May 31 2007
860 lecturas

Cultura

LITERATURA DE ELITE CONTRA LITERATURA POPULAR

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Muchos a√Īos despu√©s, frente al pelot√≥n de investigadores y periodistas, el escritor Gabriel Garc√≠a M√°rquez hab√≠a de recordar aquella noche remota en que Franz Kafka lo llev√≥ a conocer el hielo. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carec√≠an de nombre, por eso Alvaro Mutis, a sabiendas de ello, le present√≥ de golpe al otro personaje que habr√≠a de ayudarle a reescribir la historia: Juan Rulfo. Y as√≠, con Pedro P√°ramo desplegado y a cuestas, despej√≥ el panorama hasta lograr referirnos la incre√≠ble y triste historia de Macondo, produciendo ese fen√≥meno conocido como Cien a√Īos de Soledad.

Sin embargo, y seg√ļn ciertas leyendas urbanas, pareciera que algunos escritores, como Jorge Luis Borges y sus adl√°teres, consideran la novela de Gabo como una simple recopilaci√≥n del folclore colombiano, espec√≠ficamente caribe√Īo, por extensi√≥n latinoamericano. Dicho de otra manera, para algunos estudiosos, escritores e intelectuales, la novela no alcanza la calidad ni el rigor de una verdadera obra literaria, incluso muchos pronostican que dentro de 50 a√Īos nadie recordar√° al autor y s√≠ al mismo Borges y a Rulfo, para colocar dos ejemplos de una larga lista.

La pol√©mica abarca m√°s y se extiende desde los a√Īos cincuenta del siglo pasado. Ciertamente el Realismo m√°gico, o lo Real maravilloso, est√° agotado. Su ciclo, que produjo obras rotundas como Hombres de ma√≠z o El se√Īor de Miguel √Āngel Asturias; Ecue-Yambe-O, Los pasos perdidos, El reino de este mundo y El siglo de las luces de Alejo Carpentier; Las lanzas coloradas de Arturo Uslar Pietri; o casi toda la obra garc√≠amarquiana, se ha cerrado dando paso a un abanico de posibilidades narrativas que se abre hasta lo que algunos denominan luxaciones posmodernistas, muy cercanas al ¬ęcollage¬Ľ, el ¬ęhappening¬Ľ, el v√≠deo, el ¬ęzapping¬Ľ, el pastiche y el panfleto.

Pero ¬Ņqu√© es el Realismo M√°gico, o lo Real Maravilloso? Alejo Carpentier, desde el surrealismo, y en contraposici√≥n con el mismo, defini√≥ al segundo como la creaci√≥n de un mito americanista y barroco; Garc√≠a M√°rquez, desde su colombolatinoamericanidad, delimit√≥ al primero como un ‚Äúrealismo desmesurado‚ÄĚ donde el mito es destruido por la historia. M√°s all√°, o m√°s ac√°, de ambas definiciones, la academia hispanoamericana, especialmente la espa√Īola, intent√≥ definirlos desde ambas perspectivas, pero siempre con la inc√≥moda postura de quien sabe que lleg√≥ tarde al convite.

La confusi√≥n te√≥rica-metodol√≥gica, o propiamente est√©tica, procede de la asimilaci√≥n del Realismo M√°gico, o lo Real Maravilloso, con la Nueva Novela Latinoamericana(el ¬ęboom¬Ľ de los sesentas-setentas), y del sospechoso concepto sobre lo desmesurado y fant√°stico de la realidad (identidad) americana frente a lo europeo. As√≠, se quiso embutir en un solo saco a novelistas que comparten franjas tem√°ticas y hasta de estilo en algunos momentos, pero que son diametralmente opuestos en el abordaje est√©tico, caso de Juan Rulfo, Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Jos√© Donoso, Jorge Amado, Ernesto S√°bato y Julio Cort√°zar, para mencionar a los relevantes del ¬ęboom¬Ľ.

Como se sabe, la ‚Äúnueva novela‚ÄĚ latinoamericana transit√≥, y transita, por diversas autopistas ideo est√©ticas y no solamente por el Realismo M√°gico o lo Real Maravilloso, como a√ļn suponen algunos lectores y cr√≠ticos europeos. Pi√©nsese en precursores como Rafael Ar√©valo Mart√≠nez en Guatemala, Roberto Arlt, Filisberto Hern√°ndez o el mismo Borges en el R√≠o de la Plata, para no mencionar a Cabrera Infante, Lezama Lima y Severo Sarduy en Cuba, entre muchos otros.

Esa confusi√≥n es lo que, probablemente, gest√≥ la flema borgiana, aunada a la vieja pugna entre cultura de elite (lo conocido recurrentemente como ‚Äúculto‚ÄĚ) y las culturas populares. La opci√≥n borgiana por la metaf√≠sica, la circularidad del tiempo y el mito del eterno retorno, as√≠ como la c√©lebre pol√©mica de su grupo de Florida contra el de Boedo, lo previnieron ante una literatura que se enriquec√≠a de las culturas populares y de sus mitos, aunque en algunos de sus cuentos y poemas las aprovechara.

Agregu√©mosle a ello la no disimulada percepci√≥n, en algunos c√≠rculos, de que Gabo no es un ‚Äúintelectual‚ÄĚ, sino un escritor-reportero, por tanto un personaje de ‚Äúmedio pelo‚ÄĚ, a pesar de su apabullante √©xito editorial y de su Premio Nobel. O, a lo mejor, el mismo √©xito le granje√≥ esa predisposici√≥n de intelectuales y escritores tipo Borges. Es decir, la siempre antigua y renovada pol√©mica entre lo culto y lo popular (o entre un arte ‚Äúaut√©ntico‚ÄĚ, ‚Äúpuro‚ÄĚ, y un arte contaminado o h√≠brido) se ti√Īe tambi√©n de esos preconceptos y suposiciones. Y aqu√≠ es donde sobreviene la verdadera discusi√≥n.

foto

En mi primer a√Īo de universidad, en Humanidades, practiqu√© un an√°lisis de El oto√Īo del Patriarca, la novela m√°s pretenciosa y experimental de Garc√≠a M√°rquez, cuya polifon√≠a me caus√≥ no pocos dolores de cabeza. A√ļn no hab√≠a le√≠do Cien a√Īos de soledad por lo que me arriesgu√© a hacerlo. Mi primera sacudida, adem√°s de una extra√Īa fascinaci√≥n, consisti√≥ en que, de alguna manera, algunas de esas historias ya me las sab√≠a, al menos alguien me las hab√≠a contado pero de diferente manera y con diversos personajes.

A medida que avanzaba en la lectura, repasaba los cuentos de aparecidos y de sustos que mi madre nos contaba en mi lejana infancia sancarle√Īa, y record√© entonces a los campesinos que se reun√≠an por la tarde en la pulper√≠a-cantina de mi padre a contar historias de esa estirpe, como la mata de yuca que sembr√≥ uno de ellos (En Marsella de Venecia de San Carlos) y creci√≥ tanto que, tratando de seguir una de sus ra√≠ces, cav√≥ un t√ļnel que fue a desembocar en pleno centro de Ciudad Quesada. Don Erlindo Arias era uno de esos copleros y contadores de ‚Äúyucas‚ÄĚ (exageraciones) conocidas en Guanacaste como ‚Äútallas‚ÄĚ, especialista en un realismo popular tan desmesurado como el que exhib√≠a Garc√≠a M√°rquez.

Asimilando un poco m√°s la novel√≠stica garciamarquiana, caigo en la cuenta de que, al menos Cien a√Īos de Soledad, no es m√°s que la estilizaci√≥n de aqu√©llas ‚Äúyucas‚ÄĚ y cuentos de aparecidos escuchados con embeleso y terror en mi infancia, hilvanadas por la maestr√≠a de un gran narrador. El mismo Gabo lo ha reconocido al confesar que la novela no es m√°s que la recreaci√≥n de las historias que le contaban sus abuelos all√° en Aracataca, su pueblo natal. La f√°bula se asienta sobre la rica y plural tradici√≥n oral de nuestras culturas populares, en su caso la de la costa caribe colombiana, regi√≥n donde convergen variadas formaciones culturales y ling√ľ√≠sticas. Y esa es su verdadera riqueza.

Contrario a la narrativa fant√°stica, metaf√≠sica, de ‚Äúpantalla chica‚ÄĚ o experimental, la cual debe acudir b√°sicamente a la capacidad intelectual y a la pericia imaginativa del autor, o a una mitolog√≠a reconocible por el lector, el realismo garciamarquiano bebe en las fuentes inagotables de las culturas populares, imbric√°ndolas con la Historia que a veces irrumpe violentamente desde el exterior destrozando el mito, caso del establecimiento de la compa√Ī√≠a bananera en Macondo. All√≠ estriba la magia de una novela como Cien a√Īos de soledad: esas cosas extra√Īas que se nos narran no son exactamente la fantas√≠a: el autor les impide ser fant√°sticas al tratarlas como si fueran cosas comunes y corrientes. Pareciera que estamos frente a frente con el narrador pues la novela tiene un alto grado de espontaneidad y su estilo es directo y conciso, justo como en la tradici√≥n oral. Todo ello con un certero humor y sin mayor pretensi√≥n que enganchar al lector para que se involucre en las acciones del mundo narrado.

Garc√≠a M√°rquez parte de la realidad sociocultural de su entorno para construir una met√°fora latinoamericana que, a fuerza de verosimilitud escritural y de un origen que se hunde en las ra√≠ces de la cultura humana, adquiere significado universal. Cien a√Īos de soledad est√° en la preconciencia del pueblo latinoamericano y de la raza humana, porque se nutre de la oralidad popular y se apropia de matrices que trascienden fronteras y significados, debido a una enjundia narrativa reconocible en cualquier sitio. As√≠, son muchas la personas (como en el caso de La Biblia ‚Äďque seg√ļn Garc√≠a M√°rquez es la mejor novela que se ha escrito‚Äď, Las mil y una noches, La Iliada, El Quijote o el Ulises de James Joyce, para mencionar algunas cumbres de la literatura universal), que pueden hablar largamente sobre la novela sin nunca haberla le√≠do. El argumento o f√°bula, m√°s all√° de su riqueza narrativa, la trascienden convirti√©ndola en historia colectiva, en s√≠mbolo abierto al imaginario popular de todo un continente y de la humanidad.

Aqu√©llos que vaticinan corta vida a esta novela emblem√°tica de la literatura hispanoamericana del siglo XX. no han reparado en su poder m√°gico trascendente: procede y acarrea materiales populares altamente sensitivos que se intercalan y entrecruzan con las formaciones socioculturales y ling√ľ√≠sticas m√°s significativas del planeta. Por supuesto, siempre habr√° lugar para la edici√≥n l√ļdica y fant√°stica de un Cort√°zar, la precisi√≥n imaginativa de un Rulfo, la fuerza on√≠rica de un Onetti, la √©pica maravillosa de un Carpentier, la dicci√≥n profunda y magistral de un Roa Bastos, la profundidad intelectual y metaf√≠sica de un Borges o el barroco estilizado de un Lezama Lima, para no ir m√°s lejos.

Pero no hay duda de que García Márquez perdurará como narrador más allá de sus propios libros, porque ya se ha instalado en el corazón del imaginario latinoamericano y de la narrativa universal.

La polémica, ficticia o auténtica, continuará por otros medios, con otros matices e interlocutores. Nuestra narrativa irá enriqueciéndose con nuevos aportes y nombres porque el mundo de la literatura es plural, ancho y ajeno. Pero la cosmovisión latinoamericana ya no podrá desterrar ese libro mítico escrito por un cachaco nacido en Aracataca.

—————————————-

foto

* Escritor costarricense.

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A√Īadir comentario