Abr 9 2015
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PolíticaSociedad

Los 19 masacrados trabajadores de Laja

La masacre de 19 trabajadores durante la dictadura, con la complicidad activa de la Compa√Ī√≠a Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC). que reci√©n ahora podr√≠a tener un ep√≠logo y recibir algo de Justicia. Un reportaje estremecedor ya publicado en Brasil, donde la CMPC obtuvo financiamiento p√ļblico del BNDES para extender sus redes.
F√°brica de celulosa financiada por el BNDES brasile√Īo acusada de un crimen nauseabundo durante la dictadura Pinochet

En estos primeros meses de 2015, en Chile, se espera con ansiedad el acto de coraje de un magistrado.

Cuarenta a√Īos despu√©s del fusilamiento por la espalda y su entierro en una fosa com√ļn, clandestina, de 19 simpatizantes de la Unidad Popular, trabajadores, ferroviarios y estudiantes, el juez Carlos Aldana ‚Äď ministro especial para causas de Derechos Humanos de la Corte de Apelaciones de Concepci√≥n – en una decisi√≥n in√©dita desde el fin de la dictadura de Pinochet, deber√° inculpar a un importante grupo de civiles involucrado en la violaci√≥n de derechos humanos en Chile.

La acusaci√≥n alcanzar√° de lleno a la CMPC, uno de los mayores conglomerados de papel y celulosa de Am√©rica Latina, perteneciente al grupo Matte que, el 18 de septiembre de 1973, le entreg√≥ una ‚Äúlista negra‚ÄĚ con los nombres de los fusilados a carabineros.

Tercer mayor patrimonio empresarial y familiar de Chile, estimado en 7 mil 500 millones de d√≥lares, en 2013, el grupo Matte obtuvo la aprobaci√≥n del banco estatal brasile√Īo, BNDES (Banco Nacional para el Desarrollo Econ√≥mico y Social) un cr√©dito de US$ 1.200 millones ‚Äďde un total de US$ 2.100 millones‚Äď para cuadruplicar, en Gua√≠ba, la antigua f√°brica Borregaard, hoy conocida como CMPC – Celulosa Riograndense. Con la pretensi√≥n de consolidarse como uno de los m√°s grandes proveedores mundiales de celulosa blanqueada, la inversi√≥n fue celebrada por el entonces gobernador Tarso Genro, debido a la generaci√≥n de m√°s de siete mil puestos de trabajo durante las obras de ampliaci√≥n, y los 2.500 empleos directos prometidos por la unidad, que debe iniciar sus operaciones en el segundo semestre de 2015. Es muy improbable que el gobernador petista (del Partido de los Trabajadores-PT) y la direcci√≥n del BNDES tuviesen conocimiento de la activa participaci√≥n de la CMPC en el golpe de Estado que derrib√≥ al presidente Salvador Allende, ni de las graves acusaciones que la apuntan como protagonista de la ‚ÄúMasacre del Laja‚ÄĚ, como el nauseabundo crimen es conocido en Chile, y que ahora desborda hacia Brasil.
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‚ÄúEfectivamente, yo no ten√≠a esa informaci√≥n y creo que puede ser verdadera. Las grandes empresas en Brasil, Chile o Argentina estuvieron involucradas, directa o indirectamente, en los golpes militares que ocurrieron en las d√©cadas de 1960 y 1970 en Am√©rica Latina‚ÄĚ, declar√≥ Tarso Genro a Revista Adusp, quien tambi√©n fue Ministro de Justicia en el gobierno de Luis In√°cio Lula da Silva. ‚ÄúDicen que hasta una gran empresa periodistica , aqui en Brasil [Nota: referencia al diario Folha de S√£o Paulo], prestaba sus ve√≠culos para la Opera√ß√£o Bandeirantes [Nota 2: comando de la represi√≥n militar y centros de tortura em S√£o Paulo, a√Īos 1970] . No me sorprende, tambi√©n, se eso fuera verdadero, ya que fueron golpes para proteger a los intereses del capital.‚ÄĚ

El terror en Biobío

En mis andanzas por los paisajes de Biob√≠o, bellamente inmortalizados en los a√Īos 1840 por el pintor-viajero Mauricio Rugendas, frecuentemente tropiezo con memoriales y epitafios ‚Äďcomo el del puente Quilaco, sobre el r√≠o Biob√≠o, en Santa B√°rbara, o el Memorial de Laja-San Rosendo‚Äď cuyas narrativas congelan el tiempo y por momentos encharcan de sangre lo pintoresco.

Una de esas narrativas es la ‚ÄúMasacre del Laja‚ÄĚ, o ‚ÄúCaso Laja-Yumbel‚ÄĚ, como se conoce el expediente en la Corte de Apelaciones de Concepci√≥n.

Yo prefiero llamarla ‚ÄúLos 19 de Laja‚ÄĚ, un t√≠tulo √©pico, puesto que se trata de 19 hombres √≠ntegros, arrancados de sus lugares de trabajo y del seno de sus familias, golpeados y encerrados en una celda inmunda de una comisar√≠a de carabineros del Chile profundo, desde donde desaparecieron el 18 de septiembre de 1973.

Uno de ellos fue el maquinista Luis Alberto Araneda Reyes, padre de Mauricio Araneda Medina.

Esta es su crónica.

Abogado, 52 a√Īos de edad, hace mucho que Mauricio Araneda comparte su calvario con sus hermanos Luis Emilio y Jorge Eduardo, y decenas de familias de las localidades de Laja y San Rosendo, en el Biob√≠o, que desde hace m√°s de 40 a√Īos exigen justicia por el brutal asesinato de sus seres queridos.

Una de las m√°s siniestras historias de terror de la larga noche de las dictaduras latinoamericanas, ‚ÄúLos 19 de Laja‚ÄĚ protagonizan el primer gui√≥n de las operaciones de exterminio de la dictadura de Pinochet ‚Äďentre las cuales figuran la c√©lebre ‚ÄúCaravana de la Muerte‚ÄĚ en el desierto de Atacama, los hornos de Lonqu√©n y el lanzamiento de prisioneros al mar y en cr√°teres de volcanes‚Äď cuyo modus operandi recuerda los comandos de aniquilamiento de la Wehrmacht , la Gestapo y el SD alemanes en la Uni√≥n Sovi√©tica, durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuna del entonces ya poderoso sector maderero y de producci√≥n de celulosa, el 11 de septiembre de 1973 se declar√≥ abierta la temporada de caza a los simpatizantes de la Unidad Popular en Biob√≠o, cuando bandos civiles armados ‚Äďgeneralmente hacendados y conspiradores del movimiento fascista ‚ÄúPatria y Libertad‚ÄĚ‚Äď se unieron a carabineros y al ej√©rcito.

M√©todo utilizado en la famosa ‚ÄúMasacre de Ranquil‚ÄĚ, en el a√Īo 1934, en la cual fueron ametrallados 300 pirquineros, campesinos e indios mapuche, entre septiembre y octubre de 1973, en las comunidades rurales de Laja, Quilaco y Mulch√©n se repitieron los fusilamientos en masa, cuyos comanditarios y perpetradores disfrutaron de la impunidad durante 40 a√Īos y, s√≥lo ahora, seniles o enfermos terminales, supuestamente arrepentidos, comienzan a ser condenados.

Los autos del ministro Aldana

Poseedor del n√ļmero de tel√©fono celular de Mauricio Araneda, informado por un colega de Concepci√≥n, le llam√© y acordamos nuestro primer encuentro en Santa B√°rbara, un arrabal pre cordillerano levantado en 1756 como fortaleza contra los malones de los Pehuenches ‚Äď que hoy no cuenta m√°s de 14 mil almas.

De Concepci√≥n por Los √Āngeles hasta la pre-cordillera, corren 160 kil√≥metros de caminos a trav√©s de monocultivos de eucaliptos y pinos hasta perderse de vista, salpicados aqu√≠ y all√≠ por rar√≠simas manchas de bosque nativo remanente. Se estima que 45% del territorio de Biob√≠o, con poco m√°s de 30 mil km2, est√°n tomados por el ‚Äúdesierto verde‚ÄĚ cuya sim√©trica monoton√≠a agrede los ojos.
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Vistiendo impecables terno y corbata e irradiando la formalidad de los licenciados, aprendida en los bancos de la Facultad de Derecho, nadie sospecharía de la ascendencia proletaria de Araneda, cuyo padre era maquinista y líder sindical.

Confortablemente sentados en la oficina de su notar√≠a, instalada hace apenas dos a√Īos, nuestra primera conversaci√≥n es desordenada, con saltos temporales entre septiembre de 1973 y finales del 2014; yo, curioso por las circunstancias de la prisi√≥n de su padre, √©l, ansioso por saber de los negocios de la empresa CMPC en Brasil.

En 2011 y 2014, el abogado y sus hermanos fueron testigos y declararon en dos reconstituciones de la ‚ÄúMasacre del Laja‚ÄĚ, ordenadas por el juez Carlos Aldana. ‚ÄúPero, hay detallitos‚ÄĚ, agrega Araneda, ‚Äúfiligranas que s√≥lo un detective o un abogado, obsesivos, tienen la paciencia de investigar‚ÄĚ, mostr√°ndome una pila de carpetas en la estanter√≠a situada a sus espaldas.

La pila mide medio metro. Son fotocopias del expediente completo de la causa, abierta en 1979, luego cerrada durante la dictadura Pinochet y reabierta en 2010, gracias a la obstinaci√≥n de la Asociaci√≥n de Familiares de Presos Pol√≠ticos Ejecutados de Laja y San Rosendo – carpetas copiosamente examinados, repletas de anotaciones y subrayados de las declaraciones de polic√≠as, familiares y testigos, a los cuales cabr√≠a a√ļn hacerles algunas preguntas.

Por eso, despu√©s de 30 a√Īos de tr√°mites y reveses, en sus horas libres el abogado que tambi√©n oficia de notario, viaja a los afueras del Biob√≠o con sus propias investigaciones. Su objetivo es reforzar con nuevos testimonios la acusaci√≥n que el ministro Aldana prepara contra los ex directores de la ‚ÄúPapelera‚ÄĚ, como se conoce en la regi√≥n a la CMPC de los Matte.

Invitado por Araneda, entre fines de 2014 y principios de 2015, tuve el privilegio de participar en algunas expediciones nocturnas, la primera de ellas a Laja, delante de cuyo Memorial a los fusilados nos esperaban sus hermanos Luis Emilio y Jorge Eduardo, venidos especialmente de Concepci√≥n para entrevistar a Magallanes Acu√Īa, un viejo socialista y ex trabajador, jubilado, de la CMPC, qui√©n ya entrada la noche y 41 a√Īos despu√©s del golpe militar, en la sala de su casa moviliza sus recuerdos y por el t√ļnel del tiempo nos conduce de regreso al momento de su captura: as√≠ ¬°‚Äúcontra la pared y las manos detr√°s de la cabeza!‚ÄĚ, como le grit√≥ el teniente de carabineros, Alberto Fern√°ndez Mitchell.

Y es que Magallanes Acu√Īa confirma lo que varios otros sobrevivientes del terror reiteraron ante los o√≠dos sordos de polic√≠as y jueces: que las detenciones fueron realizados dentro y no fuera de la CMPC; prueba de la flagrante complicidad de la empresa con la represi√≥n pinochetista.

Durante una de nuestras visitas a Laja, el abogado Araneda me present√≥ a don Eduardo Cuevas, quien fuera antiguo mec√°nico de mantenimiento de la CMPC y activista del MIR. Hombre destemido, Cuevas me cuenta su dilacerante bajada a los infiernos de la dictadura Pinochet. En la segunda reconstituci√≥n de la masacre, le mostr√≥ al juez Aldana d√≥nde y c√≥mo fue cazado y detenido dentro de las instalaciones de la f√°brica. A golpes de culata de fusil, fue conducido al Regimiento de Monta√Īa (actualmente Regimiento de Infanter√≠a) de Los √Āngeles. Preso pol√≠tico durante un a√Īo, sufri√≥ toda suerte de vejaciones – pateado, tendido en la ¬ępercha de papagayo¬Ľ y sometido a aplicaci√≥n de corriente el√©ctrica – que dejaron secuelas en su salud. Liberado en 1974, fue amenazado por la DINA con secuestro, asesinato y desaparici√≥n. Salvado por un cura belga, fue colocado en un avi√≥n con su esposa, y parti√≥ para un exilio de 35 a√Īos en Basilea, Suiza. A pesar de su salud gravemente afectada por la violencia de los torturadores, 42 a√Īos despu√©s, Cuevas no desiste de luchar para que se haga justicia.

Otro operario de la CMPC que escapó de la masacre, entrevistado por Araneda, cuenta una aventura con ribetes cinematográficos, pero de un film de terror: escondido en la fábrica, esperó la caída de la noche, se deslizó hasta la costanera del río Biobío, se agarró de un trozo de madera y nadó hasta a la orilla opuesta. De allí viajó a Talcahuano, en donde se presentó a las autoridades castrenses, que lo liberaron provisionalmente. Temente que lo volviesen a encarcelar, cruzó la cordillera y se exilió en Argentina hasta el fin de la dictadura.

En el desierto verde

De regreso del viaje en el tiempo, le√≠ la edici√≥n n¬ļ 84 (2011) de la Revista Chilena de Historia Natural (‚ÄúPatrones de distribuci√≥n de los geom√©tridos de la Regi√≥n del Biob√≠o, Chile: Una aproximaci√≥n para su conservaci√≥n‚ÄĚ), y el ensayo me explica que ‚Äúla regi√≥n de Chile central (entre los 29¬į y los 40¬į S) ha sido catalogada como uno de los hotspots de biodiversidad a nivel mundial, con 3429 especies vegetales y 335 especies de vertebrados (Myers et al. 2000). Sin embargo, estas son las regiones m√°s afectadas por la intervenci√≥n antr√≥pica, as√≠ los bosques de la Cordillera de la Costa en las regiones VI, VII y VIII se encuentran pr√°cticamente extintos y sus terrenos cubiertos por monocultivos de Pinus radiata, Eucalyptus globulus y E. Nitens (‚Ķ)‚ÄĚ.

Entre 1870 y 1900, aqui imperó la ley del talador, con el derribo en gran escala del bosque nativo, en cuyo suelo se expandieron un breve cultivo del trigo, y después del trigo, los campos de pastizales. En 1964, Francesco di Castri, naturalista italiano radicado en Chile, advertía que la erosión amenazaba la mayor parte del territorio nacional, susceptible de transformarse en un enorme desierto.ch 19 de laja3

Cincuenta a√Īos despu√©s del desastre anunciado, he aqu√≠ el escenario catastr√≥fico: en sentido norte-sur las arenas de Atacama avanzan de medio kil√≥metro al a√Īo, debiendo llegar a Santiago hacia el a√Īo 2040. Del Valle Central al Biob√≠o, la desertificaci√≥n antr√≥pica alcanza dos tercios de un total de 290 municipios afectados por la erosi√≥n, de moderada a grave.

El sector forestal de cuna pinochetista

En el centro de este cataclismo, prolifera la industria de papel y celulosa, cuyas plantaciones con extensiones obscenas son designadas por agrónomos y geólogos como la causa principal de la sequedad de los suelos y de la erosión.

En 1970, el reci√©n electo presidente Salvador Allende, en ‚Äúvisita de cortes√≠a‚ÄĚ a su adversario conservador, Jorge Alessandri, ‚Äďcandidato a la reelecci√≥n derrotado por Allende con apenas el 1,7% de los votos, y director ejecutivo de la CMPC‚Äď le advirti√≥ que expropiar√≠a la ‚ÄúPapelera‚ÄĚ, cuyo peso estrat√©gico consideraba de inter√©s nacional.

La CMPC monopolizaba el mercado del papel y era proveedora exclusiva de papel para la prensa, fabricado por su filial Inforsa, en Nacimiento, ventaja que beneficiaba principalmente a ‚ÄúEl Mercurio‚ÄĚ en su feroz campa√Īa medi√°tica contra el gobierno de Allende, financiada por la CIA (lea tambi√©n: Especial: El Mercurio no banco dos r√©us).

La estatizaci√≥n no se concretiz√≥, pero su encuadramiento hiri√≥ de muerte a la CMPC que, durante un a√Īo entero, tuvo sus oficinas investigadas por auditores del Servicio de Impuestos internos (SII), que escarbaron sus cuentas y aplicaron pesadas multas.

El 11 de septiembre de 1973, la CMPC fue salvada por la campana. Un a√Īo m√°s tarde, la dictadura de Pinochet impuso el Decreto-ley 701, de fomento de actividades de ‚Äúreforestaci√≥n‚ÄĚ, que subsidia de 75% al 100% los costos de las plantaciones (diseminadas en 2,1 millones de hect√°reas cultivadas en Chile), con mano de obra temporera y barata, manejo y administraci√≥n, adem√°s de eliminar cualquier tributaci√≥n.

Dos empresas, la CMPC-Mininco del grupo Matte (due√Īo de 1.136.574 hect√°reas), y la empresa Arauco del grupo Angelini, controlan el mercado. En el 2013, el sector vendi√≥ 5 mil 700 millones de d√≥lares (7,5% de las exportaciones chilenas) al mercado mundial de madera, papel y celulosa. Su principal problema es la falta de suelos para mantener el ritmo de su expansi√≥n, raz√≥n por la cual desean una pr√≥rroga por veinte a√Īos m√°s del Decreto-ley 701, avanzando simult√°neamente sobre tierras ajenas, como lo ilustran las 100 mil hect√°reas compradas por la CMPC en el Estado de Rio Grande do Sul, Brasil.

El maquinista Araneda Reyes y la lista negra de la CMPC

Un a√Īo antes de conocer a Araneda, Juan Macaya, funcionario de la secretar√≠a de Agricultura, me invit√≥ a un paseo a los cerros de Yumbel, donde cr√≠a abejas en una de las pocas chacras que sobrevivieron al cerco de las ‚Äúforestales‚ÄĚ.

A medio camino, cogimos por las localidades de Laja y San Rosendo, separadas por un bell√≠simo puente ferroviario. Como los Araneda, Macaya fue criado en San Rosendo, villorrio al cual adhieren la herrumbre y el polvo, pero tambi√©n el glamur, puesto que fue popularizado en la d√©cada de 1960 por la comedia musical ‚ÄúLa P√©rgola de las Flores‚ÄĚ de Isidora Aguirre y Francisco Flores del Campo, cuyo personaje t√≠tulo, Carmela, abandona San Rosendo para ganarse la vida como florista en la lejana Santiago.

Lo que Carmela hizo a bordo de uno de los 15 trenes que partían diariamente de San Rosendo, gran nudo de comunicaciones de los otrora gloriosos Ferrocarriles del Estado, privatizados por Pinochet y luego descuartizados por los concesionarios particulares.

Amante de los ferrocarriles desde mi más tierna infancia, contemplé las ruinas de la vieja estación, bosquejando ya un guión sobre la muerte de los trenes, pero incapaz de imaginar que mi mirada nostálgica sería luego ensombrecida por una trama de terror.

Al regresar del paseo, extra√Īamente, el nombre Yumbel insist√≠a en martillar mis recuerdos. Entonces ca√≠ en la cuenta: claro, era la revista ‚ÄúNos‚ÄĚ, en la que me top√© por la primera vez con la historia de Araneda. Y re-hoje√°ndola, me sent√≠ paralisado.

En la ma√Īana del 15 de septiembre de 1973, cuatro d√≠as despu√©s del golpe militar, el maquinista Luis Araneda Reyes, de 43 a√Īos de edad, sali√≥ de casa, caminando hasta la estaci√≥n de San Rosendo. Al llegar, examin√≥ la planilla de las escalas de servicio, pero su nombre no constaba en la lista. Se rasc√≥ la cabeza y regres√≥ a su casa. No hab√≠a remedio sino esperar un nuevo turno.

Dirigente sindical de la Federaci√≥n Santiago Watts de los Ferrocarriles del Estado, Araneda Reyes era afiliado al Partido Socialista del presidente Allende. El d√≠a del golpe obedeci√≥ la orden de presentarse en la comisar√≠a de carabineros de San Rosendo, despu√©s de ser liberado. A pesar de haber sido anunciado tantas veces, el golpe lo sorprendi√≥. No hab√≠a ning√ļn plan de resistencia y la desesperaci√≥n aconsejaba la prudencia.

Como quiera que sea, el día 15 de septiembre, a eso de las 16:00 hrs., un pelotón de 13 carabineros cercó su casa, en la Quinta Ferroviaria. Con armas apuntando a la puerta, el teniente Alberto Fernández Mitchell ordenó que Araneda Reyes saliese con las manos encima de la cabeza. El maquinista obedeció tranquilamente y recibió orden de prisión. Con las manos ya atadas en la espalda, le pidió a su esposa y a sus hijos, en llanto, que retirasen el poco dinero y el reloj que guardaba en el bolsillo de sus pantalones.

Mauricio Araneda Medina ten√≠a 10 a√Īos cuando, ni√Īo indignado, sali√≥ caminando detr√°s de la patrulla que conduc√≠a a su padre a la comisar√≠a de Laja. Dice que en su mente infantil aliment√≥ la idea de rescatar a su padre para volver abrazado con √©l a su casa, en San Rosendo.

El maquinista fue el √ļltimo de los 19 simpatizantes de la Unidad Popular en ser apresado aquel s√°bado y enjaulado en una celda inmunda de la comisar√≠a de Laja. Pero, si en San Rosendo hab√≠a una comisar√≠a, ¬Ņpor qu√© Araneda Reyes fue apresado por los carabineros de Laja, del otro lado del r√≠o?

‚ÄúSu nombre estaba en la lista de la CMPC‚ÄĚ, responde, seco, Mauricio Araneda.

De la informaci√≥n que circul√≥ durante 35 a√Īos en la regi√≥n, insistentemente repetida por los familiares de los presos, con su primera reconstituci√≥n de la escena del crimen y el fichaje de los polic√≠as a√ļn vivos, en agosto de 2011, el ministro Aldana obtuvo la confirmaci√≥n: los nombres de ‚ÄúLos 19 de Laja‚ÄĚ compon√≠an una ‚Äúlista negra de activistas‚ÄĚ, preparada y entregada a la polic√≠a por Carlos Ferrer y Humberto Garrido, respectivamente superintendente y jefe de la divisi√≥n de personal de la ‚ÄúPapelera‚ÄĚ en Laja. Es m√°s: s√≥lo la mitad de los nombres de la lista eran operarios de la empresa: la orden era perseguir a los dirigentes allendistas en los dos municipios.

La masacre

En la primera reconstituci√≥n con trazos macabros, diez carabineros involucrados confesaron que en la madrugada del d√≠a 18 de septiembre, d√≠a de Fiestas Patrias, los presos fueron colocados en un micro-√≥mnibus que deb√≠a llevarlos al cuartel de Regimiento de Monta√Īa de Los √Āngeles, seguido de jeeps llenos de polic√≠as. Sin embargo, a la salida de Laja, la caravana se detuvo en un fundo vecino al fundo San Juan, donde fue recibida por el agricultor Peter Wilkens ‚Äďde ascendencia alemana y anticomunista feroz‚Äď que sirvi√≥ de gu√≠a hasta un claro de una plantaci√≥n de pinos. All√≠, los presos fueron bajados del √≥mnibus y colocados de rodillas en el borde de una fosa de un metro y medio de profundidad.

Entre los carabineros, que hab√≠an bebido pisco, se desat√≥ una violenta discusi√≥n, que el teniente Fern√°ndez Mitchell interrumpi√≥ a los gritos con la orden de apuntar y abrir ‚Äú¬°fuego!‚ÄĚ

Todos los carabineros dispararon.

Acto seguido, cubrieron con tierra los cuerpos ensangrentados y apilados, disfrazaron la fosa con palos y ramajes, regresaron a Laja y pasaron el resto de la noche bebiendo.

Los carabineros de Laja no pose√≠an un veh√≠culo propio, ni dinero para comprar alcohol. El aguardiente, el micro-√≥mnibus, su chofer y los jeeps, todo fue gentilmente ofrecido por la ‚ÄúPapelera‚ÄĚ CMPC.

Cuarenta e un a√Īos despu√©s, en su segunda reconstituci√≥n del crimen, en las instalaciones de la CMPC, el ministro Aldana se convenci√≥ de que los ejecutivos de la ‚ÄúPapelera‚ÄĚ alentaron y proporcionaron los medios para la realizaci√≥n del designio criminal de los carabineros.

‚Äú¬°A√ļn m√°s!‚ÄĚ, advierte Mauricio Araneda: ‚ÄúAquellos directores de la f√°brica sab√≠an el desenlace de las detenciones, entre otros, porque la matanza y el entierro de las v√≠ctimas fueron realizados en un fundo con plantaciones explotadas por la empresa‚ÄĚ.

En octubre de 1973, los perros de un peón de un fundo vecino, que pasaba por el claro, hicieron un sorprendente hallazgo. Ahuyentándoles de lo que mordisqueaban, constató, horrorizado, que se trataba de un brazo que salía fuera de una fosa improvisada. No lo pensó dos veces y previno a la policía de Yumbel.

En la madrugada de ese d√≠a, los carabineros asesinos trasladaron los cad√°veres en descomposici√≥n de los masacrados a una fosa clandestina del cementerio de Yumbel, donde s√≥lo fueron descubiertos en el a√Īo 1979.

As√≠ quedaba aclarado el desaparecimiento de los 19 de Laja, que nunca llegaron al Regimiento de de Los √Āngeles, y que s√≥lo entonces fueron identificados y sepultados por sus familiares.

Y entonces me cayó la teja una segunda vez: era el recuerdo del cementerio de Yumbel.

Enero de 2015

Mauricio Araneda regresa abatido de una inesperada entrevista con un antiguo pe√≥n del fundo San Juan, que decidi√≥ hablar por primera vez despu√©s de 41 a√Īos de terror y silencio: ‚ÄúMe dijo que, d√≠as despu√©s de la masacre, encontr√≥ palos y varas ensangrentadas, desparramados en los boscajes.‚ÄĚ

Eso quería decir que, a pesar de haber sido ametrallados por la espalda, no todos los 19 de Laja estaban muertos. Heridos de bala, fue necesario apalearlos hasta la muerte.

Por breves momentos nuestros ojos se cruzan, pero Araneda desv√≠a su mirada. Por primera vez en, en meses, percibo una se√Īal en sus parpados, como un anuncio de l√°grimas, r√°pidamente reprimidas.

*Corresponsal  en Chile del Jornal GGN РSão Paulo РBrasil. Reportaje publicado por la revista ADUSP Nr. 57, São Paulo, abril 2015

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