May 6 2004
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Cultura

Los intelectuales que se vendieron a la CIA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Ernesto Carmona*

Una investigadora brit谩nica describi贸 c贸mo la CIA compr贸 a intelectuales de todo ‘el mundo libre’ para el programa de control ideol贸gico aplicado en secreto apenas termin贸 la Gran Guerra. Las 600 p谩ginas del trabajo hist贸rico ‘La CIA y la guerra fr铆a cultural’, de Frances Stonor Saunder, recorren en detalle los esfuerzos millonarios de hace medio siglo por imponer la superioridad estadounidense sobre la cultura y la creaci贸n art铆stica del campo sovi茅tico.

Saunders presenta la guerra fr铆a como la lucha por el control de las mentes entre los bloques pol铆ticos -comunismo versus ‘mundo libre’-que se confrontaron hasta fines de los ’80. La eficacia del lavado de cerebro explicar铆a hoy la sumisi贸n europea a las pol铆ticas imperiales de George W. Bush.

‘…Y la verdad os har谩 libres’ (Juan 8:32)’ rezan las paredes de la sede CIA en Langley, Virginia, pero la agencia elev贸 el embuste a la categor铆a de ideario ‘filos贸fico’, acu帽贸 la doctrina de ‘la mentira necesaria’, puso los d贸lares y aport贸 la ret贸rica sobre ‘libertad’ y ‘cultura’.

La pr茅dica libertaria inund贸 Europa y Am茅rica Latina cuando EEUU todav铆a ten铆a apartheid con ‘la gente de color’ y experimentaba f谩rmacos de ‘control mental’ en los pacientes de sus manicomios p煤blicos. En esos a帽os, el FBI llev贸 a la silla el茅ctrica a Ethel y a Julio Rosenberg en un juicio ama帽ado con testigos falsos, mientras el macarthismo arruinaba la vida de miles de ciudadanos acusados de pensar pro ‘comunista’.

La CIA alegaba que la Uni贸n Sovi茅tica persegu铆an a sus artistas e intelectuales disidentes, justo cuando en EEUU ocurr铆a exactamente lo mismo, bajo el imperio de la delaci贸n y la caza de brujas, describi贸 Saunders. El pasado que abord贸 la escritora es pr谩cticamente igual al presente, s贸lo que ahora ‘el comunismo’ tiene como sustituto al ‘terrorismo’. Los discursos sobre la superioridad de uno y otro sistema social y pol铆tico fueron edificados por la propaganda, los medios, ‘la cultura’ y …los servicios de espionaje, afirm贸 la autora.

El Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC) fue el instrumento central de la operaci贸n, ideol贸gica, constituido como una organizaci贸n permanente asentada en Par铆s con apoyo de los servicios de inteligencia franc茅s y brit谩nico. Washington ‘pag贸 la m煤sica’ …sin fijarse en gastos. Entre cr铆menes y golpes de estado, la CIA se dio tiempo para funcionar como ‘ministerio de la Cultura’.

Sartre no se contagi贸

La revista Encounter (Encuentro) fue el ‘acorazado insignia’. O m谩s bien el trasatl谩ntico de lujo del Congreso, porque pag贸 viajes, hoteles, becas, art铆culos, ediciones de libros, conciertos y exposiciones. Pocos artistas e intelectuales se resistieron a aparecer en la ‘familia’ de 50 revistas ‘culturales’ de la CIA y el CLC, publicar sus textos en grandes tiradas, que sus piezas fueran ejecutadas en Europa por la Sinf贸nica de Boston o que sus obras fueran mostradas en exposiciones europeas del Museo de Arte Moderno de NY.

La ‘mentira necesaria’ de la CIA embauc贸 o utiliz贸 a sabiendas a la intelectualidad europea y latinoamericana por m谩s de dos d茅cadas. Cuando The New York Times destap贸 la olla, en mayo de 1967, todos dijeron ‘yo no sab铆a’. Encounter se hundi贸 ese mismo a帽o, lentamente, como el Titanic, pero… en 1996 fue reflotada en Espa帽a como Encuentro, palabra que significa lo mismo.

Excepto Jean Paul Sartre, Albert Camus y otros pocos, ‘la Europa pensante’ cay贸 en las redes de la fachada cultural urdida por el agente Michael Josselson. La intelectualidad se mostr贸 dispuesta a ingerir el discurso de libertad cultural y a repeler todo lo que oliera a Uni贸n Sovi茅tica, una vez que comulg贸 con la superioridad del american way of life.

Desde el fil贸sofo pacifista brit谩nico Bertrand Russel al ide贸logo dem贸crata cristiano Jacques Maritain, las mentes de la elite del Viejo Mundo se pusieron al servicio de EEUU La cruzada cultural fue financiada con tajadas secretas del Plan Marshall y dinero p煤blico lavado por la CIA como ‘donaciones’ trav茅s de una docena de fundaciones estadounidenses. En 煤ltima instancia, ‘la m煤sica’ la pag贸 el contribuyente de EEUU.

Los protagonistas

Russel presidi贸 la telara帽a del CLC internacional. Dimiti贸 cuatro veces, hasta que en 1956 se alej贸 para siempre. El organismo de Par铆s tuvo tambi茅n sucursales en otros pa铆ses de Europa, Am茅rica Latina y en la India, adem谩s del American Committee for Cultural Freedom, que se disolvi贸 en NY en 1957, tras grandes pleitos internos entre ‘duros’ y ‘blandos’.

El CLC acogi贸 como directivos, participantes activos o simpatizantes de alcurnia a Igor Stravinsky, Benedetto Croce, T.S. Elliot, Karl Jaspers, Andr茅 Malraux, Ignacio Silone, Jean Cocteau, Isaiah Berlin, Ezra Pound, Jean Cocteau, Laurence Oliver, Ignacio Silone y Salvador de Madariaga y muchos otros. Su l铆der en Chile fue Jaime Castillo Velasco1, ide贸logo DC y defensor de DD.HH. durante la dictadura (1973 1990).

Cuando el CLC se constituy贸 en Berl铆n en 1950, la CIA ‘pag贸 la m煤sica’ para 200 delegados y 4.000 asistentes que oyeron al alcalde Ernest Reuter, un ex comunista que conoci贸 a Lenin. Entre muchos otros, acudieron Arthur Koestler, Arthur Schlesinger Jr. (‘te贸logo de la guerra fr铆a’, despu茅s, asesor de J. F. Kennedy), Sydney Hook (ex izquierdista radical), James T. Farrel, Tenesse Williams, el actor Robert Montgomery, David Lilienthal (jefe de la Comisi贸n de Energ铆a At贸mica de EEUU), Sol Levitas (editor de New Leader), George Schuyler (negro, editor del Pittsburg Courier) y el periodista, tambi茅n negro, Max Yergan. La presencia de ‘gente de color’ contrarrestaba las cr铆ticas europeas a la segregaci贸n racial.

Tambi茅n participaron los brit谩nicos Hugh Trevor-Roper (que result贸 cr铆tico y desde el principio sospech贸 la ingerencia CIA), Julian Amery, A.J. Ayer, Herbert Read, Harold Davis, Christopher Hollis, Peter de Mendessohn. Desde Francia llegaron Malraux, Jules Romain, Raymond Aron, David Rousset, R猫my Roure, Ander Phillip, Claude Mauriac y George Altman. Por Italia, Ignacio Silone, Guido Piovene, Altiero Spinelli, Franco
Lombardi, Muzzio Mazzochi y Bonaventura Tecchi.

En el festival ‘cultural’ Berliner Festwochen, convocado en 1964 por el Alcalde Willy Brand de Berl铆n, el CLC financi贸 la participaci贸n de G眉nther Grass, Jorge Luis Borges, Langston Hughes, Roger Caillois, Woly Soyinka, Cleant Brooks, Robie Macauley, Robert Penn, Warren James Merrill, John Thompson, Ted Hughes, Herbert Read, Peter Russel, Stephen Spender, Pierre Emmanuel, Derek Walcott y muchos m谩s, y entre ellos Keith Botsford, el agente CIA-CLC para Am茅rica Latina.

La Fundaci贸n Fairfield fue la principal tapadera CIA para encubrir los gastos. En el rubro ‘Viajes y estudios’ aparece una multitud de beneficiarios, entre otros Mary McCarthy (para preparar una antolog铆a de la nueva literatura europea), el pintor chileno V铆ctor S谩nchez Orgaz (?), el poeta Derek Walcott (para viajes por EEUU), Patricia Blake, Margerita Buber-Neumann, Lionel Trilling (para un viaje a Polonia, Roma, Atenas y Berl铆n) y Alfred Sherman, colaborador de The Spectator, para un viaje a Cuba.

Los l铆deres del Comit茅 Americano fueron Hook, Irving Kristol -despu茅s ferviente partidario de R. Reagan- y Sol Stein, un tr铆o de izquierdistas renegados que no vino de Yale sino de la educaci贸n p煤blica del City College de NY. Entre los ‘blandos’ de NY figuraron Schlesinger, Koestler, Reinhold Niebuhr, Henry Luce -due帽o de Time-Life Inc.-, James T. Farrel, Richard Rovere -de The New Yorker-, Norman Thomas -ex presidente del partido Socialista y candidato a la Casa Blanca en seis ocasiones- y Phillip Rahv, director de Partisan Review.

El CLC prefiri贸 a intelectuales de izquierda no comunistas o por lo menos a anticomunistas moderados del tipo Russel. Pero en Nueva York se impusieron los ‘duros’, como Lionel y Diana Trilling, y la conexi贸n sionista de Jason Epstein, James Burnham, Arnold Beichmann, Peter Viereck, Clement Greenberg, Elliot Cohen, director de Commentary, y los izquierdistas Mark Rothko y Adolph Gottlieb.

Pocos escritores y artistas de EEUU desoyeron los llamados del CLC, entre otros, Arthur Miller, Norman Mailer, Erskine Caldwell, Upton Sinclair, Howard Fast, Ben Shahn, Ad Reinhart, Paul Robeson, George Padmore y John Steinbeck, quien despu茅s sucumbi贸 al poder, al final de su vida, apoyando la guerra en Vietnam.

La CIA pag贸 la m煤sica

EEUU estim贸 que la m煤sica calaba la mente y la sensibilidad europea m谩s r谩pido que otras artes. Por eso, el gran lavado de cerebro comenz贸 con grandes conciertos, organizados por el agente Nicol谩s Nabokov, un mediocre y frustrado compositor ruso -primo del autor de Lolita-, quien orquest贸 conciertos y festivales reclutando directores, compositores y m煤sicos alemanes, sin hacer asco a su pasado nazi.

A cambio de muchos d贸lares, actuaron las Sinf贸nica de Boston y la soprano negra Leontine Pryce, estrellas favoritas del gesto musical con la Europa ocupada. Yehudi Menuhin, su maestro rumano Georges Enesco y los nazis Herbert Von Karajan y Wilhelm Furtw盲ngler recibieron becas y dinero por conciertos en Europa y EEUU.

Desde su primer festival musical de 1951, Nabokov consigui贸 obras o actuaciones de Igor Stravinsky, Aaron Copland, Samuel Barber, el New York City Ballet, la Boston Simphony Orchestra, el Museo de Arte Moderno de NY, James T. Farell, W.H. Auden, Gertrude Stein, Virgil Thompson, Allen Tate, Glenway Westcott y muchos otros.

Tampoco negaron su colaboraci贸n Cocteau, Malraux, De Madariaga, Oliver, William Walton, Benjam铆n Britten, la 脫pera de Viena, la 脫pera del Covent Garden, la Trouppe Balanchine, Czeslaw Milosz, Ignacio Silone, Denis de Rougemont y Guido Piovene.

El elenco de 70 artistas negros de la 贸pera Porgy and Bess hizo una temporada de casi 10 a帽os. Tambi茅n actuaron Dizzy Gillespie, Mar铆a Anderson, William Walfield, la Martha Graham Dance Troup y multitud de artistas seleccionados por un Comit茅 Secreto de Presentaciones Culturales coordinado con el departamento de Estado.

Promoci贸n del libro y la lectura

La CIA no descuid贸 los libros. Public贸 millones de ejemplares de m谩s de 1.000 t铆tulos, adem谩s de lanzar tras ‘la cortina de hierro’ 10.000 globos con centenares de miles de biblias, cumpliendo el Bible Balloon Project, aprobado por el Congreso de EEUU en junio de 1954. Dios tambi茅n fue ganado para la guerra fr铆a en un pa铆s que Camus ve铆a dominado por ‘formas religiosas y morales del pensamiento pol铆tico’.

‘Los libros son diferentes a todos los dem谩s medios de propaganda -escribi贸 uno de los jefes del Equipo de Acciones Encubiertas CIA-, fundamentalmente porque un solo libro puede cambiar de manera significativa las ideas y la actitud del lector hasta un grado que no se puede comparar con el efecto de los dem谩s medios [por lo que] la publicaci贸n de libros es el arma de propaganda estrat茅gica (de largo alcance) m谩s importante’2.

‘Hacer que se publiquen o distribuyan libros en el extranjero sin que aparezca la influencia de los EEUU, subvencionando de forma encubierta a las publicaciones extranjeras o a los libreros’ fue un objetivo CIA. ‘Hacer que se publiquen libros que no est茅n ‘contaminados’ por ninguna vinculaci贸n p煤blica con el gobierno de los EEUU, especialmente si la situaci贸n del autor es ‘delicada禄3. Los libros no deb铆an tener tufillo izquierdozo.

Cuatro cuartetos, de T.S. Elliot, fue arrojado como arroz sobre los pa铆ses socialistas, mientras La tierra bald铆a se reproduc铆a una y otra vez. Hubo versiones cinematogr谩ficas de los libros de George Orwell y se reprodujo Regreso de la URSS, de Andr茅s Gide; El cero y el infinito, de Arthur Koestler; y El libro blanco de la revoluci贸n h煤ngara, de Melvin Lasky, un ex marxista del City Collegue de NY que merode贸 en el Cominform, la contraparte sovi茅tica del CLC. Al fin de cuentas, la CIA no hizo m谩s que armar respuestas a lo que primero hac铆an los sovi茅ticos, como en la carrera espacial iniciada en 1957 por el Sputnik.

Tambi茅n se publicaron t铆tulos de Herbert L眉thy, Patricia Blake, Max Hayward, Leopoldo Labedz, Bertrand de Jouvenel, Nicolo Tucci, Luigi Berzini, Boris Pasternak, Nicol貌 Maquiavelo, Andr茅s Gide, Louis Fischer, Richard Wright, y… Ant贸n Ch茅jov, traducido y publicado por la Chekhov Publishing Co., editorial subsidiada en secreto.

La CIA public贸 tambi茅n a agentes-novelistas de sus propias filas, tales como John Hunt, Peter Matthiessen, Charles McCarry, James Michener, Howard Hunt y William Buckley, a quien la agencia encomend贸 ‘que ayudase a otro intelectual, el marxista chileno Eudocio Ravines, a terminar su igualmente influyente libro, The Yenan Way4. El esfuerzo editorial CIA-CLC reprodujo tambi茅n La nueva clase, de Milovan Djilas, un estudio sobre la nomenklatura, y otros textos ‘significativos’ editados por Frederick A. Prager Inc. Los ‘intelectuales propios’ publicaban art铆culos en todos los medios influidos o controlados.

Compa帽eros de viaje

La CIA llamaba ‘compa帽eros de viaje’ a los ‘amigos’ de los comunistas, pero tambi茅n reclut贸 los suyos para matricularlos en el CLC, de preferencia intelectuales progresistas neutrales y bien vacunados contra el comunismo. William Donovan, uno de los ‘padres fundadores’ de la CIA, se hizo amigo en Europa de Antoine de Saint-Ex煤pery y de Ernest Hemingway, cuando fue pr贸-consul de la ocupaci贸n (1941-1945) al frente de la todopoderosa Oficina de Servicios Estrat茅gicos (OSS), predecesora de la CIA. Aunque su hijo John perteneci贸 a la OSS, ‘Pap谩’ Hemingway jam谩s se interes贸 en el CLC y termin贸 siendo espiado por el FBI durante 25 a帽os, hasta su muerte en 1961. Edgard Hoover supo cuando el N贸bel se intern贸 con nombre falso en una cl铆nica de Minessota para tratarse la depresi贸n que lo condujo al suicidio.

Notorias ‘compa帽eras de viaje’ del CLC-CIA fueron Hanna Arendt, ex pareja o amante del fil贸sofo alem谩n Martin Heidegger -quien no se llev贸 mal con los nazis-, y su 铆ntima Mary McCarthy, participante activa pero un tanto ‘desagradecida’: sus ‘pelambres’ por correspondencia con Arendt fueron una valiosa fuente ‘de mala uva’ para Saunders.

Tambi茅n se involucraron, participaron y/o beneficiaron otros notables como Alberto Moravia, quien asisti贸 a un evento ‘cultural’ armado por Nabokov en 1960 en la isla veneciana San Giorgio, junto con John Dos Passos, Julian Huxley, Mircea Eliade, Thornton Wilder, Guido Piovene, Gerbert Read, Lionel Trilling, Robert Pen Warren, Stephen Spender, Isak Dinesen, Naum Gabo, Martha Graham, Robert Lowell, Robert Richman, Franco Venturi, Iris Murdoch, Daniel Bell, Armand Gaspard, Anthony Hartley, Richard Hoggart y el indio Jaya Praksash Narayan, entre muchos otros.

Las platas

La Ford fue la fundaci贸n m谩s relevante como lavadora de dinero de los contribuyentes o fuente de fondos para actividades ‘culturales’, aunque la CIA tambi茅n levant贸 tapaderas propias y seguras, como la Fundaci贸n Farfield cuyo ‘palo blanco’ fue Junkie Fleischmann, un folkl贸rico millonario ignorant贸n y amarrete que termin贸 crey茅ndose ‘mecenas’ de verdad, a costa del dinero ajeno.

Adem谩s, se usaron las fundaciones y/o fondos Andrew Hamilton, Bacon, Beacon, Bair, Borden Trust, Carnegie, Colt, Chase Manhattan, Edsel, Florence, Gotham, Hobby, Hoblitzelle, Kentfield, Josephine and Winfield Baird, J.M. Kaplan, Lucious N. Littauer, M.D. Anderson, Michigan, Rockefeller, Ronthelyn Charibable Trust, Shelter Rock, Price, etc茅tera…

Las platas circularon por una mara帽a de academias y sociedades culturales de verdad, en cuyos consejos se repet铆an los mismos nombres de los directores de fondos, fundaciones, bancos y hasta agentes directos CIA. La agencia adquiri贸 maestr铆a en evadir impuestos por sus ‘donaciones’ encubiertas y dificult贸 las investigaciones que en los ’60 har铆a el congresista Wright Patman y en los ’80, el senador Frank Church.

Las revistas

Las revistas CLC-CIA dieron trabajo a una multitud de colaboradores mediocres y absolutamente desconocidos. El plan era ‘poner a navegar en primera clase a figuras de segunda’, en compa帽铆a de intelectuales relevantes, conocedores o no de para quien trabajaban. La agencia de noticias Forum World Features y las radios Europa Libre y Liberty emplearon a una multitud de periodistas e intelectuales.

La primera revista fue Der Monat, fundada en Berl铆n en 1949 como un ‘puente ideol贸gico’ con los escritores europeos, dirigida por Lasky, miembro del tr铆o que forj贸 estas redes, con Nabokov y Joselsson. Lasky fue un izquierdista del City Collegue de NY que merode贸 en el Cominform, la contraparte sovi茅tica del CLC. Al fin de cuentas, la CIA no hizo m谩s que crear respuestas a lo que primero hicieron los sovi茅ticos, como en la carrera espacial iniciada en 1957 por el Sputnik.

Encounter lleg贸 a ser la m谩s importante, tambi茅n dirigida por Lasky, gran censurador de art铆culos cr铆ticos a EEUU, de autores que de verdad creyeron estar haciendo ‘periodismo de opini贸n libre’. Preuves -prueba, evidencia- se fund贸 en Par铆s en 1951 como antagonista de Les Temps Modernes de Sartre y Simone de Beauvoir. Paris Review apareci贸 en 1953, animada por George Plimpton y el CIA Peter Matthiessen: all铆 trabaj贸 Frances Fitzgerald, hija del jefe de la CIA encargado de planificar el asesinato de Fidel Castro.

En Italia aparecieron Libert脿 della Cultura y Tiempo Presente (1956), animadas por Silone y Nicola Chiaromonte como desaf铆o a Nuovi Argumenti (1954), fundada por Alberto Moravia. Nuova Italia, dirigida por Michael Goodwin, sol贸 recibi贸 subsidios. Otro grupo, en el que tambi茅n estuvo Silone, anim贸 en Londres Censorship (1964-67), que en 1972 reapareci贸 como Index on Censorship, financiada esta vez directamente por la Fundaci贸n Ford.

El peri贸dico izquierdista franc茅s Franc-Tireur recibi贸 d贸lares del CLC cuando fue dirigido por George Altman, al igual que el Figaro Litt茅raire. En lengua 谩rabe apareci贸 Hiwar en 1962; Transition, en Uganda, 1968; Quadrant, en Australia -todav铆a existe-; Quest en la India, 1955; y Jiyu en Jap贸n. Hubo otras que integraron la vasta madeja, como Forum, National Review, Science and Freedom y Soviet Survey. La CIA apoy贸 revistas y organizaciones ‘paralelas’ al radicalismo, aunque no tuviera control total.

En la rama estadounidense de las revistas hubo publicaciones propias y otras subsidiadas mediante compra de ejemplares que la CIA-CLC distribu铆a en Europa y en el resto del mundo. A Partizan Review le compraban 3.000 copias de cada edici贸n, tambi茅n a Daedalus (500), Hudson (1.500), Kenyon (1.500), Poetry (750), Sewanee (1.000) y The Journal of the History of Ideas (500). La CIA aportaba las plumas de Koestler, Chiaramonte, Mary McCarthy, Alfred Kazin y otros, por cuenta del American Committee. New Leader, a cargo de Levitas, recib铆a subsidios de Times Inc. a cambio de ‘informaci贸n sobre t谩cticas y personalidades del comunismo en todo el mundo’.

Libro con final abierto

La revista Cuadernos fue lanzada en Par铆s en 1953 para penetrar el mundo intelectual de Am茅rica Latina. Su primer director fue Juli谩n Gorkin, dramaturgo y novelista hispano, co-fundador en 1921 del partido Comunista de Valencia, Espa帽a, y ex activista del Cominform. Despu茅s que Cuba populariz贸 en las letras latinoamericanas la revista Casa de las Am茅ricas, Cuadernos se transform贸 en los 60 en Mundo Nuevo5, bajo la conducci贸n del uruguayo Emir Rodr铆guez Monegal. Los grandes de la literatura regional, como el argentino Julio Cort谩zar, rehusaron publicar en sus p谩ginas.

Ya no existe el CLC, pero la CIA no abandona su misi贸n. En 1996 fue lanzada en Madrid la revista Encuentro, dirigida por el cubano Jes煤s D铆az, con financiamiento de la Fundaci贸n Ford y del Fondo Nacional para la Democracia, el National Endowment for Democracy (NED), ‘organizaci贸n privada sin fines de lucro’ creada en 1983 ‘para promover la democracia a trav茅s del mundo’. Tambi茅n financia en Venezuela a las organizaciones empresariales que conspiran contra el gobierno de Hugo Ch谩vez.

‘Siempre cabe la posibilidad de que un libro de ficci贸n arroje alguna luz sobre las cosas que antes fueron contadas como hechos’, escribi贸 Hemingway, en el pr贸logo de Par铆s era una fiesta. Saunder hizo lo contrario: relat贸 hechos ver铆dicos para desmontar una ficci贸n que tambi茅n ata帽e al presente. Una vez m谩s, la realidad es superior a la ficci贸n. Como el juego sucio no ha terminado, la historia tiene el abierto el final. La defensa de la ‘libertad’ contin煤a. La CIA vive y colea.

El hispano Javier Ortiz se formul贸 una ‘pregunta inevitable’: ‘驴Qu茅 profesionales espa帽oles de la comunicaci贸n ser谩n los que trabajan para la CIA? No me refiero a gente que lo est茅 haciendo sin conciencia de ello -que de 茅sos puede haber varias toneladas-, sino a los que lo hacen a sabiendas, porque est谩n en n贸mina’. Las dudas de Ortiz son v谩lidas en todo el planeta y para todas las profesiones vinculadas a la ‘cultura’.

La CIA y la guerra fr铆a cultural fue publicado por la Editorial de Ciencias Sociales de Cuba, con pr贸logo de Ricardo Alarc贸n de Quesada y traducci贸n de Rafael Fonte, Who paid the piper? The CIA and the cultural cold war (驴Qui茅n pag贸 la m煤sica? La CIA y la guerra fr铆a cultural), apareci贸 por primera vez en lengua brit谩nica en 1999, edici贸n de Granta Books, Londres.

Notas

1) Castillo se desvincul贸 cuando supo que el CLC era una pantalla de la CIA.
2) P谩gina 341, Chief of Cover Action Staff, CIA, citado en Final Report of the Church Committee, 1976.
3) Ibid
4) Ravines fue un peruano que lleg贸 a Chile como agente de la Tercera Internacional a ‘supevisar’ el Frente Popular, a fines de la d茅cada de los ’30. ‘El camino de Yen谩n’ describe su traici贸n al partido Comunista.
5) Saunder no abord贸 Am茅rica Latina. Sobre el CLC en la regi贸n, ver Mundo Nuevo, cultura y guerra fr铆a en la d茅cada del ’60, de Mar铆a Eugenia Mudrovcic, profesora de la Universidad de Michigan, Beatriz Viterbo Editora, Rosario, Argentina, 1997.

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* Ernesto Carmona, chileno, es periodista y editor, autor de Los due帽os de Chile (2002). El art铆culo fue escrito para la revista chilena Punto Final (www.Punto Final.cl

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