Abr 11 2018
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OpiniónPolítica

Lula, destructor del hambre

 

Sonr√≠en, se reconocen, muchos se abrazan; tienen historias compartidas, situaciones horribles y peque√Īos milagros disfrutados en conjunto. Representan el trabajo humanitario en Latinoam√©rica y el Caribe y est√°n en S√£o Paulo, la ciudad m√°s rica de¬†Am√©rica Latina, seg√ļn su¬†PIB en tr√°nsito a triplicarse para 2020 y la tercera de las Am√©ricas en poblaci√≥n, con 21.893.053¬†de habitantes con su periferia agregada, solo superada por las multitudes de¬†Nueva York y¬†Ciudad de M√©xico.

Es un día nublado en ese marzo de 2007 y el mundo humanitario de la región deambula por los pasillos del Memorial de América Latina, un conjunto de seis edificios que configuran una de las obras más impactantes de la ciudad y de la obra de Oscar Niemeyer, el arquitecto que domó el hormigón a fuerza de curvas.1 esquema neimeyer(1)

Pasaban cosas en la regi√≥n, y en Brasil -desde el primer d√≠a de 2003- un obrero metal√ļrgico hab√≠a iniciado su trabajo de empujar fuera de la pobreza a 29 millones de personas, la proeza de reducir la desigualdad en un pa√≠s como el suyo, desparejo hasta el horror, y lograr incluso que¬† la clase media pasara a constituir el 51% de la poblaci√≥n.

2 clase mediaEn el Auditorio Sim√≥n Bol√≠var se discut√≠a sobre las respuestas conjuntas a los desastres y la forma de fortalecer a los sectores m√°s vulnerables de la sociedad. Nadie era ingenuo en ese lugar y en ese momento de la Historia y consideraban que la pobreza es la madre de todas las vulnerabilidades; ¬†proclamaban que ning√ļn desastre es ‚Äúnatural‚ÄĚ, sino producto del modelo de producci√≥n de cada sociedad, desencadenado, solo en algunos casos, por ‚Äúeventos‚ÄĚ que pueden serlo; apostaban todas sus fichas a la organizaci√≥n y a la participaci√≥n de la comunidad en la b√ļsqueda de soluciones de largo plazo y en la respuesta a los problemas de coyuntura y reivindicaban a la asistencia¬†humanitaria contra la asistencia¬†dirigida, pregonada en ese momento, como en la actualidad, por Estados Unidos, su Comando Sur y su IV Flota.

Empalmar las mangueras

Uno de los expositores baj√≥ del podio, afloj√≥ el nudo de la corbata que estaba muy poco acostumbrado a usar, busc√≥ con la mirada al responsable brasile√Īo de asistencia humanitaria, vio que asent√≠a con la cabeza y sali√≥ del sal√≥n. Hab√≠an quedado en encontrarse en el bar del Memorial, que herv√≠a en charlas que se daban en los idiomas de los cinco continentes; el portu√Īol era el puente¬† entre el brasile√Īo y¬† el argentino. Pidieron el cent√©simo caf√© del seminario y esperaron, hablando de cualquier cosa.

Lo vieron entrar, gigant√≥n, el representante regional del organismo encargado de distribuir alimentos entre las poblaciones carenciadas del mundo y las afectadas por guerras, huracanes, terremotos, inundaciones, deslaves‚Ķ llegaba con unos minutos de atraso, empapado de transpiraci√≥n, con su sobrepeso estrujado en su traje de funcionario internacional. Su cometido era lograr una donaci√≥n significativa de granos para su organizaci√≥n; Brasil iba a hacerla, en realidad iba a dar continuidad a una pr√°ctica profundizada desde hac√≠a cuatro a√Īos.

Sentado como embajador de una potencia mundial, con la econom√≠a nacional trepando hacia el techo del mundo que solo ocupan los vol√ļmenes de Producto Bruto de China,¬†Estados Unidos,¬†India¬†y¬†M√©xico, el brasile√Īo plant√≥ el inter√©s de su pa√≠s en ser proveedor de alimentos del sistema de las Naciones Unidas, adem√°s de ser ‚Äúdonante‚ÄĚ. Solidario, quer√≠a, adem√°s, jugar en las grandes ligas del sistema mundial y hacer respetar el esquema productivo de su pa√≠s.

Del otro lado de la mesa, estaba el comisionado del mayor organismo de ayuda humanitaria que lucha contra el hambre en todo el mundo, con una distribuci√≥n anual de alimentos superior a los 3 millones de toneladas, comprados o recibidos en donaci√≥n de 92 pa√≠ses y una inversi√≥n anual cercana a los 5.500 millones de¬†d√≥lares, una cifra superior al Producto Bruto de pa√≠ses como Liechtenstein, Barbados, Liberia, Cabo Verde, Rep√ļblica Centroafricana , Andorra,¬† Belice, Guinea-Bissau, Islas Caim√°n o Groenlandia.

Los dos jugadores de ajedrez conoc√≠an las reglas, pero lo disimulaban. El representante de la mole internacional quer√≠a pactar un n√ļmero y cerrar el acuerdo, comprar√≠a tantos miles de toneladas, a determinado precio y cerrado el trato, las famosas ‚Äúplanillas excel‚ÄĚ que imperan en los nuevos gobiernos de la regi√≥n y en el sistema de las Naciones Unidas. El delegado de un pa√≠s soberano, m√°s interesado en ayudar a que su pueblo comiese, por lo menos, dos veces al d√≠a, estaba decidido a incluir en la negociaci√≥n las nuevas caracter√≠sticas inclusivas del modelo que impulsaba el gobierno del presidente Lula, que en la lucha contra la desigualdad rompi√≥ con l√≥gicas establecidas en el mercado de producci√≥n y comercializaci√≥n de alimentos.

El 84,4% de las explotaciones agrícolas del país están en manos de la agricultura familiar que en 2014 por ejemplo, produjo el 37% del PIB del sector agropecuario. Hasta ahí llegó la negociación y empezó la discusión, primero teórica, luego logística. Uno aceptaba incluir a Brasil en el esquema de compras del organismo global, con adquisiciones a gran escala a las gigantescas exportadoras granarias (Norberto Odebrecht, Bunge Alimentos, BRF Foods, Cargill. Louis Dreyfus Commodities,

JBS Friboi, Nidera Sementes, Coamo, Minerva, Caramuru, Marfrig, Souza Cruz, entre las primeras 100 empresas del país). Un gran cheque, gigantescas bolsas, decenas de barcos, palo y a la bolsa.

La ‚Äúescalera de Niemeyer‚ÄĚ, en el Memorial de las Am√©ricas.

La ‚Äúescalera de Niemeyer‚ÄĚ, en el Memorial de las Am√©ricas.

Del otro lado del tablero lo frenaron, la venta se compondría de modo proporcional a los porcentajes de producción de cada sector; ahí terciaba la agricultura familiar, con un 37% del PIB del sector agropecuario, gracias al trabajo  de los  4.367.902 de unidades agrícolas familiares, 84,4% del total.

Lo entendieron, y le presentaron el siguiente obst√°culo.¬† ¬ŅC√≥mo vamos a hacer para acumular miles de toneladas que traer√°n tambi√©n miles de campesinos en bolsitas?, fue la pregunta-rechazo, de un sistema que no incluye como variable de su modelo de negocios la participaci√≥n activa e igualadora de un Estado. ‚ÄúSencillo, nosotros nos encargamos de limpiar, controlar la calidad, acopiar y embalar los granos; despu√©s se cargan‚ÄĚ, claro pero imposible de comprender.

Ah√≠ intervino el hasta ese momento silencioso ‚Äútercero‚ÄĚ, fue una suerte de traductor, ya no entre un chino y un‚Ķ latino, sino entre dos sistemas que no se complementaban. De un lado el internacional, que quer√≠a enchufar una manguera gigantesca para chupar la compra de una vez y del otro el ‚Äúlulista‚ÄĚ, que respetaba a las campesinas y campesinos productores, sin dejar a nadie afuera por peque√Īo que fuese su aporte. A la tara conceptual se agregaba la incomprensi√≥n del papel del Estado como igualador, como rampa para que los sectores con menos posibilidades puedan subir las escaleras.

El arquitecto que amaba las nubes

La negociaci√≥n lleg√≥ a feliz t√©rmino, ese ‚Äúboceto‚ÄĚ de acuerdo subi√≥ hasta los m√°ximos niveles de una y otra parte y se suscribi√≥ el acuerdo; Brasil seguir√≠a con sus aportes solidarios para paliar las consecuencias de los desastres socionaturales, mantendr√≠a el apoyo a los programas internacionales que fomentasen su propuesta de ‚Äúhambre cero‚ÄĚ y se convertir√≠a en proveedor de alimentos del sistema de la ONU, con respeto a su propio modelo productivo.

Quedaron cinco tazas de caf√© vac√≠as y tres botellas de agua aniquiladas en la mesa del bar del Memorial. Los ‚Äúnegociadores‚ÄĚ ajustaron sus corbatas y volvieron a los salones dise√Īados por Oscar Ribeiro de Almeida de Niemeyer Soares, ese ‚Äúmestizo t√≠picamente brasile√Īo‚ÄĚ, seg√ļn su propia definici√≥n, que dedic√≥ ese edificio a¬†Am√©rica, bajo el doble emblema del Parlamento Latino y de la¬†M√£o, la escultura monumental de una gran mano que sangra, herida con la forma del cono sur americano.

4 mano en memorialAl ‚ÄúViejo‚ÄĚ le hubiese gustado ser el cuarto de esa mesa; entre lo amigos que siempre destac√≥ en p√ļblico se contaron el presidente¬†Juscelino Kubitschek, Fidel Castro, el poeta¬†Pablo Neruda, el poeta y m√ļsico¬†Vinicius de Moraes¬†y Lula da Silva de quien reivindic√≥ su compromiso con los¬†‚Äúmeninos da rua‚ÄĚ, con las mejoras de la vida en las favelas y por el empe√Īo puesto en lograr para Brasil el campeonato del mundo de f√ļtbol de 2014 y los Juegos Ol√≠mpicos de 2016 en R√≠o de Janeiro, concretados poco despu√©s de su fallecimiento, el 5 de diciembre de 2012.

El maestro que ve√≠a cielos, formas ef√≠meras o vapores de agua sobre los lienzos en los que trabajaba y a los que trataba de extraerles propuestas y dise√Īos, como Miguel √Āngel a los m√°rmoles de Carrara en los que les ‚Äúencontr√≥‚ÄĚ el David o La Piedad, fue un hombre vital como pocos; cuenta la an√©cdota de un ingeniero¬† argentino que lo visit√≥ pocos a√Īos antes de su muerte que trat√≥ de ser cort√©s y lo alent√≥ con un ‚Äúya quisiera yo llegar a su edad con su vitalidad‚ÄĚ; seco, Niemeyer le reconoci√≥ apenas con un ‚Äús√≠, pero usted puede coger‚ÄĚ.

Operaciones

Lo que aqu√≠ se relata, todo real, fue apenas un escarceo pol√≠tico y t√©cnico entre un modelo global de ‚Äúayuda humanitaria‚ÄĚ ‚Äďsin integraci√≥n de las comunidades, convertidas en actores reales de la construcci√≥n de herramientas y de su propia agenda social, sin participaci√≥n ni organizaci√≥n popular- y las propuestas de uno de los gobiernos¬† de esa etapa que, junto a la Argentina de la redistribuci√≥n de rentas, el Ecuador de la Revoluci√≥n Ciudadana, la Bolivia Plurinacional y la Venezuela Bolivariana, traccion√≥ las mayor√≠as hacia una vida mejor.

El jefe y motor de esa experiencia brasile√Īa hoy est√° entre rejas, por la mera ‚Äúconvicci√≥n‚ÄĚ de una ‚Äújusticia‚ÄĚ que no encuentra pruebas pero sabe a quienes debe encarcelar para que el ‚Äúvivir bien‚ÄĚ que pregona el Papa Francisco no vuelva a tener gestores de peso. El Programa Mundial de Alimentos sigue distribuyendo ‚Äúayuda‚ÄĚ, sin preocuparse por los mecanismos igualitarios de distribuci√≥n; puede contabilizar las toneladas de alimentos que arroja desde un avi√≥n pero no est√° en capacidad de contar la cantidad de personas¬† que lo recibieron. Los dos pa√≠ses representados en aquel bar, trabajaron en conjunto durante una d√©cada tratando de incorporar a las comunidades al ‚Äúproceso de distribuci√≥n integral de la ayuda humanitaria y de los mecanismos de seguimiento y monitoreo‚ÄĚ; en el caso argentino la propuesta cuaj√≥ en una propuesta denominada ‚ÄúAlmac√©n San Joaqu√≠n‚ÄĚ, en referencia a la localidad del Departamento de Beni, Bolivia, afectado por las inundaciones en 2007.

5 salta finTanto cambi√≥ la coyuntura en pocos a√Īos que hasta en una provincia argentina, la norte√Īa Salta, gobernada por Juan Manuel¬†Urtubey, se vivieron las mismas escenas que en la guerra del Golfo o que se repiten en los pa√≠ses m√°s pobres de √Āfrica cuando se arrojaron bolsas de comida desde un helic√≥ptero a integrantes de diversas comunidades y pueblos originarios, abandonados a su suerte en la localidad de Las Vertientes, una de las zonas castigadas por las inundaciones en marzo de 2018.

Salta, Argentina. Marzo de 2018.

En los lienzos del tiempo actual, tipos como Niemeyer, seguramente encontrar√≠an las se√Īales de la construcci√≥n de nuevos edificios sociales poblados por las mujeres, los hombres y los ni√Īos m√°s humildes de la regi√≥n, los miles de Lula que nacen y nacer√°n a partir de las 22¬† del s√°bado 7 de abril de 2018.

* Periodista y Psicólogo. Investigador argentino asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico.El autor fue coordinador general de Cascos Blancos, organismo de Asistencia Humanitaria Internacional del gobierno argentino entre 2003 y 2013.

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