Sep 8 2018
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Cultura

Los perros de Ram贸n Mercader

Si de la estancia de Ram贸n Mercader en Cuba no quedan apenas testimonios gr谩ficos 鈥攜 muy pocos verbales鈥, del paso de sus perros por La Habana permanece un documento ins贸lito: la participaci贸n de los animales en el filme Los sobrevivientes, rodado por el director Tom谩s Guti茅rrez Alea, entre 1977 y 1978, y estrenado en los cines habaneros un a帽o despu茅s.

El asesino de Le贸n Trotski llevaba tres a帽os viviendo en Cuba y, desde que se trasladara a la isla, sus dos borzois rusos, regalo de su hermano Luis, hab铆an vivido con 茅l en la casa que le asignara el gobierno cubano, en la calle 7ma., esquina 68, en Miramar.Resultado de imagen para ramon mercader y los perros

La aclimataci贸n y cuidado que requirieron aquellos dos perros, ex贸ticos y bell铆simos, significaron para Ram贸n un verdadero reto. Los miembros de esa raza, animales de un tama帽o considerable, necesitan dos condiciones fundamentales para el desarrollo de su vida: bajas temperaturas y ejercicios f铆sicos. La alimentaci贸n, en cambio, no es una gran preocupaci贸n, pues a pesar de su corpulencia, los borzois se contentan con muy poca cantidad de comida鈥 siempre y cuando sea carne.

El problema grav铆simo de la temperatura, que en la isla suele estar por encima de los veinte grados cent铆grados casi todo el a帽o y m谩s all谩 de los treinta durante cuatro meses, el refugiado lo resolvi贸 a medias con el aire acondicionado 鈥攖odo un lujo en la Cuba socialista de los a帽os 1970 y todav铆a considerado un art铆culo suntuario en la Cuba del siglo XXI鈥, aunque no tanto como la carne de res. Por ello Ram贸n Mercader coloc贸 un potente aire acondicionado sovi茅tico en la habitaci贸n donde los animales pasaban los largos y fogosos d铆as de verano.

La necesidad de ejercicios, en cambio, implicaba toda una responsabilidad que se convirti贸 en una verdadera fuente de placer y un modo peculiar de conocer el pa铆s que lo hab铆a acogido. En los meses de invierno 鈥攃omo cuento en la novela鈥 el lugar ideal para que los perros corrieran y gastaran energ铆a eran las anchas franjas de arena de los balnearios del este de La Habana 鈥擲anta Mar铆a, el M茅gano, Boca Ciega鈥, pues los cubanos rara vez acuden a la playa en la temporada 鈥渇r铆a鈥, no tanto por la temperatura como por las condiciones del mar, que incluso se suele llenar de las medusas conocidas como 鈥渁gua mala鈥, tan raras en los meses c谩lidos.

Resultado de imagen para ramon mercader y los perrosEn verano, o en los d铆as de invierno que Ram贸n y los perros no iban a la playa, uno de los sitios por los que sol铆an caminar era el paseo central de la Quinta Avenida de Miramar. Esta alameda, que a partir de los a帽os 1980 se convirti贸 en una de las rutas de jogging para los habaneros, es sin duda la v铆a m谩s aristocr谩tica de La Habana. Desde su construcci贸n por los arquitectos John F. Duncan y Leonardo Morales, en los a帽os 1920 (cuando quiso bautiz谩rsele como Avenida de las Am茅ricas), tuvo una amplitud inusual en la ciudad. Mientras, a uno y otro lado de la avenida, se fue poblando de algunas de las casas m谩s lujosas de la capital, entre ellas el palacete de la Condesa de Buenavista, galardonado con el Premio de Fachadas 1929-1930 del Club Rotario (y convertido despu茅s en un 鈥渟olar鈥 o casa multifamiliar), o la 鈥渃hoza鈥 del expresidente Grau San Mart铆n, que posee diecinueve cuartos de ba帽o. Otras muchas residencias de esta calle recibieron premios de la escuela de Arquitectos de Cuba y de por s铆 sola es un muestrario del poder铆o econ贸mico de las clases altas de los a帽os anteriores al triunfo revolucionario de 1959.

Luego de la estampida de la gran burgues铆a cubana, comenzada el mismo 1 de enero de 1959, muchas de esas casas se convirtieron en embajadas y otras en escuelas y becas en las que fueron matriculados y alojados j贸venes venidos del interior del pa铆s. Ya para los a帽os 1970 muchas de esas casas hab铆an sido recuperadas, remozadas y entregadas a diversas empresas y organismos del Estado y a t茅cnicos extranjeros de alto nivel.

As铆 es que Ram贸n Mercader, o mejor, Jaime Ram贸n L贸pez, sol铆a caminar con sus perros por el aristocr谩tico paseo mientras disfrutaba del paisaje urbano m谩s selecto de lo que fuera una ciudad potente, rica y hasta derrochadora. Quiz谩s su curiosidad lo hizo investigar un poco la historia del lugar, de algunas de sus casas y sitios emblem谩ticos.

Pero Tom谩s Guti茅rrez Alea tambi茅n era un asiduo paseante por la Quinta Avenida. Para esa 茅poca Tit贸n ya estaba casado con la actriz Mirta Ibarra y su casa estaba ubicada en la calle 2, entre las avenidas Tercera y Primera, muy cerca del r铆o Almendares y, por tanto, del nacimiento del otrora elegante paseo. Esta situaci贸n de su morada le hac铆a muy f谩cil practicar por la Quinta Avenida su pasi贸n por las caminatas, un ejercicio y tiempo que utilizaba para pensar, si las hac铆a en solitario; o para conversar, si lo acompa帽aba Mirta o alg煤n colega o amigo.Resultado de imagen para ramon mercader y los perros

La primera ocasi贸n en que Mercader y Tit贸n se cruzaron mientras caminaban por la Quinta Avenida, el asilado no se fij贸 en el cineasta ni el cineasta en el asilado鈥 pero s铆 en sus hermosos perros, que nadie pod铆a dejar de ver.

Seg煤n cuentan los que trabajaron con 茅l, Guti茅rrez Alea era un obseso, un buscador perpetuo de la perfecci贸n art铆stica y por eso casi todos sus proyectos cinematogr谩ficos, finalmente realizados o no, le llevaban a帽os de maduraci贸n antes de que escribiera la primera l铆nea del gui贸n y, por supuesto, de que filmara la primera secuencia, en el caso de los que llegaron a este nivel. Y Los sobrevivientes no fue la excepci贸n. Como muchos de sus obras, esta part铆a de un texto literario que hab铆a desencadenado la chispa creativa. En este caso hab铆a sido un relato, 鈥淓statuas sepultadas鈥, que formaba parte del libro Tute de Reyes (Premio Casa de las Am茅ricas, 1967) del escritor Antonio Ben铆tez Rojo. El cuento, como despu茅s la pel铆cula, narra la historia de una familia de la aristocracia cubana que 鈥攁 diferencia de tantos de los moradores originales de la Quinta Avenida鈥 decide permanecer en Cuba, convencida de que el derrumbe del nuevo r茅gimen ser铆a cuesti贸n de semanas o meses; pero mientras tanto, para no contaminarse, todos se encierran en sus predios, donde luchan porque nada cambie.

Desconozco si en la fase casi final del gui贸n en que andaba por entonces Guti茅rrez Alea se dec铆a que la aristocr谩tica familia ten铆a unos perros 鈥攖ambi茅n aristocr谩ticos鈥 que se 鈥渧er铆an鈥 en la pel铆cula. Pero de lo que no hay dudas es que desde ese primer cruce con los borzois de Jaime Ram贸n L贸pez, Tit贸n pens贸 que esos eran los perros que 茅l quer铆a para su pel铆cula.

Mirtha Ibarra no recuerda c贸mo fue que el cineasta se acerc贸 al asilado. De lo que s铆 est谩 convencida es de que, en aquel momento, Tit贸n no ten铆a la menor idea de qui茅n era en realidad aquel hombre al cual finalmente abord贸 para celebrarle los perros y, por supuesto, preguntarle si estaba dispuesto a prest谩rselos para la inminente filmaci贸n. De haber sabido que el due帽o de aquellos perros era Ram贸n Mercader del R铆o, el hombre que hab铆a asesinado a Le贸n Trotski de un pioletazo, 驴se le habr铆a acercado igual? 驴No le habr铆a importado la historia de aquel hombre, ni que fuera un criminal, y hubiera encarnado lo peor de la furia estalinista? Solo Tit贸n habr铆a podido darnos esas respuestas, pero lo probado es que se acerc贸 al hombre de los borzois, convers贸 varias veces con 茅l y le pidi贸 los perros para la pel铆cula.

Imagen relacionada驴Qu茅 hizo entonces Jaime Ram贸n L贸pez? Quiz谩s en un primer momento no le prest贸 demasiada atenci贸n al hombre que, como tantas personas, quedaba deslumbrado con los 煤nicos borzois que exist铆an en la isla de Cuba. Pero cuando se produjo la identificaci贸n del cineasta, seguramente consult贸 con sus contactos la identidad, filiaci贸n y los posibles intereses de aquel hombre tan persistente: en cualquier caso, la condici贸n principal de su acogida en Cuba, presumiblemente negociada a los m谩s altos niveles, era que conservase su anonimato y, por lo tanto, deb铆a informar sobre cualquier persona a la que viera y, m谩s a煤n, si se trataba de un desconocido que empezaba a asediarlo. Es posible que los encargados de la custodia de Mercader, hechas a su vez las consultas pertinentes, le dieran luz verde para que hablase con el prestigioso director cubano pero, seg煤n Mirtha Ibarra, sosteniendo que era un refugiado espa帽ol y que su nombre de Jaime o Ram贸n L贸pez.

Cuando lleg贸 la fase siguiente del acercamiento 鈥攄ecidir si acced铆a a la solicitud de que los perros intervinieran en la pel铆cula鈥, las consultas volvieron a dar un resultado positivo: s铆, s铆 茅l quer铆a pod铆a llevar los animales al set de filmaci贸n, la antigua casa de Flor Loynaz, en las afueras de la ciudad, siempre que se conservase su necesario anonimato.

驴Supo entonces Tit贸n qui茅n era el due帽o de los perros? Sin duda, Guti茅rrez Alea conoc铆a a algunas de las personas que estaban al tanto de la verdadera identidad del republicano espa帽ol, el m煤sico Harold Gratmages entre ellos. Quiz谩s incluso alguno de los 鈥渃ompa帽eros鈥 que atend铆a el ICAIC, el Instituto Cubano de Cine donde trabajaba Tit贸n y que era la empresa productora de Los sobrevivientes, fue comisionado de ponerlo al tanto de qui茅n era en realidad Ram贸n L贸pez. Pero el director 鈥攅nterado o no鈥 sigui贸 adelante y film贸 varias escenas en las cuales aparec铆an los hermosos perros鈥 que fueron llevados al set por su due帽o.

Ni Mirta Ibarra ni otros amigos cercanos a Guti茅rrez Alea supieron por esa 茅poca qui茅n era en verdad aquel personaje. Algunos de esos amigos ten铆an, incluso, una relaci贸n de amistad con Arturo L贸pez, el hijo del refugiado, sin conocer tampoco por esa v铆a la identidad real de aquel hombre que, veintisiete a帽os atr谩s, hab铆a asesinado a Le贸n Trotski.Resultado de imagen para ramon mercader y los perros

Unos meses despu茅s de filmada la pel铆cula, el estado de salud de Ram贸n Mercader empeor贸. Su deterioro fue r谩pido y progresivo y, para caminar, pronto necesit贸 de un bast贸n. Siempre preocupado por su hermano, Luis Mercader le envi贸 a La Habana un bell铆simo bast贸n uzbeko, de madera dura, decorado con pinturas de vivos colores asi谩ticos. Mientras pudo andar, en sus meses finales, Ram贸n se apoy贸 en aquel bast贸n que, luego de su muerte, quedar铆a en la casa de 7ma y 68.

Diecisiete a帽os despu茅s de la muerte de Mercader, aquel preciso bast贸n uzbeko cerrar铆a una extra帽a relaci贸n de confluencia entre el m谩s notable de los directores de cine cubano y uno de los asesinos m谩s enigm谩ticos del siglo XX: cuando Tit贸n, ya enfermo de c谩ncer en estado terminal necesit贸 un bast贸n para apoyarse, fue aquel mismo bast贸n que utilizara Ram贸n Mercader el que vendr铆a en su auxilio鈥 驴Supo entonces Tom谩s Guti茅rrez Alea a quien hab铆a pertenecido aquella hermosa pieza de la artesan铆a uzbeka? Estoy seguro de que lo supo, pues su amiga Hilda Barrios, la nueva propietaria del bast贸n, ya sab铆a tambi茅n la identidad real de su due帽o original. Lo que no puedo imaginar es qu茅 pens贸 y sinti贸 el cineasta cuando recibi贸 el bast贸n y se apoy贸 en 茅l para dar algunos de sus 煤ltimos pasos en la tierra.

*Escritor cubano. Tomado de IPS

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