Mar 16 2015
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Pol铆tica

M谩s de un mill贸n protesta en contra de Dilma

Como suele ocurrir en ocasiones semejantes, hay discrepancias sobre el n煤mero de los manifestantes que ayer coparon calles en las 26 capitales provinciales de Brasil, adem谩s de Brasilia, capital federal, y por lo menos otro largo centenar de ciudades. Los organizadores hablan de dos millones. La suma de los datos de las respectivas polic铆as locales llega a un mill贸n y medio. Algunos diarios, a un mill贸n ochocientos mil.

De todas formas, el n煤mero de manifestantes super贸 holgadamente la cifra del mill贸n, como admite el mismo gobierno. Hasta el m谩s optimista de los organizadores se sorprendi贸. Y hasta el m谩s pesimista del gobierno se asust贸. Ha sido una indiscutible manifestaci贸n de insatisfacci贸n generalizada.

La gran sorpresa, en todo caso, fue Sao Paulo, principal basti贸n anti-PT y nicho m谩s importante de los que se oponen radicalmente al gobierno de Dilma Rousseff. Asesores de la presidenta dec铆an temer que el n煤mero de manifestantes superarse la marca de los cien mil y se acercase a la cifra esperada por los organizadores de la marcha, doscientos mil. Institutos de sondeo de opini贸n p煤blica calcularon, terminada la marcha, que al menos un mill贸n de personas desfil贸 por la avenida Paulista, coraz贸n financiero no s贸lo de la ciudad, sino del pa铆s. Y la Polic铆a Militar, encargada de mantener el orden, asegur贸 que march贸 un mill贸n y medio de personas. Es decir: como m铆nimo, algo as铆 como una Montevideo, poco m谩s de una Rosario, poco menos de una C贸rdoba entera en una sola avenida. Nadie, ni en sus m谩s grandes delirios (o peores pesadillas, seg煤n qui茅n), esperaba tanto.
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Hasta que la marcha de Sao Paulo saliese a la avenida, las mayores concentraciones hab铆an sido registradas en Brasilia y Belo Horizonte, con alrededor de 45 mil manifestantes. R铆o reuni贸 entre 15 y 20 mil. Luego vino la primera sorpresa, en Porto Alegre, ciudad que desde hace d茅cadas tiene al PT como principal partido preponderante y donde Dilma Rousseff hizo casi toda su trayectoria pol铆tica desde que sali贸 de las mazmorras de la dictadura: cien mil personas salieron a protestar.

El gobierno de Dilma, como se dice en el l茅xico del boxeo, sinti贸 el golpe, pero trat贸 de asimilarlo. O sea, admite que ha sido una se帽al clar铆sima de un cuadro adverso, pero asegura que tiene todas las condiciones para mantenerse en pie y reaccionar a la altura de lo que la circunstancia requiere.

A principios de la noche dos ministros, Miguel Rossetto, secretario general de la Presidencia, y Jos茅 Eduardo Cardozo, de Justicia, ofrecieron una conferencia de prensa. Trataron de pasar la imagen de un gobierno que tom贸 muy buena nota de las dimensiones de las marchas, aseguraron que el combate a la corrupci贸n 鈥搖no de los motores de las palabras de orden鈥 seguir谩 siendo combatida tal como est谩, por todos los medios pero siempre respetando las bases esenciales del Derecho. Otro argumento fuerte fue que el mismo d铆a en que se celebraron 30 a帽os de la vuelta de la democracia (un 15 de marzo, de 1985, el 煤ltimo general-presidente, o sea, el 煤ltimo dictador, abandon贸 el palacio presidencial por la puerta de los fondos), el pa铆s vive tal estabilidad que m谩s de un mill贸n de personas fueron a las calles a protestar y no pas贸 nada.

Rossetto, un articulador h谩bil, destac贸 esa estabilidad y reiter贸 la necesidad de que sean implantadas medidas de ajuste fiscal, pero a la vez resalt贸 que el gobierno est谩 completamente abierto al di谩logo con todas las fuerzas pol铆ticas, labr protesta oposici贸n inclusive.

Es un giro importante en la actitud hasta aqu铆 mantenida por Dilma desde que logr贸 su reelecci贸n, el pasado octubre, e inici贸 su segundo mandato presidencial, el primer d铆a del a帽o. Luego de cosechar seguidas e importantes derrotas en el Congreso, debidas principalmente a la deslealtad de los aliados, que la acusaban de no negociar antes las medidas enviadas a la aprobaci贸n parlamentaria, ahora parece que cambiar谩 de m茅todo.

No hubo incidentes, lo que ha sido un alivio para el gobierno. En S茫o Paulo, la polic铆a detuvo a un grupo de radicales que cargaba cohetes en mochilas. En R铆o, el 煤nico registro fue bastante m谩s suave: la polic铆a detuvo a media docena de ladrones de tel茅fonos celulares, y eso fue todo.

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