Abr 27 2012
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Pol铆tica

Los ultraderechistas franceses marcan tendencia

La ultraderecha xen贸foba y populista es un misil t贸xico con suficiente fuerza como para deshacer mayor铆as, precipitar la ca铆da de gobiernos y lograr que sus ideas impregnen la acci贸n pol铆tica de los partidos conservadores. La extrema derecha francesa hizo escuela en casi toda Europa.

El partido ultraderechista Frente Nacional surgi贸 en Francia a partir de los a帽os 鈥80, justo despu茅s de la elecci贸n del socialista Fran莽ois Mitterrand a la presidencia de la Rep煤blica (en mayo de 1981). El FN exist铆a ya, pero su audiencia era confidencial.

Las t谩cticas electorales de Mitterrand destinadas a debilitar a la derecha cl谩sica son uno de los factores que llevaron a la ultraderecha francesa a convertirse con los a帽os en un partido poderoso, capaz de perturbar el equilibrio pol铆tico cl谩sico y contaminar con sus ideas todos los debates, desde la izquierda hasta la derecha. Tres d茅cadas m谩s tarde, el Frente Nacional, ahora dirigido por la hija de su fundador, Marine Le Pen, obtuvo el resultado electoral m谩s alto de su historia: casi 18 por ciento de los votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del pasado 22 de abril.

Lejos de ser un caso aislado, este movimiento cuenta con unos cuantos hermanos en el Viejo Continente. La ultraderecha xen贸foba y populista es un misil pol铆tico t贸xico con suficiente fuerza como para deshacer mayor铆as, precipitar la ca铆da de gobiernos y lograr que sus ideas impregnen la acci贸n pol铆tica de los partidos conservadores. La extrema derecha tiene, de hecho, dos fases hist贸ricas: la que fue de 1945 al a帽o 2000, donde el antisemitismo era la norma, y la que se inicia con el siglo XXI, donde la islamofobia es anzuelo de las urnas.

El segundo hito de la ultraderecha tuvo lugar en Austria, entre los a帽os 鈥80 y 2000. El FP脰 鈥揚artido Austr铆aco de la Libertad, fundado a principios de los a帽os 鈥50 por el ala nacionalista y populista de la extrema derecha鈥 es a煤n uno de los m谩s s贸lidos de la Uni贸n Europea. El FP脰 tuvo su hora de gloria en la d茅cada del 鈥80, cuando form贸 una coalici贸n gubernamental con los socialdem贸cratas del SP脰. Luego, bajo la influencia de su carism谩tico l铆der, J枚rg Haider, la ultraderecha nacionalista austr铆aca regres贸 al poder en 1999, despu茅s de obtener el 27 por ciento de los votos en las elecciones legislativas de ese a帽o. Playboy y negacionista, Haider prosigui贸 la obra de Jean-Marie Le Pen, el fundador del Frente Nacional franc茅s. Ha transcurrido un cuarto de siglo y la ultraderecha es ahora un movimiento normalizado, admitido y legitimado. Esta corriente mud贸 sus ideas y pas贸 de un antisemitismo secular a la islamofobia delirante y a la cr铆tica violenta contra Bruselas.

El ejemplo m谩s moderno y devastador de esta reencarnaci贸n es el l铆der populista holand茅s Geert Wilders y el Partido por la Libertad (PVV). Desde las elecciones de 2010, donde obtuvo el 24 por ciento de los votos, el PVV es un aliado de la coalici贸n de derecha-conservadora que gobern贸 Holanda hasta que, esta semana, el mismo Wilders hiciera caer el andamiaje del primer ministro Mark Rutte, forzando elecciones anticipadas. Un desacuerdo en el seno de la coalici贸n sobre los planes de austeridad demostr贸 la capacidad destructora de la ultraderecha. Wilders es un islam贸fobo notorio, defensor ac茅rrimo de cerrar por completo las fronteras a la inmigraci贸n. En 2008, el jefe del PVV firm贸 un panfleto infeccioso contra el Islam y luego realiz贸 un documental, Ftina (La discordia), en el cual mezcl贸 im谩genes de los vers铆culos del Cor谩n con atentados terroristas.

En los pa铆ses escandinavos, el retroceso de los partidos socialdem贸cratas dio lugar al surgimiento de partidos de ultraderecha. Muchos de 茅stos pasaron de la marginalidad a formar alianzas de gobierno. Ese es el caso de Dinamarca entre 2009 y 2011; en 2009, en Noruega, el Partido del Progreso logr贸 el 22 por ciento de los votos en las elecciones; en Finlandia, la coalici贸n formada por la izquierda y la derecha impidi贸 in extremis que el Partido de los Verdaderos Finlandeses integrara el gobierno luego de que, al cabo de las elecciones legislativas de 2011, este cen谩culo de la extrema derecha obtuviera el 19 por ciento de los votos y pasara a ser la tercera fuerza pol铆tica del pa铆s; en Suecia, la extrema derecha del partido Dem贸cratas de Suecia se llev贸 el 5,8 por ciento de los sufragios en las elecciones legislativas y entr贸 por primera vez al Parlamento.

Italia es una excepci贸n; hay una oveja negra, la regionalista y fascistoide Liga del Norte de Umberto Bossi, pero el movimiento ultra m谩s poderoso que exist铆a oper贸 una transformaci贸n in茅dita hasta hoy. El neofascista Movimiento Social Italiano de Gianfranco Fini se transform贸 a partir de 1994 en un s贸lido partido de derechas, la Alianza Nazionale. Esa transmutaci贸n fue mucho m谩s all谩 que el mero nombre: Fini, quien luego form贸 alianza con Silvio Berlusconi, conden贸 el antisemitismo, reconoci贸 como v谩lidos los valores de la Resistencia y los t茅rminos de la Constituci贸n.

Una tras otra, en mayor o menor medida, las sociedades del Viejo Continente sucumben a las sirenas del ultraderechismo. La receta del 茅xito es siempre la misma: la globalizaci贸n y sus innumerables y reales consecuencias, entre ellas las deslocalizaciones, la llama de la confrontaci贸n del 鈥減ueblo鈥 contra las elites 鈥渃orruptas鈥, la inmigraci贸n, la amenaza del Islam y la identidad nacional en peligro por el multiculturalismo.

Dominique Reyni茅, autor del ensayo Populismes, destaca el doble resorte de los valores que pregona hoy la extrema derecha: 鈥淧or un lado est谩 la protecci贸n de los llamados intereses materiales, es decir, el nivel de vida o el empleo; y, por el otro, el patrimonio inmaterial, o sea, la reivindicaci贸n de determinado estilo de vida amenazado por la inmigraci贸n y la globalizaci贸n鈥. La fuerza de la extrema derecha consiste en presentarse como una respuesta 鈥渁ntisistema鈥 ante una arquitectura formada por las elites corrompidas y 鈥渆mpa帽ada鈥 por la globalizaci贸n y el multiculturalismo. La repercusi贸n de este discurso sobre las construcciones pol铆ticas de los pa铆ses es considerable.

A partir del 14 o 15 por ciento de votos obtenidos por la extrema derecha, los partidos conservadores tradicionales caen en la tentaci贸n de imitar sus principios. La mutaci贸n es as铆 considerable y el trastorno de los valores termina en una gran confusi贸n de la cual sale siempre el mismo ganador: la ultraderecha. Las elecciones presidenciales francesas son un ejemplo espectacular de esa carrera protagonizada por los conservadores liberales para sacarle a la extrema derecha su caudal electoral.

El presidente franc茅s, Nicolas Sarkozy, sali贸 en busca de los votos que le faltaban para ser reelecto con un argumento digno de la m谩s pura extrema derecha: apenas perdi贸 la primera vuelta, Sarkozy consider贸, entre otras delicadezas, que Marine Le Pen era 鈥渃ompatible con la Rep煤blica鈥. La recuperaci贸n del miedo al Islam y la agresi贸n verbal contra los inmigrados son hoy, en las sociedades europeas, una de las semillas m谩s fruct铆feras de la conquista del poder.

*Periodista argentino, corresponsal de P谩gina 12 en Francia

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