Jul 9 2007
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Opinión

LITERATURA Y GENOCIDIO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

En octubre de 2006 le concedieron el Premio Nobel de Literatura al turco Orhan Pamuk (abajo, izq.), de 54 a√Īos, que ven√≠a de ser sometido a un proceso penal en su pa√≠s por haber reconocido la existencia del genocidio armenio y la consecuente responsabilidad de Turqu√≠a en su comisi√≥n. Sucedi√≥ en febrero de 2005, durante una entrevista con el peri√≥dico suizo Tages Angeizer, al afirmar: ‚ÄúUn mill√≥n de armenios y treinta mil kurdos fueron asesinados en estas tierras, y yo soy el √ļnico que se atreve a hablar del asunto‚ÄĚ.

El gobierno turco reaccion√≥ invocando el art√≠culo 301/1 del C√≥digo Penal y lo acus√≥ de denigrar p√ļblicamente la identidad nacional. Dicho art√≠culo hab√≠a sido incorporado al ordenamiento penal meses despu√©s de las manifestaciones efectuadas por Pamuk y, no obstante ello, le fue aplicado al escritor de modo retroactivo. La pena estipulada para esa figura penal es de seis meses a tres a√Īos de prisi√≥n, pero la circunstancia de que hubiera formulado sus palabras en un pa√≠s extranjero pod√≠a aumentar en un tercio el monto de la condena.

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Pamuk fue procesado por la Justicia turca, lo que motivó a varios intelectuales de Turquía y de Europa a firmar una declaración de apoyo al escritor, en la que acusaban a ese gobierno de no respetar los derechos humanos.

Tiempo más tarde, sobre la base de un tecnicismo jurídico, se dispuso su sobreseimiento, lo cual fue interpretado por muchos como un acto de complacencia hacia la Unión Europea, que por esos días consideraba la admisión de Turquía como uno de sus miembros.

El suceso hasta aquí comentado no ha sido casual, sino que, como han sostenido numerosos estudiosos, en la naturaleza misma del genocidio está el ser negado, ya sea por sus autores, por sus cómplices o instigadores.

Negacionismo

En materia de genocidios el negacionismo no es un accidente de la historia sino la √ļltima etapa de su construcci√≥n, la que se orienta a evadir toda responsabilidad penal, pero tambi√©n, simult√°neamente, a consumar un asesinato de lo simb√≥lico y de su transmisi√≥n a los descendientes. Es decir que apunta a consumar un asesinato sin fin y prolongado en el tiempo, el cual permite mantener el efecto imaginario de omnipotencia del exterminador, a la vez que aplastar todo semblante de la v√≠ctima.

Héléne Piralian ha estudiado de cerca el caso de los descendientes armenios del genocidio cometido por Turquía en 1915/1916, paradigma en materia de negacionismo, así como las implicancias psicológicas y simbólicas que para aquellos ha tenido esa negación mantenida a lo largo del tiempo1.

Ella se ha preguntado c√≥mo es posible paliar las operaciones de negaci√≥n y sus efectos para con las v√≠ctimas y descendientes. Y ha respondido que la supresi√≥n de esas negaciones y el reconocimiento de esas ocultaciones se convierte ‚Äúen un trabajo primordial y en una especie de deuda ps√≠quica ineludible para quien desee que la civilizaci√≥n viva‚ÄĚ.

Esa deuda ps√≠quica puede saldarse recurriendo a instancias √©ticas que permitan echar luz sobre los cr√≠menes perpetrados, desarticulando as√≠ el discurso de la negaci√≥n y el ocultamiento. Esto fue lo que sucedi√≥, de alg√ļn modo, cuando los herederos armenios del genocidio turco lograron que por primera vez se reconocieran las operaciones de exterminio sufridas por su pueblo y el genocidio resultante.

As√≠ lo hicieron el Tribunal Permanente de los Pueblos en 1984; luego, en 1985, una subcomisi√≥n de derechos del hombre de las Naciones Unidas formada por expertos independientes; y por √ļltimo, en 1987, el Parlamento Europeo. Sin embargo, las paradojas de la historia tampoco se hacen esperar: el mismo d√≠a en que Orhan Pamuk gan√≥ el Premio Nobel de Literatura, la C√°mara baja de Francia aprob√≥ un proyecto de ley que convierte en un crimen negar el genocidio armenio de 1915/1916.

En fecha 11 de enero del corriente a√Īo se promulg√≥ en nuestro pa√≠s la ley 26.199, impulsada por el Consejo Nacional Armenio de Sudam√©rica, la cual fue aprobada por 175 votos sobre 179 diputados presentes, y por unanimidad en el Senado de la Naci√≥n.

La mencionada ley instituye el 24 de abril como ‚ÄúD√≠a de acci√≥n por la tolerancia y el respeto entre los pueblos‚ÄĚ; en su art√≠culo primero afirma que la memoria del genocidio del pueblo armenio debe constituir una lecci√≥n permanente sobre los pasos del presente y las metas del futuro. Y, en funci√≥n de ello, autoriza a todos los ciudadanos de origen armenio a disponer libremente de ese d√≠a para poder asistir a las actividades que a su respecto realizare la comunidad. Se trata de un gesto simb√≥lico en torno a la identificaci√≥n de aquellos episodios marcados por la muerte y la desdicha de un pueblo.

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Un crimen actual

En marzo de este a√Īo, Orhan Pamuk debi√≥ abandonar su pa√≠s como consecuencia del crimen del periodista turco-armenio Hrant Dink a manos de un fan√°tico nacionalista. Como Pamuk, el periodista hab√≠a recibido amenazas de ultranacionalistas turcos por su reconocimiento del genocidio cometido por el ej√©rcito otomano contra el pueblo armenio durante la Primera Guerra Mundial.

Otros dos hechos sucedidos recientemente prueban la vigencia de esta forma criminal alguna vez definida como ‚Äúel delito entre los delitos‚ÄĚ. El a√Īo pasado, en la Argentina, Miguel Osvaldo Etchecolatz fue condenado a reclusi√≥n perpetua como autor de una serie de cr√≠menes que el Tribunal Oral Federal 1o de la Ciudad de La Plata consider√≥ enmarcados en un contexto de genocidio institucionalizado.

En diciembre de 2006, una condena por la comisión de igual delito le fue impuesta por el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR) al sacerdote Athanase Seromba, a raíz de su participación en el genocidio de 1994 en ese país, en cuyo contexto se causó la muerte de 800.000 personas en la comunidad tutsi y entre los hutus moderados.

Cada época y contexto histórico sugieren un perfil diferenciado del grupo-víctima. Conforme el estudioso Yves Ternon, los genocidios del pasado se caracterizaron por la destrucción de grupos exteriores a las fronteras de las ciudades, reinos e imperios; generalmente por motivos religiosos o de expansión territorial2.

As√≠, por ejemplo, las primeras experiencias coloniales de la modernidad dieron lugar a un tipo de v√≠ctima ubicada en el exterior del territorio de las potencias en expansi√≥n ‚Äďla poblaci√≥n aborigen‚Äď; ello posibilit√≥ la apropiaci√≥n de las riquezas disponibles y la colocaci√≥n de su excedente poblacional.

En el siglo XX los actos genocidas se dirigieron, en cambio, contra los grupos situados en el interior mismo del Estado: sus propios ciudadanos en cuanto integrantes de minorías nacionales, étnicas, culturales o religiosas. El genocidio se tornó característico de las sociedades pluralistas y quien lo perpetra, entonces, tiene como objetivo eliminar los rasgos distintivos de toda diferencia, la que juzga de peligro para la supervivencia de su propio grupo.

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La diferencia entre el genocidio y los cr√≠menes contra la humanidad resulta a veces sutil, aunque entre ambos media un elemento espec√≠fico: el alcance de la voluntad criminal. Si el autor act√ļa con el objetivo de suprimir a su v√≠ctima en raz√≥n de su raza, de su religi√≥n o de sus convicciones pol√≠ticas, sin otra intenci√≥n, es un crimen contra la humanidad.

Por el contrario, si los actos son llevados en contra de la víctima pero con la intención de destruir al grupo nacional, étnico, racial o religioso al que perteneciere, es pues un genocidio. Se trata, entonces, de un caso agravado de crimen contra la humanidad, merced a la intención reforzada que le caracteriza.

Lo cierto es que la vigencia del genocidio en el panorama criminal contemporáneo es un hecho evidente. De allí que la conciencia de un Premio Nobel de Literatura como Pamuk, capaz de recordar aquello sancionado por el código penal de su país adquiera tan inusual trascendencia y significación simbólica.

Notas

1 Piralian, Héléne: Genocidio y transmisión, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2000.
2 Ternon, Yves: El Estado criminal, Ediciones Península, Barcelona, 1995.

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* Juez Penal, doctor en Derecho por la Universidad de Buenos Aires.
Artículo publicado originalmente en el periódico La Gaceta de Bariloche, Argentina. Reproducido aquí gracias a un despacho de ARGENPRESS, agencia de noticias independiente de la Argentina.

Addenda

Sobre un caso concreto de la voluntad de un Estado contempor√°neo por exterminar un pueblo y su cultura, puede leerse en Piel de Leopardo El desastre australiano.

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