Jul 16 2009
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Cultura

Más de 80 y sumando: al Vitale lo que es del Vitale

Lagos Nilsson

Allá por los sesentas del siglo pasado comenzaba a destacarse fuera de los ámbitos familiares –en un sentido chamánico– de la izquierda chilena un tipo delgado de voz más aguda que grave e innegable acento argentino; que era representante de los trabajadores de la bioquímica, decian unos; no: de los gráficos, decían otros; que anarquista –entonces una palabra tan fea como ahora–, sostenían aquellos; horror, trotzkista, susurraban los más enterados. Se llamaba y se llama Luis Vitale. Y era todo eso. El asunto es que lo es todavía.

También algo más es. Por ejemplo: sobreviviente de los campos de "detención" sobre los que hoy, en 2009, pocos quieren hablar. Vitale conoció nueve prisiones sobre cuyos pocos "gerentes y agentes" condenados al parecer la presidenta Bachelet estaría considerando pensar indulto. Pero hablamos de Vitale y no de las vergüenzas chilenas.

Nació Luis Vitale Cometa allá por 1927 en el sur de la provincia de Buenos Aires, digamos que cerca del río que la separa de –o une con– la Patagonia; uno entre varios hermanos. Gente pobre la familia. Quizá "la Biblia junto al calefón", quizá, pero siempre un libro cerca de la artesa donde se lava la ropa familiar. Y la familia empujaba, empujó a los hijos. Vitale llegó a la Universidad de La Plata, en la capital de la provincia. Y se tituló.

A mediados de la década de 1951/60 cruza Los Andes. No, no quiere conocer Viña del Mar (o no viaja para conocer Viña del Mar); viene por razones de alta política. Todavia en esa época se hablaba sin tener vergüenza de revolución, y muchos pensaban que la revolución debía ser marxista (leninista o trotskista, para simplificar) y que los marxistas debían discutir, en cuanto discutir significa intercambiar –y conocerse.

Se avecindó en Chile el profe –que antes de ser académico ofició otro oficios igualmente dignos–, casó, tuvo una hija. Pero eso es otra esfera. A principios de los sesentas lo conocíamos: era un pesado, lo que quiere decir serio. Para entonces, y desde el 59, era dirigente de la CUT (la u es por única, no por esa farsa contemporánea de unitaria). Hacia 1962 –si mal no recordamos: elegimos a memoria y no Wikipedia– publica su Historia del movimiento obrero. El primero de alrededor de 70 libros y centenares, literalmente, de artículos y folletos y guías de cursos de autogestión popular.

En los noventas fue candidato al Premio Nacional de Historia. Naturalmente no lo obtuvo. ¿Pemio Nacional un tipo que escribe Interpretación marxista de la historia de Chile? ¿Premio Nacional un tipo que se manda una Historia general de América Latina? ¿Premio Nacional un tipo que se atreve a escribir Del tango a la salsa (y salir gloriosamente a bailar tango y salsa, y si lo apuran a cantar tango)? ¿Premio Nacional uno que escribe sobre La mitad invisible de la historia, cuando se refiere a la mujer?

Además debe ser difícil para la academia y las buenas conciencias digerir al quien todavía reivindica en su integridad a Clotario Blest –y sabe que la escalera del Palacio de Invierno no tenía extendida alfombra roja para los nuevos extraños visitantes que por ella subieron (aunque después nunca más pudieran subirlas).

¡Hay tanto historiador de esquina, de café, de salón, de opúsculo o de ósculo…! Vitale no tendrá el Premio Nacional: ¿el Premio a un argentino? ¿En Chile, los ingleses de América del "Sud"?

Never!

No importa. La obra de Vitale se estudia, discute, cita en el resto del mundo. Y en Chile por extensos sectores de la sociedad: marxistas, anarquistas, cristianos. Los pueblos saben lo que sus académicos desconocen. Quizá por eso todavía existen núcleos ciudadanos y no de "clientes". Tal vez por eso los políticos se describen como profesionales del engaño, almas sumergidas en el desvarío –o insalvables (y no es el historiador responsable de ello).

Más de ochenta años es cosa seria

Nos encontramos con Vitale en Venezuela allá por los años setentas. Y no lo recuerdo con el afán de "yo lo conocí". Hay otra razón. Los exilios no son buenos. La palabra que mejor los describe es la asignada por los atenienses al partir forzado: ostracismo; es decir: salir de la concha, quedar desnudo, solitario y en el frío –sin transar, que transar conduce a las concertaciones–. En ese entonces ya Vitale buscaba cómo regresar a Chile. Por una razón que algunos pueden considerar idiota: ama estas calles, estos álamos secos, estas playas heladas, estos cerros sin misericordia.

En los noventas, finalmente, el "herr professor" emérito de Frankfurt lo logró; alguna funcionaria pundonorosa y decente intervino, vaya a saber uno por qué, y Vitale recuperó su ciudadanía por adopción chilena. Lo que es mejor: tras la natural espera (¿por qué natural?) regresó a la Universidad de Chile.

Ya no es el activista que confluyó en la fundación del Mir. Tampoco el que olvida. Trabaja todas las horas del día en sus textos, colabora con los movimientos sociales y con "estudiosos" que entran a saco en sus obras y dichos sin reconocer la fuente, no contesta habitualmente a la burguesía ilustrada que a ratos obtiene renombre porque lo contradice o niega.

Vitale está ahí, en su casa pareada, casa humilde –como la de Virginia Vidal, como la que fue de Estela Díaz Varín, casa de los que no se venden– donde a veces recibe a sus amigos, a estudiantes, a jóvenes luchadores sociales. Y donde escucha un tango, ha colgado su violín y a veces no se enoja porque uno fuma –cuando él ya no puede fumar.

Este fin de semana (sábado 18 de julio, a las 16) en la Sociedad de Escritores de Chile –acaso una seña de la recuperación de la SECH– con un vino y sopaipillas se le celebrarán sus 82 años.

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2 Comentários - Añadir comentario

Comentarios

  1. Patricia Parga-Vega (La Ardilla)
    16 julio 2009 13:13

    A ese viejo hermoso, con el corazón de un adolescente. Lucidez y consecuencia a toda prueba.

    Yo también tengo el privilegio de haberlo conocido. Ahora que hablas de su casa… oh su casa, una verdadera covacha, nada de sencilla por la riqueza de las obras literarias que ahí se ofrecen generosas a sus visitantes.

    El viejo Vitale es de los grandes, de los que han construido la historia, además de escribirla. La memoria de los que se olvidaron. Vaya para él mi saludo y admiración. Ojalá que el año del bicentenario lo pueda visitar.

  2. Luis Nicolás R. Escobar
    18 julio 2009 14:35

    Es una maravilla saber que Don Luis se mantiene en pie, yo soy estudiante universitario, hace un par de meses fui censurado por uno de mis profesores al realizar un trabajo basándome en “La Interpretación Marxista de la Historia de Chile”, lo que me llevó más de algún dolor de cabeza, pero eso ya fue superado, he buscado textos de él, en los lugares más insólitos incluso, y aún no tengo resultados de ello.
    Es increible que uno de los grandes ideólogos y teóricos de la izquierda nacional no reciba el meritorio reconocimiento que debiera tener, y que más quisiera hoy poder acompañarlo en su cumpleaños, más el ser Hijo de profe nos hace trabajar además de estudiar, gracias por esta nota….muchas gracias