Nov 18 2007
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Cultura

Luis Herrera Campins – LA MUERTE DE UN PRESIDENTE

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Lo conoc√≠ cuando yo ten√≠a 13 a√Īos y √©l 20 m√°s, de manera que nos uni√≥ una amistad de casi 50 a√Īos. Era un joven flaco de gruesos bigotes negros que aspiraba a una diputaci√≥n por el estado Lara, porque si bien naci√≥ en Portuguesa toda su carrera pol√≠tica la hizo en mi estado natal.

Quiz√°s en ello deba encontrarse la explicaci√≥n de mi retardo en escribir sobre la muerte de Luis Herrara Campins. Es m√°s, confieso que ya hab√≠a escrito un texto que desech√©: contaba un sin fin de an√©cdotas personales producto de nuestra larga relaci√≥n que nada ten√≠an que ver con partido o militancia, s√≥lo con amistad. Luis guard√≥ siempre un respeto absoluto por mis posiciones pol√≠ticas. Tuve el acierto de consultar ese texto ‚Äďlo que nunca hago‚Äď y la persona consultada me dijo: ‚ÄúEse es tu dolor leg√≠timo, pero debes guardarlo en privado‚ÄĚ. As√≠ lo hice y no me arrepiento.

A los lectores no les hubiera interesado tantas cosas personales que vivimos. Sobre su bonhom√≠a, sobre su sentido de la amistad, sobre su condici√≥n econ√≥mica, sobre su intachable conducta se han escrito innumerables art√≠culos. Juan P√°ez √Āvila, con quien asist√≠ al entierro, lo refleja y hay un texto de Sim√≥n Boccanegra excelente, pues viene de un oponente de clase; Eduardo Casanova escribi√≥ tambi√©n de manera admirable. Luis Enrique Alcal√° saca a relucir cifras interesantes sobre la reducci√≥n de la deuda externa. Y muchos otros.

Una vez aceptada la realidad quiz√°s logre colocar algunos comentarios desprovistos del impacto afectivo. Se me ocurre en este primer comentario decir que sobre Luis pes√≥ siempre un equ√≠voco. Se le ha censurado lo del ‚Äúviernes negro‚ÄĚ sin que medie una investigaci√≥n seria sobre ese d√≠a en que se produjo una hu√≠da masiva de capitales de Am√©rica Latina. Tengo versiones directas sobre las gestiones que se hicieron cuando ese impacto se produjo, las presiones para una devaluaci√≥n lineal, la oposici√≥n de Luis a tal medida, la adopci√≥n del camino del cambio dual. Hace falta un estudio serio sobre las condiciones de ese d√≠a, sobre todas sus aristas, pero Luis se limitaba a no defenderse.

En una ocasi√≥n lo increp√©: ‚Äú¬ŅMe quieres explicar por qu√© no sales a defender tu gobierno?‚ÄĚ Me mir√≥ con fijeza y me respondi√≥ vagamente. Algo as√≠ como que √©l era ahora un ‚Äújarr√≥n chino‚ÄĚ y que la historia se encargar√≠a. Qu√© los equ√≠vocos persiguen a Luis est√° demostrado cuando, a su muerte, algunos citan la frase con que cerr√≥ su √ļltimo discurso ante el Congreso atribuy√©ndosela a Borges. No, ‚Äúqu√© Dios me libre de ser lo que ya he sido‚ÄĚ es del poeta griego Nikos Kazantzakis y as√≠ lo refiri√≥ Luis en el mensaje que cito.

¬ŅEqu√≠vocos alrededor de este hombre? Pues s√≠, era conocido como el ‚Äúpresidente toronto‚ÄĚ y era al√©rgico al chocolate. Una vez, mientras convers√°bamos en La Herrere√Īa lleg√≥ una postrera caja del producto y Luis estall√≥: ‚ÄúT√ļ sabes perfectamente que yo soy al√©rgico al chocolate. Cuando era presidente llegaba por kilos, hasta de las embajadas extranjeras. Todo el que quer√≠a `jalarme¬ī me enviaba una caja‚ÄĚ. Nos re√≠mos bastante y cuando le pregunt√© qu√© hac√≠a con tanto chocolate me dijo: ‚ÄúSe lo regalaba a las secretarias. Las pobres terminaron mi gobierno muy gordas‚ÄĚ. Jam√°s hizo en p√ļblico el comentario sobre su alergia al chocolate.

Su visi√≥n pol√≠tica queda reflejada en esta an√©cdota. Me lleg√≥, no s√© como, una invitaci√≥n para asistir a Miraflores a la toma de posesi√≥n de Ram√≥n Vel√°squez. Llam√© a Luis y le pregunt√© si iba y me daba la cola. ‚ÄúS√≠ ‚Äďrespondi√≥- te busco en tu casa‚ÄĚ. Cuando entramos a palacio, se volte√≥ y me dijo: ‚ÄúMiremos bien, porque creo que esta es la √ļltima vez en mucho tiempo que entramos a Miraflores‚ÄĚ.

Luis no fue para m√≠ otra cosa que un amigo circunstancialmente en el ejercicio de la Jefatura del Estado. Cuando termin√≥ su mandato pod√≠a verlo m√°s a menudo. Una vez inventamos en casa lo que denominamos ‚Äúla cena de los Luises‚ÄĚ. Los invitados eran Luis Oropeza V√°squez, Luis Beltr√°n Guerrero y Luis Herrera Campins. A las siete en punto llegaron los tres y Guerrero, el sabio Guerrero, comenz√≥ a hablar. A las diez de la noche no hab√≠a terminado a√ļn. Nos tomamos unos tragos y comimos en silencio. Sobre las once Luis Beltr√°n termin√≥ al fin. Nos hab√≠a dictado una conferencia magistral, hab√≠a pasado su sapiencia por la literatura universal, por las crisis pol√≠ticas del momento y hab√≠a hecho un an√°lisis detallado de la condici√≥n del hombre.

As√≠ es la amistad, compartir, respetarse, ser del otro. Tal vez amistad viene del lat√≠n amicus, aunque tal vez del griego en una bella palabra que significa ‚Äúperder el yo‚ÄĚ, ‚Äúolvidar el ego‚ÄĚ. Descansa en paz, querido Luis Antonio, t√ļ que supiste de la amistad en todos los sentidos de su origen y de la pr√°ctica diaria.

Ninguno de los tres ‚ÄúLuises‚ÄĚ de nuestra cena vive ya. Cenen juntos, record√°ndome.

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* Escritor.<*i>

tlopezmelendez@cantv.com.

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