Ago 25 2004
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Opinión

Maradona y el Olimpo

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Escribo para Diego Maradona: por hacernos felices. Por ser él quien -desde la danza cósmica- es émulo de Prometeo. Por ser del estuario del Río de la Plata.

A veces no lo creo… A√ļn dormita en mi esa imagen de Diego. Era apenas unos a√Īos menor que yo, y parec√≠a que su potencia f√≠sica lo distanciaba del deseo cien mil a√Īos. Lo sent√≠a lejos de las especulaciones, de las envidias que codiciaban las habilidades de sus piernas, sus brazos; de ¬ęla mano de dios¬Ľ. Lo sent√≠a lejos, como se siente a los dioses. Lejos como se siente a dios. Lejos, como la lejan√≠a.

fotoEl desastre, lo pedestre, lo brutal de la envidia.

Hab√≠a sido lanzado al cielo, como un astro, como la luz de Venus en la madrugada, como el af√°n de un pueblo sin destino que ilumina con una voluntad alg√ļn futuro incierto e inestable.

Le toc√≥ cumplir esas promesas y lo hizo. No s√© por cuanto tiempo, pero fue el suyo, que fue tambi√©n el nuestro. Quiz√°s, el √ļnico intocable.

No quiero hacer descargos, sólo quiero dar el testimonio de mi amor.

Somos, los argentinos, un pueblo que construy√≥ mitos a lo largo del siglo XX. Gardel, Evita, El Che, Maradona. Somos generadores de culto, con una salvedad: nuestros mitos populares se han convertido en universales. √ďperas, poleras y las mil macanas que eligen para embestirnos. La calidad de las distancias, el adi√≥s a los olvidos y la incapacidad de sentirnos derrotados es lo que nos mantiene todav√≠a.

Cuando veo a Maradona absorbiéndolo todo con color de jazmines, en eso hay algo de nostalgia. Entonces me detengo y me digo: es hijo del Olimpo, bebe del néctar y la ambrosía que los dioses le obsequiaron.

fotoIgual que Prometeo, él pagará sus cargos. Nada de esa dote, se regala a los hombres. Son sitiales tremendos que obtienen los demiurgos.

Costos siempre se pagan, √©l paga uno muy alto; a√ļn lo est√° pagando. Quiz√°s el precio que pide el populacho, hoy convertido en las s√≥rdidas huestes medi√°ticas del orbe. Pero yo me permito y pido desafiar hasta a Homero y S√≥focles. Tan s√≥lo le pregunto al mito. ¬ŅO es que acaso necesito citarlo?

Mirándolo desnudo en una orgía, creo que es un fauno del bosque, grotesco en su hermosura, batiéndose en el brutal erotismo de la obscenidad.

S√≠, siento la derrota de quien alcanz√≥ el cielo, como el bailar√≠n de Niezstche; y lo deseo eterno como un solo de viol√≠n del sordo Beethoven, due√Īo del sue√Īo de una noche de verano.

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* Antropóloga argentina.

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