Jun 11 2006
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Economía

Mundial. – LOS GALLOS EN EL RUEDO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El periodista argentino Diego Graciano* escribi√≥ en Brasil sus P√°lpitos del blog respecto de lo ser√° ‚Äďcomienza a ser‚Äď el Mundial de Alemania. D√≠as antes de comenzar la competencia, escribi√≥:

‚Äď Mejor equipo: Brasil.

‚Äď Equipo revelaci√≥n: Portugal,

‚Äď Equipo sorpresa: Togo,

‚Äď La gran decepci√≥n: Italia.

‚Äď Goleador del Mundial: Adriano (Brasil).

‚Äď Revelaciones en Brasil: los suplentes Robinho y Cicinho.

‚Äď Revelaciones en Argentina: los suplentes T√©vez y Palacio.

Cit√≥ adem√°s al periodista brasile√Īo Juca Kfouri ‚Äďrevista Caros Amigos de Junio de 2006‚Äď:
¬ęPara que Brasil sea Hexa tendr√° que vencer rivales fuertes como el arbitraje. Creo que Brasil no ganar√° la Copa y habr√° manipulaci√≥n. Esta vez los √°rbitros van a estar contra Brasil y eso ser√° suficiente para dejarnos fuera de la Copa¬Ľ.

Desde otro ángulo la revista Zazpika**, magazine del diario gipuzkoano Gara se ocupó del entonces próximo campeonato en los siguientes términos:

CERRADO POR F√öTBOL

El Campeonato Mundial de F√ļtbol volver√° a paralizar el mundo.

fotoSi es una opini√≥n m√°s o menos discutible el dicho que afirma que el Bar√ßa es m√°s que un club, lo que parece fuera de toda duda es que el f√ļtbol s√≠ es algo m√°s que un deporte. Para unos, modelo de manejos oscuros, de intereses econ√≥micos creados a la sombra de unos colores y gracias a la ingenuidad de unos seguidores dispuestos a no cuestionarse nada si su equipo les otorga ligas y trofeos. Para otros, en cambio, el f√ļtbol es un deporte capaz de hermanar a gentes que dif√≠cilmente tendr√≠an algo en com√ļn sino fuera por su afici√≥n a este deporte.

Ejemplos que sustenten estas creencias no faltan. Ex pol√≠ticos y ex constructores de trayectoria m√°s o menos clara suelen coincidir con el perfil de algunos presidentes de clubes. En esta l√≠nea la UEFA ultima estos d√≠as la investigaci√≥n que se cierne sobre la Juventus de Tur√≠n, equipo al que se acusa de apa√Īar partidos de la Liga italiana y de la Copa de Europa.

Millonarios ingresos por publicidad, recalificación de terrenos, violencia sectaria, ciudades deportivas, derechos televisivos, en fin, un negocio inmenso de base quebradiza que se sustenta sobre la emoción y los sentimientos de los aficionados.
Los once jugadores representan también, en una carambola mezcla de sentimientos y adrenalina, mucho más que un resultado favorable o adverso.

En Irlanda del Norte, en los a√Īos de plomo entre protestantes y cat√≥licos, un bal√≥n, el ovalado de la selecci√≥n de rugby, era el √ļnico nexo de uni√≥n entre las dos comunidades enfrentadas cuando el equipo local med√≠a sus fuerzas frente a Inglaterra. El Glasgow Rangers, por el contrario, represent√≥, exclusivamente, a la afici√≥n protestante de esa ciudad escocesa mientras que el Celtic de Glasgow hac√≠a lo propio con los cat√≥licos.

El f√ļtbol tampoco es ajeno a la √©pica m√°s dram√°tica. En Ucrania, un monumento recuerda a los jugadores del D√≠namo de Kiev fusilados, en 1942 por los ocupantes nazis. En plena II Guerra Mundial, y con √°rbitro teut√≥nico incluido, los jugadores sovi√©ticos, a pesar de las advertencias en su contra, derrotaron contundentemente al once invasor. Fueron fusilados en lo alto de un barranco y con las camisetas de su equipo puestas.

Celebrar un gol o la subida al marcador de un tanto ha tenido muchos significados al margen del evidente. Ha sido una espita para reivindicar agravios y, en muchos pa√≠ses y en momentos diversos de la historia, el f√ļtbol ha sido la √ļnica forma m√°s o menos tolerada de promover reivindicaciones colectivas.

La venganza de Argentina despu√©s de ser humillada por los ingleses en la guerra de Las Malvinas se consum√≥ el 22 de junio de 1986 en el estadio Azteca de la capital de M√©xico. Su arma secreta se llamaba El Pelusa. Maradona veng√≥ la afrenta hundiendo dos veces el esf√©rico en la porter√≠a inglesa, uno de cuyos tantos fue conseguido con la mano. Los seguidores de la selecci√≥n albiceleste hablaron entonces de la ‚Äúmano de Dios‚ÄĚ.

Reglas de Cambridge

Muchos pa√≠ses y culturas distintas se disputan el honor de ser la cuna de algo parecido al actual f√ļtbol. Los juegos de pelota de los incas precolombinos, el tsu chu chino, el episkyros griego, el harpastum romano, la soule gala, el kemari japon√©s, todos tienen en com√ļn las evoluciones de unos jugadores alrededor de una pelota.

En origen casi todos estos juegos ancestrales tienen una explicaci√≥n simb√≥lico religiosa y tambi√©n de adiestramiento militar. Sin embargo, el nacimiento del f√ļtbol en la forma que hoy d√≠a se practica, conoci√≥ su alumbramiento en la Inglaterra de 1823. En la localidad de Rugby se consum√≥, no sin tensiones, la escisi√≥n entre los seguidores del bal√≥n ovalado que pod√≠a jugarse a la mano y aquellos que prefer√≠an jugar con uno redondeado y que s√≥lo pod√≠a golpearse con los pies.

De aquellos tiempos √©picos para el balompi√© se rescat√≥ tambi√©n la sentencia que pretend√≠a fijar el car√°cter de los diferentes contrincantes con un contundente, ‚ÄúEl rugby es un juego de villanos practicado por caballeros, y el f√ļtbol, un juego de caballeros practicado por villanos‚ÄĚ. La controvertida escisi√≥n se consolid√≥ y las reglas de juego se redactaron, a√Īos m√°s tarde, en 1848, en el Trinity College de Cambridge. Las reglas de Cambridge son la esencia de lo que hoy se conoce com√ļnmente como reglas de juego a lo largo y ancho del mundo.

En el Estado, como en otros √°mbitos europeos, el f√ļtbol lleg√≥ de la mano de emigrantes ingleses afincados en el sur de la pen√≠nsula. La colonia brit√°nica que viv√≠a en la proximidad de las minas onubenses de R√≠o Tinto fue la pionera en poner el bal√≥n en juego. El Huelva Recreation Club, fundado en 1878, contempl√≥ las r√≠gidas carreras de aquellos estirados ingleses que, conscientes de su clase, s√≥lo permit√≠an, en sus instalaciones, el juego a sus iguales.

La simplicidad de las reglas y lo participativo del juego propici√≥ que, pronto, el esf√©rico rodara entre los pies de los lugare√Īos y, que, de ah√≠, se extendiera velozmente al resto de la Pen√≠nsula.

Veinte a√Īos m√°s tarde, en 1898, el a√Īo en que el gobierno de Sagasta ve√≠a como el sistema de dominaci√≥n colonial se hund√≠a definitivamente con la p√©rdida de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam, fue tambi√©n el de la fundaci√≥n de uno de los grandes, el Athletic Club de Bilbao. El Palam√≥s Club de F√ļtbol se fund√≥ tambi√©n en ese a√Īo hist√≥rico. El Barcelona hubo de esperar un a√Īo m√°s para ver como el suizo Hans Gamper otorgaba oficialidad al sentimiento balomp√©dico de la ciudad condal.

Los brit√°nicos continuaron su expansi√≥n comercial y militar por el mundo y el f√ļtbol viaj√≥ con ellos. As√≠ no es de extra√Īar que alguno de los m√°s grandes equipos del f√ļtbol sudamericano ostenten nombres anglosajones como el R√≠ver Plate y el R√°cing Club en Argentina, el Rangers y el √Čverton en la liga chilena, el W√°nderers en Uruguay o el Corinthians en la brasile√Īa por ejemplo.

La FIFA y los intelectuales

El escritor uruguayo, Eduardo Galeano, gran enamorado del f√ļtbol, al igual que buena parte de sus compatriotas, escribi√≥ en el pr√≥logo de su libro El f√ļtbol a sol y sombra, una dedicatoria a los ni√Īos de un barrio de Montevideo que volviendo de jugar un partido coreaban una canci√≥n cuyo estribillo repet√≠a ‚Äúganamos, perdimos, / igual nos divertimos‚ÄĚ. Es evidente que en el complicado mundo del f√ļtbol profesional la diversi√≥n se ha sustituido por la t√©cnica y la eficacia goleadora.

La belleza y la fantas√≠a no son, por s√≠ solas, rentables, y por lo tanto se suprimen. Galeano sostiene que el juego se ha convertido en espect√°culo y √©ste se ha transformado en uno de los m√°s grandes y lucrativos negocios del mundo. La FIFA (Federaci√≥n Internacional de F√ļtbol Asociaci√≥n) que reparte los dividendos generados por este deporte desde su villa y corte de Zurich, maneja n√ļmeros, estad√≠sticas y presupuestos que superan los de una multinacional como General Motors o las cuentas p√ļblicas de un Estado como el franc√©s.

Se calcula que en el mundo est√°n registrados una cifra superior a los seiscientos mil equipos y en la FIFA est√°n inscritas doscientas cinco asociaciones nacionales. Por tanto existen m√°s naciones futbol√≠sticas que naciones-Estado amparadas por la ONU. La retransmisi√≥n de los partidos de f√ļtbol por televisi√≥n ha disparado el volumen de negocio.

El f√ļtbol, considerado como un deporte de masas, ha dividido siempre a los intelectuales en sus opiniones al respecto. El cantor del Imperio Brit√°nico, Rudyard Kypling, abomin√≥ de su pr√°ctica llamando ‚Äúalmas peque√Īas‚ÄĚ a los seguidores y ‚Äúembarrados idiotas‚ÄĚ a los jugadores. Muchos intelectuales de izquierda han comparado al f√ļtbol con el opio del pueblo del que hablaba Marx en referencia al papel de la religi√≥n en la sociedad. Sin embargo, Albert Camus, gran aficionado en su juventud a correr detr√°s de la pelota confes√≥ en su madurez que el f√ļtbol era la disciplina que m√°s le hab√≠a ense√Īado acerca de la moral y las obligaciones de los hombres.

El marxista italiano Antonio Gramsci elogi√≥ este deporte al considerarlo ‚Äúun reino de la lealtad humana ejercida al aire libre‚ÄĚ. El argentino Jorge Luis Borges, fiel a su estilo cr√≠ptico y sutil, lleno de laberintos y s√≠mbolos que aparentan ser lo que no son, riz√≥ el rizo convocando en Buenos Aires una conferencia que versaba sobre la inmortalidad del alma el mismo d√≠a y a la misma hora en que la selecci√≥n argentina disputaba su primer partido en el Mundial del 78.

El Nobel colombiano Garc√≠a M√°rquez admiti√≥ que el f√ļtbol le hab√≠a otorgado grandes satisfacciones y la mayor de todas hab√≠a sido el forjarle una nueva personalidad en la que, durante los noventa minutos, quedaba excluido el sentido del rid√≠culo. El mismo escritor redactar√≠a, tiempo despu√©s de aquellas declaraciones, un paneg√≠rico que glosaba las virtudes del jugador de la selecci√≥n colombiana Andr√©s Escobar, asesinado de ocho tiros en su pa√≠s por el delito de haberse marcado un gol en propia puerta en un encuentro de la Copa del Mundo celebrado en Estados Unidos.

En otro orden de cosas, aunque esta vez poniendo al ser humano en el centro y a la literatura y al f√ļtbol a los lados, el escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, autor de Yo, el Supremo, pudo ser sometido a una costosa operaci√≥n a coraz√≥n abierto gracias a la generosidad del portero de la selecci√≥n paraguaya, √≠dolo nacional en el mundial de 1998, Jos√© Luis F√©lix Chilavert. El hosco y pol√©mico cancerbero demostr√≥ que las apariencias enga√Īan, no s√≥lo en su esplendidez para con el escritor laureado sino en la gran cantidad de an√≥nimas donaciones efectuadas por el meta paraguayo. La muerte de Roa Bastos priv√≥ al mundo de la que se supon√≠a iba a ser su obra postrera, una biograf√≠a del reconocido portero de la selecci√≥n del pa√≠s del Chaco.

El f√ļtbol del sur del mundo

Eduardo Galeano afirma que todos los uruguayos nacen gritando gol y que esa es la explicación al tremendo estrépito reinante en las maternidades de ese país sudamericano.

Si es cierto que el f√ļtbol moderno forj√≥ sus normas y l√≠mites en Inglaterra no es menos cierto que en Suram√©rica se hizo libre. La concepci√≥n de este deporte cambi√≥ y se hizo m√°gica bajo los azules luminosos y tropicales del sur del mundo. Un sur que, a d√≠a de hoy, sigue siendo la cantera inagotable que nutre al f√ļtbol de Europa de sus estrellas m√°s rutilantes. Son √©stos los mulatos y los negros un√°nimemente aceptados por todos, excepto por la afici√≥n del equipo rival, claro est√°.

Los ni√Īos que se hicieron j√≥venes jugando en las favelas, en las playas, en los barrios tuvieron que aprender, no a chutar duro, que tambi√©n, sino sobre todo a acariciar la pelota, a no separarla de los pies, a hacer cabriolas y autopases en espacios reducidos y quebradizos. Fue as√≠ como el f√ļtbol f√≠sico y largo tra√≠do a Am√©rica por los europeos se hizo astuto y vistoso, el ‚Äúxoga bonito‚ÄĚ que ahora publicitan los astros brasile√Īos del Barcelona o el Real Madrid.

El tambi√©n llamado f√ļtbol criollo firm√≥ una nuevo contrato con este deporte en el que el toque era la firma principal. Se ofrecieron remates que recordaban a la capoeira, la danza-lucha llevada al Nuevo Mundo por los esclavos africanos y se bautiz√≥ como ‚Äúde chilena‚ÄĚ a un espectacular remate de espaldas y hacia atr√°s que, Hugo S√°nchez, el delantero mexicano del Real Madrid convirti√≥ en una de sus especialidades muchos decenios m√°s tarde.

El Mundial del 58 en Suecia fue el evento que consagr√≥ esta novedosa concepci√≥n del f√ļtbol. Pel√© y Garrincha encarnaron en sus personas y trayectorias esas cualidades del nuevo f√ļtbol nacido en las barriadas humildes y las chabolas.
El ejemplo de Garrincha sirve para ilustrar aquella prodigiosa generación de futbolistas.

Alguno de sus muchos hermanos bautiz√≥, al que fuera futuro √≠dolo de masas en Brasil con el nombre de Garrincha, porque su f√≠sico recordaba al del pajarito desgarbado y feo que lleva ese nombre. Superviviente de una grave poliomielitis los m√©dicos le aseguraron que nunca podr√≠a andar con normalidad. Su columna vertebral desviada, las piernas torcidas, su cojera y su comportamiento infantil, no permit√≠an augurar al astro que, a√Īos m√°s tarde deslumbrar√≠a a medio mundo, con su juego colorista, vistiendo la camiseta brasile√Īa.

Manuel Francisco Dos Santos ‚ÄúGarrincha‚ÄĚ nunca se tom√≥ su arte en serio y desde su √©poca de delantero en el Botafogo, fue tan famoso con su habilidad con el esf√©rico como por una vitalidad sin fin que le impulsaba a escaparse de las concentraciones y los horarios en busca de partidos callejeros, cerveza y mujeres. Garrincha llev√≥ a Brasil de la mano hasta sus triunfos m√°s legendarios pero √©l nunca fue un ganador. El final de su vida fue muy similar a su primera infancia, alcoholizado, pobre y solo Garrincha muri√≥ el veinte de enero de 1983 en R√≠o de Janeiro.

Los grandes delirios de la afici√≥n tienen que ver en muchas ocasiones con el origen humilde de sus h√©roes. El carisma del reci√©n retirado Zinedine Zidane, tiene que ver, obviamente, con su ejemplar trayectoria deportiva, pero tambi√©n, con sus primeros a√Īos como residente en un suburbio de Marsella.

También, aunque con desmesura e hipérbole incluidas, es el caso de Maradona, cuya fama ha convertido su barraca natal, en el suburbio bonaerense de Villa Fiorito, esquina de las calles Azomor y María Bravo, en un punto de peregrinación, de curiosos, aficionados y hasta devotos, porque el Pibe, el Pelusa, Dieguito, el 10, o simplemente Maradona, desborda los cauces normales de análisis aplicables a la afición deportiva para convertirse en algo más y, en ocasiones, en muchísimo más.

Maradona, el ni√Īo pobre convertido, por la gracia de la pelota, primero en √≠dolo, despu√©s en mito, en santo, m√°s tarde en m√°rtir y, desde luego, en un fen√≥meno sociol√≥gico, comparable tan s√≥lo a los grandes referentes porte√Īos, pre√Īados por la tragedia y la gloria a partes iguales y en cuyo pante√≥n el futbolista genial comparte vela y nicho junto a Carlos Gardel y Evita Per√≥n. A sus seguidores se les conoce con el nombre de maradonianos y est√°n tan desprovistos de juicio cr√≠tico como los sectarios modernos adoradores de una deidad oriental de nuevo cu√Īo.

El ‚Äúhomo ludens‚ÄĚ

En estos d√≠as previos al Mundial de Alemania se prepara en el mismo pa√≠s centroeuropeo otro campeonato. Hamburgo es la sede de esta interesante alternativa, al margen del f√ļtbol oficial, y que s√≥lo admite como requisito imprescindible ganas de participar y de jugar al f√ļtbol. De momento, unos imaginativos combinados de Gibraltar, Groenlandia, T√≠bet, Zanz√≠bar, y dos equipos locales, uno de ellos denominado Rep√ļblica de San Pauli, se han apuntado a este nuevo festival en el que el f√ļtbol vuelve a ser el nexo de uni√≥n.

La iniciativa surgió del propio FC St. Pauli, un equipo local de Hamburgo, que milita en la tercera división y que, al margen, de sus éxitos o derrotas deportivas se ha hecho famoso por la vehemencia y la alegría de una afición que no deja de animar a sus colores, indiferente al resultado, durante los noventa minutos.

El f√ļtbol, que comenz√≥ siendo un deporte elitista y de minor√≠as, ha trascendido todas las clases sociales. Ricos y pobres, premios Nobel y analfabetos, confiesan, por igual, su pasi√≥n por la pelota. Cristianos, jud√≠os, musulmanes y budistas corren tras el esf√©rico con igual devoci√≥n. En Ir√°n la magia del f√ļtbol se ha revelado tan poderosa que existe una pujante selecci√≥n femenina, que, ataviada con pantalones largos y el preceptivo pa√Īuelo, hilvana jugada tras jugada ante el entusiasmo de la grada compuesta exclusivamente por f√©minas.

La fuerza que emana de una pelota rodando es tan seductora como para permitir que arcaicas formas de f√ļtbol sobrevivan, una vez que el umbral del m√≠tico a√Īo 2.000 se haya superado con creces. Una de las m√°s espectaculares es el Calcio Storico, que se remonta al siglo XVI. Cada mes de junio en la florentina Piazza Sta. Croce, 26 jugadores encuadrados en cuatro equipos, cada uno de los cuales representa a una iglesia de la hist√≥rica ciudad, luchan literalmente por hacerse con el control del esf√©rico. El trofeo es un ternero blanco vivo.

El √©xito en la difusi√≥n del f√ļtbol ha querido explicarse por la facilidad de las reglas, por lo barato que puede resultar jugar un partido, por la espontaneidad con que puede brotar el juego y por un sin fin m√°s de conjeturas. Quiz√°s la hip√≥tesis que mejor explica la repercusi√≥n mundial del f√ļtbol sea la que hace hincapi√© en las cualidades propias del ser humano.

Johan Huizinga ya aventur√≥ en su obra Homo Ludens que la cultura humana brota del juego y que √©ste tiene una estrecha relaci√≥n con la fantas√≠a, la creatividad y la est√©tica. Es posible que si Huizinga hubiera sido un ni√Īo de las favelas en el R√≠o de los sesenta, en lugar de un sesudo historiador y fil√≥sofo holand√©s de entreguerras, hubiera considerado que jugando al f√ļtbol era posible transmitir una ense√Īanza similar a la que nos dejaron sus obras escritas.

Un filme:
LA GRAN FINAL

¬ŅQu√© pueden tener en com√ļn una tribu de ind√≠genas de la selva amaz√≥nica con un grupo de n√≥madas de las monta√Īas mogolas y, a su vez, √©stos, con los tuareg del desierto de Mal√≠? Para Gerardo Olivares, director de La Gran Final la respuesta es clara: su com√ļn afici√≥n por el f√ļtbol y sus similares anhelos por encontrar la infraestructura necesaria para poder ver por televisi√≥n la final del Campeonato del Mundo de F√ļtbol.

Olivares, que se ha hecho un nombre en el mundo de la producción documental con trabajos para televisión sobre antropología, naturaleza y viajes a los más recónditos paisajes del planeta se estrena ahora en el cine con esta original película.

Entrevista con el realizador.

La Gran Final cuenta, en clave de comedia, los esfuerzos de tres grupos de seres humanos muy diferentes y distantes entre s√≠ por ver en televisi√≥n la final del Mundial. ¬ŅEl f√ļtbol hermana las diferentes culturas o es la televisi√≥n la que destruye las particularidades de cada grupo humano?

‚ÄďLa pel√≠cula habla del f√ļtbol y de las pasiones que levanta en la gente pero, sobre todo, del inmenso poder de la televisi√≥n a lo largo y ancho del mundo. A esto se une que la final del mundial es la retransmisi√≥n m√°s seguida en el planeta. Viajando por Africa o por Asia he podido ver en los tejados de las chozas m√°s miserables las parab√≥licas que permiten captar m√°s cien canales de TV diferentes. Entrevista con el realizador.

Ese hecho puede tener interpretaciones muy dispares.

‚ÄďEvidentemente. Por un lado ayuda a tener una visi√≥n del mundo exterior a grupos humanos que nunca han tenido la oportunidad de salir de los l√≠mites de su aldea. Por otro crea en esta misma gente expectativas falsas y distorsionadas de c√≥mo es la vida real, el d√≠a a d√≠a, en sociedades diferentes a la suya. Algunos africanos creen que la vida cotidiana en Europa es la que ven en series como Dinast√≠a, el lujo al alcance de la mano y, claro, la realidad es diferente.

¬ŅCu√°l es el aspecto m√°s creativo que un acontecimiento como el Mundial puede ofrecer al mundo?

‚ÄďLa sorpresa es lo mejor del f√ļtbol, el que una peque√Īa y desconocida selecci√≥n pueda derrotar a uno de los grandes es lo que motiva a muchos aficionados. Todos recordamos aquella selecci√≥n de Camer√ļn que, sin complejos y desarrollando un f√ļtbol creativo, reparti√≥ muchas alegr√≠as y sustos a partes iguales.

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* En su blog http://spaces.msn.com/diegograciano.

** No tiene versión digital. Agradecemos a Juan Manuel Costoya, columnista de Piel de Leopardo, el envío del artículo.

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