Ago 13 2017
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Pol铆tica

Masacre de antirracistas en Estados Unidos

Una pol茅mica manifestaci贸n organizada el s谩bado por grup煤sculos de la extrema derecha estadounidense -incluido el Klu Klux Klan- en Virginia se transform贸 en un drama luego de que un autom贸vil embistiera a una multitud de contramanifestantes antirracistas, dejando al menos tres muertos. 鈥淭enemos gente que vino a causar caos y problemas que resultaron en tres casos fatales aqu铆 en la ciudad de Charlottesville鈥欌, dijo el director de la municipalidad, Maurice Jones, en conferencia de prensa.

Este incidente aparentemente intencional se produjo poco despu茅s de que se prohibiera esa manifestaci贸n que estuvo salpicada de violentos enfrentamientos, una situaci贸n que llev贸 al presidente Donald Trump a condenar los hechos, pero sin responsabilizar por ellos a la derecha radical. 芦March谩bamos por la calle cuando un autom贸vil, una berlina negra o gris, se nos lanz贸 encima, golpe贸 a todo el mundo. Luego retrocedi贸 y nos volvi贸 a embestir鈥欌, relat贸 un testigo. En un video publicado en redes sociales, se ve c贸mo un coche oscuro golpea violentamente a otro veh铆culo por detr谩s y luego retrocede velozmente en medio de los manifestantes. El chofer del veh铆culo fue arrestado, seg煤n la municipalidad.

Veinte personas fueron trasladadas por socorristas, se帽al贸 el centro m茅dico de la Universidad de Virginia. Seg煤n varias personas que se encontraban en el lugar, las v铆ctimas eran contra-manifestantes antirracistas que llegaron a Charlottesville para denunciar la presencia de los grupos de la derecha radical, entre ellos el Ku Klux Klan y neonazis. En otro video se observaba el capot y el parabrisas del veh铆culo que embisti贸 a los manifestantes manchados con sangre.

Las violentas refriegas se registraron entre militantes antirracistas y grup煤sculos de la extrema derecha reunidos en esta localidad, obligando al gobernador de Virginia a declarar el estado de emergencia y a la polic铆a a prohibir la manifestaci贸n. En medio de nubes de gas lacrim贸geno, los enfrentamientos a golpes entre manifestantes de la derecha radical y contra-manifestantes se multiplicaban aun antes de comenzar la movilizaci贸n, con ri帽as, arroj谩ndose proyectiles e intercambiando golpes con palos. El clima sumaba tensi贸n porque los manifestantes portaban armas a la vista, algo que est谩 permitido por la ley en Virginia.

Los grupos de la derecha radical quer铆an denunciar y oponerse en forma unitaria al proyecto de Charlottesville de retirar de un espacio municipal la estatua del general confederado Robert E. Lee, quien luch贸 a favor de la esclavitud durante la Guerra Civil estadounidense. Algunos manifestantes, que apoyan la supremac铆a de la raza blanca, llegaron a esta localidad de Virginia enarbolando banderas confederadas, un s铆mbolo considerado racista por buena parte de los estadounidenses.

Ante la situaci贸n de violencia en la ciudad, el gobernador dem贸crata de Virginia, Terry McAuliffe, declar贸 el estado de emergencia, una medida que le permite movilizar una mayor cantidad de medios policiales.

En una conferencia de prensa improvisada desde su lugar de vacaciones en Bedminster (Nueva Jersey), el presidente Trump conden贸 鈥渆n los t茅rminos m谩s firmes posibles esta exhibici贸n atroz de odio, fanatismo y violencia procedente de varios lados鈥欌. El presidente dijo que 鈥渆l odio y la divisi贸n deben detenerse ahora. Tenemos que unirnos como estadounidenses con amor a nuestra naci贸n鈥欌.

Sus declaraciones se produjeron minutos despu茅s de que el alcalde de Charlottesville (Virginia), Mike Signer, confirmara la muerte de un manifestante. 鈥淭engo el coraz贸n destrozado por que se haya perdido una vida aqu铆鈥欌, escribi贸 en Twitter. Por su parte, Paul Ryan, el l铆der republicano en el Congreso, denunci贸 el viernes que esta reuni贸n de la extrema derecha ser铆a un 鈥渆spect谩culo repugnante鈥欌, basado en una 鈥渋ntolerancia vil鈥.

La primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, quien no acostumbra a realizar comentarios p煤blicos, se sum贸 a la condena al sectarismo. 鈥淣ada bueno sale de la violencia鈥欌, escribi贸 en su cuenta de Twitter.

El gobernador McAuliffe hab铆a exhortado el viernes a los habitantes de la ciudad a que no asistieran a la manifestaci贸n. 鈥淟as numerosas personas esperadas (el s谩bado) en Charlottesville quieren expresar ideas consideradas por mucha gente, incluido yo mismo, como abyectas. Mientras lo hagan pac铆ficamente, est谩n en su derecho鈥欌, se帽al贸 el gobernador, quien hab铆a ordenado a las fuerzas del orden 鈥渁ctuar r谩pidamente y de forma decisiva鈥欌 en caso de que hubiera actos de violencia.

Los organismo defensores de derechos civiles estaban en alerta. 鈥淓ste evento podr铆a ser una vitrina hist贸rica de odio, reuniendo en un solo lugar un n煤mero de extremistas in茅dito desde hace al menos una d茅cada鈥欌, hab铆a advertido Oren Segal, director del Centro sobre extremismo de la Liga Antidifamaci贸n, una asociaci贸n que lucha contra el antisemitismo.

El 8 de julio, algunas decenas de miembros del Ku Klux Klan ya se hab铆an reunido en este tranquilo y pintoresco pueblo, muy superados en n煤mero por los manifestantes antirracistas. Esta vez, la derecha nacionalista esperaba atraer a m谩s seguidores, gracias a la presencia de varios integrantes del movimiento Alt-Right (Derecha alternativa), que apoy贸 a Donald Trump durante su campa帽a.

Las palabras y los hechos en Virginia

Editorial La Jornada|
Hace poco m谩s de un mes varias decenas de manifestantes de la m谩s rancia y violenta ultraderecha estadunidense protestaron, en la virginiana ciudad de Charlottesville, porque las autoridades locales hab铆an decidido retirar de un parque p煤blico la estatua del general Robert E. Lee, hist贸rico conductor de los secesionistas defensores de la causa esclavista. Los quejosos, pocos pero vehementes, se reivindicaron como integrantes del Ku Klux Klan (KKK), la funesta coalici贸n de organizaciones racistas que desde su fundaci贸n, en la segunda mitad del siglo XIX, ha sido punta de lanza del supremacismo blanco en Estados Unidos. Se帽alamos en esa ocasi贸n que su reaparici贸n p煤blica resultaba inquietante pero no sorprendente, habida cuenta del discurso discriminatorio que impregna al conjunto de la administraci贸n Trump, con su presidente en primer lugar.

Ayer, en la misma localidad de Virginia, las huestes del KKK volvieron a salir a las calles, ahora m谩s nutridas y beligerantes, agitando banderas confederadas (s铆mbolo de quienes en la Guerra de Secesi贸n estadunidense defend铆an la esclavitud) y gritando consignas nazis como Sangre y tierra, lema del Ministerio de Agricultura de Hitler, y terminemos con la inmigraci贸n. El tono de la demanda derechista fue subiendo en intensidad y se convirti贸 en abierta violencia f铆sica contra un grupo de contramanifestantes: el saldo provisional del episodio fue de al menos un muerto y alrededor de 30 heridos.

Como era previsible, no tardaron en producirse las expresiones oficiales de reprobaci贸n y condena a los disturbios en general, como si se tratara de un enfrentamiento entre facciones igualmente fan谩ticas e intolerantes, y no de una confrontaci贸n entre quienes propugnan la descabellada supremac铆a de una raza sobre las dem谩s y quienes se oponen a ella en nombre de la raz贸n.

Destacan, especialmente, las declaraciones del propio Donald Trump en torno a los hechos, porque ponen al desnudo 鈥搖na vez m谩s, por si hiciera falta鈥 la incapacidad que tiene para relacionar los contenidos de su pr茅dica diaria con los comportamientos que 茅sta fomenta. Parece ignorar que cada una de las observaciones ofensivas y descalificatorias que hace respecto de nacionalidades, etnias, minor铆as o personajes contra los cuales tiene arraigados prejuicios, estimula las peores pasiones de un cuerpo social que posee una larga historia en materia de excesos, arbitrariedades e injusticias raciales. Cuando se refiere a los hechos de Charlottesville como una exhibici贸n indignante de odio, fanatismo y violencia olvida (o al menos eso parece) que esos son, precisamente, los ingredientes que su discurso distribuye a diario entre sus seguidores m谩s recalcitrantes. Por eso cuando exhorta a sus compatriotas a estar unidos y condenar todo aquello que el odio representa, sus palabras suenan m谩s a f贸rmula de compromiso que a convicci贸n verdadera.

Porque conviene insistir en que Trump, en sus expresiones de censura, no se帽al贸 como responsables del enfrentamiento a los organizadores de la manifestaci贸n, sino que prefiri贸 aludir a la divisi贸n entre los estadunidenses, emparejando de ese modo nada menos que al Ku Klux Klan 鈥揳帽ejo perpetrador de cr铆menes鈥 con el pu帽ado de j贸venes que se limitaban a estar parados cerca de la rotonda de la Universidad de Virginia sosteniendo pancartas en las que se le铆a Estudiantes de Virginia contra el supremacismo blanco.

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