Feb 18 2015
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Política

Musulmanes europeos: ¿castigar o integrar?

El terrible asesinato de trabajadores y trabajadoras de Charlie Hebdo ha dado pié a reacciones muy diferentes. En Francia, Manuel Valls hizo un reconocimiento inaudito al afirmar que existe un appartheid en su país, que contradice los principios republicanos. ¿Qué ha fallado de la res publica, de la gestión pública, que no ha sido capaz de integrar a sus propios ciudadanos?

¿Qué ha fallado para que en lugar de la convivencia emerja el odio? ¿Qué barrera invisible separa a los franceses que viven en las banlieues pobres del resto de la ciudadanía?: ¿la religión?, ¿la diferencia cultural?…. ¿No será que lo que diferencia es quien puede ejercer la ciudadanía y quien no, quien se siente discriminado por el estigma de vivir en un barrio pobre o por el estigma de tener un nombre de raíz musulmana? El apparheid simbólico, que tiene consecuencias muy reales, tiene que ver con les contradicciones, exclusiones y expulsiones sociales que practicamos en las sociedades europeas.

Mientras que en Francia analizan como pueden mejorar el sistema educativo y las bases de convivencia, en España se opta por la solución punitiva, modificando el Código Penal, como si el terrorismo fuera un fenómeno desconocido en España y que por ello se tuviera que adoptar instrumentos nuevos. Pero, claro, no es cualquier terrorismo, es el terrorismo yihadista, con calificativo. Esto lo hace diferente. Yo pensaba que matar es igual que matar: rechazable siempre, sean cuales sean los motivos. Pero no parece que se entienda así.

Estamos en una de aquellas situaciones prototípicas, en que se aprovecha un suceso que nos ha conmocionado para endurecer las medidas coercitivas. Se sustituyen las políticas sociales por las cárceles: esta es la opción. Porque el terrorismo yihadista no es la causa, sino la justificación para avanzar hacia un Estado securitario y coercitivo, que ya es el camino que adopta la nueva ley de seguridad ciudadana, y que ahora se remata con esta ley contra el terrorismo. Seguridad a cambio de derechos y libertades en definitiva. No es anecdótica la introducción de la cadena perpetua (eufemísticamente revisable), porque una vez introducida abre la puerta a que pueda aplicarse a muchas otras situaciones. Y resulta irritante la escenificación del pacto entre el PP y el PSOE en este terreno, que se presenta como un pacto unitario, aunque sea solo entre dos partidos. Sorprendente, además, que el PSOE firme un proyecto de ley que dice querer llevar al Tribunal Constitucional: esto no hay quien lo entienda… Pero la foto es nuevamente la del bipartidismo, desacreditado y rancio.

La campaña de pánico moral y odio que se ha desatado en Europa a través de los medios de comunicación no permite hacer demasiados matices ni distinciones y conduce directamente hacia la islamofobia. La amalgama entre terrorismo, islamismo e islam se hace muy fácilmente. Se insiste una y otra vez en la uniformidad de los musulmanes, lo que no tiene ninguna base real, ya que la diversidad de discursos y prácticas en las sociedades musulmanas es enorme. Y oculta que quien más sufre, con mucha diferencia, el terrorismo yihadista son los países donde predomina la religión musulmana.

El socorrido argumento de que la barbarie de los asesinos tiene una base cultural es de una falsedad estrepitosa que, además, nos lleva a culpabilizar indirectamente a los musulmanes europeos. Es aquel choque de civilizaciones del que nos hablaba Huntington, que oculta las relaciones de poder, las exclusiones y desigualdades entre pueblos y que en cambio pone el énfasis en la diferencia cultural, en la superioridad moral de unos ( nosotros ) frente a la barbarie de los otros ( ellos ). En esto consiste el racismo moderno: es la inferiorización de los pueblos utilizando la diferencia cultural como a argumento, ya que hemos desterrado la raza para hacerlo. ¿Somos conscientes hacia donde nos lleva esto? ¿No hemos escarmentado de las experiencias históricas en que se ha atizado el odio entre pueblos? ¿Cómo podemos presumir de superioridad moral mientras olvidamos que la historia de Europa está llena de episodios de odio y violencia hacia los otros ? ¿Qué superioridad moral tienen hoy nuestros gobernantes que optan proteger los intereses financieros y no los de la ciudadanía? ¡Qué fácil es culpar a los otros de nuestros males y eludir las propias responsabilidades!…

Los asesinatos cometidos por determinados individuos o grupos son totalmente rechazables, evidentemente, y hay que circunscribir la culpa hacia quienes los han perpetrado. No hay que confundir la parte con el todo, los asesinos con los conciudadanos que intentan vivir y sobrevivir en nuestras ciudades y pueblos, a menudo con dificultades. Es evidente que unos y otros no comparten la misma cultura por el mero hecho de ser musulmanes. Porque la cultura de matar se aprende desde la rabia y la exclusión. Y la cultura de la convivencia, basada en erradicar las desigualdades sociales, nos enseña cuan iguales somos los seres humanos.

Castigar o integrar son opciones que van en sentido contrario. ¿Cómo podemos construir una sociedad integradora si castigamos a los pobres, y los castigamos doblemente si son musulmanes? ¿Cómo podemos construir una Europa plural si continuamos convirtiendo las diferencias en desigualdades?

*Catedrática de antropología social de la universidad pública Rovira i Virgili de Tarragona y presidenta de la Fundació Nous Noritzons.

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