Feb 28 2014
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EconomíaSociedad

Lo que no se dice sobre el crecimiento de las desigualdades sociales

Por fin, el gran crecimiento de las desigualdades que hemos estado experimentando en la mayor√≠a de pa√≠ses a los dos lados del Atl√°ntico Norte ha pasado a ser noticia, con un n√ļmero cada vez mayor de f√≥rums y conferencias dedicando atenci√≥n a este tema, present√°ndolo como un problema. Incluso el Foro de Davos, uno de los centros de reflexi√≥n neoliberal con mayor impacto medi√°tico, dedic√≥ este a√Īo a este tema un espacio importante de su programa.

Es interesante notar, sin embargo, que lo que ha estado ocurriendo con el tema de las desigualdades es muy semejante a lo que ha ocurrido con el cambio clim√°tico. Como en el caso de este √ļltimo, la sabidur√≠a convencional en aquellos pa√≠ses (dominada desde los a√Īos ochenta por el dogma neoliberal) negaba, al principio, su existencia. Se dec√≠a que, en contra de lo que aseguraban algunos ‚Äúradicales extremistas‚ÄĚ (el menos ofensivo de toda una larga retah√≠la de insultos), no hab√≠a ning√ļn cambio clim√°tico. Cuando la evidencia de que s√≠ hab√≠a tal cambio era ya abrumadora, la sabidur√≠a convencional lo admiti√≥, tras mucha resistencia y recelo, pero a√Īadi√≥ ‚Äďinmediatamente‚Äď que este no era causado por la intervenci√≥n humana. Se deb√≠a ‚Äďdec√≠a la sabidur√≠a convencional‚Äď a cambios c√≠clicos de la naturaleza sobre los que la intervenci√≥n humana ten√≠a poco que hacer.

Una evoluci√≥n similar ha ocurrido ahora con el crecimiento de las desigualdades. Primero se neg√≥ que existiera, acus√°ndonos, a aquellos que se√Īal√°bamos que era una realidad con terribles consecuencias sociales y econ√≥micas, de ‚Äúradicales aguafiestas‚ÄĚ. M√°s tarde, ante la evidencia abrumadora que cuestionaba este dogma, admitieron su existencia, pero negaron que se debiera a decisiones pol√≠ticas concretas tomadas por instituciones p√ļblicas altamente influenciadas por los grupos financieros y econ√≥micos (que configuraban la sabidur√≠a convencional neoliberal del conocimiento econ√≥mico), atribuyendo dicho cambio a hechos como ‚Äúla globalizaci√≥n de la actividad econ√≥mica‚ÄĚ, ‚Äúla introducci√≥n de nuevas tecnolog√≠as‚ÄĚ u otras argumentaciones, hechos que se consideraban (err√≥neamente) apol√≠ticos, determinados por la propia l√≥gica y din√°mica del sistema econ√≥mico. En realidad, cada uno de estos hechos supuestamente apol√≠ticos era resultado de decisiones pol√≠ticas tomadas por los Estados, cada uno de ellos influenciado por aquellos grupos financieros y econ√≥micos, que dominaban el proceso de gobernanza de cada pa√≠s.
 
¬ŅPor qu√© han crecido las desigualdades?pobreza1

En realidad, la fuerza m√°s determinante en la evoluci√≥n de las desigualdades sociales y de su crecimiento ha sido el grado de influencia que los propietarios y gestores del gran capital (es decir, del mundo de las grandes empresas financieras, industriales y de servicios, y que incluye personas e instituciones que obtienen sus ingresos a partir de la propiedad del capital) han tenido sobre sus Estados. Cuanto mayor ha sido su influencia sobre el Estado, mayor han sido las desigualdades en un pa√≠s. Cuanto, por el contrario, mayor ha sido la influencia del mundo del trabajo (es decir, de la mayor√≠a de la poblaci√≥n que deriva sus rentas del trabajo, con escasa propiedad) sobre los Estados, menores han sido las desigualdades. La evidencia de que ello es as√≠ es abrumadora. Durante el periodo 1947-1979 (el llamado ‚Äúperiodo dorado del capitalismo‚ÄĚ), cuando el mundo del trabajo ten√≠a m√°s poder, el crecimiento de la riqueza de los pa√≠ses se reparti√≥ m√°s igualitariamente que no durante el periodo 1979-2013, cuando ‚Äďcon la revoluci√≥n neoliberal iniciada por el Presidente Reagan y la Sra. Thatcher‚Äď el mundo del capital fue el que claramente domin√≥ las instituciones del Estado. Durante este √ļltimo periodo, como resultado del crecimiento de la productividad, hubo un aumento de la riqueza, que se concentr√≥ en los sectores m√°s pudientes de la poblaci√≥n que derivan gran parte de sus ingresos de la propiedad del capital.

Estos datos muestran que las causas del crecimiento de las desigualdades son primordialmente pol√≠ticas, es decir, que derivan de decisiones tomadas por el Estado como resultado del grado de influencia diferencial que tienen sobre ese Estado el mundo del capital y el mundo del trabajo. La √©poca neoliberal (1980-2013) ha sido la √©poca de mayor dominio del Estado por parte del capital, habi√©ndose alcanzado unos niveles nunca vistos desde principios del siglo XX. En EEUU, por ejemplo, el 10% m√°s rico de la poblaci√≥n posee el 77,1% de toda la riqueza, mientras que el 90% restante posee el 22,9%. En realidad, el 40% de la poblaci√≥n no tiene ninguna propiedad; todo lo contrario, est√° endeudada. El 20% que le sigue tiene solo un 3,3% de toda la riqueza, seguido de otro 20% que tiene un 10% de toda la propiedad. La suma de ello (40+20+20) muestra que el 80% tiene solo un 13,3% de la riqueza. (Los datos que presento en este art√≠culo proceden de John Schmitt ‚ÄúThe Economy and the Evolution of Income and Wealth‚ÄĚ. Public Policy Program. The Johns Hopkins University. 20 de febrero de 2014)

Esta enorme concentraci√≥n de la riqueza, causa mayor del crecimiento de las desigualdades, ha motivado el movimiento popular de protesta conocido en EEUU como el Occupy Wall Street (claramente influenciado por el movimiento de los indignados, el 15-M, de Espa√Īa), que denuncia al 1% de la poblaci√≥n (que controla, en gran medida, la propiedad de los medios financieros ‚Äďbasados en Wall Street) como el centro del poder financiero y econ√≥mico, y por lo tanto, pol√≠tico y medi√°tico del pa√≠s.
 
No es el 99% contra el 1%, sino el 90% contra el 10%

Ahora bien, aun cuando el n√ļmero de 1% -que incluye el grupo dominante del poder financiero, econ√≥mico, pol√≠tico y medi√°tico del pa√≠s- es un n√ļmero muy gr√°fico y did√°ctico para mostrar el grado de concentraci√≥n del poder en EEUU, es una cifra que subestima el problema pol√≠tico al que tiene que hacer frente cualquier estrategia encaminada a revertir dicha concentraci√≥n. Este 1%, que controla el 35,6% de toda la riqueza, va seguido de un 9% que controla otro 39,5%. El problema, pues, no es solo el 1%, sino que incluye tambi√©n al otro 9%, que juntos suman en total un 77,1% de toda la riqueza. Este 9% son los grandes propietarios del capital industrial y de servicios, as√≠ como los sectores sociales que se benefician claramente del sistema de propiedad actual, y que incluye, entre otros, a los dirigentes medi√°ticos, la intelectualidad del r√©gimen, la clase dirigente del funcionariado y la mayor√≠a de la clase pol√≠tica gobernante, todos ellos sirvientes de las estructuras del poder. Junto al 1% del capital financiero representan lo que en Estados Unidos se llama la Corporate Class. De ah√≠ que el conflicto no es del 99% de la poblaci√≥n contra el 1%, sino del 90% contra el 10%, teniendo este √ļltimo un enorme poder. Los grandes gur√ļs medi√°ticos, por ejemplo, no son parte del 1%, pero si del otro 9% que sirve al sistema controlado por el 1%, y que se opondr√° por todos los medios a que cambie el sistema que los beneficia.

El declive del sistema democr√°tico

eeuu occupy wall streetEsta enorme concentraci√≥n de la riqueza ha sido consecuencia de las intervenciones del Estado, que han favorecido sistem√°ticamente y abusivamente desde los a√Īos ochenta al capital a costa del mundo del trabajo. Y cuando digo a costa quiero decir que las rentas del capital han subido como consecuencia de que las rentas del trabajo han disminuido. En otras palabras, el crecimiento de la riqueza, como resultado del aumento de la productividad (incluida la productividad laboral), no ha repercutido tanto en el mejoramiento de las rentas del trabajo como en el crecimiento desmesurado de las rentas del capital. En realidad, el salario por hora (controlado por inflaci√≥n y tipo de trabajo) en EEUU fue menor en 2013 que en el a√Īo 1978.

La situaci√≥n en Espa√Īa es muy semejante a la que ocurre en EEUU. La enorme influencia del 10% m√°s rico de la sociedad (tanto en el Estado como en la sociedad civil) est√° causando el enorme crecimiento de las desigualdades. Y ello ocurre, tanto directamente como indirectamente, a trav√©s de las pol√≠ticas p√ļblicas del Estado. Entre las directas est√°n las pol√≠ticas fiscales, por ejemplo, que benefician sistem√°ticamente al capital a costa del trabajo. Y entre las indirectas, est√° el gasto p√ļblico. Por ejemplo, la reducci√≥n del empleo p√ļblico y de la capacidad adquisitiva del empleado p√ļblico (y con ello, el descenso de la renta nacional que va al mundo del trabajo) se hace para poder pagar los rescates a la banca y pagar la deuda p√ļblica (propiedad, en su gran mayor√≠a, de la banca), con lo cual se est√° haciendo una transferencia de fondos p√ļblicos del 90% de la poblaci√≥n espa√Īola, cuya renta procede del trabajo, al 1% que deriva sus ingresos de la propiedad del capital financiero (del cual depende el otro 9%, que est√° al servicio del 1%) que controla el sistema de gobernanza del pa√≠s.

Y es esta enorme concentración de la riqueza la que está destruyendo la democracia. Pero le aseguro a usted que no leerá todo esto en los medios. Un artículo como este no se puede publicar en los cinco rotativos más importantes del país. Le ruego que lo distribuya.

*Catedr√°tico de Pol√≠ticas P√ļblicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy en The Johns Hopkins University.

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