Nov 8 2007
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Sociedad

Los karen. – EL CONFLICTO OLVIDADO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La aparente uniformidad cultural y est√©tica que preside el paisaje tailand√©s, rural y urbano, se rompe, para el visitante atento, en los l√≠mites del que fuera antiguo reino de Siam. Las bien asfaltadas autov√≠as, las gasolineras con un amplio surtido de chucher√≠as en su interior, los supermercados de colores chillones y decorados huecos, los Budas gigantescos de sonrisa de mu√Īeca y textura pl√°stica inundan el pa√≠s, entre parecidas se√Īas de identidad, de Birmania a Malasia y de Laos a Camboya.

Una apariencia de higiene y eficiencia Made in Thailand que busca asimilarse, en el imaginario colectivo, con los ‚Äútigres del Pac√≠fico‚ÄĚ, aquellos pa√≠ses asi√°ticos pr√≥ximos geogr√°ficamente y que, con una f√≥rmula que mezcla capitalismo y populismo, han conseguido grandes dosis de crecimiento econ√≥mico en los √ļltimos decenios.

A pesar de esta apariencia, por las costuras del país revientan las abiertas contradicciones que han marcado la historia del sudeste asiático y que, en muchos casos, hunden sus raíces en los procesos de descolonización de la zona.

La frontera del oeste separa oficialmente Tailandia de Myanmar- Birmania. Uno de los escasos pasos terrestres, que comunica a los dos pa√≠ses, se encuentra en las inmediaciones de la peque√Īa ciudad de Mae Sot. El r√≠o Moei es la frontera natural que divide a estos dos pa√≠ses. Este modesto caudal de agua, en √©poca seca, se salva con un puente de hormig√≥n de moderno dise√Īo y que en el idioma oficial, como el resto de infraestructuras que comunican con los pa√≠ses vecinos, lleva el bienintencionado nombre de ‚Äúpuente de la amistad‚ÄĚ.

La jerga popular, por el contrario, con cruel realismo ha rebautizado a estas infraestructuras como ‚Äúpuentes del SIDA‚ÄĚ, en alusi√≥n a la enfermedad que se ha cebado con muchos de los j√≥venes birmanos que, cruzando la frontera clandestinamente, han acabado ejerciendo la prostituci√≥n en la capital de Tailandia o en los destinos tur√≠sticos de la costa sur. Un destino al que no escapan tampoco muchas de las j√≥venes de las zonas rurales apartadas del norte del pa√≠s.

La peque√Īa ciudad de Mae Sot es un destilado de las contradicciones de esta zona del mundo. Como en todo asentamiento fronterizo el contrabando es una profesi√≥n respetable. La ley tailandesa se adelgaza aqu√≠ hasta hacerse imperceptible. El contrabando de alcohol y tabaco es cotidiano y p√ļblico. El ej√©rcito y la polic√≠a se limitan a constatar que sus coimas son cuantiosas y est√°n al d√≠a. Las fuentes de beneficio son numerosas y muy variadas.

El tri√°ngulo de opio, aunque se manifiesta muchos kil√≥metros m√°s al norte, hunde sus ra√≠ces de distribuci√≥n por toda la frontera birmana. Los se√Īores de la droga, con su belicista grandilocuencia y su manifiesta falta de gusto por los uniformes de sus ej√©rcitos particulares, conocen muy bien el callejero de Mae Sot.

Malaria endémica

La frontera selv√°tica y monta√Īosa que separa Birmania de Tailandia ha sido secularmente una tierra maldita. La prevenci√≥n de los hombres y mujeres de las llanuras por estos laberintos monta√Īosos tiene que ver con una enfermedad end√©mica que ha atacado con sa√Īa a los for√°neos que se introduc√≠an en sus bosques: la malaria. A d√≠a de hoy los pocos occidentales que se ven en las calles de la localidad tienen que ver con el instituto de medicina tropical ubicado en la localidad y que estudia posibles remedios a la enfermedad.

Incluso para un visitante que no est√° puesto en antecedentes un paseo por las calles de Mae Sot puede alertarle sobre la complejidad del mundo que se abre ante su vista. Los d√≠as de mercado no es extra√Īo ver husmeando entre los puestos alguna mujer jirafa con sus desproporcionados cuellos traum√°ticamente rodeados por sus aros de cobre mientras en los espetones puestos al fuego se asan lentamente perros enanos, una delicia de la cocina tradicional china.

Cerca de los contenedores de basura de los supermercados y en las inmediaciones del mercado callejero hay figuras fugitivas y solitarias con el estigma del recelo y la enfermedad asomándose a sus ojos purulentos. Descalzos, abrasados por el sol, consumidos por la enfermedad, cubiertos con el sarong a la manera birmana, transformados en sonámbulos de voluntad anulada, repelidos a gritos desde cualquier esquina, son una avanzada de la multitud de refugiados de etnia karen que acampan en precarias condiciones a pocos kilómetros de Mae Sot, en el límite mismo con la frontera birmana.

Aparentemente ajenos a este drama el personal m√©dico, mayoritariamente europeo, que investiga una hipot√©tica vacuna contra la malaria suele cenar en Chez John, un restaurante especializado en cocina europea y asi√°tica atendido por un franc√©s fornido de baja estatura y gestos recortados. En su comedor, entre litograf√≠as de Pissarro, Degas y Renoir cuelga una enorme bandera que representa el sol naciente y un tambor tradicional, la ense√Īa de combate de la guerrilla karen.

Descolonización traumática

El conflicto pol√≠tico y armado que mantiene esta etnia con el gobierno de Yang√≥n es uno de los m√°s antiguos del sudeste asi√°tico ‚Äďaunque nunca ha obtenido el seguimiento internacional logrado, por ejemplo, por los rebeldes del Movimiento Aceh Libre de Indonesia o los Tigres de Liberaci√≥n Tamil de Sri Lanka‚Äď. Expresi√≥n directa de esta guerra olvidada son los refugiados que en n√ļmero aproximado de medio mill√≥n se esconden en las zonas monta√Īosas que separan Tailandia de Myanmar. A este colectivo desplazado de ‚Äúhombres de la monta√Īa‚ÄĚ, como ha sido tradicionalmente conocido este grupo √©tnico, hay que a√Īadir los 150.000 desesperados que han cruzado la frontera acampando en eriales y subsistiendo a duras penas.

La ra√≠z del enfrentamiento entre el gobierno birmano y la etnia karen hay que buscarla en los procesos de descolonizaci√≥n del imperio brit√°nico. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Birmania ‚Äďque era colonia inglesa‚Äď se revel√≥ como un territorio de singular importancia estrat√©gica ya que permit√≠a el abastecimiento aliado en direcci√≥n a la cercana frontera china. El ej√©rcito imperial japon√©s decidi√≥ invadir la zona arrancando de cuajo tan vital ruta de suministros. La √©pica cantada en el cine en torno a la pel√≠cula ‚ÄúEl puente sobre el r√≠o Kwai‚ÄĚ pertenece a estos episodios hist√≥ricos.

El gobierno brit√°nico, con Londres ardiendo bajo los bombardeos de la aviaci√≥n alemana, no pod√≠a desde√Īar ning√ļn aliado que le permitiera hacer frente a tan descomunal desaf√≠o. Fueron precisamente los karen, la gente de las colinas selv√°ticas birmanas, los que pusieron el grueso de los hombres que, saboteando las comunicaciones y emboscando a los japoneses lograron que para el ej√©rcito nip√≥n esta zona del sudeste asi√°tico se convirtiera en una sangr√≠a constante.

El acuerdo era implícito y parecía claro. Si la guerra finalizaba con la derrota japonesa los karen obtendrían, a cambio de su cualificada ayuda, la independencia de su estado ubicado en el sur del país y fronterizo con Tailandia, conocido con el nombre de kayin y con capital en la localidad de Pa-an.

Sin embargo, en 1945 y finalizada la contienda mundial las preocupaciones del decadente Imperio Británico eran muy otras. La reconstrucción nacional y la independencia de la India, la joya de la corona, eran las preocupaciones más apremiantes para el nuevo gabinete laborista.

Tres a√Īos m√°s tarde, en 1948, Birmania obten√≠a su independencia frente a Gran Breta√Īa y los karen y el resto de minor√≠as √©tnicas birmanas, perdida su importancia coyuntural, volvieron a quedar relegados a sus apartados dominios de monta√Īa. Desde entonces y en busca de un reconocimiento efectivo los karen se organizaron en un grupo pol√≠tico, la Uni√≥n Nacional Karen y en otro armado, el Ej√©rcito de Liberaci√≥n Nacional Karen.

Durante la guerra mundial las tropas nacionalistas birmanas buscando librarse del yugo colonial británico se pusieron del lado del invasor japonés. Las minorías étnicas, por el contrario, se alinearon con el bando aliado con la intención de negociar una hipotética independencia al finalizar el conflicto. La masacre de un numeroso grupo karen a manos de las fuerzas nacionalistas birmanas en la extensa zona de deltas del país durante la contienda dejaría un reguero de rencores y malentendidos en el seno del país birmano, recelos que se multiplicarían una vez finalizada la guerra mundial.

Estado federal

En los primeros a√Īos de la reci√©n independizada Birmania se trat√≥ con desigual fortuna de poner en marcha un Estado federal que tuviera en cuenta las significativas diferencias de base √©tnica que conviv√≠an en un mismo estado, no s√≥lo los karen, un 7% de la poblaci√≥n, sino tambi√©n los shan que alcanzan el 9%, los rakhine un 4% o los mon con un estimado 2%, adem√°s de significativas minor√≠as muy localizadas de origen chino e indio.

Las minor√≠as birmanas descontentas con el dise√Īo del sistema federal se alzaron en armas contra el r√©gimen de Yang√≥n. En 1962 el general Ne Win se alz√≥ con el poder mediante un golpe de estado poniendo punto final a la pol√≠tica de descentralizaci√≥n auton√≥mica. A partir de entonces, el Tatmadaw, nombre que designa al ej√©rcito birmano se erigi√≥ en √ļnico interpretador de la realidad social, pol√≠tica y √©tnica del pa√≠s. La poblaci√≥n civil perteneciente a las etnias minoritarias fue la primer damnificada por el brusco cambio de poderes.

Privar a la guerrilla del acceso a los suministros de armas, alimentos e informaci√≥n fue la prioridad de la junta militar y se tradujo en la pr√°ctica en el desplazamiento de cientos de miles de personas de sus hogares. En el camino se enquistaron atrocidades como la conversi√≥n de ni√Īos en soldados, el uso de la violaci√≥n de mujeres como arma de combate o los cerca de 200.000 refugiados que cruzaron la frontera para malvivir en los campos de refugiados de Tailandia.

Los karen no son los √ļnicos que luchan con las armas en la mano contra la dictadura birmana. A ellos se unen el KNPP siglas del Karenni National Progressive Party, organizaci√≥n que representa los intereses de la etnia karenni, emparentada con los karen, adem√°s de las diferentes y atomizadas guerrillas shan. Para complicar m√°s el panorama algunos de los irregulares pertenecientes a diferentes minor√≠as √©tnicas se han convertido en mercenarios a sueldo de la junta militar.

No se pueden obviar tampoco los complejos intereses creados por el tr√°fico de drogas o por el comercio ilegal de madera y piedras preciosas que sufragan los gastos de las diferentes guerrillas.

La zona en su conjunto es objeto de atenci√≥n prioritaria por parte de los gigantes indio y chino, con lo que se consigue que pocas cosas sean lo que parecen. La irrupci√≥n abierta de intereses econ√≥micos occidentales en la zona ha contribuido a enmara√Īar a√ļn mas la intrincada madeja. En los √ļltimos a√Īos la construcci√≥n de un gaseoducto y de carreteras que atraviesan las monta√Īosas tierras tribales ha desestabilizado a√ļn m√°s el fr√°gil equilibrio de poder en la zona.

Las publicaciones de la Karen National Union semejan una sopa de letras en las que la petrolífera francesa Total y las norteamericanas Texaco y Unocal se combinan con el consorcio birmano de petróleo y gas MOGE, o con la autoridad petrolera tailandesa que responde a las siglas PTTE. Las mismas publicaciones denuncian no sólo los males endémicos de la región traducidos en represión militar, alta mortalidad infantil y confinamiento de grupos étnicos en bosques remotos, sino las nuevas calamidades entre las que figuran la presencia de mercenarios para proteger las obras energéticas y el trabajo forzoso al que son sometidos los indígenas por parte del ejército.

Los militares exigen dinero en las aldeas para evitar la requisa de alimentos y el reclutamiento obligatorio de los varones para trabajar en las obras del gasoducto. La Karen National Union sostiene que las multinacionales energéticas han sufragado los gastos ocasionados por la construcción del campo militar de Kaderik y que el pago de indemnizaciones por expropiación de tierras se hace siguiendo los criterios interesados del gobierno birmano.

Ataques indiscriminados

Mae Sot es también el epicentro tailandés desde el cual pueden alcanzarse los diseminados campos de refugiados karen que se extienden a lo largo de la frontera birmana. Algunos de ellos ni siquiera tienen emplazamientos estables y los refugiados se mantienen desperdigados y alerta en improvisados asentamientos.

Una de las herencias atribuibles al dominio brit√°nico en las minor√≠as birmanas fue el cristianismo. A d√≠a de hoy la mayor√≠a de los karen ha vuelto a refugiarse en sus tradiciones animistas o en el budismo. No son extra√Īos, sin embargo, los pastores baptistas de esta misma etnia que se hacen cargo de grupos de refugiados. Uno de ellos fue Steve, un karen que peina canas y que, en un ingl√©s escolar y con una paciencia y una fatalidad casi c√≥micas, explica a los ocasionales visitantes las comprometidas condiciones de vida de los refugiados, m√°s espeluznantes a√ļn por los constantes ataques a los que son sometidos sus campamentos.

Una de esas incursiones peri√≥dicas se hab√≠a saldado con el incendio de las escasas estructuras estables del campamento, entre ellas la iglesia y la escuela, y con la muerte de un anciano y una mujer embarazada. Chozas espaciadas y miserables levantadas con uralita y paja trenzada era todo lo que quedaba del campamento. En las grandes superficies despejadas por el incendio, con la tierra todav√≠a calcinada, jugaban los ni√Īos con juguetes hechos de alambres retorcidos.

No hay hombres a la vista, ni tampoco √°rboles. Steve muestra las fotos que certifican la muerte de las dos personas en el √ļltimo ataque y el incendio que devor√≥ la mayor parte del campamento. Aporta tambi√©n como pruebas del ataque una bolsa llena de casquillos y los restos de granadas y otros artefactos. Su criterio de lo que pas√≥ no tiene dudas y se basa en que tropas irregulares comandadas por oficiales birmanos les hostigan con impunidad. En su empe√Īo los mercenarios cuentan con la ayuda del ej√©rcito y la polic√≠a tailandesas a pesar de que, sobre el papel, este pa√≠s les permite instalarse a este lado del r√≠o y les protege.

Steve, el pastor baptista karen, denuncia que los cambios de emplazamiento son constantemente vigilados por las autoridades tailandesas, quienes a su vez comunican los movimientos de los grupos de refugiados al ej√©rcito birmano. Los ataques tienen lugar en d√≠as se√Īalados previa retirada de las fuerzas militares tailandesas de la zona.

Despu√©s de padecer durante decenios en las monta√Īosas tierras de la frontera la esperanza para las minor√≠as √©tnicas birmanas vuelve a brillar en la llanura de las calles de su capital, Yang√≥n. La Junta Militar no puede durar para siempre.

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* Periodista.

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