Dic 3 2015
920 lecturas

OpiniónPolítica

Los eminentes FDR (frescos de raja)

Una vez más debo comenzar por desmentir tu inclinación a las interpretaciones precipitadas. No, no se trata de Franklin Delano Roosevelt, único presidente del imperio elegido cuatro veces seguidas, cómo estarían de cabreados los republicanos que lograron cambiar la ley, imponiendo un límite de dos períodos presidenciales.

Cuando me refiero a los FDR se trata de aquellos tíos que habida cuenta de la frescura que rodea las proximidades de su orto, – situado como sabes en la parte distal del conducto rectal que termina el sistema digestivo, exteriormente implantado en la ranura conformada por dos nalgas que prolongan ventajosamente la caída de riñones o, si prefieres, los bajos del sector lumbar –, merecen con creces la denominación de frescos de raja, mendas que en nuestros años mozos designábamos con el popular acrónimo FDR, pronunciado efedéerre.

Si hay quién tiene méritos para tal calificación y ostentar orgullosamente el título es Juan Luis Cebrián, regente del diario madrileño El País. En sus orígenes el diario posaba de “progre” y hasta se puede decir que lo fue. Luego, en plena apostasía felipista, en medio de la fiebre del “pelotazo” – úsease el enriquecimiento rápido y sin causas confesables – el grupo Prisa, que controla El País y a Cebrián, impuso la rentabilidad a cualquier precio, incluyendo la mentira, la manipulación, el olvido del más mínimo respeto a la deontología profesional, para no hablar de la inopia ética que se transformó en condición sine qua non para dirigir la publicación.esp diario-Pais-31-2011

En medio de una crisis económica sin precedentes, El País da consejos. Por ejemplo a China, cuando el Imperio del Medio crecía a tasas del diez por ciento anual y España se hundía en la agonía del estallido de su muy culpable burbuja inmobiliaria que envió a más de un 25% de currantes al desempleo, a cientos de miles de hogares al desahucio – al desalojo de su vivienda – y a la reducción de sus presupuestos destinados a la Educación, a la Salud, a la niñez, a la investigación científica y en general al bienestar de su población.

La inmoralidad, la corrupción y el descaro, abarcó lo más granado de las elites hispanas, comenzando por los famosillos – encabezados por Isabel Pantoja, la tonadillera – hasta alcanzar la corona, incluyendo a Juan Carlos, pasando por los partidos políticos – socialistas y populares haciendo de guaripolas –, los gobernantes autonómicos – a los cuales el muy independentista Jordi Pujol es lo que Don Corleone a la bella y asoleada Sicilia –, y la banca en la que Rodrigo Rato, un momento considerado candidato a suceder a José María Aznar en la presidencia del gobierno español antes de ser exiliado como director gerente del FMI, mostró ser un rufián de mucho cuidado a tal punto que – como su sucesor en el FMI – terminó en manos de la policía y de la Justicia.

Si te cuento lo que precede es porque el Editorial del diario El País, en su edición de hoy, le da lecciones a Brasil:

“Brasil debe reaccionar – Dilma Rousseff tiene que adoptar lo antes posible las medidas necesarias para evitar el desplome de la economía de su país”

Cualquiera piensa que España la lleva, que la estabilidad y el dinamismo de su economía y de sus finanzas se comparan con las de la Sevilla que recibía toneladas de oro y plata desde América allá en los siglos XVI y XVII.

El diario El País, cuando las elecciones presidenciales brasileñas amenazaban con llevar a Lula a Brasilia, osó escribir que tal eventualidad destruiría la economía brasileña. Yo ya sabía, por haber trabajado en Brasil durante años, que eso era imposible: ya estaba destruida.

Que te guste o no, Lula puso a Brasil en el mapa, y transformó ese maravilloso país en una de las diez primeras potencias económicas del planeta. Mejor aún, le devolvió la esperanza a esos millones de preteridos que hasta ese momento sólo podían cantar ese samba que dice: “Me arruma um trabalho doutor, estou desempregado…”

Cierto, Brasil sufre, como otros países “emergentes”, las consecuencias una crisis generada bajo otros cielos. Y también es cierto que el riquerío brasileño – en el cual se cuentan algunos de mis amigos – no perdona el programa “fome cero” (hambre cero) que le aporta a los miserables la certeza de una pitanza cotidiana hasta antes de Lula muy incierta.

Según los Piñera locales, – en la misma onda que sus predecesores de los que hablé en mi nota “Un método infalible para la laboriosidad” – tal programa de ayuda a los pobres e indigentes sólo fomenta la ociosidad al tiempo que hace subir artificialmente los salarios. Me lo dijeron bajándose de sus helicópteros particulares en los que vinieron a una de nuestras reuniones que, para cambiar un resto, tuvo lugar en un magnífico campo de golf.

El País exige cambios en Brasil, “las medidas necesarias para evitar que el país que ha protagonizado uno de los mayores milagros económicos de las últimas décadas —con la incorporación de decenas de millones de pobres a las clases medias— se precipite en una espiral de graves consecuencias para sus habitantes y para la economía global”.

Por ejemplo, la privatización del patrimonio público, la liberalización a ultranza –como en España – de los mercados, una austeridad que debe comenzar suprimiendo el programa “fome cero”, para que los miserables sientan en carne propia el imprescindible estímulo que acrecienta la productividad.

El Editorial del diario El País osa mencionar la corrupción brasileña, olvidando que uno de sus amos la practica en América latina al punto de haber llegado a ser el hombre más rico del mundo, dándose el lujo de tener un ex presidente del gobierno español a su servicio, que para más inri forma parte del directorio de… El País. Para no mencionar el monopolio del que dispone Santillana, una de las filiales del grupo Prisa, en materia de libros escolares en Chile, monopolio logrado gracias a los FDR que comen en la mano del amo.

Así va la desinformación, en manos de grupos financieros ante los cuales el duopolio que ejercen El Mercurio y Copesa no pasa de ser un epifenómeno. Ancilar, es cierto, pero con el cual se conforman los FDR que mangonean en el Parlamento, en el Gobierno, y en el gran capital.

*Publicado en Politika

X

Envíe a un amigo

Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

Añadir comentario