Jul 3 2007
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Cultura

México: – VEÁMONOS EN LA REVOLUCIÓN

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La tradición oral en Anenecuilco ya ha sido abordada por el cineasta Francesco Taboada, en Los últimos zapatistas. Ahora fue distinto, un tanto ficción, una producción alejada del documental que caracteriza la trayectoria de Taboada. La locación comenzó el pasado miércoles a las 7 de la mañana, hasta que la tarde se nubla y la luz impide el rodaje. Un equipo de alumnos de noveno semestre de la carrera de cine del Tecnológico de Monterrey (campus Cuernavaca) asiste en la dirección a su profesor Taboada.

La milpa sembrada en la parcela de Nicolás Zapata es facilitada por los descendientes de Emiliano Zapata. En la clásica foto del Caudillo del Sur y Pancho Villa en Palacio Nacional resalta un niño, con apenas 10 años de edad, que ya anda en la bola, en la insurrección junto a su padre: se trata de don Nicolás.

La tierra es sagrada y se realiza una ceremonia para pedirle permiso a la madre tierra para filmar entre sus surcos.

El cortometraje tendrá como actor a Luis Fernando Peña, que a su corta edad ya filmó Un embrujo (1998), De la calle (2001), Amar te duele (2002) y Perfume de violetas (2000); el papel lo comparte con auténticos campesinos de Morelos. Lo interesante es que entre ellos Taboada decide que hablarán en náhuatl, así que Luis Fernando Peña, con la capacidad histriónica ya consolidada, asume el riesgo de un proyecto con fragmentos de nuestra lengua materna e historia vapuleada.

Escena uno, toma uno. La cámara hace un paneo, los peones trabajan; mientras el hacendado del porfiriato toma su mezcal bajo la sombra, un capataz, látigo en mano, amenaza a los campesinos de no darles comida.

Ellos hablan:

–No revolucionarios, pakuise sarepente ni tloyohuak kisiskisque nin hacienda (son los revolucionarios, ya se acercan, esta noche seguro toman la hacienda).

–¿No mailahuak? (¿de veras?).

–Kema, tus nikitak pa huan tlayekanak no, general zapatistas, no la moevalek por noxtin, masevale (sí, como que al mando viene un general zapatista, que es cabrón entre cabrones… más nos vale).

Escena dos, toma cuatro. A lo lejos se escucha un estallido de cañón, el capataz asustado dicta órdenes de seguir trabajando y el hacendado no se entera de que sus días están contados. El joven campesino (Luis Fernando Peña) al regreso a su jacal ve el asesinato de su familia a manos del hacendado porfirista.

Obviamente no contaré el final, no hace falta. Las locaciones se trasladan a Cuautla, a la Iglesia de San Diego, y a Apatlaco (Hacienda de Cuahuixtla) para recrear un campamento revolucionario. Dos días de intenso trabajo para un cortometraje de poco más de 8 minutos.

Con Francesco Taboada hablé en Buenos Aires

la conversación puede leerse en esta revista aquí>

y recuperamos el tiempo de no vernos; me contó que Francisco Vargas no llegó –en esos días– a la Argentina pues se presentó en ausencia su película El violín (a diferencia de Cuernavaca, ciudad donde este director dialogó con el público del Cine Morelos); su proyección internacional me parece inspiró a Francesco para que sus alumnos iniciaran su práctica con una historia de dignidad, tierra, balas e injusticias. Ahora viene lo difícil: la edición en los Estudios Churubusco, su distribución en salas comerciales o digitalización en dvd.

Francesco cuida cada detalle estético, el vestuario de época, evita que los campesinos se distraigan con la cámara, todo sale con naturalidad, pues son sus historias.

Resumiendo: en la composición visual del relato hay una intencionalidad de darle un contenido social al cortometraje. Y en estos tiempos frívolos de farándula se agradece el trabajo de Taboada, por lo menos yo le estoy agradecido por la invitación al rodaje y a la identidad de nuestra raíz.

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foto
* Periodista.

Artículo publicado originalmente en el diario La Jornada Morelos; se reproduce aquí por gentileza de su autor.1/p>

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