Jul 10 2014
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OpiniónPolítica

Lumumba

Ver el partido de cuartos de final del Mundial que disputó la selección Argentina contra Bélgica y observar en la cancha a futbolistas de origen congoleño usando la casaca del conjunto europeo me recordó a Patrice Lumumba. Prócer de la independencia del pueblo congoleño en 1960, luchador incansable por la unidad del continente africano y una de las principales figuras del anticolonialismo occidental del siglo XX.

Con cierta curiosidad veía en los partidos del combinado belga cómo estos jugadores, además de portar la camiseta oficial del país, entonaban el himno de los verdugos de sus antepasados, quienes los esclavizaron durante varias generaciones y convirtieron a la nación de sus ancestros en la propiedad privada del emperador Leopoldo II a partir de 1908. Una enorme finca de verano en el corazón mismo de África, transformaron al Congo en un territorio de despojo y opresión signado con la sangre derramada de su pueblo.

En medio del partido me preguntaba, ¿qué habría dicho Lumumba si hubiera visto a Romelu Lukaku o a Vincent Kompany representando a ese imperio colonial que asesinó a sangre fría a sus antepasados? El fútbol es también un espejo donde aún vemos reflejadas las cadenas del colonialismo y en el que funciona magistralmente un dispositivo de la desmemoria. Muchas veces (o la mayoría de ellas) la historia y la memoria de los pueblos recorren caminos dispares a los del fútbol que conducen a lugares donde la identidad cultural de una nación encuentra un significado distinto al otro y hasta opuesto. Una cuestión que va más allá de la hermenéutica.

El ‘Che’ Guevara sobre Lumumba dijo: “…los mismos que utilizaron el nombre de las Naciones Unidas para perpetrar el asesinato de Lumumba, hoy, en nombre de la defensa de la raza blanca, asesinan a millares de congoleños. ¿Cómo es posible que olvidemos la forma en que fue traicionada la esperanza que Patricio Lumumba puso en las Naciones Unidas? ¿Cómo es posible que olvidemos los rejuegos y maniobras que sucedieron a la ocupación de ese país por las tropas de las Naciones Unidas, bajo cuyos auspicios actuaron impunemente los asesinos del gran patriota africano?”. (Ernesto Guevara, ‘Discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas’, 12 de diciembre de 1964).congo che

Lumumba, héroe congoleño y africano, ha quedado en la inmortalidad. Asesinado el 17 de enero de 1961 por los norteamericanos y los belgas con la ayuda de mercenarios y cipayos congoleños sin escrúpulos. Sus verdugos siguen deambulando por esa patria que lo vio nacer. Los mismos que con otros rostros continúan saqueando la tierra y se llaman a sí mismos dueños de todo lo que esté en ella. Pese a que han destruido sus estatuas e intentaron borrar su símbolo, su espíritu emancipatorio habita en la memoria de todo un pueblo. Persistente en la sabana como el sol del alba, heredó los males del imperialismo colonial y los hizo su mejor arma para enfrentar a este enemigo furibundo que no da tregua.

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