Ago 14 2018
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CulturaSociedad

Mayo feminista: La rebeli贸n contra el patriarcado chileno

*Texto de presentaci贸n del libro Mayo feminista: La rebeli贸n contra el patriarcado.聽

Esta lectura es un agradecimiento. Las gracias profundas a cada una de las compa帽eras, compa帽eros, compa帽eres, con 鈥渆鈥 y con 鈥渪鈥, que respondieron a la urgencia. Escribir la historia del feminismo, su propia historia, es rebelarse contra el patriarcado que nos ha dejado marginadas a un peque帽o recuadro de la historia que se nos ha mostrado como neutral e imparcial. 鈥淓n 1952 las mujeres de Chile votaron por primera vez en una elecci贸n presidencial鈥, se帽alan los peque帽os cuadros de 驴sab铆as qu茅? de los libros de historia y ciencias sociales del Ministerio de Educaci贸n. No hay nombres, ni mujeres, ni feminismos.

Una historia que pareciera no tener autor, con la cual debemos coincidir, y de la cual, sin embargo, no somos parte. Esa historia de las dominaciones, de las opresiones, de la relegaci贸n al rol de la reproducci贸n, es la historia a la cual Mayo Feminista se rebela. Los patios traseros del poder, los patios comunes de los conventillos donde nos hemos reunido a gestar la pol铆tica, o mejor dicho, una pol铆tica: una pol铆tica otra. El tejido enredado del feminismo/los feminismos, con sus nudos y sus lugares comunes, nos convoca a articulaciones para la resistencia. Las escrituras que hoy nos re煤nen, provocan a todas quienes estuvimos y estamos en este campo de disputa, la sensaci贸n de que si somos las locas, las locas somos cada vez m谩s, y hace siglos hay locas tramando y tejiendo el camino que hoy podemos recorrer. Espero que cada una, uno, une de ustedes pueda encontrarse en estas palabras, dibujadas con la profunda emoci贸n y admiraci贸n que sent铆 y siento con cada una de sus escrituras.Resultado de imagen para Mayo feminista: La rebeli贸n contra el patriarcado

鈥淟as mujeres en la historia son 煤nicas, siempre est谩n solas y sus historias son narradas en el v茅rtigo de la primera vez禄 (1). Para muchas de nosotras, la mayor ense帽anza de este estallido feminista fue comprender que nuestra lucha siempre es en colectivo, que no existir谩 鈥渓a鈥 dirigenta, 鈥渓a鈥 vocera, 鈥渓a鈥 representante del mundo feminista. Al levantarse la toma de derecho de la universidad de Chile, quisieron decir que mi caso era la excepci贸n, a lo que respondimos con fuerza que nuestra toma no era la 煤nica, y que la violencia de g茅nero y el abuso de poder eran problemas estructurales. Entonces quisieron decir, que era la primera, a lo que nuevamente respondimos con fuerza, como las compa帽eras de Valdivia y Temuco se hab铆an organizado unas semanas antes que nosotras. Me nombraron como el caso emblem谩tico, la ni帽a s铆mbolo, la primera, la m谩s relevante, la cabeza del movimiento. Sacaron mis iniciales a la luz, luego pedazos inconexos de mi relato, de mis vivencias.

La historia del patriarcado nos inform贸 que la violencia de g茅nero no es algo tan grave si no estamos muertas, y que si estamos muertas podemos tener una ley con nuestro nombre. Que es algo natural, que 茅ramos las hist茅ricas, las exageradas, que 驴qu茅 es eso de una educaci贸n no sexista?, que la libertad de c谩tedra, que la libertad de expresi贸n, que el debido proceso, que 驴c贸mo puede ser esto en una facultad de derecho?鈥 la cuna de La Rep煤blica. La historia que intenta mostrarse desde aquella neutralidad, aquella que se dice imparcial desde el positivismo androc茅ntrico, y que nos denomina despectivamente como ideol贸gicas, se contrapone a esta historia, una historia que volvi贸 para quedarse y no va a dejar ser contada. Nuestra historia.

La mitolog铆a que entraman las pol铆ticas del g茅nero, hab铆a dejado la lucha de las mujeres y disidencias sexuales en un marco inconexo de demandas suspendidas en el aire. Las mujeres no tienen lugar, ni tiempo. La supuesta minor铆a en que se encasillan los problemas de g茅nero, en este escenario, a lo m谩s que puede aspirar es a ser 鈥渦n sector鈥. El sector de las mujeres, el Servicio de las mujeres, el departamento de las mujeres. En la historia oficial las mujeres no tenemos clase, no tenemos raza, tenemos un solo cuerpo: v谩gina y 煤tero, y tenemos dos formas de estar presentes y ser presentadas: como v铆ctima o como madre. Es por esto que la palabra feminismo se mostr贸 como palabra prohibida todos estos a帽os. El g茅nero como dispositivo era activado cuando se hablaba de esa agenda que supuestamente se hac铆a cargo de nuestros asuntos. En los primeros a帽os de la lucha feminista post 2011, en el movimiento estudiantil, constituimos secretar铆as y vocal铆as de g茅nero en los liceos y universidades, por miedo a ser tildadas de posmodernas o de dividir la lucha de los estudiantes.

Resultado de imagen para Mayo feminista: La rebeli贸n contra el patriarcadoEl velo del g茅nero nos anclaba en nuestro sector, aquel sector donde la masculinidad que se preocupaba de los grandes problemas de la pol铆tica no pod铆a entrar, ni hacerse parte. Sin embargo, el legado feminista del que somos continuidad nos empez贸 a interpelar tambi茅n, para correr los cercos propios en los cuales nos hab铆amos mantenido. Las feministas al interior de los movimientos sociales hab铆amos existido desde siempre, solo faltaba una irrupci贸n, una interrupci贸n que activase cada una de las luces que portamos, aquellas luces que hoy iluminan nuestras luchas por la recuperaci贸n de los derechos sociales, contra la precarizaci贸n de nuestras vidas, contra el despojo de un sistema que nos explota y acumula en base al sostenimiento que le dan nuestros cuerpos.

De este modo, la toma feminista es la toma del lugar y del tiempo, la interrupci贸n de aquel orden que nos situaba en la suspensi贸n propia del particularismo. Cuando el feminismo se sit煤a en la lucha contra la precarizaci贸n de la vida, y se plantea la disputa de la educaci贸n no sexista de manera masiva, son otras las aperturas y los riesgos. Ah铆, lo que aquella historia oficial intenta decirnos nuevamente, es que dichas tomas est谩n aisladas en nuestra cronolog铆a, que nuestro movimiento no es heredero de nada, que es una pataleta, que jam谩s lograremos algo a la altura del movimiento sufragista, que somos una 茅lite venida a menos, encerradas en las paredes del academicismo.

Y entonces, nosotras nos miramos entre nosotras, miramos a nuestras compa帽eras que vuelven cansadas a la toma despu茅s del trabajo, a las trabajadoras que bajo el r茅gimen precario de la subcontrataci贸n van a darnos apoyo, a quienes a veces no pueden venir por tener que cuidar a alg煤n abuelo o familiar enfermo. Miramos nuestra deuda educativa, el beaucher que se nos ha vendido como supuesta gratuidad, la expulsi贸n de la educaci贸n que ha significado para tantas otras antes que nosotras, el no someterse a los mandatos del acoso sexual. Nos miramos utilizando nuestros medios para la lucha invisibilizada que lleva el Machi Celestino C贸rdova, desplegando lienzos comunes. Recordamos y repensamos a Macarena Vald茅s y Marielle Franco, y entonces, la historia es de nuevo otra, esta historia. Nuestra historia. La de nuestras abuelas que se tomaron los conventillos para luchar por una vivienda digna, que migraron desde diversas latitudes para buscar mejores condiciones de vida. La de nuestras t铆as lesbianas que tuvieron que huir de la familia. La de las colas del barrio, la de esos ni帽os que no se sent铆an tan ni帽os, la de esas ni帽as que no se sent铆an tan ni帽as.

Resultado de imagen para Mayo feminista: La rebeli贸n contra el patriarcadoEntonces, al reconocernos en esa historia del feminismo. El feminismo incomoda, pues nuestro desorden, nuestra porf铆a implica saltar la reja hacia los patios delanteros del orden dominante. En esos patios trastocamos aquel espacio infranqueable de lo pol铆tico, paralizamos la agenda del gobierno en las calles, transitamos lo pol铆tico irrumpiendo en el g茅nero, en el capitalismo patriarcal que nos ense帽贸 que nuestros cuerpos deb铆an ser cubiertos cuando no serv铆an para el consumo, y que calladas 茅ramos m谩s bonitas.

Y entonces, la incomodidad vino, puesto que en la toma feminista no hay voceros a los cuales pegarles una palmada en la espalda para zanjar los pactos de caballeros. 鈥淥iga pos compadre, controle a su gente. No deje que se le descarrilen las yeguas鈥. Los presidentes se revuelcan en sus tumbas mientras la 茅lite intelectual desarma los pilares de su debido proceso, trasviste sus emblemas, hace mixtos los ba帽os. Esa misma 茅lite intelectual cuya casa embargan las deudas del Cr茅dito con Aval del Estado, mendiga subsidios habitacionales para sus familias, y lucha por pensiones dignas. Y aun as铆 tienen la desfachatez de preguntarnos: 驴cu谩l es nuestra relaci贸n con el movimiento estudiantil?, porque el 2011 s铆 fue un verdadero movimiento pol铆tico.

El 2018 venimos a notificar que nosotras somos el movimiento estudiantil. Mirar la alianza entre el sexismo y el mercado en la educaci贸n es profundizar en las demandas, que nuestros compa帽eros, 鈥渓os grandes l铆deres de la pol铆tica鈥, nunca quisieron mirar, puesto que hacerlo era mirarse tambi茅n a ellos mismos. Las formas en que ellos tambi茅n reproduc铆an dicha opresi贸n, el mandato impl铆cito a que en la toma fu茅ramos a hacer los ba帽os y la comida, mientras ellos segu铆an en las importantes negociaciones con el gobierno.

Y ahora que se han bajado nuestras tomas, los veremos nuevamente intentando restaurar aquel orden de comodidad. Los veremos nuevamente intentando encasillarnos en el ser v铆ctimas y ser madres, y ser mujeres, y ser minor铆a. Ahora que pas贸 la revuelta, 鈥減odemos volver a la pol铆tica鈥. Pero no, porque sin feminismo no habr谩 pol铆tica posible, solo repeticiones, reiteraciones con empaques novedosos, 鈥渄econstruidos鈥, pero que terminan siendo m谩s de lo mismo. Sin incomodidad no hay pol铆tica, sin feminismo no habr谩 emancipaci贸n posible.

Este transitar que nos propone Mayo Feminista, es para muchas de nosotras el respaldo de esperanza de que nuestro camino se va a seguir tejiendo, con todos sus nudos, con todas sus redes, con todas sus articulaciones. Ese mismo respaldo de esperanza que en un momento, donde la emoci贸n, la pena y la rabia me carcomieron, sal铆 llorando de una de las reuniones con el decanato y la rector铆a de la universidad, donde se jugaba mi vuelta a clases y posibilidad de la bajada de la toma. Lo 煤nico que pensaba era: 鈥渓a expulsada ser茅 yo, mi delito fue romper el pacto de silencio, la sanci贸n es la relegaci贸n al lugar donde nos han hecho pertenecer, y el cual me atrev铆 a desafiar鈥. En ese momento, Faride Zer谩n y mis compa帽eras voceras de dicha toma, salieron tras de m铆: 鈥淪i te vas, es una derrota para el feminismo鈥. Esas palabras, estas escrituras, son el recordatorio y las reflexiones que necesitamos dar, ah铆 cuando pensamos que todo est谩 perdido. Por suerte, nunca se es loca sola. No sab铆an, ni saben, que las feministas somos la Hidra de Lerna, una bestia con un solo cuerpo, de m煤ltiples cabezas. Por cada cabeza que corten, nacer谩n nuevas, con m煤ltiples voces, con sus propios un铆sonos y disonancias.Resultado de imagen para Mayo feminista: La rebeli贸n contra el patriarcado

Esta insurrecci贸n profunda, que se viene trazando hace siglos, que muchas y muchos de ustedes que hoy est谩n presentes, que quienes estuvieron en las tomas de terrenos, en los campamentos, en los pueblos chicos, en la lucha por la democracia en los centros de madres, en las universidades, en los liceos, y hasta en los m谩s impensados rincones vienen trenzando, me dio y me da la fuerza para reconocer mis dolores propios como heridas de guerra de la lucha contra el patriarcado, para que nunca m谩s ninguna de nosotras seamos la cuna de los cuidados de La Rep煤blica, para unirme a trenzar el camino del cual hemos sido expulsadas como subalternas, para ser socialmente libres, y sacarnos lo hombre y lo mujer de encima.

Nota

1) Castillo, Alejandra. De la revuelta feminista, la historia y Julieta Kirkwood. pp. 41-42.

Fuente: http://www.carcaj.cl/mayo-feminista-la-rebelion-contra-el-patriarcado/

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