Oct 25 2020
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Cultura

Mariano Shifman: Como a fetiches se veneran en el 谩mbito universitario a ciertos autores

Abogado y Licenciado en Letras, el poeta Mariano Shifman, autor de m谩s de 1.600 sonetos, en conversaci贸n con nosotros, opina, por ejemplo, que los mejores poemas no suelen tener menos de diez versos ni mucho m谩s de veinte, y que los premios no prueban que se escribe bien, pero que operan de aliciente.

鈥 Contanos sobre vos en esa ciudad que no s贸lo los lomenses denominan simplemente Lomas.

鈥 Salvo el primer grado, que lo curs茅 en la Escuela Provincial N潞 14 鈥淕eneral San Mart铆n鈥, en mi ciudad, el resto de la primaria lo hice en la Escuela Normal Nacional de Banfield 鈥攅l viejo ENAM (Escuela Normal Antonio Mantruyt)鈥. Curs茅 la secundaria en el mismo colegio, uno de los tantos errores que he cometido por indecisi贸n o inercia. Mis a帽os de secundario fueron de pesadilla, especialmente los 煤ltimos dos; ahora se le dice 鈥渂ullying鈥 鈥攖engo un poema al respecto, incluido en mi 煤ltimo libro鈥. En castizo puede traducirse como maldad contra el 鈥渄iferente鈥. La diferencia, en mi caso, quedaba establecida por mi timidez, que luego fui superando, por no ser h谩bil para los deportes o por no festejar las bromas de los 鈥渃apangas鈥.

Fui un buen alumno durante la primaria y hasta primer a帽o de la secundaria; desde los catorce a帽os, para refugiarme de la realidad, me sumerg铆 en el ajedrez, un juego que es demasiado bello, con todo lo bueno 鈥攜 lo malo鈥 que eso supone. Jugaba torneos por las noches y pasaba horas y m谩s horas analizando partidas, en una 茅poca muy anterior a Internet; hoy en d铆a, no habr铆a podido despegarme de la pantalla.

Con Ana Guillot y Mar铆a Chapp en 2015

Termin茅 la secundaria sin dificultades acad茅micas, pero s铆 humanas. Cuando me desped铆 de todos mis 鈥渃ompa帽eritos鈥, mujercitas y varoncitos, sent铆 un alivio inconmensurable. En paralelo a la tristemente recordada escuela secundaria, curs茅 unos a帽os en el Conservatorio Provincial de M煤sica Juli谩n Aguirre, de Banfield. All铆 el ambiente era distinto a la escuela: buenos compa帽eros, profesores amables; el problema era yo, que estaba demasiado entusiasmado con el ajedrez como para prestar la debida atenci贸n a mis estudios de guitarra. Finalmente, dej茅 de cursar al empezar la Facultad. Ahora me arrepiento, porque la m煤sica es una de mis pasiones, al menos como oyente.

En marzo de 1988 comenc茅 la carrera de Derecho en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, que por entonces funcionaba en el Colegio Comercial de Adrogu茅. Como se ver谩, toda mi educaci贸n fue p煤blica. En la Facultad, y al contrario de lo que me sucedi贸 durante la secundaria, tuve una buena relaci贸n con mis compa帽eros; de algunos de ellos me hice amigo, y a煤n lo son, como Iv谩n Ponce Mart铆nez. Mientras cursaba la carrera con relativa vocaci贸n, segu铆a enfrascado en el ajedrez.

Mi apogeo en el juego fue entre 1992 y 1994, cuando estuve a punto de obtener el t铆tulo de MF (Maestro de la Federaci贸n Internacional de Ajedrez). Me recib铆 de abogado y poco despu茅s abandon茅 el 鈥渏uego ciencia鈥, ya que mis nervios 鈥渕e jugaban鈥 muy malas pasadas en los momentos decisivos, y las partidas a mi favor se daban vuelta. Resolv铆, por lo tanto, ser, desde entonces, espectador o, ya mucho m谩s tarde, jugar ocasionalmente por Internet.

En cuanto a mi familia: mi padre, Daniel, falleci贸 en diciembre de 2007; ten铆a inquietudes art铆sticas, escribi贸 algunas canciones 鈥攍etra y m煤sica鈥 que no llegaron a divulgarse. Lamento que no haya conocido ni uno de mis sonetos 鈥攅mpec茅 a escribirlos en 2011鈥, porque intuyo que le hubieran agradado m谩s que mis poemas en verso libre. De mi madre, Marta, que adem谩s de odont贸loga es profesora de piano, hered茅 poco 鈥攄esafortunadamente鈥 de su intuici贸n y de su fuerza de voluntad, y tal vez algo m谩s de su sentido art铆stico. Mi hermana, Silvina, es compositora, muy talentosa, seg煤n mi punto de 鈥渙铆do鈥, aunque la docencia apenas si le deja tiempo para dedicarse a su verdadera vocaci贸n, que es la creaci贸n musical.

Recuerdo con mucho afecto a mi abuela Ana, con quien pas茅 casi todas las ma帽anas de mi primera infancia, porque mi madre trabajaba en el Hospital Gandulfo, de Lomas; falleci贸 cuando yo ten铆a dieciocho a帽os, de modo que no alcanz贸 a conocer mi faceta de escritor. Aunque desde chico me gustaba leer, sobre todo diccionarios, atlas, libros de ciencia, durante los diez a帽os en que me absorbi贸 el ajedrez disminu铆 mucho mi ritmo de lectura. A partir de 1994, volv铆 a ser un lector bastante voraz y al mismo tiempo, y de a poco, comenc茅 a escribir.

聽鈥 De a poco.

鈥 Y a los veinticuatro a帽os. Y no escribiendo poemas, sino cuentos. No eran estrictamente 鈥渕alos鈥, pero intentaba ser demasiado 鈥渃orrecto鈥 y eso les quitaba espontaneidad. Algunos los reescrib铆, con m谩s 鈥渆stilo鈥, y creo que son dignos 鈥攗no, incluso, se transform贸 en una obra de teatro鈥. No sabr铆a precisar cu谩ndo intent茅 perge帽ar mi primer poema; acaso hacia 1996. No hab铆a sido un gran lector de poes铆a. S铆 hab铆a le铆do con infinita admiraci贸n los cuentos y poemas de Jorge Luis Borges; me volcaba m谩s a las novelas: 鈥淟a monta帽a m谩gica鈥, de Thomas Mann, 鈥淧adres e hijos鈥, de Iv谩n Turgeniev, 鈥淓l primo Basilio鈥, de E莽a de Queiroz, entre las que recuerdo sin esmerarme.

Al rondarme la poes铆a me interes茅 m谩s en la lectura. Entre los autores que fui descubriendo, Fernando Pessoa me deslumbr贸. Est谩bamos a mediados de los noventa, a帽os en los que preponderaba 鈥淒iario de Poes铆a鈥 y sus dict谩menes. Por entonces, yo no lo sab铆a conscientemente, pero hab铆a un clima de 茅poca que, qui茅rase o no, uno no ten铆a m谩s remedio que seguir, sobre todo si era joven y con poca experiencia literaria. Como hab铆a le铆do en algunas de las revistas en boga que la rima estaba perimida, me cuidaba de usarla; hasta cambiaba las palabras finales de los versos si notaba rimas, incluso asonantes, a cuatro o cinco versos de distancia…

A pesar de estas prevenciones, que ahora considero est煤pidas, ya en mis primeros poemas, pasables, regulares o directamente malos, considero que se pod铆a o铆r una voz m谩s o menos propia. Nunca intent茅 escribir 鈥渁 la moda鈥, parecerme a los que ganaban premios, puestos rentados en el mundillo de la cultura, becas, etc. Aunque s铆 me inficionaban en la cuesti贸n formal con sus recetas, 茅stas no influ铆an en mis preocupaciones tem谩ticas, que a lo largo de m谩s de dos d茅cadas no han variado demasiado.

As铆 se fueron acumulando los textos, sobre todo poemas, escritos en cuadernos de tapa dura y tambi茅n a m谩quina de escribir (a煤n no usaba computadora). En 1999, con una carpeta llena de poemas, fui a ver a Alejandrina Devescovi, de Ediciones Botella al Mar, con el prop贸sito de publicar mi primer libro. A Alejandrina le gustaron, pero por mi tendencia a postergar todo, la idea de publicar qued贸 en eso, aunque segu铆 escribiendo y participando de concursos. Por el 2000 envi茅 poemas a la revista 鈥淟a Guacha鈥; uno de ellos lo coment贸 favorablemente el poeta salte帽o, a quien yo ya hab铆a le铆do y estimaba, Santiago Sylvester, lo cual me estimul贸.

En 2003 comenc茅 la carrera de Letras en la Facultad de Filosof铆a y Letras, donde me recib铆 en 2013: lenta cursada, por razones laborales especialmente. Mis experiencias en aquellas aulas fueron variadas: tuve buenos compa帽eros y algunos profesores valiosos, as铆 como otros saturados de esnobismo.

Se podr铆a decir, grosso modo, que son dos los actores que definen qu茅 se lee: el 鈥渕ercado鈥, en el que cada d铆a m谩s se incluyen como autores capitostes del periodismo devenidos novelistas, y lo que en otro poema llamo la 鈥淎cademia鈥, es decir todo el aparataje cr铆tico que deriva de las facultades de letras, en especial la Universidad de Buenos Aires.

Cuando uno cursa la carrera va conociendo autores que son venerados en el 谩mbito universitario, en muchos casos, como fetiches. No quiero hacer nombres, tampoco me referir茅 al g茅nero novel铆stico, del que, salvo excepciones, estoy un tanto apartado. Pero creo poder opinar sobre poes铆a. Y es aqu铆 la gran cuesti贸n: desde las c谩tedras de Literatura Argentina se impuso toda una moda acerca de la poes铆a que 鈥渞epresenta nuestra 茅poca鈥.

Por ejemplo, si los 鈥90 fueron sin贸nimo, a nivel social, de ego铆smo, pobreza espiritual, ramploner铆a, la poes铆a que refleja ese per铆odo debe ser pobre, ramplona, incluso 鈥渆go铆sta鈥 con sus lectores, a los que no se les brinda ning煤n grado de belleza, ya no digamos epifan铆a, que puede sonar anticuado y aun confesional. Un buen n煤mero de quienes lean estas l铆neas podr谩n pensar, sin mayor esfuerzo, en unos cuantos nombres propios que es ocioso mencionar, pero que manejan todos los resortes de la 鈥渕ovida鈥 po茅tica: premios, invitaci贸n a festivales aqu铆 y acull谩, art铆culos en los suplementos culturales.

鈥 Arrancaste con un primer libro y un primer premio.

鈥 A fines de 2004, mientras segu铆a escribiendo, trabajando como abogado en un estudio jur铆dico y cursando dos veces por semana la carrera de Letras, particip茅 con unos diez poemas de un certamen organizado por la Editorial de los Cuatro Vientos. El acto de premiaci贸n fue en marzo de 2005 en una sala del Centro Cultural General San Mart铆n. Para mi sorpresa, obtuve el primer premio, y con ello la publicaci贸n de mi primer libro, 鈥淧unto rojo鈥. Son cincuenta

Con 脕lvaro Mata Guill茅, Piero De Vicari y Mario L贸pez

poemas, todos en riguroso verso libre 鈥攙alga la paradoja鈥, con una puntuaci贸n equ铆voca, porque supon铆a o me hab铆an inculcado que as铆 hab铆a que escribir poemas para no pasar por antiguo. (Creo, de todos modos, que esa clase de puntuaci贸n, o su falta, que ahora desapruebo, no perjudican la lectura de los textos.)

Aunque los premios no prueban que se escriba bien, operan de aliciente, sobre todo como en este caso: no medi贸 ninguna clase de amiguismo, porque no ten铆a la menor idea de qui茅nes eran los miembros del jurado, desconocimiento que aseguro, era rec铆proco. Y fue a partir de all铆 que comenc茅 a asistir con cierta regularidad a algunos de los espacios de lectura p煤blica que hab铆a y hay en Buenos Aires. Fui invitado a leer por Susana Cattaneo en su ciclo 鈥淓xtranjera a la Intemperie鈥 y present茅 mi primer libro en el Caf茅 Literario 鈥淎ntonio Aliberti鈥, coordinado por Luis Ra煤l Calvo, Amadeo Gravino, Julio Bepr茅 y Estela Kallay. (En este ciclo present茅 mis tres libros, en mayo de 2006, octubre de 2010 y junio de 2017).

En una reuni贸n en la Sociedad Argentina de Escritores, a fines de 2005, hab铆a conocido a Graciela Maturo. Le entregu茅 un ejemplar de mi flamante libro y muy atentamente lo ley贸 y lo elogi贸, al punto que se ofreci贸, con la generosidad que la caracteriza, a presentarlo.

Con Amalia Mercedes Abaria, Beatriz Minichillo y Alejandro Drewes

Mientras segu铆a escribiendo, segu铆a imbuy茅ndome de Borges y Pessoa, pero las lecturas de la Facultad me restaban tiempo para leer lo que realmente deseaba e incluso para escribir poes铆a o narrativa. Desde luego, hay unas cuantas cosas que rescato de mi paso por Filosof铆a y Letras, entre otras, haber cursado Literatura Norteamericana en la c谩tedra del profesor Rolando Costa Picazo. Esta materia, junto con los rudimentos de Lat铆n y Griego 鈥攊diomas de los que desconoc铆a casi todo鈥 fueron los puntos m谩s altos de la carrera.

Y as铆 pasaron los a帽os y los poemas hasta 2010, cuando publiqu茅 mi segundo libro, 鈥淢aterial de interiores鈥, en este caso en una edici贸n costeada por m铆, como ocurre en la casi generalidad de los casos, y sin distribuci贸n, salvo los ejemplares que pude dejar en alguna que otra librer铆a del centro de Buenos Aires, de la zona de la Facultad, y de la ciudad de Mar del Plata. Como suele pasarles a todos, tambi茅n yo me fui desprendiendo de los ejemplares, intercambi谩ndolos con los de otros autores o regal谩ndolos a amigos y conocidos.

Durante la segunda mitad de 2010 retom茅 la escritura de cuentos y relatos. Disfrut茅, m谩s all谩 de su valor, intent谩ndolos. Con uno de ellos obtuve

Con Andr茅s Utello, Mar铆a Amelia D铆az, Hugo Francisco Rivella, Alfredo Palacio, Marta Braier, Carlos Carbone y Dar铆o Lobato

una menci贸n en un concurso del Colegio de Abogados de la Capital Federal. Sin embargo, en enero de 2011, y mientras escrib铆a un cuento que sent铆a que no iba ni para atr谩s ni para adelante, not茅 cierta saturaci贸n, no s茅 si por el g茅nero o por mi falta de inspiraci贸n. Puse mi mente en barbecho, y en unas semanas, como un acto de rebeld铆a inaudita, al menos en estos lares y en estos tiempos, comenc茅 a escribir sonetos.

 

Y s铆, sonetos. Los hab铆a le铆do, pero nunca fueron mi lectura po茅tica exclusiva; me deleitaban los de Francisco de Quevedo, sobre todo, pero no hab铆a casi intentado escribirlos, quiz谩 porque estaba 鈥渧edado鈥 por el ambiente. Recuerdo tambi茅n, ahora que perge帽o esta semblanza, haber recibido en 2010 una antolog铆a de sonetistas brasile帽os, enviada por un escritor de Brasilia 鈥攖en铆a por entonces contacto con escritores de Brasil鈥: fue muy placentera la lectura de autores que desconoc铆a, pero que son nombres capitales de las letras de aquel pa铆s, que tuvo una literatura muy rica a lo largo del siglo XIX, m谩s plena que la nuestra, entre otras cosas porque no vivieron en permanentes guerras entre facciones, como ocurri贸 aqu铆 al menos hasta 1860 y m谩s a煤n.

Hasta ahora llevo escritos m谩s de mil seiscientos sonetos; la cantidad no garantiza nada, pero hago referencia a ello para dar idea de mi pasi贸n por esta forma po茅tica. En cuanto a los temas, no son distintos de los que abordaba ya en 鈥渧erso libre鈥, definici贸n un tanto vidriosa. En muchos, la voz po茅tica era la

Con Carlos Carbone y Daniel Arias

m铆a; en otros, sobre todo al principio, me volqu茅 a los mon贸logos dram谩ticos, ya sea con personajes hist贸ricos, literarios o prototipos de personalidad. Con excepci贸n de unos veinte, escritos en alejandrinos, los fui urdiendo en versos endecas铆labos; los cuartetos, seg煤n el esquema ABBA ABBA o ABAB ABAB, con libertad mayor en los tercetos; tengo algunos pocos en que s贸lo utilizo dos rimas para todo el poema.

Conozco las cr铆ticas que desde hace por lo menos un siglo se viene efectuando contra el soneto: los l铆mites, la forma como 鈥渂udinera鈥, las rimas previsibles, los ripios… No ser茅 original en la imagen: casi cualquier cosa puede hacerse bien o mal; tambi茅n un cuchillo puede servir para salvar una vida en manos de un cirujano o para matar en manos de un psic贸pata. En cuanto a los l铆mites, dir茅 lo que algunos amigos poetas me han escuchado repetir: para m铆 no son un obst谩culo, sino al contrario, un acicate. Uso una met谩fora futbol铆stica para ilustrar la cuesti贸n: a los cl谩sicos punteros, la raya del campo de juego no los inhib铆a; al contrario, serv铆an para que, por una especie de magia incomprensible, los defensores quedaran desairados. El genial Garrincha 鈥攁 quien le dediqu茅 uno de mis sonetos鈥 es el mejor ejemplo en este sentido.

Respecto a la forma, tras haber escrito cientos de poemas y de haber le铆do tanto m谩s, llegu茅 a la siguiente conclusi贸n: los mejores poemas no suelen tener menos de diez versos ni mucho m谩s de veinte. Y el soneto tiene catorce. Me da la impresi贸n de que es una especie de proporci贸n 谩urea, aunque no tengo pruebas para sostener la hip贸tesis, salvo la de mi convicci贸n. Por otra parte, el verso endecas铆labo, por su libertad acentual 鈥攅l 煤nico obligatorio es en la d茅cima s铆laba, los dem谩s pueden ser en sexta, octava y cuarta, y a ellos sumarles los de primera, segunda y tercera鈥 permite y promueve una variedad r铆tmica como ning煤n otro verso castellano. Esta explicaci贸n, que hoy puede parecer erudita sin serlo, pod铆a ser comprendida por cualquier alumno sensible de la secundaria de los a帽os cuarenta o cincuenta; ahora, intuyo que sonar谩 a algo esot茅rico…Mariano Shifman: sus respuestas y poemas - Eurasia Hoy

Las rimas previsibles son, seg煤n lo entiendo, poco valiosas, pero eso no es culpa del soneto sino del poeta. Abusar de las rimas gramaticales en 鈥渁do鈥, 鈥渋do鈥, 鈥渆nte鈥, 鈥渙n鈥, etc., demuestra falta de imaginaci贸n y originalidad, pero no prueba nada contra la forma. Los ripios 鈥攑oner cualquier palabra en posici贸n de rima, con tal que rime鈥 tambi茅n es una falencia del poeta y no de la forma. En arte 鈥攅n literatura, especialmente鈥 ninguna teor铆a es buena o mala en s铆 misma: lo que hay que juzgar es el texto una vez terminado. Si se quiere, esta idea es 鈥渞esultadista鈥, pero no me parece errada. Al poema hay que juzgarlo como tal y comprobar si suena bien, si conmueve, si deja pensando. Los caminos que hayan llevado a su concepci贸n pueden ser interesantes para los cr铆ticos y especialistas, pero al lector lo que le atrae es, me parece, el 鈥渜u茅鈥 antes que el 鈥渃贸mo鈥, o, por mejor decir, que el 鈥渃贸mo del c贸mo鈥.

鈥 Un p谩rrafo aparte: el 鈥渁mbiente鈥 po茅tico.

鈥 Todos conocen la f谩bula del rey desnudo: es plenamente aplicable a lo que sucede en el panorama po茅tico argentino desde hace d茅cadas. Har谩 un a帽o escrib铆 un soneto titulado 鈥淗arta cultura鈥, que publiqu茅 y volv铆 a publicar en Facebook. Fue bastante festejado porque refleja una realidad experimentada por escritores y, desde ya, artistas de otras disciplinas.

HARTA CULTURA

El rey est谩 desnudo, es evidente,
y por eso ninguno lo confiesa.
驴Qui茅n ignora que el rey lo sabe? Miente
quien gire lado a lado la cabeza.Mariano Shifman y su pasion del soneto | Palabra Abierta

Comprendo a todos: nadie es tan valiente
para inmolarse solo en la proeza
de anunciar la verdad 鈥攃lara, inocente鈥,
que a un loco de entre tantos interesa.

Digamos al un铆sono que el traje
es digno de quien porta un gran linaje.
Lucremos; perge帽emos m谩s estafas.

Y si hay alguien est煤pido o sincero,
gritemos que no ve o es embustero.
Y enceguezc谩moslo con nuestras gafas.

驴De qu茅 trata el poema? Del esnobismo como norma fundamental para juzgar el valor de una obra art铆stica; digo fundamental y no 煤nica, porque la otra vara tiene que ver con el amiguismo. Borges ponderaba a la amistad como la mejor de las virtudes argentinas, pero trasladado al 谩mbito en donde debe juzgarse qu茅 obra merece reconocimiento鈥 Aunque no s茅 si es la amistad la que prevalece en estas cuestiones, sino m谩s bien intereses cruzados, asociaciones de distinta laya en donde conviene que ganen unos para que ganen otros.

Con Gabriel Burgu茅s, Silvina Shifman y Federico Viggiano en 2013

El caso del Fondo Nacional de las Artes, al menos en el g茅nero po茅tico, es paradigm谩tico. Desde ya, cualquier criterio para dirimir qu茅 obra es la mejor entre varias decenas dejar谩 disconformes, pero no parece ser casual que casi invariablemente, en los premios otorgados por este benem茅rito organismo ganen 鈥減oemas鈥 que s贸lo tienen de tales el nombre. Aclaro, por si hiciera falta, que los tejes y manejes del Fondo 鈥攃omo as铆 tambi茅n de otras entidades nacionales, provinciales, municipales, etc.鈥 a la hora de elegir a qui茅nes 鈥渃anonizar鈥, vienen de lejos y son 鈥渢ransversales鈥, como est谩 de moda decir ahora, a todos los espacios pol铆ticos.

La 鈥淐ultura鈥 en la Argentina ha sido usurpada por unos pocos nombres que, aunque parezca incre铆ble, se esmeran en elegir lo que a cualquier lector desprevenido le resultar铆a lisa y llanamente sopor铆fero. Podr铆a hacer nombres, pero ser铆a injusto 鈥攃omo suele decirse, aunque aqu铆 en sentido inverso鈥 porque dejar铆a afuera a unos cuantos. Intuyo, adem谩s, que no hace falta. S贸lo es necesario verificar 鈥攅s f谩cil hoy en d铆a a trav茅s de Internet鈥 qui茅nes son los jurados de los premios m谩s importantes, en cuanto a reconocimiento econ贸mico, 鈥減restigio鈥, posibilidad de viajes, de invitaciones, de pensiones vitalicias, etc., para darse cuenta que unos pocos y pocas tejen una red indestructible de acomodos, favores mutuos, canonj铆as y otras yerbas 鈥渓egales鈥, pero no por eso menos t贸xicas.

Con H茅ctor 脕lvarez Castillo

A riesgo de parecer reiterativo, o de serlo, no puedo dejar de hacer hincapi茅 en estas cuestiones, porque, presiento, tienen que ver con el alejamiento de la gente culta y con inquietudes literarias respecto de la poes铆a contempor谩nea, sobre todo si comparamos cu谩l era la situaci贸n en d茅cadas que hoy pensamos como prehist贸ricas, por toda el agua 鈥攎ucha de ella turbia鈥 que ha corrido bajo el puente. Pienso en Baldomero Fern谩ndez Moreno, cuyos versos eran recitados de memoria e incluso a los tan defenestrados poetas de la Generaci贸n del 40.

鈥 驴S贸lo tradujiste ese par de poemas del brasile帽o Anderson Braga Horta incorporados a la antolog铆a de su obra editada en Per煤?

鈥 Esas son las 煤nicas de mis traducciones que se han difundido. En Lima, s铆, hace dos a帽os. Me estoy animando, en ocasiones, a esa labor imposible. Traduje tambi茅n, pero s贸lo para m铆, al menos hasta el momento, poemas de Paul Verlaine, Alfred Tennyson y Robert Browning. La traducci贸n, en especial la po茅tica, exige un grado de dedicaci贸n y amor muy altos. Destaco, a tres excelentes poetas que son paralelamente brillantes traductores: Ricardo H. Herrera, Alejandro Bekes y Pablo Anad贸n.

Con Mar铆a Esther V谩zquez

La traducci贸n de poes铆a plantea una serie de dilemas, al punto que algunos grandes poetas han negado su derecho a la existencia, entre ellos Robert Frost, nada menos, que dijo que poes铆a es lo que no puede plasmarse en la traducci贸n, lo que queda fuera de ella. Yo no ser铆a tan tajante como Frost, pero comprendo cu谩ntas y qu茅 arduas son las dificultades. 驴A qu茅 darle preferencia: al sentido o a la m煤sica? 脡sa es la duda primordial. Porque el prop贸sito del traductor, se supone, es ser lo m谩s fiel posible al original, pero tambi茅n desea que su versi贸n suene a poes铆a en la lengua 鈥渕eta鈥. La dificultad se acrecienta mucho m谩s en la traducci贸n de formas fijas y/o rimadas o desde idiomas muy lejanos.

A veces, he notado, la versi贸n es un poema m谩s bello que el original, pero por eso mismo es otro. Es una cuesti贸n apasionante, pero, aqu铆, en caso de duda, no hay que abstenerse, como nos sugiere el famoso refr谩n, sino seguir intent谩ndolo.

鈥 Internet me entera a trav茅s de un portal uruguayo que has conocido al poeta Oscar Corbacho (1922-2015), al que s贸lo vi cuando particip贸 del segmento de lecturas programadas de 鈥淟a Anguila L谩nguida鈥, muestra de poes铆a que he coordinado en 2004.

Con Piero De Vicari

鈥 Gracias por la menci贸n, Rolando. A Oscar Corbacho lo conoc铆 en julio de 2013 en la SADE, durante la presentaci贸n de un libro de sonetos que hab铆a escrito en conjunto con Alfredo A. De Cicco. Conoc铆a ya a este 煤ltimo poeta, de la misma generaci贸n que Oscar y fallecido en 2016, pero no a Corbacho. Cuando termin贸 la presentaci贸n, me acerqu茅 a saludar a ambos, me obsequiaron un ejemplar del libro y aprovech茅 para comentarle a Corbacho que yo tambi茅n escrib铆a sonetos: era una 鈥渞ara avis鈥, sobre todo por mi edad. Tambi茅n le ped铆 su direcci贸n de e-mail para enviarle algunos poemas 鈥攂谩sicamente sonetos鈥, que a煤n no hab铆a publicado en libro.

Con el correr de las semanas, el intercambio cibern茅tico-postal fue muy enriquecedor; a Corbacho le sorprendieron mis sonetos, sobre todo la variedad tem谩tica; me dec铆a que no se notaban versos forzados o encabalgamientos artificiosos. Nos empezamos a encontrar en un caf茅 cercano a su casa; me fue obsequiando casi todos sus libros; no le quedaban ejemplares de aqu茅l con el que obtuviera el Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires en 1972, pero tuve la suerte de conseguirlo en una librer铆a de la avenida Corrientes. Quiero destacar qui茅nes fueron jurados en esa ocasi贸n: Mar铆a Granata, Ricardo Molinari, Sigfrido Radaelli, Francisco Tomat Guido y Ra煤l Gonz谩lez Tu帽贸n鈥

Me parece que la sola menci贸n de estos nombres da una pauta de la calidad po茅tica de Corbacho. A pocos meses de su muerte escrib铆 una nota sobre su obra

Con Rafael Felipe Oteri帽o

鈥攜 sobre 茅l, que formaban, como en pocos casos, una unidad monol铆tica鈥, difundida en el n煤mero 32 de la revista 鈥淗ablar de Poes铆a鈥; el art铆culo puede leerse por Internet. Lo m谩s importante es que incluye una selecci贸n con seis de sus poemas, y no solamente sonetos. Era a mi criterio tambi茅n muy talentoso en las formas libres, pero no por eso privadas de m煤sica.

鈥 驴Qu茅 reflexi贸n te promueve, Mariano, lo que a continuaci贸n voy a transcribir de la novela 鈥淓l viaje del elefante鈥 de Jos茅 Saramago?: 鈥淩ealmente, la mayor falta de respeto para con la realidad, sea ella, la realidad, lo que quiera que sea, que se puede cometer cuando nos dedicamos al in煤til trabajo de describir un paisaje, es tener que hacerlo con palabras que no son nuestras, que nunca fueron nuestras, vean, palabras cansadas, exhaustas de tanto pasar de mano en mano y dejar en cada una parte de su sustancia vital. Si escribimos, por ejemplo, las palabras arroyo cristalino, de tanta aplicaci贸n precisamente en la descripci贸n de paisajes, no nos detenemos a pensar si el arroyo sigue siendo tan cristalino como cuando lo vimos por primera vez, o si dej贸 de ser arroyo para transformarse en caudaloso r铆o, o, maldita suerte esa, en la m谩s repugnante y apestosa de las ci茅nagas. Aunque no lo parezca a simple vista, todo esto tiene mucho que ver con esa valiente afirmaci贸n, m谩s arriba consignada, de que simplemente no es posible describir un paisaje y, por extensi贸n, cualquier otra cosa鈥.

Con Sof铆a Rodr铆guez Garc铆a y M贸nica Scaldaferro

Es una reflexi贸n que me interesa, y con la que estoy de acuerdo en l铆neas generales. Reconozco que, al leer novelas, la descripci贸n de paisajes, aun si est谩 bien lograda desde el punto de vista estil铆stico, tiende a aburrirme. Se justifica cuando la descripci贸n apunta a revelar indirectamente rasgos de los protagonistas o del entorno social en que se mueven. En cuanto al uso de ciertos t茅rminos, sobre todo de adjetivos que parecen casi ep铆tetos, como 鈥渃ristalino鈥 para arroyo, s铆, desde luego, tienden a estar gastados.

Recuerdo a prop贸sito de la pregunta, una opini贸n del gran cuentista Abelardo Castillo 鈥攏o la citar茅 textualmente, s铆 lo sustancial鈥: un narrador tiene que animarse a emplear el lenguaje que usa naturalmente, escribir 鈥渧idrio鈥 antes que cristal. Si uno lee la prosa de Borges, literal, literariamente perfecta, notaremos que nunca es rebuscado; mucho menos, cr铆ptico. Si se nos escapa algo se deber谩 a un desconocimiento nuestro como lectores, no a que no haya sabido qu茅 quer铆a significar 鈥攁lgo que para muchos cr铆ticos 鈥渆strellas鈥, no es un defecto sino un m茅rito eminente鈥.

Con otros poetas participantes del Festival Internacional de Poes铆a de San Nicol谩s

鈥 驴D茅 qu茅 dos o tres novelas que hayas le铆do por primera vez en lo que va del siglo te hubiera gratificado ser autor y en cu谩les de ellas te imagin谩s como un personaje posible? 驴Prev茅s animarte a la concepci贸n de alguna?

Debo decirlo: no soy un fervoroso lector de novelas. Me inclinaba m谩s al g茅nero a mis veintipico de a帽os. Cuando empec茅 a escribir cuentos y luego poes铆a, 茅stos fueron los g茅neros que prefer铆. Sin embargo, no he dejado de leer algunas, y muy buenas. Hay dos novelas que destaco y son absolutamente diversas en todo; 茅poca de escritura, perspectiva del autor, de los personajes, etc.: 鈥淢a帽ana en la batalla piensa en m铆鈥, de Javier Mar铆as, y 鈥淟os hermanos Tanner鈥, de Robert Walser. Menciono en primer lugar la novela del espa帽ol porque fue la que primero le铆, har谩 unos cuatro a帽os, pero fue escrita en los noventa; en cambio, 鈥淟os hermanos Tanner鈥 es de 1925, aunque tuve la suerte de descubrirla reci茅n el a帽o pasado.

De cualquiera de ellas me hubiera enorgullecido ser el autor. La de Mar铆as es una novela de narrador, la de Walser, la novela de un poeta. No tiene sentido intentar resumir las tramas de ambas, porque si bien interesantes, representan una m铆nima parte de su encanto. La forma, el lenguaje, las reflexiones son la esencia de ambos textos. Pens谩ndolo bien, no podr铆an ser m谩s distintas, y es extra帽o que ambas me gusten tanto. Robert Walser fue un escritor genial, de una sensibilidad extrema, con serios problemas ps铆quicos 鈥攏o descubrir茅 nada si digo que el genio y la 鈥渓ocura鈥 suelen estar emparentados鈥. Fue, quiz谩s, el escritor m谩s admirado por Franz Kafka, lo que ya dice mucho. En cuanto a la segunda parte de la pregunta: no me veo como protagonista en ninguna de ellas, si bien al leer la joya de Walser, uno no puede no sentir empat铆a con el protagonista.

Respecto a si me veo escribiendo una novela: hasta ahora, s贸lo fue una fantas铆a muy difusa, y tengo que pensar que no he sentido la necesidad siquiera de intentarlo. He tenido algunas ideas, s铆, pero quedaron en eso. Me ocurre algo especial con el g茅nero: considero que un novelista 鈥減or naturaleza鈥 no pone especial cuidado en el lenguaje y s铆 en la trama; y quien s铆 intenta urdir filigranas estil铆sticas, pone el foco en la forma, pero el fondo es vago, cuando no inexistente. Es lo que sucede, creo, con novelas de poetas. Son pocos quienes logran plasmar a un mismo nivel ambos aspectos, y ello es comprensible, porque una novela es un texto de largo aliento. Por esto es casi milagroso lo que consigui贸 Walser con 鈥淟os hermanos Tanner鈥, escrita a los veinticinco a帽os: lo tiene todo, puede leerse como un poema de 200 p谩ginas, y con esto no me refiero, desde luego, ni a la poes铆a 茅pica, ni a la llamada prosa po茅tica.

Ficha

Mariano Shifman naci贸 el 23 de noviembre de 1969 en Lomas de Zamora, ciudad donde reside, provincia de Buenos Aires, la Argentina. En 1992 obtiene el t铆tulo de Abogado por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y en 2013 el de Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Recibi贸, entre otros, premios y menciones en concursos organizados por las municipalidades de varias localidades de su provincia, por la Fundaci贸n Victoria Ocampo, por la Asociaci贸n Gente de Letras, por la Fundaci贸n Argentina para la Poes铆a (poemario in茅dito 鈥淎gua va鈥 en 2014). Textos suyos fueron difundidos en las revistas 鈥淗ablar de Poes铆a鈥, 鈥淕eneraci贸n Abierta鈥 (Buenos Aires), 鈥淪uplemento Literario del Estado de Minas Gerais鈥 (Brasil), 鈥淰ariaciones Borges鈥 (de la Universidad de Pittsburg, Estados Unidos), etc., y algunos se tradujeron al franc茅s, ingl茅s, neerland茅s, catal谩n y portugu茅s. Public贸 los poemarios 鈥淧unto rojo鈥 (Primer Premio Poes铆a XI Certamen Nacional de Poes铆a y Narrativa, 2005), 鈥淢aterial de interiores鈥 (2010) y 鈥淐uesti贸n de tiempo鈥 (con pr贸logo de Rafael Felipe Oteri帽o, 2016).

*Entrevista realizada a trav茅s del correo electr贸nico: en las ciudades de Lomas de Zamora y Buenos Aires, distantes entre s铆 unos veinte kil贸metros, Mariano Shifman y Rolando Revagliatti.

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