Ene 29 2007
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Cultura

Matemática. – LA LEYENDA DE COTLAR

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

De Gauss, apodado “el príncipe de la matemática”, se dice que con sólo tres años corrigió en su cabeza un error en el cálculo de las finanzas realizado por su padre, y que tenía diez cuando deslumbró a su maestro descubriendo en segundos la solución al problema de cuánto suman los cien primeros números naturales. (Se dio cuenta de que 1+100 = 2+99 = 3+98 = 4+97 = … = 101. Con los 100 números se pueden formar 50 pares que suman 101; y 101 por 50 es igual a 5050).

De Ramanuján, que se formó leyendo un libro con 6.000 teoremas conocidos y sin demostraciones y que a los doce años dominaba la trigonometría.

De Newton, que comenzó a formular los principios de la teoría de la gravedad y a realizar sus primeros estudios sobre la luz (puliendo lentes no esféricas) durante un año -1665- en el que se vio obligado a permanecer en su casa porque se había declarado una epidemia de peste.

Mischa Cotlar pertenecía a esa casta de adoradores de la belleza de las ideas. Tenía pasta de genio.

A sus virtudes intelectuales les sumaba una humildad conmovedora.

A quienes se sorprendían por sus logros desconcertantes, como haber obtenido un doctorado en la Universidad de Chicago prácticamente careciendo de educación formal, sin cursar más que un año de escuela primaria y ninguno de la secundaria, les contestaba que era “un matemático modesto, ni siquiera un matemático: un estudiante de matemática”.

Ayer se despidió, al cabo de una vida dedicada a la música de los números. “Algunos consideran que la música es parte de la matemática y otros que la matemática es parte de la música”, dijo hace unos años en una entrevista publicada por La Nación.

Cuando hace cinco años la Universidad de Buenos Aires le otorgó un doctorado honoris causa, el cuarto dedicado a un matemático puro en la historia de la institución, reconoció en su figura a un verdadero maestro, cuya grandeza radicaba no sólo en sus logros intelectuales, sino en su amor al conocimiento y en sus virtudes humanas.

Con su acento marcado, en ese momento dijo que si tuviera que aconsejarles algo a los jóvenes les diría que tuvieran un gran amor a la matemática y a la belleza: “Los grandes maestros lo que valoran es que uno pueda apreciar la belleza. Los matemáticos, más que todo, cultivan la belleza”.

Sí, desde hoy, Mischa Cotlar ya es leyenda. Una de esas bellas leyendas que iluminan el camino que tenemos por delante…

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* En el diario La Nación de Buenos Aires, el 17 de enero de 2007.

Addenda

Mischa Cotlar nació en Sarney, Kiev (Ucrania) en 1913. Llegó a las costas del Río de la Plata en 1928 y se radicó definitivamente en Buenos Aires en 1939.

Debió interrumpir su educación formal después del primer año de escolaridad elemental. El siguiente paso académico fue directamente el doctorado en la Universidad de Chicago en 1953.

Su producción matemática comienza con un trabajo titulado Théorie d’ Anagenes presentado en el Congreso de Burdeos (1939) y luego como Teoría de los Anágenos I y II por la Sociedad Científica Argentina.

A partir de entonces se inicia una serie de publicaciones editadas por las Universidades de Rosario, Litoral, Buenos Aires y la Unión Matemática Argentina (UMA) entre las que se destaca Conjuntos no-medibles y generalización de la Integral de Lebesgue y Familias normales de funciones no analíticas.

Desde el exilio forzado de 1966, Cotlar pasó por las Universidades de Niza, Rutgers y la Universidad Central de Venezuela, país donde residió desde 1974, y donde recibió el Premio Nacional de Ciencias en 1984.

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