart. La l贸gica del capital en su b煤squeda obsesiva y natural por utilidades arrasa todo a su paso. La econom铆a colaborativa es s贸lo un nuevo modelo de negocios que convierte a confundidos y desamparados usuarios y clientes en un valioso activo para esta nueva cara del capital.

Paul Walder, Punto Final

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