Nov 16 2017
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Ciencia y Tecnolog铆aCultura

Medios de comunicaci贸n y neoliberalismo: El fetichismo tecnol贸gico

En las 煤ltimas d茅cadas se viene produciendo una modificaci贸n de los 谩mbitos de formaci贸n y de distribuci贸n del conocimiento. Los espacios tradicionales de organizaci贸n de la cultura, como la familia, las instituciones barriales (clubes deportivos, asociaciones de fomento, etc.-), las escuelas y la iglesia, est谩n perdiendo centralidad frente la televisi贸n e Internet.

Los partidos pol铆ticos y los sindicatos vienen reduciendo su hist贸rica funci贸n de capacitaci贸n ideol贸gica de los dirigentes y cada d铆a, con m谩s fuerza, la agenda de gobierno est谩 siendo impuesta por los medios de comunicaci贸n concentrados. Estos 煤ltimos, act煤an en alianza con los grupos econ贸micos, el Poder Judicial y los servicios de inteligencia del Estado. El hist贸rico lugar que tuvo la prensa gr谩fica en la formaci贸n ideol贸gica de las 茅lites y de las clases medias est谩 siendo remplazado por la informaci贸n que circula en las redes sociales y en los nuevos formatos televisivos ligados al espect谩culo.

El fetichismo tecnol贸gico

Para intentar comprender algunas de las posibles derivaciones de este proceso de transici贸n cultural, consideramos oportuno poner en discusi贸n dos cuestiones.

1. La utop铆a tecnol贸gica.

Habitualmente se cree que las nuevas tecnolog铆as y en particular Internet, est谩n liberando a la humanidad de las ataduras informacionales de otras 茅pocas. Hay analistas que postulan que se terminaron las estructuras y las jerarqu铆as en la circulaci贸n y en el acceso a los datos. Internet habr铆a eliminado los l铆mites al conocimiento y los cibernautas ejercer铆an un proceso horizontal y protag贸nico de adquisici贸n del saber universal. En realidad, la comunidad se enfrenta a un mecanismo de control y de banalizaci贸n de la cultura que est谩 reduciendo la capacidad cr铆tica y reflexiva de las personas. La definici贸n misma de 鈥渞ed social鈥 es enga帽osa, ya que no existe verdadera horizontalidad, sino que los principales circuitos de informaci贸n y cultura est谩n regulados por corporaciones locales y extranjeras. Como resultado de su accionar, est谩 aumentando el poder cultural de la 茅lite pol铆tica y econ贸mica, en paralelo a la reducci贸n de la capacidad de discernimiento de la masa popular.

La p茅rdida de la centralidad educativa que ejerc铆an la familia, la dirigencia sindical, el cura, el profesor o el maestro, impiden que los receptores adquieran la capacidad cr铆tica necesaria para entender cabalmente lo que leen y consumen en Internet y particularmente en las redes sociales. Ello supone un riesgo para el individuo y su familia, que quedan a merced de delitos inform谩ticos o sexuales. En el plano emocional, las redes sociales producen adicciones, angustias, ansiedades y pueden originar trastornos severos de personalidad. Su consumo exacerbado disminuye la capacidad cr铆tica y dificulta la conformaci贸n de un pensamiento riguroso y sistem谩tico. Las nuevas tecnolog铆as de la comunicaci贸n y del entretenimiento en manos de corporaciones est谩n conformando un estado mental enfermizo que exacerba el individualismo, el aislamiento y el consumismo. Estas 煤ltimas caracter铆sticas se convierten en los par谩metros culturales y de vida para generaciones de j贸venes, que abandonaron todo tipo de proyecto social, colectivo o patri贸tico, para remplazarlo por la identidad banalizada y el consumo de la red. Hace tiempo que la educaci贸n p煤blica est谩 en crisis y ese vac铆o es ocupado por contenidos en las redes, conllevando el peligro de demoler la identidad nacional y los valores que hacen al mantenimiento del orden social.

Las redes infunden odios y temores colectivos que debilitan considerablemente la posibilidad de construir una comunidad pol铆tica organizada. Se impulsa la acci贸n irracional y la apolog铆a del m茅todo de la venganza mediatizada y el esc谩ndalo p煤blico. El bombardeo informacional, dirigido desde las corporaciones locales y for谩neas, instala falsas agendas p煤blicas y pone en serio riesgo la democracia y la soberan铆a nacional.

2. El supuesto de universalidad y de normalidad del funcionamiento de la TV e Internet en Iberoam茅rica.

El mundo actual est谩 en una f茅rrea lucha por los recursos naturales y por los mercados y esa contienda se desenvuelve en el plano cultural y comunicacional. Justamente por eso, no es casualidad que las naciones en disputa organicen sus propios sistemas y aplicativos de comunicaci贸n e Internet y que impulsen regulaciones con sentido nacional y social como ocurre en China, Rusia o en la Comunidad Europea.

El sistema de comunicaci贸n audiovisual de Iberoam茅rica no es el 煤nico posible, sino que es el resultante de una situaci贸n transitoria de lucha de poderes. En nombre de la libertad del periodismo y de Internet, en nuestro continente se esconde una subordinaci贸n neocolonial con los EUA, pa铆s con el cual tenemos una dependencia tecnol贸gica, cultural y de contenidos.

La televisi贸n e Internet en v铆as de reemplazar a las organizaciones libres del pueblo y al Estado.

El sistema de medios de la Rep煤blica Argentina. Los servicios de comunicaci贸n audiovisual funcionan de manera olig谩rquica, extranjerizante y oligop贸lica.

Son olig谩rquicos por su condici贸n de propiedad y sus titulares integran grandes empresas vinculadas al poder econ贸mico y pol铆tico. Por mucho tiempo la ley 22.285/80 impidi贸 la titularidad de radios y de televisi贸n a las cooperativas, dejando ese derecho meramente a las empresas comerciales. En Argentina los principales medios de comunicaci贸n son propiedad de grandes conglomerados econ贸micos, de manera similar a lo que ocurre en Chile (El Mercurio), en Venezuela (Cisneros) o en Brasil (Globo). Adem谩s, los medios son olig谩rquicos por su l铆nea editorial y se han opuesto hist贸ricamente a los gobiernos de raigambre popular de Yrigoyen, de Per贸n o de Kirchner. Algo similar ocurre en toda Iberoam茅rica y los medios hostigan con su l铆nea editorial a los dirigentes pol铆ticos con vocaci贸n de reforma econ贸mica y social.

Los servicios de comunicaci贸n audiovisual son extranjerizantes en su propiedad y en los contenidos que difunden. En la Argentina la Televisi贸n surgi贸 desde el Estado (Canal 7). En la misma etapa se inaugur贸 la agencia de noticias p煤blica (TELAM) y se sancion贸 una ley regulaci贸n de medios con regulaci贸n nacionalista (14.241/53). Desde el a帽o 1955 en adelante, se inici贸 un proceso de norteamericanizaci贸n de la televisi贸n en acuerdo con los nuevos grupos privados locales. Estos 煤ltimos, firmaron convenios con empresas de los EUA y el canal 9 surgi贸 con la NBC, el 11 con la ABC y el 13 con el grupo Goar Mestre. Para detener esta tendencia, la ley 22.285/80 impidi贸 que los medios de comunicaci贸n sean adquiridos por grupos extranjeros.

Carlos Menem impuls贸 una pol铆tica de desnacionalizaci贸n del periodismo por intermedio de reformas normativas y de la firma de tratados de inversiones. Los conglomerados internacionales se quedaron con canales y radios, como fue el caso del entonces grupo espa帽ol que adquiri贸 Canal 11 (TELEFE). La reciente realineaci贸n geopol铆tica de Cambiemos con los EUA, favoreci贸 el hecho de que los norteamericanos se apropien de los derechos de televisaci贸n del futbol de primera divisi贸n (Fox 鈥 Turner) y del canal TELEFE (Viacom). No es casualidad que Macri haya sacado de la grilla de la TV Digital a Telesur y permitido el ingreso de la TV francesa (France 24), en un acto de censura de la comunicadora sudamericana y de subordinaci贸n a la divisi贸n internacional del trabajo y de la cultura.

Los servicios de comunicaci贸n audiovisual se organizan en un grupo reducido de oligopolios. En los a帽os noventa se flexibiliz贸 la normativa para fusionar la propiedad de los medios gr谩ficos y audiovisuales. Se expandi贸 de 4 a 24 el n煤mero de licencias de cada prestador de radio y de televisi贸n, permitiendo a unos pocos conglomerados empresarios administrar la informaci贸n y la cultura a lo largo y a lo ancho de la Argentina.

La ley 26.522/09 intent贸 revertir la tendencia a la concentraci贸n oligop贸lica, para impulsar la pluralidad de voces. Por exigencia de las grandes empresas de medios, la Ley de Servicios de Comunicaci贸n Audiovisual fue derogada parcialmente por el DNyU 267/15. 脡ste 煤ltimo instrumento legal, prorrog贸 por 10 a帽os las licencias de los grandes grupos, derog贸 la cl谩usula antimonopolio -pese a su constitucionalidad establecida por la Corte Suprema- y elimin贸 el tope de las licencias que puede adquirir cada prestador. En nombre de la libertad de mercado, el Gobierno Nacional intervino activamente para favorecer a Clar铆n y a los grupos oligop贸licos trasnacionales. Con la finalidad de garantizar el poder de los CEOS y la parcialidad en la regulaci贸n de la comunicaci贸n, el DNyU 267/15 elimin贸 el AFCA y cre贸 en su lugar el ENACOM, que es controlado por mayor铆a de miembros en representaci贸n del Poder Ejecutivo de La Naci贸n.

Internet y los sistemas de control total

El uso que hacemos los argentinos de Internet y de sus aplicaciones depende, tecnol贸gicamente y en contenido, de los EUA. Los programas de buscadores de datos m谩s utilizados (Google, Yahoo, etc.), las redes sociales (Facebook, Instagram, Twitter, etc.-), los servicios de mensajer铆a (WhatsApp, etc.-) o los repositorios de videos (Youtube) son producidos y administrados por empresas de los EUA en acuerdo con su gobierno. Un peque帽o n煤mero de corporaciones radicadas en Silicon Valley y en unas pocas ciudades de los EUA, monopolizan el software (Microsoft) y regulan qu茅 vamos a encontrar en los buscadores de informaci贸n o de m煤sica de las computadoras, tel茅fonos celulares o tablets.

Con la masificaci贸n de uso de Internet sin regulaci贸n p煤blica, desapareci贸 el concepto tradicional de la vida privada de las personas. Las empresas y los gobiernos captan y ordenan las creencias religiosas, las tendencias sexuales, las ideolog铆as, los h谩bitos de consumo y la ubicaci贸n geogr谩fica de los individuos. Nunca en toda la historia de la humanidad, se tuvo la capacidad de reunir tanta informaci贸n privada, sin m谩s regulaci贸n y finalidad que la ambici贸n comercial y el deseo pol铆tico de dominio de algunos Estados.

Las empresas norteamericanas que administran los circuitos de internet, re煤nen la informaci贸n privada que es utilizada con fines comerciales y de control ideol贸gico y pol铆tico. La seguridad interna y la pol铆tica exterior de los EUA se ponen en juego en Internet y no hay casualidad alguna en el hecho de que la red social Twitter haya censurado a la cadena rusa de Noticia RT y a Sputnik. Adem谩s, y de manera m谩s sutil, hay diversos mecanismos para que las empresas ordenen la informaci贸n que circula y que se lee en Internet. Google tiene un importante poder para regular y modificar algoritmos de los motores de b煤squeda, llevando a los lectores a encontrar la informaci贸n que la empresa y el gobierno de los EUA consideran oportuna.

El uso de internet y de las redes sociales que las corporaciones realizan, est谩n violando los derechos del individuo liberal, al estar reuniendo datos, estudiando perfiles y utilizando todas las acciones particulares y las opiniones de las personas. Ya es obsoleto el postulado de la Constituci贸n Nacional argentina que sostiene que 鈥渓as acciones privadas de los hombres que de ning煤n modo ofendan al orden y a la moral p煤blica, ni perjudiquen a un tercero, est谩n s贸lo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados鈥. En nuestro pa铆s los buscadores de informaci贸n conducen compulsivamente a los lectores a las plataformas de Clar铆n, Infobae y La Naci贸n. Estas empresas les imponen la agenda p煤blica a los usuarios y su poder est谩 amplificado con la inclusi贸n de accesos directos obligatorios en la telefon铆a celular o tablets, conformando una red comunicacional oligop贸lica y direccionada pol铆ticamente.

La utilizaci贸n partidaria de la comunicaci贸n e Internet

En el marco del debilitamiento de los partidos pol铆ticos y de las instituciones de la sociedad civil, la actividad de Internet y de los medios de comunicaci贸n audiovisual se torn贸 fundamental. Las corporaciones econ贸micas y los dirigentes partidarios contratan consultoras y fundaciones para analizar tendencias, expectativas o el estado emocional de la opini贸n p煤blica. Internet y las redes sociales son insumos fundamentales y el conocimiento de los sujetos reunido por los instrumentos tecnol贸gicos, es varias veces m谩s detallado que el resultante de realizar una encuesta. Sabiendo qu茅 opinan, sienten y esperan las familias, clases o grupos humanos, las nuevas tecnolog铆as permiten individualizar los mensajes e interpelar a la masa popular.

Las personas en su paso por Internet dejan rastros, conversaciones y datos. La informaci贸n es utilizada para imponerle al individuo un mensaje personalizado en sus redes, casillas de correo o mensajer铆a. Google y las redes sociales estudian a los individuos y son soci贸logos y psic贸logos para analizar comportamiento y pedagogos, artistas y comunicadores para imponerles ideolog铆a. Las empresas que regulan las nuevas tecnolog铆as le imponen al individuo un mensaje que es irradiado en paralelo en la TV, las computadoras, la radio, tablets o los tel茅fonos celulares. Un mismo discurso es presentado en diversos formatos informativos, deportivos o de entretenimiento, tendiendo a una especie de dictadura comunicacional de alto impacto y pr谩cticamente imposible de evitar para el individuo de a pie.

Los servicios de inteligencia del Estado y las empresas de Internet re煤nen, venden o utilizan esa informaci贸n para diagramar las campa帽as, extorsionar a la clase pol铆tica o para manipular estados de 谩nimo colectivo. En el momento de definir la estrategia electoral, hay dos grandes universos de grupos sociales a interpelar ideol贸gicamente. Por un lado, est谩 el universo de los sujetos 鈥減olitizados鈥 o convencidos de seguir a un dirigente, un partido o a una idea. Haciendo reduccionismo, este sector puede involucrar alrededor del 30 al 40% de los electores. Con la prensa y con las nuevas tecnolog铆as, a esta porci贸n de electores se intenta radicalizarlo, desmovilizarlo o confundirlo, seg煤n el espacio de donde provenga la comunicaci贸n.

Por otro lado, est谩n los individuos 鈥渄esinformados鈥 o sin posici贸n partidaria claramente definida. A este grupo que suele definirse como ajeno o distante a la pol铆tica, lo interpelan por intermedio de canales de comunicaci贸n no estructurados o de formato informativo cl谩sico. El consumo de entretenimiento y las redes sociales permiten movilizarlo emocionalmente, sin que el sujeto lo perciba racionalmente. La comunicaci贸n de las redes o el espect谩culo infunde empat铆as, temores, angustias, resentimientos o expectativas. En estos casos, la imagen y la emoci贸n bombardeados constantemente al sujeto a trav茅s de internet, pesan m谩s que la raz贸n pol铆tica (programas de gobierno o ideolog铆as partidarias).

El asesor de Cambiemos, Jaime Duran Barba, trabaj贸 con destreza la estrategia de construcci贸n de la imagen presidencial en redes e Internet. La tarea del gobernante consiste en gestionar los intereses de las 茅lites econ贸micas y con esa finalidad hay que justificar los proyectos de desigualdad institucionalizada como los 煤nicos posibles. En su 贸ptica, vale m谩s la credibilidad del dirigente que su plataforma de gobierno y esta cuesti贸n se construye mostrando a sus familiares realizando gestos con personas comunes y mascotas o 鈥渁ctuando鈥 escenas de la vida cotidiana del candidato. Esta campa帽a esconde los intereses de poder que representa el Partido pol铆tico y evita debatir el trasfondo de las medidas que se proponen implementar los candidatos. Barba argumenta que la pol铆tica es un campo de construcci贸n de 鈥渆speranza鈥 o de instalaci贸n de temas de 鈥渃onversaci贸n鈥 y que deben dejarse en un segundo plano los proyectos de pa铆s, las ideolog铆as y las disputas de intereses. Al momento de ganar una elecci贸n, la emoci贸n supera ampliamente a la raz贸n.

Organizaciones libres del pueblo o neoliberalismo

De profundizarse el panorama pol铆tico y cultural mencionado, la estructura mental y actitudinal de las nuevas generaciones est谩 en serio riesgo. El orden social puede ser suplantado por un inestable estado de crisis pol铆tica permanente, motorizado por odios mediatizados y por una carencia total de sentido colectivo, patri贸tico y nacional de la vida humana.

Frente a ese panorama, deber铆amos reconstruir la escuela p煤blica reforzando el cumplimiento de normas sociales y el sacrificio personal, difundiendo valores humanos solidarios y una concepci贸n nacional y patri贸tica de la existencia.

La comunidad para pervivir en el convulsionado sistema pol铆tico internacional actual, necesita potenciar a los clubes de barrio, a las iglesias, a los partidos pol铆ticos y a los sindicatos. Solamente con un pueblo consiente y organizado, se generar谩n las condiciones pol铆ticas para la necesaria regulaci贸n social y nacional de Internet y de la comunicaci贸n que garanticen la pluralidad de voces y la elevaci贸n cultural y 茅tica del pueblo.

* Soci贸logo argentino, Magister en Gobierno y Desarrollo y Doctor en Comunicaci贸n

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