Nov 15 2010
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Sociedad

Los niños y los objetivos de desarrollo del milenio (III)

Gisela Ortega.*

Son ocho  los objetivos y metas del Desarrollo del Milenio, que deben cumplirse para el año 2015, enmarcados en la Declaración  firmada en septiembre de 2000 por 189 países —entre cuyos representantes se encontraban 147 Jefes de Estado— y en acuerdos  posteriores de los Estados, son los siguientes:

1.      Erradicar la pobreza extrema
2.      Lograr la enseñanza primaria universal.
3.      Promover la igualdad de género y el empoderamiento de la  mujer.
4.      Reducir la mortalidad de los niños menores de 5 años.
5.      Mejorar la salud materna.
6.      Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades.
7.      Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
8.      Fomentar una alianza para el desarrollo.

Si se aspira a hacer efectivo los derechos de los niños, es indispensable concentrase en lograr la equidad. Sin embargo, cada país debe adaptar sus estrategias a sus circunstancias y limitaciones particulares. Aparte de los promedios nacionales es posible ofrecer argumentos sólidos en  favor de la justicia por medio de referencias nacionales  y subnacionales más amplias y de mejor calidad. Pero también  es viable desglosar los datos en escalas de factores más amplias, por ejemplo, los pobres de las zonas urbanas, las minorías y los grupos indígenas.

Con el propósito de apoyar mas efectivamente la labor de promoción y las estrategias a favor de las iniciativas basadas en la ecuanimidad, es preciso complementar una base ampliada de informes con un análisis oportuno de las causas y efectos de las privaciones que padecen los niños  a menudo se superponen.

Cuando los servicios integrados y multisectoriales de educación, protección y atención primaria de la salud se prestan a gran escala, las posibilidades de reducir la pobreza infantil y la inequidad entre los grupos y las comunidades mas marginados aumenta considerablemente. El éxito de esas estrategias integradas depende del establecimiento de asociaciones sólidas entre una amplia gama de proveedores.

Otro ámbito fundamental es la protección social orientada al menor, que abarca programas de seguro social, subsidios, transferencias de efectivo y exención de pago de aportes. Estas iniciativas demostraron su utilidad durante la crisis económica y alimentaria que golpeo recientemente al mundo; de hecho, mitigaron algunas de las peores repercusiones sobre los niños y las familias pobres del mundo en desarrollo.

El progreso con equidad para la infancia debe centrarse en la prestación de los servicios esenciales en los lugares donde viven los pequeños  y sus grupos. Los auxilios integrados, basados en  la comunidad y adaptados a las necesidades se utilizan cada vez más con mayor frecuencia. Además, la escala de este tipo de ayudas se puede ampliar con mayor facilidad, permitiendo beneficiar a un número mucho más alto de niños y niñas que lo necesiten.  Por ejemplo, mejorar la prestación de los beneficios de salud familiar por medio de asociaciones basadas en la colectividad no es solamente un método de comprobada eficacia para reducir las desigualdades, sino también un método cuya escala puede ampliarse fácilmente.

UNICEF calcula que, en 2008, más de 100 millones de niños y niñas en edad de asistir a la escuela primaria no estaban escolarizados de los cuales  el 52% eran niñas. El mayor número de chiquillos no escolarizados corresponde a Asia meridional —33 millones— seguida de África occidental y central —25 millones— y África oriental y meridional —19 millones.

En más de 60 naciones, al menos el 90% de los pequeños en edad de asistir a la  primaria se encuentran estudiando, aun cuando apenas 12 países y territorios en crecimiento han alcanzado el mismo nivel de asistencia a la secundaria. Las tasas mas bajas de escolarización corresponden a África subsahariana donde solamente el 65% de las y los niños en edad de estudiar  la básica acuden a las aulas.

Según antecedentes de 43 países en evolución, los menores del quintil mas pobre de  la población tienen menos probabilidades de asistir a la escuela  que los del quintil pudiente. Las discrepancias generadas  en los ingresos familiares varían ampliamente entre los diversos países de África. En Liberia, por ejemplo, los niños de mayores recursos  tienen 3.5 veces mas posibilidades de asistir al  colegio que la de los hogares mas necesitados.

En cambio en Zimbabwe, las oportunidades que tienen los niños mas ricos, son apenas un poco mayor que la de los más pobres.

Las diferencias originadas en el lugar de residencia también son notables. En 43 países que cuentan con datos, el 86% de los niños que viven  en las zonas urbanas asisten a la escuela primaria, en comparación con el 72% de los de las zonas rurales. Las divergencias más acusadas se observan en Liberia y el Níger, donde los pequeños del medio urbano tienen el doble de oportunidades de  cursar primaria que los del medio rural.

Paridad entre los géneros

La mayoría de los países han logrado la paridad entre los géneros en la educación primaria: las niñas siguen en desventaja en muchos países de África y Asia.

Aproximadamente dos terceras partes de las naciones y territorios consiguieron la igualdad entre los géneros en la educación primaria en 2005, el año propuesto como meta, pero en muchas otras naciones –especialmente de África subsahariana- las niñas siguen en situación desventajosa. En cuanto a la enseñanza secundaria, menos regiones han conseguido la correlación entre los grupos. A nivel de la primaria, las mayores disparidades se observan en África subsahariana, Oriente Medio y África del Norte, y Asia meridional. A nivel de secundaria, las chiquillas están en situación desventajosa en Asia meridional y los varones en América Latina y el Caribe.

La disparidad entre los géneros en la enseñanza básica es un poco mas marcada en las zonas rurales que en las urbanas, y entre los más pobres. En los paséis de Asia que tienen referencias sobre paridad en materia de género existen importantes variaciones.

En Indonesia, Nepal y Tailandia, la asistencia a la primaria es prácticamente igual entre las y los niños del quintil mas pobre. En otros lugares, como Bangladesh y el Pakistán, la paridad entre los géneros es mucho mas frecuente entre los menores de las familias pudientes. Sin embargo, en el Pakistán, un número mucho mas bajo de chicas  que de  chicos pertenecientes al 20% más pobre de la población están escolarizados, mientras que en Bangladesh, menos varones que chiquillas asisten a la escuela.

Un patrón similar aplica  a las disparidades originadas en el lugar de residencia. Por ejemplo, en Indonesia y Tailandia ya se logró la igualdad entre los géneros tanto en las zonas urbanas como en las rurales. En la Republica Democrática Popular Lao, los chiquillos del ámbito urbano y las chiquillas del medio rural están en situación desventajosa; en el Pakistán, las niñas de las zonas rurales están en condiciones de mayor desventaja.

Mortalidad

La tasa mundial de fallecimientos de menores de 5 años bajó de 90 fallecimientos por cada 1.000 nacidos vivos en 1990  a  65 en 2008. Sin embargo, esta  reducción sigue siendo insuficiente para conseguir en 2015, la meta del ODM, sobre todo en África subsahariana y Asia meridional.

De hecho, los niveles  más altos de defunciones continúan registrándose en África subsahariana, región a la cual correspondió la mitad de las bajas infantiles a nivel mundial en 2008 -1 de cada 7 niños- de esta región perdió la vida antes de quinto cumpleaños. En Asia meridional se registro un tercio de las muertes  ocurridas en 2008.

Un análisis proveniente de la Encuesta de Demografía y Salud pone de manifiesto que en muchos países donde disminuyó la mortalidad de los menores de 5 años, las disparidades en los quintiles de riqueza de las familias aumentaron o no cambiaron.

En 18 de los 26 naciones en desarrollo donde la muerte de menores de 5 años descendió un 10% o más, la brecha entre los hogares más ricos y los mas pobres se amplio o permaneció igual; en 10 de estas regiones  la desigualdad aumento en  10%.

La mayoría de las defunciones  infantiles que tienen lugar en las regiones en desarrollo se deben a motivos que se pueden prevenir o tratar. La diarrea, y  la neumonía son dos de las principales causas. La proporcion de fallecimientos neonatales va en aumento,  en 2008, representó el 41% de todas las muertes de menores de 5 años. La desnutrición se relaciona con más de un tercio de todas las víctimas que no llegan a su quinto cumpleaños.

Inmunización

A pesar de las disparidades que aun existen en la cobertura, los programas de prevención han contribuido extraordinariamente a reducir la mortalidad de la infancia.

Se calcula que todos los años se evita la muerte de 2.5 millones de menores de 5 años, gracias a la vacunación contra enfermedades que es posible prevenir por este medio. La inmunización, redujo considerablemente el número de fallecimientos por sarampión: aproximadamente 733.000 en 2000 a 164.000 en 2008. En África, las muertes ocasionadas por esta enfermedad durante ese periodo se redujeron en un 92%. Pese a estos avances no seria raro que se presentara un rebrote de este mal, y la mayor dificultad todavía radica en mantener niveles de cobertura de profilaxis en los países prioritarios que soportan la carga más alta…

Se calcula que en 2008, 23.5 millones de lactantes dejaron de recibir tres dosis de la vacuna combinada contra la difteria, el tétanos y la pertusis o tos ferina. Casi un tercio de estos niños residen  en África, de ellos, el 70% vive solamente en 10 naciones.

Se considera que las campañas de prevención contra el sarampión son  más equitativas que los servicios periódicos de inoculación, pues benefician a grandes números de niños de zonas donde los sistemas sanitarios no pueden prestar esta clase de servicios sistemáticamente. Además, de mantener e incrementar el nivel actual de vacunación periódica, una dificultad importante Será garantizar que nuevas vacunas –por ejemplo, contra el rotavirus y la enfermedad neumocócica- beneficien a todos por igual.

Salud materna

En todo el planeta se han realizado importantes progresos en atención prenatal, sin embargo, el medio rural sigue muy atrasado con respecto al urbano en cuanto a la prestación de asistencia.

La cobertura de atención prenatal ha mejorado en todas las regiones desde 1990, y al menos dos tercios de las mujeres consultan con un profesional de la salud una o más veces durante el embarazo. No obstante, en comparación con las que viven en las zonas urbanas, las que residen en las aldeas tienen muchas menos ocasiones de recibir asistencia prenatal.

Por ejemplo, en el mundo en desarrollo, apenas un tercio de las mujeres del campo asisten a cuatro o más visitas médicas durante el embarazo —el número de consultas recomendado por la Organización Mundial de la Salud— en comparación con dos tercios  del medio urbano.  La proporción de mujeres del entorno rural que acudieron al menos a una consulta prenatal entre 1990 y 2008 se elevo del 52% al 67%, una mejora mayor que el que se registró entre las de la zona urbano, del 80% al 89%.

Las adolescentes  pobres tienen mayor posibilidad que de los hogares ricos de empezar a tener hijos a temprana edad. Esa probabilidad es cuatro veces más alta en Madagascar y  en Sierra Leona.

Inscripción del nacimiento

En los países en desarrollo solo la mitad de los  menores de 5 años gozan del derecho a la inscripción de su nacimiento. Aunque esto  es casi universal en algunas naciones, en otros solo se inscribe a una cantidad reducida de niños y niñas. Los datos demuestran que también pueden darse diferencias importantes en los índices de afiliación dentro de las propias regiones y entre grupos de población, incluso cuando la prevalencia  del nacimiento a escala nacional es elevada.

Las desventajas sociales son factores clave que determinan que niños y niñas quedan sin ingresar, ya sea, porque sus progenitores no pueden abordar el coste de hacerlo, porque tienen dificultades para acceder a este servicio o debido a otro tipo de obstáculos. Aunque no existen diferencias en los respetivos índices de registro según el género, los pequeños del 20% de los hogares más pobres tienen menos probabilidades de quedar empadronados, al igual que aquellos que pertenecen a determinados grupos étnicos.

La inscripción del nacimiento no es solo un derecho humano, sino que es además un aspecto esencial de la protección de la infancia. Así pues, es fundamental que las y los chiquillos de grupos marginados y en situación de desventaja social –que son más vulnerables a la explotación- tengan la oportunidad de beneficiarse de esta incorporación oficial de su existencia, su edad, y  su nacionalidad.

Entre  las actuaciones en apoyo a la afilación  del nacimiento figuran la reforma legal y política y la creación de planes y estrategias nacionales de acción, el fomento de la capacidad y la concienciación, la integración  en otros servicios –por ejemplo de salud y educación- con el fin de llegar a más chicos y chicas, y las campañas de movilización social y de incorporación en las comunidades.

Fuente: UNICEF-España

* Periodista.

La entrega anterior sobre la infancia y los objetivos del milenio se encuentra aquí.

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