Abr 9 2007
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Cultura

Mitos, reflexiones: – EL PESO DE LA CRUZ

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Para muchos, lo que llamamos mito es solo una ilusión, una distorsión y una aproximación infantil a la realidad. Para otros, en cambio, el mito encierra una información preciosa que espera ser descifrada por la interpretación racional. Y para una pequeña minoría, capaces de mirar a través de ellos, los mitos son la puerta a lo genuinamente místico.

El intento, en estos últimos, es preservar el mito, negando, al mismo tiempo, su sentido original. Así, por ejemplo, lo podemos ver en los gnósticos, Philo –o Filo–, Platón, Aristóteles, Plotino y, especialmente, en el cristiano Orígenes –u Origen–, quien desarrolla una solución brillante que hoy conocemos como método alegórico.

Cualquier mito, y con ello se refiere al Antiguo Testamento, puede ser interpretado en tres niveles: literal, ético y alegórico, en donde cada lectura sucesiva implica un nivel de significación mas profundo. Literal es solo lo que el mito dice. Ético significa tomar el mito y racionalmente re-trabajarlo para aplicarlo a la situación ética presente. Alegórico es cuando se usa el mito para significar cualquier experiencia mística, espiritual o trans-racional que queramos.

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La brillantez de este esquema es que toma un mito pre-racional (literal) y lo eleva, primero, a un nivel racional (ético) para luego llevarlo a un plano trans-racional (místico), de tal manera que el mito, a cada nivel, nos revela algo diferente, independientemente de lo que originalmente significaba. Paradójicamente, el mito es preservado y negado.

En el año 250 D. C. Orígenes fue hecho prisionero, torturado y condenado por herético. Es este método el que los mitólogos, a través de la historia, desde la Iglesia Católica hasta Joseph Campbell, han empleado cada vez que ha sido necesario penetrar el significado mítico. Es en esta tradición en la que Karl Gustaf Jung se inserta.

Jung dice que su obra no se dirige “Al feliz poseedor de la fe, sino, a los muchos para quienes la luz se ha extinguido, el misterio se ha desvanecido y Dios ha muerto. Para la mayor parte de ellos no hay posible retorno. Pero, incluso, si lo hubiera, no sabríamos si vale la pena. Para obtener cierta comprensión en materias religiosas todo lo que nos queda es la aproximación psicológica. Esta es la razón de porqué tomo estas formas mentales, que históricamente se han solidificado, para tratar de disolverlas y volver a ponerlas en los moldes de nuestra experiencia inmediata”…

De acuerdo a la versión junguiana, cuando el mito cristiano es examinado cuidadosamente a la luz de la psicología analítica, la conclusión inescapable es la de que el significado latente del cristianismo es la búsqueda de la individualización. A través de Jesucristo, Dios se encarna y se hace hombre. Jesucristo es ambos. Jesús se presenta como un ser humano que vive una existencia particular, históricamente ubicada en el espacio y en el tiempo. Como Cristo, en cambio, se presenta como el logos que ha existido desde siempre, más allá del tiempo y del espacio, la divinidad eterna en si-misma.

Entendido psicológicamente, Cristo es un símbolo arquetípico que representa la unidad de los contrarios. Jesucristo simboliza, simultáneamente, la si-mismidad y el yo ideal. Dios y Cristo, por tanto, no son realidades externas a la psique, sino, internas. El hecho de que la religión occidental conciba la realidad de Dios como existente mas allá de la psique humana, se debe al olvido y pérdida de contacto con la experiencia original. Es la psique, por el contrario, la que inconscientemente crea y proyecta símbolos culturalmente modelados en un intento de representar y reconciliar los opuestos.

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La psique no tiene solo una dimensión individual, producto de la experiencia personal, sino, también, una dimensión pre-personal o trans-personal que se manifiesta en moldes e imágenes que podemos encontrar en la mitología y las religiones y cuya estructura y principio ordenador es posible discernir.

En la visión jungiana, este principio ordenador y arquetipo central es la si mismidad, que corresponde a la totalidad de la psique-conciente e inconciente, que simbólicamente se ha venido representando a través de la imagen del mandala, que es un circulo y su centro con la adición de un cuadrado o una cruz. Temas típicos asociados con la si-mismidad son los de totalidad, unión de los opuestos, elixir de la vida, transformación de energía, punto generativo central, incorruptibilidad y fuente central de la energía vital.

Desde un punto de vista fenomenológico, una de las fuentes más ricas en el estudio de la psique la proporcionan las innumerables representaciones de la divinidad que el ser humano ha venido produciendo históricamente.

Dentro del movimiento analítico predomina la idea de que, en su sentido general, la primera mitad de la vida se caracteriza por el desarrollo de la conciencia y su progresiva separación del inconciente. Erich Neuman, basándose en materiales etnográficos, ha descrito simbólicamente el estado psíquico prior al surgimiento del yo, usando la imagen circular de una serpiente comiéndose la cola.

De acuerdo con el, éste seria el mandala original que representa el estado de totalidad inconsciente desde el cual el germen del futuro ego, centro de la conciencia, nace. A partir de ese instante, la psique posee, no uno, sino, dos centros autónomos sin comunicación ni reconocimiento y su relación altamente compleja y problemática corresponde, cercanamente, a la relación del ser humano con su “creador”.

En este sentido, el mito cristiano puede ser visto como una expresión simbólica de la relación entre la conciencia y el inconsciente, entre el yo y la si-mismidad en sus diferentes estados de crecimiento y de desarrollo. En un sentido teleológico el objetivo final de la individualización es la reunión de estos dos centros, su integración y unidad a un nivel más elevado.

La conciencia reconoce al inconciente y este se hace conciente de sí mismo. La muerte y la resurrección de Cristo representan el momento en que Dios logra su propia completitud: coincidentia oppositorum.

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La tradición judeo-cristiana, muy luego después de su origen, se transforma en una organización religiosa con la autoridad teológica de seleccionar y rechazar símbolos colectivos, con lo que empieza a perder contacto con la riqueza arquetípica de sus inicios. Esta es la razón, dice Jung, de que el Dios de la tradición judeo-cristiana sea un Dios incompleto. El símbolo de la trinidad no reconcilia todos los opuestos al desvalorizar (dejar afuera) a la mujer, la naturaleza, el cuerpo y el mal.

El intento de Dios de transformarse en hombre es un intento fallido desde el momento en que los opuestos, por no ser reconocidos, no pueden ser completamente integrados.

El cristianismo es incapaz de resolver la problemática psicológica de la humanidad, a no ser que sea capaz de proveer, a través de su simbolismo, una vía más completa para unificar o los opuestos que este más en línea con los procesos naturales de la individualización psicológica.

El genio de Jung se muestra en esta visión que es una de las últimas expresiones trascendentalistas del estructuralismo del siglo XX que no logro traspasar el circulo hegeliano y que, sin embargo, contribuyo a la descentralización del sujeto.

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* Escritores y docentes. Residen en Canadá.

La imagen que abre la nota representa a Karl Gustaf Jung.
El mandala corresponde a una obra de S.D. Hewitt; otros ejemplos del artista pueden encontrarse en www.stephandavidhewitt.com/ArtGallery1.htm.
La representación de la Trinidad corresponde a un dibujo simbólico utilizado por los alquimistas cristianos hasta la prohibición de la alquimia por el papado.

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