Nov 25 2015
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Opinión

Los Frankestein de Occidente

En 1984, Winston Smith, tras leer del libro de Goldstein (Trotski), dice que un buen libro es aquel que ordena y sistematiza lo que uno ya piensa. Chomsky escribe esa clase de libros. Y da entrevistas de la misma índole. En la última, concedida a Truthout, declara: “Creo que Estados Unidos es uno de los creadores fundamentales del EIIL. (…) Sus intervenciones destructivas en el Medio Oriente y la guerra en Irak fueron las causas básicas del nacimiento del EIIL”.

¿Es el ISIS un monstruo engendrado en Washington? Si, en parte. Nada nuevo: desde Washington se organizó la ocupación de Nicaragua, que engendró el monstruo de la familia Somoza. Ocuparon Haití durante diecinueve años y engendraron la dictadura de Duvalier. Ocuparon Republica Dominicana engendrando la dictadura de Trujillo. Financiaron y apoyaron el golpe militar en Chile y engendraron el monstruo de la dictadura pinochetista. En sus memorias, publicadas en 1998, Milton Friedeman, (ideólogo de otro fundamentalismo, el neoliberal) reniega en reiterada ocasiones de lo que pasó después de su intervención en Chile, cuando el monstruo de la dictadura militar ya había escapado de sus manos.

Chalmers Johnson llamaba efecto boomerang (blowback) a la resistencia surgida como efecto de las ocupaciones estadounidense en territorios ajenos. Simple: toda violencia genera violencia de vuelta. El monstruo toma vida, y quiere vengarse. Hoy, el macabro monstruo es el Estado Islámico. Un poco antes fue al-Qaeda, y para enfrentar a ese monstruo G. Bush declaraba la guerra a Irak. Entonces Galeano se preguntaba si Irak produjera rabanitos en lugar de petróleo, ¿a alguien se le ocurriría invadir ese país? Y se invadió. Se buscaron las supuestas armas de destrucción masiva, bajo las casitas de madera y el desierto. Gran Bretaña y España apoyaron la cruzada. Al final, no había armas de destrucción masiva. Tampoco recetas para resucitar a los muertos.

Pero el monstruo venía naciendo hace muchos años atrás, desde 1982, cuando la CIA creó campos de entrenamiento en Pakistán, reclutando yihadistas procedentes de más de 40 países islámicos para luchar contra la Unión Soviética. Para ese entonces, Ronald Reagan calificaba a esos yihadistas como “luchadores por la libertad”. Entre ellos, Osama Bin Laden, que después pasó a ser de los malos. Y es que no solo el ISIS necesita de malos (infieles) para justificar sus delirios, también necesita de malos el lucrativo negocio de las armas. ¿Qué sería de los buenos si no tuvieran malos a los que combatir?

Saddam Hussein fue bueno cuando enfrentaba a iraníes y kurdos. Pero se convirtió en malo cuando Estados unidos decidió invadir Irak. Stalin, malo entre malos, fue bueno durante la Segunda Guerra Mundial, pero años después pasó a ser malo, cuando dirigía el “Imperio del Mal”.

Carl Schmitt describía dos clases de opositores, el enemigo político y el enemigo absoluto. El primero es necesario, porque genera identidad por oposición. El segundo, en cambio, se debe exterminar (la teleserie política no acepta más actores). En esa cruzada pronto estará Francia, Reino Unido, China, Rusia y Estados Unidos.

Los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, los mismos que deciden qué guerra es legal y cual no, los mismos que son los mayores productores de armas en el mundo. Misteriosa ecuación: quienes fabrican las armas deciden las guerras. Raro.

Como también es raro que ningún país de occidente reconozca una pisquita de responsabilidad en el nacimiento del Frankestein ISIS, que, paradójicamente, empiezan a utilizar los mismos métodos de sus progenitores: ¡Estado! (sí, Estado) Islámico, propaganda mediática (Al Fulqa media), etcétera.

*Publicado en Politika

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