All谩 en Colombia, en el puerto de donde vienen estas familias, le llaman 鈥渕uerte natural鈥 a morirse de un balazo. Aqu铆 en Chile, ya con el peligro lejos, le ponen m谩s iron铆a y le dicen 鈥減lomon铆a鈥.

Eli茅zer Rojas es un sobreviviente colombiano que lleg贸 a vivir a una poblaci贸n de Arica llamada Cerro Chu帽o. All谩 en lo alto de la peque帽a loma, cuenta el motivo de su larga peregrinaci贸n: 鈥渕i hermano vio c贸mo mataron a otro. Despu茅s se le acerc贸 un vecino, luego otro y otro m谩s鈥.

Cuando habla, Eli茅zer tiene im谩n. Sabe lo que est谩 diciendo porque lo vio, nadie vino a cont谩rselo: 鈥淥tra persona fue y lo amenaz贸. Yo como lo conoc铆a del mismo barrio, lo enfrent茅鈥.2

Luego de abrir una cerveza con una sola mano, contin煤a con aire imperturbable mirando a los ojos de todos aquellos que quieran escuchar su historia: 鈥淒espu茅s me dijeron que tuviera mucho cuidado porque me iban a matar. Pasaban por mi taller y hac铆an tiros al aire desafi谩ndome鈥.

Eli茅zer es un joven afrodescendiente que sali贸 de su casa en Puerto Buenaventura con lo que tra铆a puesto. Tras varios d铆as de viaje cruzando Ecuador y Per煤, y cuatro intentos fallidos de entrar a Chile pidiendo refugio en la frontera, se intern贸 al pa铆s usando uno de los pasos no habilitados, en un tramo des茅rtico sembrado de minas antipersonales.

Cuando lleg贸 a Arica, alguien le apunt贸 a un mont铆culo arenoso, al extremo izquierdo de la ciudad, donde otros compatriotas suyos se hab铆an instalado a vivir. En Cerro Chu帽o eligi贸 una de las tantas casas abandonadas y ah铆 se qued贸. A simple vista, no le pareci贸 tan mal. Si bien hab铆a basura en los callejones vac铆os y polvorientos, como en una pel铆cula del viejo Oeste, no pudo ver algo que estaba en todos lados pero a la vez le resultaba invisible: Millones de part铆culas de plomo y ars茅nico flotando en el aire, las mismas que hab铆an provocado el 茅xodo de los que antes viv铆an ah铆.

Cerro Chu帽o est谩, en efecto, en un cerro. Su avenida principal con callejones a los costados, banquetas, se帽ales de tr谩nsito oxidadas y escombros, se extienden sobre un relieve cuesta arriba que termina en un predio donde la empresa Promel procesaba metales y relaves mineros. El mismo lugar donde la firma confin贸 20.000 toneladas de desechos t贸xicos provenientes de Suecia, en los a帽os 1984 y 1985, y donde el Estado chileno autoriz贸 construir en la d茅cada de los noventa las poblaciones Cerro Chu帽o, Los Industriales, Villa Los Laureles y Villa El Solar.

En menos de dos a帽os, los habitantes comenzaron a sufrir diversos tipos de enfermedades como leucemia, c谩ncer de pulm贸n, de piel, lesiones cut谩neas malignas, efisemas y abortos espont谩neos en mujeres embarazadas. Los ni帽os que pudieron sobrevivir a la gestaci贸n nacieron con malformaciones y severos da帽os neurol贸gicos. Hasta el d铆a de hoy son conocidos como 鈥渓os ni帽os del plomo鈥.

En el a帽o 2009 la presidenta Michelle Bachelet, luego que el gobierno detectara niveles t贸xicos muy superiores a los permitidos por la Organizaci贸n Mundial de la Salud (OMS), orden贸 la ejecuci贸n de un Plan Maestro de Intervenci贸n en Arica para erradicar a 1.880 familias chilenas de Cerro Chu帽o y las villas aleda帽as. En total fueron cerca de 3.000 personas movilizadas en la ciudad.

Pasados los primeros a帽os, s贸lo se quedaron algunas familias, como la de Macarena 脕guila, quien, desde la puerta de su casa, recuerda c贸mo desapareci贸 la vida en las casas y los callejones de Cerro Chu帽o, y c贸mo era el lugar que se encontr贸 Eli茅zer al llegar: 鈥淓l sector se convirti贸 en pueblo zombi. Ac谩 quedaron pocas familias con ni帽itos chicos. No hab铆a c贸mo llenar una fiesta de cumplea帽os, era triste. Sal铆an a jugar y no ten铆an amigos porque todos se hab铆an ido鈥.

Carrusel humano con explosivos
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En el terminal de buses de Tacna, la ciudad m谩s austral de Per煤, el arribo de grupos de colombianos es constante. Muchos llegan con los colores de su bandera en alguna prenda de vestir y se hacen f谩cilmente reconocibles dentro del cerco de 鈥渏aladores鈥 que los abordan para ofrecerles entrar a Chile por pasos no habilitados.

Los intentos de 鈥渆ngancharlos鈥 ocurren frente a los polic铆as que vigilan el terminal y a la vista de cualquiera. Los contactos se dan antes de que puedan dirigirse a los peque帽os escritorios individuales donde ofrecen cambio de divisas.

Los enganchadores son persistentes y siguen a los colombianos hasta los ba帽os del 煤ltimo rinc贸n del terminal donde, despu茅s de un viaje de 22 horas desde Lima, buscan con urgencia una ducha antes de continuar su camino.

Algunos, como Eli茅zer, resisten e intentan entrar por la v铆a legal tomando otro bus que los lleva en un recorrido de menos de media hora a trav茅s del desierto al control fronterizo de Chacalluta, el segundo m谩s transitado de Per煤, solo por debajo del aeropuerto de LimaAqu铆 hay un carrusel humano de migrantes rechazados por los agentes de la Polic铆a de Investigaciones (PDI) de Chile que se ven obligados a tomar un bus de regreso a Tacna. El Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) asegura que los afrocolombianos han sufrido racismo en la fila de espera y en las entrevistas con los funcionarios chilenos.

鈥淣unca hemos recibido a un migrante colombiano rechazado de Chacalluta que no sea negro鈥, cuenta Enrique Guevara, abogado del SJM de Tacna, con oficinas frente al terminal de buses.

鈥淪ol铆a ocurrir que sacaban a las personas de color de la fila, o las devolv铆an simplemente o les hac铆an muchas preguntas. La PDI se atribuye la capacidad de negar el refugio, aun cuando no son el ente competente. Su deber es dejarlos ingresar y decirles a d贸nde tienen que ir para solicitar el refugio, en Extranjer铆a鈥, explica Javiera Cerda del Valle, directora del SJM de Arica.
Eli茅zer estuvo formado en esa fila, con un sol que causa urticaria, y le explic贸 a un agente de la PDI el peligro inminente en el que estaba su vida. Al momento de ser rechazado no estaba ni en Chile ni en Per煤, sino en medio del gris desierto, sin el verde acostumbrado de su natal Buenaventura.

Regres贸 a Tacna pero, una vez m谩s, no acept贸 la oferta de los jaladores. Tampoco en las siguientes tres vueltas. Decidi贸 caminar desde el terminal hacia una peque帽a plaza que los peruanos, con humor 谩cido, llaman 鈥渆l muro de los lamentos鈥 porque cada viajero que all铆 llega suele pensar qu茅 hacer entonces con sus vidas. Ah铆 se toman grandes decisiones.

Frente a esa plaza est谩 una zona de hostales. Uno de ellos es el de don Beto: 15 soles por noche, camas polvorientas con colchones ultra delgados, escusado sin tapa, regadera con cables el茅ctricos que echan chispas, agua fr铆a, suelo sin barrer y vista desde la ventana al 鈥渕uro de los lamentos鈥. Nuevas salidas hacia la frontera y nuevos regresos. Noches recordando el Pac铆fico colombiano鈥

Buenaventura es un lugar con presencia hist贸rica de guerrilla, pero el azote de la poblaci贸n en los 煤ltimos a帽os son Los Urabe帽os, La Empresa y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Son grupos de delincuencia organizada que, seg煤n un informe de Human Rights Watch (HRW), 鈥渆xtorsionan, restringen la circulaci贸n en los barrios, reclutan por la fuerza a menores y comenten actos aberrantes de violencia contra cualquier persona que se oponga a sus intereses鈥.

Este documento de HRW tiene informaci贸n recopilada desde 2009 y testimonios que hablan de las 鈥渃asas de pique鈥, viviendas donde esos tres grupos descuartizan a sus v铆ctimas en unas m谩quinas siniestras que parecen trituradoras humanas. Los gritos de un torturado suelen escucharse a muchos metros de distancia como si el ruido transitara en una delgada frecuencia sonora que, a ratos, taladra los o铆dos. S贸lo en el a帽o 2014, el gobierno colombiano reconoci贸 la existencia de estas casas de aniquilaci贸n, por eso HRW habla de una marcada ineficacia policial en Buenaventura que ha impulsado el 茅xodo hacia Chile.4

Una ma帽ana, en Tacna, Eli茅zer reconoci贸 a dos integrantes de la banda de Los Urabe帽os rondando el terminal. A m谩s de 4.000 kil贸metros de su antiguo hogar, lejos de su taller vac铆o con sus herramientas oxid谩ndose, volvi贸 a sentir la fragilidad de caer en manos de una banda criminal. Fue en ese instante que decidi贸 aceptar la oferta de los jaladores. Su ingreso a Chile estuvo marcado por lo mismo que lo hizo abandonar Colombia: el miedo. 鈥淎h铆 t煤 dices, tambi茅n me van a dar ac谩. Por eso me met铆 (al desierto) r谩pido鈥.

Hay tres rutas no habilitadas para entrar a Chile desde Tacna. La m谩s utilizada es la que corre por una v铆a de tren en desuso. Adentro de los rieles est谩 la garant铆a de llegar con vida. Afuera est谩n las minas antipersonales que el gobierno militar coloc贸 en 1980 durante la dictadura de Augusto Pinochet, quien cre铆a que Argentina, Bolivia y Per煤 pod铆an invadir Chile por conflictos territoriales.

Eli茅zer le pag贸 200 d贸lares a un jalador que lo llev贸 a un punto llamado El Palo, a un par de kil贸metros antes del paso fronterizo. All铆 se subi贸 a una camioneta, junto a otros colombianos, traslad谩ndolos por una v铆a que corre paralela a la carretera ubicada a un kil贸metro de distancia.

Seg煤n Enrique Guevara, abogado del Servicio Jesuita a Migrantes en Tacna, las recomendaciones de los jaladores, una vez que abandonan a sus clientes entre las minas antipersonales, son 鈥渟eguir las huellas de migrantes que ya transitaron, no prender ninguna luz para no alertar a los carabineros鈥 y rezar鈥.

Y hay ocasiones en que ni eso alcanzan a hacer. 鈥淣o m谩s me met铆 a la v铆a, la informaci贸n que me dieron fue: mire, usted siga en este camino y siga de largo, no gire hacia ning煤n lado que as铆 llega a Chile鈥, cuenta Eli茅zer.
Javiera Cerda afirma que las minas antipersonales 鈥渟on la mayor preocupaci贸n鈥 para el SJM luego que en febrero de 2012 se desbordara el R铆o Seco, en territorio peruano, repartiendo miles de ellas en el desierto. Caminar en esa zona puede ser como jugar a la ruleta rusa.

J煤nior Cabeza y 脕nderson Rodr铆guez son dos colombianos que pisaron minas y sufrieron mutilaciones en una pierna, en 2015. Ambos, de acuerdo con la c贸nsul colombiana en Arica, Nina Consuegra, volvieron con pr贸tesis a su pa铆s despu茅s de recuperarse. En 2016, un peruano muri贸 y un dominicano tambi茅n perdi贸 parte de una pierna.

El grupo de Eli茅zer camin贸 durante horas en la oscuridad, sin linternas para no alertar a la polic铆a, tal como les hab铆an sugerido. 鈥淓n el camino hay puro desierto y fr铆o. Yo me tir茅 sin mochila, solamente con la documentaci贸n que tra铆a, teniendo fe no m谩s鈥, recuerda.

Finalmente, tras una larga caminata nocturna, vieron las luces del aeropuerto de Arica. Fue como la imagen de un faro para quien llega de altamar.

As铆 como Eli茅zer, son cientos los colombianos que llegan desde Buenaventura a ciudades del norte de Chile, una regi贸n tranquila del continente, y con el mayor desarrollo minero de Am茅rica Latina. Seg煤n el Instituto Nacional de Estad铆stica (INE), en 1982 hab铆a 83 mil migrantes y en 2014 ya se contabilizaban 411 mil. El incremento de colombianos desde el a帽o 2005 (poco m谩s de 5 mil) se elev贸 a 25.038 en 2014, lo que representa un incremento del 394 por ciento.

Eli茅zer es uno m谩s de aquellos colombianos que decidi贸 afincarse en el pa铆s. Primero se estableci贸 all谩 donde le dijeron que viv铆an otros compatriotas suyos, donde flotan las part铆culas de metales. Cuando logr贸 emplearse y se estableci贸, arrend贸 una casa en otro barrio cercano, luego se trajo su esposa y sus dos hijas.

Despu茅s del plomo鈥 m谩s plomo
Arica es la primera ciudad chilena que han visto los miles de colombianos que llegan por tierra despu茅s de cruzar Per煤. Y cuando ah铆 se habla de la comunidad colombiana en una conversaci贸n callejera cualquiera, se habla tambi茅n de Cerro Chu帽o, que est谩 en una de las entradas de la urbe.
Para identificarlo ser谩 necesario que alguien lo se帽ale al entrar a Arica (hacia la izquierda y hacia arriba), porque parece que ah铆 no vive nadie. Y no deber铆a vivir nadie. Los 1.880 afectados de esa zona prueban que esa contaminaci贸n existe.

5鈥淪e han evidenciado niveles de plomo en la sangre y de ars茅nico inorg谩nico en la orina mayores a los niveles de referencia de la OMS鈥, dice el informe del Plan Maestro de Intervenci贸n.

A las cinco de la tarde el sol aprieta en Arica. Desde Cerro Chu帽o se nota c贸mo se le acent煤an los colores y relieves sombreados al Morro con su gigante bandera chilena. Tambi茅n a las embarcaciones del puerto; m谩s cerca, a las gr煤as que mueven la carga; m谩s cerca a煤n, al mosaico que forman los contenedores apilados al otro lado de la carretera, y a la camioneta roja de Harold Gaspar Otero, quien viene llegando a casa con sus dos ni帽as de uniformes escolares verdes y trenzas de colores. Harold tambi茅n huy贸 de la 鈥減lomon铆a鈥 de Buenaventura. Lleg贸 茅l primero y luego trajo a toda su familia. Sus hijas menores nacieron en Chile.

La brisa fresca que llega desde el mar es uno de los componentes que hacen de esa zona la m谩s contaminada de Arica, debido a que el aire que refresca las casas de Cerro Chu帽o contiene altos niveles de ars茅nico.

La contaminaci贸n no s贸lo est谩 en el aire sino en cada rinc贸n de las casas, seg煤n lo demostr贸 un estudio del Instituto de Salud P煤blica. Las mismas casas que los inmigrantes est谩n felices de habitar. 鈥淒icen que hay contaminaci贸n de plomo pero hasta ahorita no hemos sentido ning煤n mal s铆ntoma y espero que no suceda鈥, dice Feliciano Caicedo, otro joven colombiano con historia calcada a la de Eli茅zer que vive en Cerro Chu帽o.

En el hogar de Harold se re煤nen parientes y amigos que viven en la misma cuadra. Tambi茅n llega Eli茅zer desde su barrio. La presencia de 茅ste inspira a los reci茅n llegados. No en vano logr贸 arrendar una casa a su gusto y darle una vida en paz a su familia, que es lo que todos buscan.

Los grandes organizan una colecta para comprar cerveza. Los adolescentes tienen prohibido beber alcohol y se concentran en sus tel茅fonos m贸viles. Las ni帽as de Harold, nacidas en Chile, corren por las calles empolvando sus trenzas de colores sin saber que en el a帽o 2009 fueron retirados los materiales contaminados, pero que a煤n millones de part铆culas contin煤an diseminadas en el lugar.

Puerto Buenaventura tambi茅n es un lugar de recuentos y cifras a ratos devastadoras. Hasta el a帽o 2013, seg煤n HRW, exist铆an alrededor de 13.000 desplazados por violencia. Personas que ni siquiera se sab铆a d贸nde estaban: hechos pedazos en el fondo de la bah铆a de Buenaventura o enterrados en fosas clandestinas o sentados tomando cervezas en una calle de Cerro Chu帽o.

El informe de HRW se llama 鈥淟a Crisis de Buenaventura. Desapariciones, desmembramientos y desplazamiento en el principal puerto de Colombia en el Pac铆fico鈥 y es la recreaci贸n del mundo que dejaron atr谩s los nuevos habitantes de esta poblaci贸n contaminada. Un episodio del informe podr铆a explicar porqu茅 algunos decidieron cambiar el puerto m谩s grande del Pac铆fico colombiano por el 谩rido desierto de Atacama:

鈥淓l 13 de septiembre de 2013 hubo una marcha en Buenaventura de cientos de personas pidiendo paz. El obispo H茅ctor Epalza Quintero lider贸 la manifestaci贸n que pas贸 por varios barrios y termin贸 en una cancha de f煤tbol. Ah铆 rezaron. Al d铆a siguiente, ah铆 donde rezaron, apareci贸 la cabeza de un joven de 23 a帽os y el resto de su cuerpo fue regado en pedazos en barrios aleda帽os. Su familia pidi贸 justicia pero recibieron amenazas y acabaron esfum谩ndose鈥, se帽ala el informe.

En septiembre de 2014 la Interpol detuvo en Antofagasta a Fanny Grueso Bonilla, alias La Chily, una mujer se帽alada como la operadora de varias 鈥渃asas de pique鈥 en Buenaventura. Esa noticia, como otras en las que han estado involucradas personas colombianas, se han instalado en la percepci贸n de algunos chilenos. Una vecina chilena de Cerro Chu帽o intercept贸 a los reporteros y los ret贸 por 鈥渆ntrevistar a delincuentes鈥. Antes, un conductor de taxi se neg贸 a entrar a la villa, pues 鈥揹ijo- 鈥渢odos los colombianos son delincuentes鈥.

-驴Alguna vez usted ha conocido o hablado con alguno de ellos?, le preguntamos.
-鈥淣o, 隆nunca!鈥, exclam贸 el taxista.

Las cifras del Departamento de Extranjer铆a de Chile muestran que desde 2005 Colombia ya era, por mucho, el principal solicitante de refugio con el 78,7% de las solicitudes. En 2010 la cifra alcanz贸 su m谩ximo, con 84,6 y cuatro a帽os despu茅s, en 2014, se mantuvo casi al mismo nivel, con 84,4%. El flujo en los 煤ltimos a帽os es constante, y se ha mantenido inalterable por razones de peligro inminente. Seg煤n los datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Colombia se encuentra entre los 20 pa铆ses con mayor n煤mero de solicitantes de refugio a nivel mundial.

Un pizca de ellos est谩n ahora junto a Harold, mientras 茅ste tapa algunas ranuras en las paredes en medio del aroma a arepa, arrocito y huevos.

Mientras trabaja cuenta que la guerrilla amenaz贸 con matarle a su hijo de 17 a帽os. 鈥淢e dijeron que, como no se quer铆a ir, entonces me iban a matar a m铆. Me enfrent茅 con ellos. En la noche llegaron y me dijeron que ten铆a que desocupar la casa porque si no, no amanec铆a鈥, explica.

La historia de su viaje a Chile tambi茅n es la de miles de colombianos: una carrera atropellada cruzando fronteras y parando en puntos espec铆ficos esperando los documentos que necesitaba para entrar al pa铆s. Despu茅s, en Tacna, tom贸 un bus hacia la frontera de Chacalluta pero fue rechazado porque sus argumentos no convencieron a los oficiales de la PDI. La escena vuelve a repetirse: Un inmigrante afrodescendiente saliendo de la terminal de Tacna hacia el llamado muro de los lamentos.

El SJM ayud贸 a Harold a conseguir refugio tras una investigaci贸n del ACNUR en la que se comprob贸 el peligro inminente para su vida.

Afuera la fiesta reci茅n comienza. La canci贸n 鈥淛aime Molina鈥, del compositor ballenatero Rafael Escalona, comienza a retumbar en un inmenso aparato de sonido que Harold se compr贸 en la zona franca. La m煤sica termina por apagar los tristes recuentos de Buenaventura. 鈥淎 veces uno se aburre de tanto recordar鈥, dice Harold.