Ago 30 2012
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Mesa de diálogo en Colombia, con Cuba y Noruega de garantes

La mesa de diálogo se asentará en Oslo, la capital noruega, pero su sede principal será La Habana. Venezuela y Chile acompañarán el proceso. Negociarán sobre temas agrarios, políticos, militares y el tráfico de drogas.

Cuba, Noruega, Chile y Venezuela participarán del proceso de paz entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), informó ayer la cadena de radio RCN, que tuvo acceso a un documento firmado por las partes en conflicto. El texto forma parte de un acuerdo firmado en La Habana por delegados del gobierno y la guerrilla, que sienta las bases para empezar las negociaciones sobre política de desarrollo agrario integral, participación en política, fin del conflicto, solución al problema de las drogas ilícitas, víctimas y reparación e implementación, verificación y refrendación (del eventual acuerdo de paz), según señaló la estación de radio.

El documento, que empezó a discutirse el 23 de febrero y habría sido firmado el lunes, señala que la paz “es una obligación de ambas partes” y que la mesa de diálogo se asentará en Oslo, la capital noruega, pero que su sede principal será La Habana, aunque podrá sesionar en otros países. Asimismo, establece que se desarrollarán conversaciones con el apoyo de los gobiernos de Cuba y Noruega, como garantes, y los gobiernos de Venezuela y Chile como acompañantes, y que de acuerdo con las necesidades del proceso se podrá en común acuerdo invitar a otros países.

RCN reveló a comienzos de la semana que las partes acordaron instalar la mesa de diálogo el 5 de octubre en Oslo, tras una fase de conversaciones preliminares en las que participaron Alejandro Eder, consejero presidencial para la Reintegración, y Rodrigo Granda, miembro del equipo de Relaciones Internacionales de las FARC. Luego se sumaron el consejero para la seguridad nacional, Sergio Jaramillo, y el ministro de Ambiente, Frank Pearl, así como Jaime Parra, alias Mauricio Jaramillo o El Médico, miembro de la cúpula de la guerrilla colombiana, y Jesús Carvajalino, alias Andrés París, otro alto jefe de ese grupo.

Con el título “Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, el texto señala que en la mesa podrán participar hasta diez personas por cada parte, aunque cada delegación podrá estar formada por hasta 30 miembros. A raíz de las insistentes versiones de prensa sobre contactos entre las partes, el presidente Juan Manuel Santos admitió el lunes que su gobierno tuvo acercamientos con las FARC en busca de un proceso de negociaciones que acabe con el conflicto armado interno que afecta al país desde hace cinco décadas.

Santos, que no dio muchos detalles, dijo que las aproximaciones se basan en tres pilares: “aprender de los errores del pasado para no repetirlos, darle fin al conflicto y mantener operaciones y presencia militar en todo el país”. Asimismo, el mandatario afirmó que el otro grupo guerrillero que opera en Colombia, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), puede sumarse eventualmente al proceso, después de que su máximo jefe, Nicolás Rodríguez, alias Gabino, declarara su intención de hablar de paz. Distintos sectores políticos y sociales reaccionaron con esperanza a la confirmación de Santos sobre los acercamientos y ofrecieron respaldo al gobierno para que la negociación culmine con éxito.

“Es un conjunto de países muy equilibrado”, señaló León Valencia, director de la Corporación Nuevo Arco Iris (CNAI), un centro de estudio sobre el conflicto y la paz. El experto dijo que Cuba, que acogió varios diálogos colombianos de paz, y Venezuela, que facilitó acercamientos con fines parecidos, le dan mucha confianza a las FARC. “Noruega y Chile también le dan mucha confianza al gobierno colombiano”, agregó el funcionario.

Esa intervención, rechazada por el ex presidente Alvaro Uribe, fue valorada por la ex senadora Piedad Córdoba, líder de Colombianas y Colombianos por la Paz (CCP), que facilitó la entrega de una veintena de rehenes de las FARC en los últimos años. “La presencia de Chávez es importante en la medida en que Colombia es un país limítrofe”, apuntó la militante de los derechos humanos durante una reunión con la prensa convocada en Bogotá

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