Jul 4 2017
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Cultura

Liliana Bellone: “La existencia de Eva Perón está escrita en la poesía de Amado Nervo”

Además de primeros premios en cuento, poesía y dramaturgia, Liliana Bellone obtuvo en 1993 el Premio Casa de las Américas de Novela (La Habana, Cuba). Siendo ella la autora de la novela “Eva Perón, alumna de Nervo”, nos cuenta, entre otros temas, cómo se entrelazan la poética de Amado Nervo y la existencia de Evita.

— ¿Siempre residiste en tu ciudad?

 — No. Mis padres se trasladaron al interior de la provincia cuando yo tenía poco más de un año. Residimos en el Ingenio San Isidro y en General Güemes, lugares que remiten inmediatamente a la caña de azúcar y a los ferrocarriles. Papá era docente, Profesor Normal Nacional, un título que lo habilitaba para enseñar casi todas las materias de la enseñanza primera y media. Él recitaba de memoria a José Martí, Rubén Darío, Carlos Guido y Spano, Marcos Rafael Blanco Belmonte, Amado Nervo, Francisco Villaespesa; contaba infinitos cuentos, fábulas y anécdotas; hablaba de historia y literatura todo el tiempo. Escribió también: relatos y poemas. Se preocupaba por la rima y por la medida de los versos. De él heredé el “Resumen de versificación española” de Martín Riquer.

Y también los libros de su modesta biblioteca de docente: “Hamlet”, “Otelo”, “Las alegres comadres de Windsor” de Shakespeare, “Petronio y su tiempo”, “Diálogos de orador” de Cicerón, la “Poética” de Aristóteles, en las ediciones económicas de Editorial Claridad y en la colección de Literatura Universal de Editorial Emecé, “Mi vida” de Domingo Faustino Sarmiento, “El gran dictador” de H. G. Wells, “La perfecta casada” de Fray Luis de León y el “Martín Fierro” de José Hernández, además de los volúmenes de lectura, formación y difusión que editaba el Ministerio de Educación para las escuelas nacionales de aquellos años, como “La razón de mi vida” de Eva Perón y “San Martín en la historia y en el bronce”. De esas lecturas salieron algunas de mis novelas. Mamá recitaba los poemas de Darío, Nervo y Gustavo Adolfo Bécquer que había aprendido en la escuela. Me instaba a memorizar a Rubén Darío: “Éste era un gran rey que tenía…”

Yo no sabía todavía leer y repetía esos versos mágicos en el patio mágico rodeado por las hojas de las parras y las higueras. Esa primera infancia fue de luz y hallazgos, junto a mi único hermano, Juan Carlos (como mi padre). Nos criamos escuchando hablar a los abuelos inmigrantes. El abuelo paterno se llamaba Giovanni Bellone, era de Piamonte, había llegado a la Argentina en 1911. Falleció joven, a los cuarenta y dos años. El abuelo materno, Víctor Centeno, era español, de Zamora, Castilla, y a los veinticinco años se embarcó a nuestro país en busca de mejor suerte. Vino solo y luego trajo a su madre, hermanos, sobrinos y tíos. Los dos abuelos se casaron con mujeres argentinas: Giovanni con Lía Palomo Escobar y Víctor con Rosario Torres Hoyos. El abuelo Víctor falleció cuando yo cumplí quince años. Era muy delgado y pequeño y tenía unos ojos celestes transparentes y risueños.

Las dos familias residieron en la capital de Salta y en Campo Santo, un pueblo casi legendario, de gauchos e inmigrantes españoles, italianos y árabes. Mis padres siempre narraban historias de familiares y amigos acontecidas en ese lugar. Y de esas historias surgió “Augustus”, bellamente editada por Casa de las Américas y en cuya tapa luce un cuadro de Julio Le Parc. Umberto Eco privilegia al destinatario, que forma parte de la cooperación lectora e interpretativa, por eso siempre pienso que en Cuba encontré a los lectores ideales para mis ficciones. Cuba fue un descubrimiento y un redescubrimiento para mí.

— País que habrás visitado más de una vez.

 — Tanto como puedo (cuando podemos, pues voy con Antonio Gutiérrez, mi marido, escritor y psicoanalista). Dimos cursos y conferencias en el Centro Dulce María Loynaz, en el Centro de Estudios Martianos y en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana; participamos en recitales poéticos y conversatorios, y siempre nos llegamos a la Casa de las Américas, en 3ª y G, del barrio El Vedado, a la Tertulia Sol Adentro, coordinada por la poeta Juanita Conejero, al Hotel Nacional, al Habana Libre, al cine Yara, por la Rambla, bajamos por el Malecón hasta el “Gato Tuerto”, evocado por Julio Cortázar. Fui invitada a publicar poemas y artículos no sólo en la Revista “Casa de las Américas” sino en otras también: por ejemplo, “Amnios”,que coordina el poeta Roberto Manzano. Uno de los cursos que dicté en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, fue sobre hegemonías y olvidos en la literatura argentina.

Que es el caso de Leonor Picchetti, excelente novelista, quien murió en Maimará, provincia de Jujuy, en 2015. En “Los pájaros del bosque” (1964), su primera novela, Picchetti cuenta el mito de la infancia y la inocencia, el descubrimiento del sexo y la adolescencia rebelde. También quise rendir homenaje, a través de un artículo que publicó la Revista “Casa…” en su número 286 (octubre-noviembre 2016), a nuestra primera novelista sudamericana y argentina, Juana Manuela Gorriti, en el Bicentenario de su nacimiento (1816). Juana Manuela, desde la retórica romántica visibiliza a sujetos marginados como las mujeres, indios y negros, tal como procediera la cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda en la misma época.  En Cuba, además de encontrarnos con Roberto Manzano, nos reunimos con los escritores y escritoras Mirta Yáñez, Luis Toledo Sande, Jesús David Curbelo, Susana Haug, Jorge Fornet, Laidi Fernández Retamar, Juanita Conejero, Nancy Alonso, Ernesto Sierra, Ibrahim Hidalgo Paz, Guiomar Venegas y muchos otros amigos.

— Hablemos de la primera de tus novelas que se publicó en Italia.

 — En 2014: “Eva Perón, alumna de Nervo”, que había sido editada por la Biblioteca del Congreso de la Nación en 2010, en su Colección Bicentenario, y que apareció en Europa con el título de “Eva Perón, allieva di Nervo”. Fue traducida por Saúl Forte y salió también por Oedipus, que la distribuye por Feltrinelli y Mondadori. Las dos novelas llegaron a Europa de la mano de la crítica académica, que fue realmente muy generosa con mi obra. Debo recordar los abordajes de Fernanda Elisa Bravo Herrera, Liliana Massara, Nilda Flawiá, Karen Douglas de Alexander, Zulma Palermo, Rafael Gutiérrez, Alicia Poderti, Lucila Lastero, María Esther Gómez, Bertha Bilbao Richter y Santiago Hernández Aparicio; en Italia, de Rosa María Grillo, Carla Perugini y Rossella Carbone; en Francia, Claude Cymerman; en Cuba, de Mirta Yáñez y Juanita Conejero.

La novela se presentó en varias universidades: Roma Tre, Milán, Venecia, Salerno, Nápoles, Viterbo y Centros Culturales de Capri y Avellino. Ir a Italia gracias a lo que escribí sobre esa gran mujer, fue cumplir con un mandato misterioso. Mi padre (que no era peronista) me había dejado, como dije, “La razón de mi vida” en su biblioteca, quizás para que allí descubriera a la extraordinaria Evita. Pero también conocí la patria de mis antepasados. Castelferro, en la provincia de Alessandria, donde nació Umberto Eco, la Isla de las Sirenas de Odiseo, o sea Capri, que acogiera a Marguerite Yourcenar y a Pablo Neruda, la ciudad de Viterbo, donde reposa la santa que dio nombre al colegio de monjas franciscanas de Salta donde cursé la secundaria, Pompeya, la de Leopardi y su estoica y bella retama, como las que perfumaron mis días infantiles en General Güemes.

En Capri frecuenté a un grupo de escritores, arqueólogos, antropólogos e historiadores que me hablaron de Elena Hosmann, una fotógrafa argentina muy conocida por su libro de fotografías del Perú y Bolivia, “Ámbito de altiplano”, editado por el sello Peuser en 1945 y que representa una mirada artística, antropológica y étnica de la cultura andina. Elena Hosmann, nacida en tu ciudad, se había casado con Edwin Cerio, el escritor e ingeniero caprense, mecenas y anfitrión de Neruda en 1952. Esta pareja tuvo una sola hija, la célebre Letizia Cerio de Álvarez de Toledo, amiga de Borges, quien le dedica el poema “La noche que en el sur lo velaron” (“Cuaderno San Martín”) y la nota aclaratoria final de “La biblioteca de Babel” (“Ficciones”). Lo cual me permitió investigar sobre Elena Hosmann y concebir el volumen de cuentos y relatos “En busca de Elena”, en el que reúno también otros cuentos que había escrito desde 2010 y que publicó este año en tu ciudad Editorial Nueva Generación.

— ¿Por qué escribir una novela sobre Eva Perón?

 — Estás apuntando al título de la conferencia que ofrecí en el Centro de Estudios Martianos de Cuba en 2013. Sobre Eva Perón ya se ha escrito mucho; por lo que pensé en mostrar los aspectos desconocidos de su historia. Indagué su infancia, su juventud, sus lecturas, los poetas a quienes recitaba, su relación con la madre y los hermanos, los años difíciles en Los Toldos y en Junín, y traté de rescatar a un ser de carne y hueso. El hilo de Ariadna fue Amado Nervo y su poesía mesiánica, modernista y estoica, poesía de la que Evita era asidua lectora. Desde pequeña, en la escuela, ella   recitaba los poemas de Nervo, casi siempre cargados de un tánatos y un espíritu sacrificial que luego se concretó en su vida. Por eso, se puede arriesgar la siguiente afirmación, que sería el sustento de la novela: la existencia de Eva Perón está escrita en la poesía de Amado Nervo.

Al comenzar a concebirla se me planteó la cuestión del ritmo narrativo. Ya en “Augustus” sentía la cadencia entrecortada de “Pedro Páramo” de Juan Rulfo y el sonido continuo de “Las olas” de Virginia Woolf. En “Eva Perón, alumna de Nervo” se impuso el ritmo poético. Con el devenir de la escritura me di cuenta de que predominaba la musicalidad del soneto. La novela está estructurada en cuatro partes concatenadas que se entrelazan y repiten como en esa composición métrica. Seguramente en Italia, esa cadencia se hizo audible por las oraciones cercanas al endecasílabo. Por eso opino que la versión italiana es más rica desde el punto de vista sonoro.

— ¿Creés en el azar? (Y me hago cargo de que pudieran vos u otras personas llegar a opinar que preguntar esto a un escritor es estúpido.)

 — Causalidad y azar parecieran ser los dos fundamentos de la realidad, opuestos y excluyentes entre sí, pero que se combinan en el entretejido de la literatura de manera asombrosa y, diríamos, misteriosa. Lecturas, interpretaciones, escrituras y reescrituras se rigen por las leyes de la causalidad, de modo tal que los encuentros casuales no son tales. Escribimos movidos por esas causalidades que aparecen vestidas de azar, pero en realidad escriben en nosotros la literatura y la historia que nos hablan.  Lectura-escritura en una banda de Moebius infinita, interceptada por la vida misma. Borges me llevó a Dante, Dante a Leopardi y su retama, encontré esa retama en Pompeya, que es —salvando los siglos de distancia y otras cuestiones— como nuestra perdida Esteco, hundida por los sismos de 1692, cuando la ciudad de Salta casi se hunde también.

Por ese camino fui a Capri, encontré a Elena Hosmann, personaje de “En busca de Elena”, relato con el que titulo mi último libro y que en abril presenté en La Habana. Elena Hosmann era la esposa del escritor e ingeniero caprense Edwin Cerio, el anfitrión de Neruda en 1952 (recordar la película “El cartero”, dirigida por Michael Radford, filmada en las islas del Tirreno, donde bogara Odiseo, basada en la novela “Ardiente paciencia” de Antonio Skármeta, nacido por estas latitudes cercanas a los Andes, en Antofagasta, donde el mar azul y la arena blanca se parecen al mar de Grecia). Elena ya estaba en “Augustus”: Elena Campassi (por la reina de Italia, la esposa de Víctor Manuel) y por Santa Elena, cuya fiesta es el 18 de agosto.

Elena Campassi, nacida un 18 de agosto, igual a Elena Hosmann, igual a Malva Marina Reyes, la pequeña hija de Neruda, ahogada en su hidrocefalia. 18 de agosto, día en que murió Balzac, leído por los personajes de “Augustus” (Augustus-Agosto, mes del Emperador, Augustus-Augurio, mes de viento y tierra en Campo Santo-Comala, mes del estío en Europa, de terremotos y lava como el 24 de agosto del año 79 d. J. C., en que explotó el Vesubio —en 2016 el terrible terremoto que asoló gran parte de Italia fue también un 24 de agosto—). Los personajes de la novela evocan a “Eugenia Grandet” de Honoré de Balzac, que representa a una triste provinciana, encerrada en su aldea. Balzac murió el 18 de agosto de 1850, un día después que José de San Martín, en Francia. San Martín, que leía en francés, casi su segunda lengua, debe de haber leído a Balzac. En agosto nació Borges (24 de agosto, fecha que rememora la “Noche triste de San Bartolomé” en Francia). Fechas y nombres: Elena o Helena de Surgère, que promoviera “Los sonetos para Helena” (1574), de Pierre de Ronsard, que es epígrafe de “El cuaderno de tapas azules” (en homenaje a Leopoldo Marechal y a “Zibaldone de pensamientos” de Giacomo Leopardi) de mi novela “Fragmentos de siglo”, es también la de Pablo Neruda, en “Nuevo soneto a Helena”. Fantasmas, reconstrucción de fantasmas (“El escritor y sus fantasmas”, “Los fantasmas de Flaubert” de Ernesto Sábato, “El poeta y los sueños diurnos” —fantasmas o fantasías— de Sigmund Freud), fantasmas dentro de fantasmas, trabajo del escritor. Como dice Borges, nuestras nadas poco difieren, pues somos fantasmas atravesando la eternidad.

Ficha

Liliana Bellone nació el 10 de febrero de 1954 en Salta, ciudad en la que reside, capital de la provincia homónima, la Argentina. Desde 1977 es Profesora en Letras por la Universidad Nacional de Salta, en cuya carrera de Letras de la Facultad de Humanidades y en el Consejo de Investigaciones se ha desempeñado entre 1980 y 1990. También ha ejercido la docencia en otras instituciones. Además de primeros premios en los géneros cuento, poesía y dramaturgia, obtuvo en 1993 el Premio Casa de las Américas de Novela (La Habana, Cuba). Participó en numerosos congresos y encuentros de escritores en varias provincias de su país así como en Bolivia, Cuba e Italia. Entre otras antologías ha sido incluída en “Cuatro siglos de literatura salteña” (selección de Walter Adet, 1981), “Poesía de la mujer argentina” (selección de María del Carmen Suárez, 1986), “Premio Casa de las Américas. Memoria” (selección de Inés Casañas y Jorge Fornet, 1999), “Leer la Argentina (NOA)” (selección de Graciela Bialet y Mempo Giardinelli, 2005), “Antología Federal de Poesía. Región Noroeste” (Consejo Federal de Inversiones, 2017). Libros publicados: dramaturgia, “…y sonaba el minué” (Premio de la Provincia de Salta, 2010); cuentos, “El rey de los pájaros” (1992), “De amores y venenos” (1998), “De la remota Persia y otros cuentos” (2004),“Estas que fueron pompas y alegría” (2007),“En busca de Elena” (2017); novelas, “Augustus” (Primer Premio Casa de las Américas, Cuba, 1993, con segunda edición en 1994 y tercera edición en 1995), “Fragmentos de siglo” (1999), “Las viñas del amor” (2008), “Eva Perón, alumna de Nervo” (Edición del Congreso de la Nación Argentina, Colección Bicentenario, 2010; 2ª edición en 2012); poesía (entre 1979 y 2006), “Retorno” (Premio Provincial de Poesía 1977), “Convergencia”, “Elegía en primavera”, “El cazador”, “La travesía del cuerpo”, “Voluntad y otros poemas”, “Febrero”. En italiano, con traducción de Saúl Forte y prólogo de Rosa María Grillo se publicó en 2014 “Eva Perón, allieva di Nervo” y con traducción de Rossella Carbone en 2016, “Frammenti di un secolo”, ambas novelas a través del sello Oedipus, de Salerno-Milán, Italia.

 

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1 Comentário

Comentarios

  1. Susana Quiroga
    5 julio 2017 14:59

    Rica entrevista, a las que nos tiene acostumbrados Rolando Revagliatti.
    Logra destacar la pasión de una escritora por la palabra, la historia, la lectura, el proceso de la escritura.
    Liliana Bellone siempre nos asombra por el compromiso que tiene por las letras. Meritorios sus premios y distinciones merecidos.

    ¡¡Felicitaciones a la entrevistada y al entrevistador!