May 7 2015
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Pol铆ticaSociedad

Mi encuentro con el Che

En el 1963聽聽hice un viaje a Venezuela. Entonces era un joven reportero que trabajaba para la revista italiana聽Rinascita聽(el semanal del PCI).聽En una entrevista al Presidente Betancourt 茅ste me habl贸 de lo muy preocupado que estaba, como socialdem贸crata, del surgimiento de una guerrilla en Venezuela. Me puse entonces a buscar su l铆der, Luben Petkoff, pero no pude dar con 茅l.

S铆 pude charlar con algunos simpatizantes y de ello surgi贸 un reportaje con los campesinos que Petkoff quer铆a alistar, siguiendo el modelo cubano. Llegu茅 a la conclusi贸n que la realidad era profundamente distinta a lo que pensaba Petkoff y que la guerrilla no iba a tener 茅xito.聽 Desde Venezuela viaj茅 a Cuba, donde convers茅 con varias personas que la Revoluci贸n cubana no se iba a replicar all铆, cosa que no gust贸 a varios de mis interlocutores.

Estaba alojado en el hotel Nacional y una noche, mientras dorm铆a, me despertaron unos insistentes golpes a la puerta. Eran las dos de la ma帽ana. Un miliciano, en uniforme verde olivo, me dijo que el Comandante Guevara quiera verme. Me vest铆, y el miliciano me llev贸 al Ministerio de Industria, del cual el Che era ministro. El edificio estaba totalmente a oscuras, a excepci贸n del ultimo piso. El primer miliciano le dijo a otro que estaba de guardia que me esperaba el Che, y subimos al ultimo piso, donde un tercer miliciano me condujo hasta el despacho del Che. Abri贸 la puerta, me anunci贸 y me invit贸 a entrar. Entr茅 en el despacho y me encontr茅 dentro de un gran cuarto, revestido de madera tropical y con una gran mesa llena de una buena cantidad de papeles. Al otro lado de esa mesa estaba sentado el Che.

El Che se levant贸 y sin rodeos me dijo: 芦驴Y por qu茅 la guerrilla en Venezuela va a fracasar?禄 Se dio cuenta de que yo estaba desconcertado, y me dijo: 芦 Antes de nada, a esta hora nos va a venir bien un caf茅禄.cuna che fidel

A bri贸 la puerta y le dijo al miliciano que volviera con dos caf茅s.

El miliciano apareci贸 r谩pidamente con los dos caf茅s en una bandeja y se dirigi贸 hacia聽聽el Che, que le indic贸: 芦Chico, los hu茅spedes primero禄. El miliciano se acerc贸 a mi por el lado izquierdo y gir贸 la bandeja hacia mi. Al hacerlo, la metralleta que llevaba colgada en el lado derecho de su espalda vino a dar con mi sien izquierda. Un reflejo聽聽instintivo me hizo dar un brinco y golpear la bandeja.聽聽Estupefacto y horrorizado, vi c贸mo las dos tazas de caf茅 volaron, rebotaron sobre la mesa y mancharon una incre铆ble cantidad de papeles. Si hubiera querido hacer algo as铆 a prop贸sito, no lo hubiera logrado.

Me qued茅 paralizado, y el Che dijo: 芦Por fin llega una persona que, de un solo golpe, me elimina tantos papeles禄. Y as铆 fue como le tom茅 un gran cari帽o.

Conversamos hasta las cuatro de la ma帽ana. Por cada explicaci贸n que le daba, 茅l se mostraba poco convencido y me ped铆a mas detalles. Nunca acept贸 ninguno de los argumentos聽聽que le presentaba y me qued茅 con la impresi贸n de que se trataba de una persona de extraordinaria calidad humana, pero muy obcecada.

Al final de la noche el Che me regal贸 un libro suyo,聽聽La guerra de guerrillas, con una dedicatoria que dec铆a: 芦A Roberto Savio, en recuerdo de una extensa noche de verano, sin pretensi贸n de adoctrinamiento. El Che禄.

che1Pasaron muchos a帽os. En 1973 realic茅 un largo documental en tres episodios, de una hora de duraci贸n cada uno, sobre el Che y su muerte. Trabajaba entonces como corresponsal jefe para la RAI, la Televisi贸n italiana, en Am茅rica Latina. La RAI destruy贸 mi trabajo y en su lugar retransmiti贸 dos episodios de 50 minutos, totalmente diferentes a lo que yo hab铆a concebido, pero usando mi material y mi nombre. Cuando protest茅 por ello, me despidieron. Mi documental estaba hecho s贸lo de entrevistas irrepetibles, m谩s de cien, desde la 煤nica que ofreci贸 el Secretario del Partido Comunista de Bolivia, Mario Monje, a la del sargento Mario Ter谩n,聽聽que mat贸 al Che en La Higuera, pasando por la de Sheldon,聽聽el ranger americano que entren贸 a los soldados de la contraguerrilla, la Holleeder, jefe de los servicios de inteligencia americana en Bolivia, o la de Salvador Allende. Desde entonces no me ocupe m谩s del Che.

En 1964 hab铆a creado IPS y el despido de la RAI me permit铆a ocuparme de la Agencia a tiempo completo. Pas贸 el tiempo, y un d铆a mi secretaria me anunci贸 la visita de un diputado venezolano, del cual desgraciadamente no recuerdo el nombre. Mientras le preguntaba a ella cu谩l era el motivo de su visita, el diputado abri贸 la puerta, irrumpi贸 en mi despacho, y me dijo: 芦Oye chico, 隆qu茅 ma帽ana聽聽dif铆cil nos hiciste pasar con el Che!禄, como si este hablara de algo que hab铆a pasado ayer鈥

As铆 supe que cuando yo abandon茅 el despacho del Che, entorno a las 4 de la ma帽ana, el Che se dirigi贸 a la casa donde estaba alojada una delegaci贸n de la guerrilla venezolana. Los聽聽despert贸 y les dijo: 芦Ha estado aqu铆 un聽tano聽que me ha presentado una serie de razones por las cuales la guerrilla va a ser un fracaso禄. Y les fue refiriendo todas mis razones mientras les ped铆a una explicaci贸n para cada una de ellas. El diputado me dijo: 芦Fue una ma帽ana dif铆cil, porque estabas bien informado y con argumentos reales禄.

Descubr铆 as铆 que Che Guevara, lejos de estar obcecado, como yo hab铆a pensado durante tantos a帽os, hab铆a registrado todos mis argumentos y los hab铆a usado para cotejar con las respuestas de los guerrilleros venezolanos. No me queda ninguna duda de que el Che cre铆a en la guerrilla. Y que escuchaba, mucho m谩s de los que hac铆a ver.

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