Jun 30 2013
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Política

Leonardo Henrichsen, el camarógrafo que grabó su propio asesinato

Leonardo Henrichsen murió hace 40 años por el disparo de un golpista chileno al que rodaba. Sus hijos han llevado el caso, sobreseído dos veces, a la Comisión de Derechos Humanos. En 1996, el periodista chileno Ernesto Carmona convocó a un grupo de colegas para investigar los casos de los 30 profesionales de prensa muertos durante la dictadura de Pinochet y dio con el asesino.
Josephine Henrichsen tenía ocho años el día que, al volver de sus clases de danza, se encontró con su familia sentada en círculo llorando. En la casa de su abuela en Buenos Aires, le contaron que su padre había muerto en Santiago de Chile. Ella no creyó lo que escuchaba y durante muchos años esperó que él regresara de aquel viaje. El viernes pasado, Josephine, profesora de danza y ya con 48 años, preparaba sus maletas en Bahía Blanca —ciudad portuaria ubicada al sur de la provincia de Buenos Aires—.

Preparaba su viaje a la capital chilena, donde tenía previsto participar en la conmemoración de los 40 años del asesinato de Leonardo Henrichsen, el cámara argentino que a los 33 años grabó su propia muerte. Ocurrió el 29 de junio de 1973, cuando un grupo de militares protagonizó un frustrado golpe de Estado contra el Gobierno de Salvador Allende, dejando 22 civiles muertos.

Como reportero de un canal de televisión sueco, Henrichsen había viajado a Santiago para cubrir el agitado clima político de la época. El día que fue asesinado, él se levantó temprano y salió desde su hotel ubicado en el centro de la ciudad a registrar el alboroto que había comenzado a las nueve de la mañana alrededor del palacio presidencial de la Moneda.

La secuencia de dos minutos en la cual grabó su muerte comienza con un centenar de personas corriendo entre gritos y sonidos de disparos, y continúa con la llegada de una camioneta desde la que baja una decena de militares, quienes comienzan a disparar contra civiles para dispersarlos. Luego, la imagen se centra en un uniformado con casco que empuña una pistola y apunta directo a la lente. Alguien grita: “¡Cuidado, cuidado!”; retumba un disparo, y el encuadre comienza a oscilar hasta que la imagen se va a negro cuando la cámara cae al suelo.

Encabezado por el teniente coronel Roberto Souper, el llamado Tanquetazo —movimiento en el que participaron más de un centenar de oficiales, suboficiales y conscriptos de un regimiento— se produjo 75 días antes del golpe liderado por Augusto Pinochet que terminó con Salvador Allende muerto en La Moneda entre llamas el 11 de septiembre de 1973. Nueve días después del golpe de Pinochet, la investigación de la justicia militar que perseguía a los responsables del Tanquetazo se sobreseyó sin condenados y no fue hasta 2005 cuando un tribunal civil comenzó a buscar al culpable del asesinato de Henrichsen.

En 1996, el periodista Ernesto Carmona convocó a un grupo de colegas para investigar los casos de los 30 profesionales de prensa muertos durante la dictadura de Pinochet (1973-1990). El trabajo duró un año y culminó con la publicación del libro Morir en la noticia, en el que se da cuenta de dos víctimas extranjeras, Charles Horman —periodista en quien se basó el filme Missing, del director Costa-Gavras— y Henrichsen. Así fue como Carmona descubrió que el caso del argentino no había sido resuelto pese a las imágenes grabadas, y empezó a tratar de identificar al autor del disparo. Después de conseguir el expediente del proceso que se realizó en 1973, Carmona contactó con la decena de policías y militares mencionados y, tras siete años de indagaciones, dio con el nombre de Héctor Hernán Bustamante Gómez; quien supuestamente disparó a Henrichsen.

“Bustamante usaba un uniforme de oficial pese a ser solo un cabo, por eso me costó identificarlo. Cuando di con su dirección, lo fui a buscar. Él vivía en una casa modesta de Conchalí [un barrio popular de la zona norte de Santiago]. La conversación fue desagradable y negó ser él”, recuerda Carmona, quien, tras confirmar el paradero del militar, contactó con la viuda e hijos de Henrichsen para contarles que “podían venir a Chile a hacer justicia”.

En octubre de 2005, Josephine y su hermano Andrés interpusieron una querella criminal en el Segundo Juzgado del Crimen de Santiago contra el entonces cabo en retiro del Ejército Héctor Hernán Bustamante Gómez. A cargo de la magistrada Rommy Rutheford, la causa se sobreseyó por prescripción en 2006. Un año más tarde, y con el respaldo de la Embajada argentina en Chile, la familia insistió en la Corte de Apelaciones con un recurso que buscaba esclarecer la muerte de Henrichsen y otros tres compatriotas durante la dictadura de Pinochet.

La investigación quedó en manos del ministro Jorge Zepeda, quien —en el marco del antiguo sistema procesal chileno, el que se aplica en casos de violaciones de Derechos Humanos (DDHH) previos al retorno de la democracia en 1990— también actuó como juez de primera instancia, y sobreseyó el caso en forma definitiva. El abogado de la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo Hiram Villagra actuó en representación de la familia en ambas causas y hoy señala que, después de haber sido citado a declarar como inculpado, se logró establecer que Héctor Bustamante solo había sido el responsable de ordenar abrir fuego, pues había sido el militar de mayor rango que bajó a disparar desde la camioneta.

No obstante, en diciembre de 2007, Bustamante murió impune en una cama del Hospital Militar de Santiago, a causa de una neumonía relacionada con un cáncer pulmonar. Tanto Villagra como Ernesto Carmona están convencidos de que Bustamante fue quien asesinó al cámara, pero hoy la hija del cámara asegura que el responsable fue otro militar. “La Corte investigó los hechos y, gracias a la Embajada argentina, tenemos el expediente de más de 400 hojas en nuestras manos. Lo leímos entero y los resultados de la investigación responsabilizan a Héctor Bustamante de dar la orden, pero el que asesinó a mi padre fue otro, que está vivo”, dice Josephine, y precisa que el impacto que mató al reportero provino de una carabina Garand, un arma larga muy distinta de la pistola con que Bustamante aparece en las imágenes.

Durante las últimas cuatro décadas el video ha logrado un alcance mundial, ayudado también por una serie de libros y películas que narran la historia y vida de Henrichsen. La obra más reconocida es la del argentino Andrés Habegger, que en 2010 ganó el Gran Premio del festival de documentales Aljazeera con Imagen Final. “En este caso hay mucha gente que opina, pero el expediente ahora no servirá para ninguna película, documental ni libro. Servirá para reclamar justicia”, aclara. Agotados los recursos judiciales en Chile, el año pasado la familia Henrichsen llevó el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humano.

Josephine confía en que el organismo determine que existió denegación de justicia e inste al Estado chileno a reabrir la investigación. En un plazo que no debiera ser superior a cuatro años, otra opción es que la causa se eleve a la Corte Interamericana de Justicia, lo que sucederá si la Comisión establece que hubo violación a los DDHH en el caso de su padre “Que hayan pasado 40, 39 o 41 años me da igual. Lo que no quisiera es llegar a los 50 años y que todavía exista impunidad”, dice la hija del cámara que grabó su propio asesinato.

*Publicado en El País, de España.

VER VIDEO en http://youtu.be/lkVDHtSIfOk

Leonardo Henrichsen murió hace 40 años por el disparo de un golpista chileno al que rodaba. Sus hijos han llevado el caso, sobreseído dos veces, a la Comisión de Derechos Humanos
RODRIGO CEA 30 JUN 2013 – 00:40 CET48
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Leonardo Henrichsen, en una imagen sin datar.
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Josephine Henrichsen tenía ocho años el día que, al volver de sus clases de danza, se encontró con su familia sentada en círculo llorando. En la casa de su abuela en Buenos Aires, le contaron que su padre había muerto en Santiago de Chile. Ella no creyó lo que escuchaba y durante muchos años esperó que él regresara de aquel viaje. El viernes pasado, Josephine, profesora de danza y ya con 48 años, preparaba sus maletas en Bahía Blanca —ciudad portuaria ubicada al sur de la provincia de Buenos Aires—.

Preparaba su viaje a la capital chilena, donde tenía previsto participar en la conmemoración de los 40 años del asesinato de Leonardo Henrichsen, el cámara argentino que a los 33 años grabó su propia muerte. Ocurrió el 29 de junio de 1973, cuando un grupo de militares protagonizó un frustrado golpe de Estado contra el Gobierno de Salvador Allende, dejando 22 civiles muertos.

Como reportero de un canal de televisión sueco, Henrichsen había viajado a Santiago para cubrir el agitado clima político de la época. El día que fue asesinado, él se levantó temprano y salió desde su hotel ubicado en el centro de la ciudad a registrar el alboroto que había comenzado a las nueve de la mañana alrededor del palacio presidencial de la Moneda.

La secuencia de dos minutos en la cual grabó su muerte comienza con un centenar de personas corriendo entre gritos y sonidos de disparos, y continúa con la llegada de una camioneta desde la que baja una decena de militares, quienes comienzan a disparar contra civiles para dispersarlos. Luego, la imagen se centra en un uniformado con casco que empuña una pistola y apunta directo a la lente. Alguien grita: “¡Cuidado, cuidado!”; retumba un disparo, y el encuadre comienza a oscilar hasta que la imagen se va a negro cuando la cámara cae al suelo.

Encabezado por el teniente coronel Roberto Souper, el llamado Tanquetazo —movimiento en el que participaron más de un centenar de oficiales, suboficiales y conscriptos de un regimiento— se produjo 75 días antes del golpe liderado por Augusto Pinochet que terminó con Salvador Allende muerto en La Moneda entre llamas el 11 de septiembre de 1973. Nueve días después del golpe de Pinochet, la investigación de la justicia militar que perseguía a los responsables del Tanquetazo se sobreseyó sin condenados y no fue hasta 2005 cuando un tribunal civil comenzó a buscar al culpable del asesinato de Henrichsen.

En 1996, el periodista Ernesto Carmona convocó a un grupo de colegas para investigar los casos de los 30 profesionales de prensa muertos durante la dictadura de Pinochet (1973-1990). El trabajo duró un año y culminó con la publicación del libro Morir en la noticia, en el que se da cuenta de dos víctimas extranjeras, Charles Horman —periodista en quien se basó el filme Missing, del director Costa-Gavras— y Henrichsen. Así fue como Carmona descubrió que el caso del argentino no había sido resuelto pese a las imágenes grabadas, y empezó a tratar de identificar al autor del disparo. Después de conseguir el expediente del proceso que se realizó en 1973, Carmona contactó con la decena de policías y militares mencionados y, tras siete años de indagaciones, dio con el nombre de Héctor Hernán Bustamante Gómez; quien supuestamente disparó a Henrichsen.

“Bustamante usaba un uniforme de oficial pese a ser solo un cabo, por eso me costó identificarlo. Cuando di con su dirección, lo fui a buscar. Él vivía en una casa modesta de Conchalí [un barrio popular de la zona norte de Santiago]. La conversación fue desagradable y negó ser él”, recuerda Carmona, quien, tras confirmar el paradero del militar, contactó con la viuda e hijos de Henrichsen para contarles que “podían venir a Chile a hacer justicia”.

El periodista Carmona tardó siste años en dar con el asesino: “Usaba un uniforme de oficial pese a ser solo un cabo”
En octubre de 2005, Josephine y su hermano Andrés interpusieron una querella criminal en el Segundo Juzgado del Crimen de Santiago contra el entonces cabo en retiro del Ejército Héctor Hernán Bustamante Gómez. A cargo de la magistrada Rommy Rutheford, la causa se sobreseyó por prescripción en 2006. Un año más tarde, y con el respaldo de la Embajada argentina en Chile, la familia insistió en la Corte de Apelaciones con un recurso que buscaba esclarecer la muerte de Henrichsen y otros tres compatriotas durante la dictadura de Pinochet.

La investigación quedó en manos del ministro Jorge Zepeda, quien —en el marco del antiguo sistema procesal chileno, el que se aplica en casos de violaciones de Derechos Humanos (DDHH) previos al retorno de la democracia en 1990— también actuó como juez de primera instancia, y sobreseyó el caso en forma definitiva. El abogado de la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo Hiram Villagra actuó en representación de la familia en ambas causas y hoy señala que, después de haber sido citado a declarar como inculpado, se logró establecer que Héctor Bustamante solo había sido el responsable de ordenar abrir fuego, pues había sido el militar de mayor rango que bajó a disparar desde la camioneta.

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No obstante, en diciembre de 2007, Bustamante murió impune en una cama del Hospital Militar de Santiago, a causa de una neumonía relacionada con un cáncer pulmonar. Tanto Villagra como Ernesto Carmona están convencidos de que Bustamante fue quien asesinó al cámara, pero hoy la hija del cámara asegura que el responsable fue otro militar. “La Corte investigó los hechos y, gracias a la Embajada argentina, tenemos el expediente de más de 400 hojas en nuestras manos. Lo leímos entero y los resultados de la investigación responsabilizan a Héctor Bustamante de dar la orden, pero el que asesinó a mi padre fue otro, que está vivo”, dice Josephine, y precisa que el impacto que mató al reportero provino de una carabina Garand, un arma larga muy distinta de la pistola con que Bustamante aparece en las imágenes.

Durante las últimas cuatro décadas el video ha logrado un alcance mundial, ayudado también por una serie de libros y películas que narran la historia y vida de Henrichsen. La obra más reconocida es la del argentino Andrés Habegger, que en 2010 ganó el Gran Premio del festival de documentales Aljazeera con Imagen Final. “En este caso hay mucha gente que opina, pero el expediente ahora no servirá para ninguna película, documental ni libro. Servirá para reclamar justicia”, aclara. Agotados los recursos judiciales en Chile, el año pasado la familia Henrichsen llevó el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humano.

Josephine confía en que el organismo determine que existió denegación de justicia e inste al Estado chileno a reabrir la investigación. En un plazo que no debiera ser superior a cuatro años, otra opción es que la causa se eleve a la Corte Interamericana de Justicia, lo que sucederá si la Comisión establece que hubo violación a los DDHH en el caso de su padre “Que hayan pasado 40, 39 o 41 años me da igual. Lo que no quisiera es llegar a los 50 años y que todavía exista impunidad”, dice la hija del cámara que grabó su propio asesinato.

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