Oct 23 2007
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Cultura

MALA LECHE

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Esta hormona transgénica provoca que suba en la leche el nivel de otra hormona llamada en inglés IGF-1 (factor de crecimiento insulínico tipo 1). Estudios recientes muestran que los niveles anormalmente altos de esta segunda hormona se asocian con el surgimiento de cáncer de seno, próstata y colon.

Seg√ļn el doctor Michael Hansen, asesor de la Uni√≥n de Consumidores de Estados Unidos, que analiz√≥ y compil√≥ estos estudios (ver aqu√≠), las vacas que reciben esta inyecci√≥n tienen un aumento significativo en la frecuencia de 16 enfermedades, incluidas mastitis y problemas de gestaci√≥n.

Pese a que el uso de esta hormona artificial est√° prohibido en Europa, Canad√°, Jap√≥n, Nueva Zelanda y Australia, se aprob√≥ su uso comercial en M√©xico, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Panam√°, Brasil, Colombia, Ecuador, Per√ļ, Venezuela y ocho pa√≠ses de otros continentes, basados en estudios que la propia Monsanto proporcion√≥ a las agencias reguladoras estadounidenses.

La hormona transg√©nica de crecimiento bovino est√° en circulaci√≥n en Estados Unidos desde 1993. Ya para esa √©poca, su aprobaci√≥n estuvo plagada de irregularidades y en varios documentos se se√Īala la relaci√≥n absurdamente estrecha de Monsanto con los funcionarios de la FDA (Administraci√≥n de F√°rmacos y Alimentos estadounidense), que aprobaron la venta comercial de la hormona y de la leche de las vacas tratadas con √©sta.

En los informes de la propia Monsanto a la FDA se registraba que las vacas sufr√≠an m√°s enfermedades y que en la leche de las vacas tratadas con la hormona bovina de crecimiento hab√≠a un aumento ¬ęsignificativo¬Ľ (sic) de la hormona IGF-1. Pero en sus conclusiones, la empresa descarta que eso tenga alg√ļn impacto en la salud humana.

No es la √ļnica vez que Monsanto tiene este proceder: tambi√©n lo ha hecho con otros estudios que indicaban toxicidad en variedades de papa y ma√≠z transg√©nico en ratones de laboratorio. Pese a las evidencias de da√Īo en sus propios experimentos, conclu√≠a: ¬ęno son importantes¬Ľ, mientras la revisi√≥n ulterior por parte de cient√≠ficos independientes mostr√≥ lo contrario.

Conforme se divulgan más informes que muestran los riesgos de la hormona rBGH, se expresa con más claridad el rechazo de los consumidores estadounidenses. Grandes cadenas de supermercados como Kroger, Safeway y la cadena de cafeterías Starbucks han prometido a sus clientes que no tendrán leche con hormonas artificiales.

Ning√ļn producto transg√©nico es etiquetado en Estados Unidos, porque desde sus inicios, las empresas productoras de transg√©nicos lograron con presiones de todo tipo que no se use una etiqueta que diga ¬ęcontiene transg√©nicos¬Ľ o cualquier formulaci√≥n que lo indique, aunque sea verdad. Seguro desde entonces sab√≠an que ten√≠an mucho que ocultar.

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Ahora, frente a las acciones de esos supermercados ‚Äďmotivadas por el rechazo de los consumidores‚Äď, la respuesta de Monsanto es acosar a las autoridades para que tampoco se pueda etiquetar que la leche ¬ęno contiene¬Ľ esa hormona transg√©nica. Monsanto alega que etiquetar es una forma de ¬ęenga√Īar¬Ľ a los consumidores, porque la leche con hormonas no tendr√≠a diferencias con las otras.

Como explica el doctor Michael Hansen, los consumidores entienden muy bien qu√© significa ¬ęlibre de hormonas de crecimiento bovino¬Ľ, o ¬ęlibre de hormonas artificiales BST¬Ľ (STB en castellano), y reconocen el valor de productos cuya etiqueta indica ¬ęsin colorantes artificiales¬Ľ o ¬ęsin saborizantes¬Ľ. La decisi√≥n sobre si quieren o no una etiqueta informativa es de los consumidores, no de las empresas que lucran con estos aditivos y productos transg√©nicos.

En todo el mundo, las encuestas a los consumidores sobre si prefieren o no etiquetado de transgénicos, hallaron de 80 a 98 por ciento a favor del etiquetado.

En México, existen dos marcas de leche orgánica, que declaran estar libres de hormonas STB, pero esta hormona se usa en 24 cuencas lecheras de ese país y las marcas que se abastecen allí no declaran su contenido en sus productos. Tampoco lo hacen en los otros países latinoamericanos, donde la población ignora totalmente que la leche que consume diariamente posiblemente contiene esta hormona.

Con los nuevos informes en circulación, los países que aprobaron esta hormona deberían prohibir urgentemente su uso, tal como ya hizo la mayoría de los países industrializados.

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* Investigadora del Grupo ETC (Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración).
Artículo difundido por el Movimientio por la salud de los pueblos.

msp-latinoamerica@etapanet.net.

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