Abr 4 2018
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Política

Matar o morir en un mundo en crisis: Donald Trump profundiza su política proteccionista

 

Donald Trump volvió a convulsionar el tablero del mercado mundial, al  anunciar el 8 de marzo la firma de dos decretos donde establece aranceles a las importaciones del acero y aluminio, en un 25% y 10 % respectivamente, en una pulseada que evidencia nuevamente su estrategia de un nacionalismo proteccionista, desde donde pretende consolidar unilateralmente su poderío mundial.

La medida que toma el mandatario estadounidense –representando fracciones de capital del complejo industrial militar/de seguridad con asiento en el Pentágono y la CIA, parte de las petroleras y otras ramas productivas retrasadas-, es parte de su política de “América First” (“Norteamérica Primero”).Resultado de imagen para Trump y el acero

Roberto Azevedo, director de la Organización Mundial del Comercio (OMC), expresó que estos aranceles generan “una escalada difícil de revertir”, como el preludio de una guerra comercial con profundas consecuencias para el mercado mundial, también vaticinado por Christine Lagarde, la directora del FMI, durante la reunión del G-2O en Argentina.

La medida arancelaria fue tomada en base al reporte del Departamento de Comercio de EE.UU., donde se señala que las importaciones de acero (30% en 2017) eran una “amenaza para la seguridad nacional”. Es que, se sabe, dichas commodities son la base de construcción de infraestructura crítica y de la fabricación militar para la defensa. “La industria del acero y el aluminio en Estados Unidos ha sido devastada por prácticas comerciales extranjeras agresivas” dijo el mandatario en la Casa Blanca.

El mensaje está dirigido especialmente a China, argumentando que, por un lado, está inundando el mercado mundial de acero y además, las exportaciones de bajo costo de dicho país están dañando la viabilidad de la industria estadounidense. Pero el arancel impuesto al acero chino desde EE.UU. viene desde hace unos años. En 2009, Obama impuso desde Washington la mayor barrera comercial contra Beijing, a través de aranceles “antidumping” en el escenario poscrisis 2008.

Resultado de imagen para Trump y el aceroA fin de cuentas, la medida de Trump parece más una maniobra destinada a mostrarle al mundo el poderío de su imperialismo y una provocación al gigante asiático, ya que el impacto objetivo de los aranceles sobre la economía china no sería tan significativo como los grandes medios vaticinan.

Cabe destacar que la exportación de metales solo representa el 7,3% del total de los productos que China exporta, frente al 43% que representa el segmento de tecnología TIC (computadoras, celulares). Además, es importante entender que aún hoy la mayoría de las exportaciones del país que gobierna Xi Jimping se quedan en Asia.

Frente a la nueva medida contra su país por parte de EE.UU., el gobierno chino respondió a través de su portavoz de la cancillería, Hua Chunying: “China no quiere una guerra comercial, pero si nos fuerzan a pelearla no nos vamos a esconder; si Estados Unidos toma medidas que dañen nuestros intereses, daremos todos los pasos necesarios para responder”. China en los días posteriores al anuncio de los aranceles, subestimó el impacto de la medida, aunque anunció aranceles a una lista de 128 rubros de artículos importados desde EE.UU. a ser afectados a partir del 2 de abril.

Casi en simultáneo al anuncio arancelario se desarrollaron las séptimas rondas de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). México y Canadá, que se encuentran entre los cuatro primeros países exportadores de metales a EE.UU., fueron desafectados temporariamente de los aranceles, por lo que puede leerse el posible arancelamiento como una herramienta de extorsión, teniendo en cuenta la declaración de Trump desde su twitter personal: “los aranceles al acero y el aluminio sólo podrían evitarse si se firma un nuevo y justo TLCAN”.

Imagen relacionadaA su vez, el 22 de marzo Trump anunció que por el momento no se aplicarán aranceles a Australia, Corea del Sur, Argentina, Brasil y la Unión Europea: todos aliados de Washington, mostrándose “abierto al dialogo” desde su lógica de acuerdos bilaterales.

Otro hecho que confirma las intenciones de Trump por posicionar a su país como la mayor potencia atacando al gigante asiático, es la recientemente promulgada “Ley de Viajes a Taiwán”, que alienta las visitas bilaterales entre los funcionarios de ambos países. Esto reposiciona a la isla separatista en una posible guerra comercial entre Estados Unidos y China, incluso con rumores sobre acuerdos de libre comercio de Taiwán con EE.UU. y la decisión provocadora de Washington de armar aún más a Taipei, la capital de Taiwán.

Aunque los aranceles lleguen bajo el argumento de protección para el desarrollo de su industria nacional, éste no parece tener demasiado sustento objetivo. La industria del acero, pensada durante el siglo XX en términos nacionales por su valor estratégico, comenzó a internacionalizar su producción a finales de la década del 60, formando parte del proceso de globalización de las cadenas de valor, a partir del dominio del capital financiero transnacional como forma de acumulación dominante desde las últimas décadas del siglo pasado.

El poderío de esta forma de capital, personificada en una aristocracia financiera global con el poder de manejar los hilillos económicos a nivel mundial principalmente a través del interés, pone en tela de juicio el intento de reactivar la industria nacional del acero y el aluminio sólo con una medida proteccionista, ya que el territorio de esta aleación ya es global, con muchas de las empresas asentadas en EE.UU. pero sostenidas en una red de capital extranjerizada, con su ciclo productivo distribuido por todo el mundo.

TPP11Las medidas arancelarias son tomadas, además, poco después que, finalmente, once países firmaron el nuevo TPP, conocido ahora como Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico, TPP-11 o CPTPP. Dicho tratado es encabezado por los actores institucionales de la aristocracia financiera global, partidarios de acuerdos multilaterales que garanticen el libre flujo de su dinero especulativo.

La disputa mundial a la que asistimos es por quién impondrá las reglas del juego económico y político en el siglo XXI. Los actores continentalistas, con cierto asiento en lo productivo y hoy retrasados, en contra de los globalistas, quienes buscan imponer las reglas del “libre comercio” en un territorio financiero de escala planetaria, más allá de las fronteras de los estados-nación, que tendencialmente van quedando obsoletos, tan sólo como meros administradores.

El mundo asiste a una guerra multidimensional, con polos de poder que despliegan sus herramientas para dominar el mundo. La crisis pone en evidencia un sistema capitalista asfixiado por sus propias contradicciones, que delimita un tiempo de oportunidad para los proyectos que buscan imponer otro modelo civilizatorio, con un sistema más justo en relación a la distribución de la riqueza,solo producida por el trabajo de los miles de millones de excluidos que generan los mecanismos económicos del capital.

(*) Licenciado en Ciencia Política (UNRC), estudiante de la Especialización en Pensamiento Nacional y Latinoamericano (UNLa), redactor-investigador argentino del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la).

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