Dic 8 2007
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Cultura

Más allá de la política. – CLAVES DE LA LITERATURA VENEZOLANA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La resonancia que tienen su figura, su obra y el premio que lleva su nombre, hacen de Rómulo Gallegos (1884-1969, foto de apertura) un factor casi excluyente de la literatura de Venezuela. En todo el mundo, y con justicia, su impactante novela Doña Bárbara es considerada un hito, incluso, de la narrativa latinoamericana, y su magisterio sigue vigente más allá de las modas que impone el mercado.

Pero la literatura venezolana no acaba ahí, ni mucho menos. A lo largo de todo el siglo XX, por lo menos, decenas de narradores y estupendos poetas conformaron una literatura original y de avanzada.

Entre los nombres más conocidos, desde el llamado “boom” a nuestros días, hay que citar por lo menos a Salvador Garmendia (1928-2001), quien por Los pequeños seres y Memorias de Altagracia fue considerado por Angel Rama una suerte de Cortázar venezolano; a Denzil Romero (1938-1999), cuya multipremiada novela La Tragedia del generalísimo marcó un rumbo en la moderna narrativa histórica latinoamericana, y acaso se podría agregar al exitoso dramaturgo y polígrafo José Ignacio Cabrujas (1937-1995).

Para quien quiera acercarse a una narrativa más reciente y siempre intensa, ahí está la ya larga obra de Luis Britto García, ganador dos veces del Premio Casa de las Américas y cuyo nombre quedó asociado al “boom” desde su novela Abrapalabra, de 1979. También son muy recomendables dos novelas estupendas: Viejo, de Adriano González León, y Después Caracas, del notable y sutil novelista y ensayista José Balza.

A ellos deben sumarse, sin dudas, Ana Teresa Torres, autora de varias novelas, entre ellas la original El exilio del tiempo, y una pléyade de narradores en plena actividad, como Ednodio Quintero, Cristina Policastro, Carlos Noguera, Estefanía Mosca, Antonio López Ortega, Sonia Chocrón y, en Mérida, el sorprendente Alberto Jiménez Ure.

En el campo de la crítica, en Venezuela se han escrito y publicado importantísimos aportes, entre los que sobresalen los muchos libros de Alexis Márquez Rodríguez y del mencionado Balza, por lo menos.

Venezuela ha dado también grandes poetas: Miguel Otero Silva (1908-1985), Vicente Gerbasi (1913-1992) y Juan Liscano (1915-2001) están entre los maestros más apreciados por las jóvenes generaciones. Finalmente, y para cerrar este breve sobrevuelo, no es dato menor señalar que es en Venezuela donde se publica, desde 1974, la impresionante Biblioteca Ayacucho: casi 400 títulos de la que acaso sea la mejor colección de literatura latinoamericana.

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* Escritor y periodista.

Nació en la ciudad de Resistencia, Chaco, noreste argentino, en 1947. En la primera mitad de la década de 1981/1990 debió exiliarse en México, regresando a su país, y a su provincia, en 1990.
Entre sus novelas, relatos y ensayos se cuentan:
– La revolución en bicicleta,
– El cielo con las manos,
– Luna caliente (premiada en México)
– Qué solos se quedan los muertos
– Santo oficio de la memoria (Premio Rómulo Gallegos)

Addenda
foto
TEXTOS DE JIMÉNEZ URE

Sorprendente es el calificativo con el que Giardinelli define en este artículo a Alberto Jiménez Ure. ¿Quién es Jiménez Ure?

Los datos biográficos no definen ni describen, pero ayudan. Jiménez Ure nació en una pequeña ciudad del estado Zulia en 1952; vive en una provincia andina de Venezuela. Ha publicado una veintena larga de títulos: poesia, narrativa, ensayo.

Juan Liscano, también mencionado por Giardinelli, escribió que más allá del empeño de J.U. por sorprender, descolocar y golpear, la producción de este escritor “ofrece valores espirituales que merecen consideración especial”.

En 1981 Alberto Jiménez Ure publica Suicidios. Puede allí leerse: “Estamos gobernados por enfermos. Nuestro presidente y sus colaboradores se hunden en la retórica más asquerosa. Nuestras necesidades aumentan cada día”.

Es un escritor que agoniza desde la realidad; con aquella visible que nos rodea, pero además en aquella invisible de la que somos parte.

Vindicación del caos

Aquí está La Naturaleza,
Aquí El Hombre que la destruye.
La primera, afortunadamente, no piensa
Para no tener que defenderse del otro

Que, alevoso, la destruye.

Es mi thesis la Vindicación del Caos,

Porque El Todo irrumpió de La Nada:

Es, infaustamente, El Nacimiento destinado

A corromperse, para que ninguno de nosotros

subestimemos el poder que tiene todo cuanto ignoramos.

Aquí está La Naturaleza,

Aquí toneladas de seres

Que simulamos estar vivos frente a ella.

Albergue de disputas por permanencia y procreación,

Jamás le importará que explotemos sobre su faz multicolor:

O que deviniésemos para que igual lo hicieran

Los sufrimientos que acaban con nuestras presunciones.

Es mi thesis La Vindicación del Caos,

Porque sólo mediante el desorden de los sentidos

Puede entenderse que El Todo irrumpiese de La Nada.

Aquí está La Naturaleza,

Aquí las tribulaciones que impugnan
Nuestras fugaces sensaciones de felicidad.

Ella, siempre mítica,

La que no toma venganza

Y a quien le atribuimos

Una ferocidad antropomórfica.

También nosotros, iracundos

contra nuestra propia especie y otras:

Los descendientes ilusos, los sempiternamente

Presas del pánico ante aquello que no percibimos

Y que irremediablemente nos aguarda.

Es mi thesis La Vindicación del Caos,

Porque no somos cosa distinta a ello:

Lo que nunca tendrá orden ni corrección.

Lo que sobrevino para, absurdamente,

Intentar conseguir Poder y Bienes de Fortuna.

Y arreció la querella entre nosotros

Para después apagarse como la respiración.

Y fallecieron todos los hombres, mujeres y vástagos

Del tiempo cuando las tormentas eran eléctricas,

Porque ellos exaltaban el uso de las armas letales

E imponían el Credo de la Muerte frente al Credo de la Vida.

Aquí están los arrecifes que fijan en sus piedras la belleza,

Aquí nosotros que acudimos a verla a bordo de máquinas.

Los que necesitan golpearse se gritan y amenazan

Frente a La Naturaleza, que no piensa para no tener

Que defenderse de quienes, alevosos, la destruimos.

Aquí hallamos cualquier tipo de plántula, animal o insecto.

Aquí los auténticos monstruos somos los ufanos de «entendimiento»,
Pero es mi thesis «La Vindicación del Caos»: sin cuya aprobación

El Orden no trasciende la intencionalidad que lo precede.

Aquí están los clones sucesivos, que no por ello descendientes

De quienes igual lo fueron de La Bestia, del rostro que ocultamos

De su antiparte que no contrario: pueblan, enfurecidos, el mundo.

Han transcurrido milenios y todavía vemos a gente decapitada,

Ahorcados, ejecutados, hambrientos y suicidas-homicidas:

Hombres, mujeres y niños uniformados para infundir terror

Mediante actos crueles que impiden que nos resistamos a El Mal

[Que si es antropomórfico, que se viste y atrae con su pestilencia]

Aquí están los que ridículamente usan manteos

Para inspirar lástima frente a los que portan apagaseres

Y esparcen muertos en este que es y será territorio de nadie,

Simulación de materia indestructible y mutable.

Aquí están las nubes saturadas de agua

Y los obstinados a bordo de aviones, entranfe:

Quieren llegar a La Nada, sin saber que no partieron.

Pero es mi thesis La Vindicación del Caos:

Porque antes de El Nacimiento ya estuve cansado,

Motivo por el cual no pido a mis semejantes que asimilen

Mi pensamiento nihilista y mi frustrada vocación sacerdotal.

Aquí está La Realidad antropomórfica que se pone máscaras

Y no renuncia a la idea de ser uniformada para querellarse.

Aquí está La Naturaleza,

Aquí las criaturas que la infectamos:

Los desesperados por sobrevivir desconociéndonos.

Aquí están los volcanes que expelen lava hirviente,

Aquí la descomposición de la luz y los olvidados.

Yacen quienes ya no infieren entre sus iguales,

Los enviados a la quiescencia, los adeptos de La Sabiduría:

Ceremoniosa siempre, que a La Eternidad falsifica.

Aquí están los gobernantes,

Que emplean los dineros públicos

Para comprar las armas con las cuales hostigarán

A quienes los eligieron parar jurídicamente representarlos.
Aquí estamos nosotros, los sometidos por regímenes

Comandados por despiadados criminales y dementes.

Aquí estamos los hombres,

Sin los cuales la identificación y percepción universal

De las cosas e ideas no sería posible la irrupción del Conocimiento.

Aquí la Razón, utopía de conquista

De los Derechos Humanos contra los gobiernos

Despóticos o el logro de la Felicidad mayor para todos

Mediante reformas legislativas y la aplicación de la Violencia.

Pero es mi thesis La Vindicación del Caos:

Porque infunde el terror entre los Hacedores del Mal.

Y aquí estoy: filosóficamente,

Uno de los seres menos inhumanos

Que todavía ocupan un espacio

En la realidad y tiempo que padecemos o disfrutamos.

Soy una de las formas de la Simulación de la Existencia,

La Razón contra el Entorno Fatal: el velamiento forzoso

De lo oculto que tiene momentos de revelaciones.

Soy un escritor convicto y confeso

Por haber cometido obras literarias,

Pero alguien que no busca absolución oficial.

Soy un escritor culpable

Por haberme dedicado a la Literatura,

Pero permanezco impenitente.

Soy uno de los vástagos

De quien fue igual un descendiente,

Y padre de otras criaturas similares.

Pariente del escritor escocés y necrofílico Andrew Ure,

Pero es mi thesis La Vindicación del Caos.

Aquí está La Naturaleza

Y un depresivo-obsesivo,

Según dictamen psiquiátrico.

Me dediqué a la Literatura por Propensión Natural,

Que no por asirme al Catálogo de Atractivas Ofertas Laborales

De la Sociedad Postmodernista.

Para conducir mi existencia,

Siendo todavía infante,

Elegí El Juicio y descarté La Reverencia

Representada por la Capitulación de la Inteligencia.

Cometo Literatura porque la praxis escritural

Es la negación de la castración Intelectual de origen Secular.

Pero es mi thesis La Vindicación del Caos.

El curso del tiempo

Y la intervención de ciertas lecturas

Filosóficas o literarias me impulsaron

A concluir, sin prisa, que el Derecho Natural

Es el principal amigo del escritor

Y el Mercado el peor entre los sepultureros fortuitos que lo asedian.

Mediante la Narrativa, fundamentalmente,

Materializo la puesta en escena de mi inventiva.

Con mi Poesía, de inspiración obviamente Presocrática

[gnómica, aforística o enunciativa], fijo y organizo mis lucubraciones.

En mis trabajos literarios,

Muchas veces describo o recreo atrocidades.

Pero son igual filosóficos, religiosos,

Grotescos, absurdos o escabrosos.

Yo develo la Conciencia Lúcida e igual la Conciencia Atrofiada

De la especie a la cual, infaustamente, parece que pertenezco.

Aquí estamos La Naturaleza y yo:

En el Panorama de la Literatura Venezolana,

Un hacedor que inspira suspicacias

Y murmuraciones malsanas.

En la tradición literaria Latinoamericana,

Un autor que pudiera despertar curiosidad

Y que comienza a tener modestas oportunidades de difusión.

Pero, soy un escritor que no cesa

Y que no se desplaza en los trenes
Donde viaja la mayoría de los creadores.

Me inicié en el andén y no le temo a los rieles y vagones.

Pero, los extremos hacia donde intento diseminar mi Literatura

No son los de la comarca donde nací:

que me ha ininterrumpidamente preterido,

que no me conoce, que no admite mi disidencia

Ni mi Pensamiento Distinto.

Pero es mi thesis La Vindicación del Caos.

No resisto las pretensiones académicas

Que intentan ubicar o clasificar el producto de mi imaginación.

Pero, sugiero a los investigadores y críticos que lo enfrenten

o desechen [simplemente] de acuerdo

Con sus necesidades intelectuales.

Que no me exculpen.

Porque es la ejecución de un Arte,

La Literatura no admite ser cosificada

Para que alcance Plusvalía Económica o Académica.

Los críticos no deberían conformar pelotones

De «inteligentes mercenarios» al servicio

De fusilamientos o consagraciones de obras literarias,

Leídas y discutidas en los conciliábulos.

Porque los libros son los objetos de la Resistencia del Juicio

Ante una Realidad Irredenta. Muchos críticos, con su mueca horrenda

de pretendida erudición y talento, falsifican y vulgarizan el conocimiento

tras un antipático y asfixiante fichaje.

En el poema IV de Aciago, libro publicado por el rectorado de la Universidad de Mérida en 1995 se lee:

Mi experiencia es la del desarraigado y mi cuerpo se ha convertido
en el cuchitril en el que agonizo

Y en el poema XXV
Pero no soy un testigo porque no experimenté
el instante de mi creación o fecundación.

Para sentar en el poema XXVI:

He mirado ajusticiamientos colectivos
Humanos perseguidos por quienes portan ininteligibles y afiladas venganzas.

Por último, para poner carne al adjetivo sorprendente. de su Deus –enunciados poéticos–, publicado en 2003:

X
(Deus mea magnam)

Tu, que me lees
y deseas iniciarte monje,
tendrás que hallar tu propio
sendero hacia lo Providencial:
Porque Deus mea magna.
Deus mea dierum dux est.
Recordarás –cada instante–
Que non eadem via migrabis.

Deberás estudiar latín,
tratar de escribir algo en
esa sacra lengua que condensa
el pensamiento y los deseos de
la Providentia o Dominus.

Veniet Pater:
Tu nihil invita dices faciesve Deos.

Homo homini lupus,
dijo el filósofo Plauto.
Cierto: somos bestias que
cohabitan la misma selva
y sólo mediante la veneración
a Deus no seremos siempre lobos
que muestran las fauces a sus réplicas.

No olvidartás
–tampoco–
esta máxima latina:
Credo quiam absurdum.
Ante la cual yo, sin ambages,
sostengo: Homo homini excrementum.

Tu no eres impius y, por ello,
no te sentirás aludido por mis palabras.

Ille Deus mea puríssimus est tuus.

X

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