Nov 4 2019
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Política

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Naomi Klein: La crisis del clima llegó en el peor momento, el del fanatismo por el libre mercado

En medio de los crecientes desastres climáticos en todo el planeta, desde los voraces incendios en el Amazonas hasta el destructivo paso del huracán Dorian por Bahamas, Amy Goodman y Juan González, de Democracy Now!, halaron con la reconocida periodista, escritora y activista canadiense Naomi Klein.
En su nuevo libro On Fire: The (Burning) Case for a Green New Deal [En llamas: el (candente) argumento a favor de un ‘Green New Deal’], Klein analiza sin miramientos el surgimiento del ecofascismo en momentos que los países occidentales refuerzan sus fronteras y la supremacía blanca aumenta en todo el mundo como respuesta a la crisis climática. Pero además plantea otro camino que la humanidad puede recorrer para hacer frente al desafío del calentamiento global por medio de una transformación radical y sistémica.
«Sabemos que si disminuimos nuestras emisiones a tiempo se requerirán transformaciones en nuestro modo de vida en la ciudades, nuestro modo de desplazarnos, nuestro modo de cultivar nuestros alimentos y de obtener la energía que utilizamos», dice Klein. «En esencia, lo que plantea el ‘Green New Deal’ es que si vamos a hacer todo esto, ¿por qué no solucionar a la vez todas estas crisis sistémicas de carácter social y económico? Porque vivimos en una era en la que se solapan múltiples crisis».
Amy Goodman: El título del libro es On Fire: The (Burning) Case for a Green New Deal. Se está hablando mucho de esto. Desde luego los candidatos a las elecciones a lo largo del espectro político hablan de ello, ya sea a favor o en contra. ¿Qué significa para usted el ‘Green New Deal’? ¿A qué tipo de crisis nos estamos enfrentando?

-Es cierto que el ‘Green New Deal’ se ha convertido en una especie de eslogan que ha sido tergiversado más por la cadena de noticias Fox de lo que ha sido descrito de forma correcta por los llamados medios de comunicación progresistas. Así que hay mucha confusión sobre qué quiere decir. Básicamente, es una estrategia transformadora para abordar la crisis climática de una forma acorde con la magnitud de la crisis. Un acercamiento que afirma que los pasos que tomemos deben estar basados en la ciencia. Los científicos nos están diciendo que necesitamos reducir a la mitad las emisiones globales en tan solo 11 años.

Resultado de imagen para Green New Deal[El ‘Green New Deal’] no es una política aislada enfocada en las emisiones de carbono, como un impuesto, o una fijación de límites máximos e intercambio de los derechos de emisión. Su objetivo es transformar la economía, hacerla más equitativa. Se trata de luchar contra la pobreza, contra el racismo, contra todas las manifestaciones de desigualdad y marginación a la vez que disminuimos drásticamente las emisiones.
Porque sabemos que si disminuimos nuestras emisiones a tiempo se requerirán transformaciones en nuestro modo de vida en la ciudades, nuestro modo de desplazarnos, nuestro modo de cultivar nuestros alimentos y de obtener la energía que utilizamos. En esencia, lo que plantea el ‘Green New Deal’ es que, si vamos a hacer todo esto, ¿por qué no solucionar a la vez todas estas crisis sistémicas de carácter social y económico? Porque vivimos en una era en la que se solapan múltiples crisis.
-Juan González: una de las cosas que usted señala es que… en primer lugar, los críticos están diciendo que el ‘Green New Deal’ es demencialmente ambicioso y que tiene un coste prohibitivo para la economía estadounidense y para la de otros países. Pero usted indica que en el pasado hubo momentos en los que el Gobierno de Estados Unidos empleó grandes cantidades de dinero y de efectivos para afrontar problemas. Usted menciona el ‘New Deal’ original del presidente Franklin D. Roosevelt y el Plan Marshall luego de la Segunda Guerra Mundial. Se trató de dos intentos de lo que algunos llamarían capitalistas ilustrados de afrontar el hecho de que algunos países –Europa, tras la Segunda Guerra Mundial, y EU– se encaminaban hacia una posible revolución… Y tuvieron que responder a los movimientos populares llevando a cabo inversiones y cambios drásticos. Háblenos más sobre eso.
Por supuesto. Llevo más de una década escribiendo acerca de la crisis climática e intentado comprender por qué, a pesar de todas las advertencias científicas, a pesar de que, en efecto, resulta costoso afrontar la crisis –aunque sabemos que la inacción no solo resulta costosa sino que tiene unas consecuencias humanas devastadoras–, por qué hemos estado hablando y hablando… por qué nuestros Gobiernos han estado hablando durante más de 30 años de reducir las emisiones y, sin embargo, las emisiones han aumentado un 40% a nivel mundial.
Una razón es que, como especie, esta crisis nos llegó en el peor momento posible de la evolución humana en que una crisis colectiva de esta naturaleza podría llegarnos, esto es, a finales de la década de 1980, el punto culminante del fanatismo por el libre mercado, justo cuando se derrumba el muro de Berlín, justo cuando se declara el fin de la historia, justo cuando Margaret Thatcher dice que no hay alternativa posible a este sistema, que el concepto de sociedad no existe. Resultado de imagen para margaret thatcher
Esto fue un gran problema porque, por un lado, nos han estado diciendo que en realidad no somos capaces de hacer nada colectivamente, así que debemos reducir la acción colectiva, recortar programas gubernamentales ya existentes, que hay que privatizarlo todo, cuando lo que estamos enfrentando es una crisis que necesita de una acción y una inversión colectivas sin precedentes. Sin embargo, lo que estamos haciendo es entregándoles las herramientas a empresas privadas con fines de lucro, ya se trate del agua, la electricidad o el transporte.
El valor real de llamarle el ‘Green New Deal’ y evocar una época anterior, es que nos recuerda que, de hecho, sí es posible solucionar crisis colectivas. Hay tanto derrotismo y retórica apocalíptica que realmente… apelar a la naturaleza humana… sin duda, Jonathan Franzen es el más destacado y reciente ejemplo, pero escuchamos este argumento constantemente: la humanidad no puede lograr algo de esa magnitud; los humanos son incapaces de hacer algo más allá de satisfacer sus propios instintos más elementales e inmediatos. Las personas escuchan esto. Escuchan que esto es todo lo que somos. Y se sienten desalentadas.
Y creo que es importante recordarnos a nosotros mismos que ante la Gran Depresión, ante la crisis económica más grave que este país ha enfrentado, hubo una gran acción colectiva, ya fueran los miembros del Cuerpo Civil de Conservación plantando 2.300 millones de árboles, estableciendo cientos de campamentos a lo largo del país, reduciendo la erosión del suelo, creando 800 nuevos parques estatales, o ya fueran los cientos de miles de piezas de arte creados durante ese primer ‘New Deal’, o, como dijo Juan, el Plan Marshall, que nos recuerda otro momento de acción colectiva.
Resultado de imagen para Green New DealNo solo fueron las buenas intenciones las que motivaron a los gobiernos a crear estos programas. Fueron las vicisitudes del conflicto social, las huelgas, el activismo y el alza del socialismo. Estas políticas se entendieron como un compromiso. Es necesario que recordemos esta historia, porque nos recuerda que aquello que llamamos naturaleza humana, que se evoca para decirnos que estamos destinados al fracaso, no es algo inamovible. Los seres humanos somos muchas cosas. Hemos sido diferentes en el pasado, y podemos ser diferentes otra vez.
Utilizo esa frase para describir el hecho de que a menudo hablamos de algunos Gobiernos, como el de Trump, y los describimos como Gobiernos que niegan el cambio climático. No creo que nieguen que el cambio climático sea real. Donald Trump ha tenido que adaptar la construcción de sus campos de golf debido al aumento del nivel del mar. Ellos saben que está sucediendo, pero piensan que van a estar bien. Piensan que sus familias estarán bien. Piensan que los países más ricos estarán bien.
Son Gobiernos que se están adaptando al cambio climático. No lo están haciendo como la ONU quisiera que lo hicieran: reduciendo las emisiones, construyendo rompeolas, o lo que fuere. Están construyendo muros fronterizos. Se están adaptando a través del desencadenamiento de una ideología supremacista blanca y de la creación de la justificación intelectual que permita que millones de personas mueran. Eso es lo que quiero decir con «barbarismo climático».
Ya estamos viendo como se está dejando morir a miles de personas en el Mediterráneo. Estamos viendo a personas abandonadas en centros de detención para migrantes que se parecen mucho a campos de concentración, ya sea en campos fuera del propio país como hace el Gobierno australiano o ya sea en campos de detención en Libia como hace la Unión Europea, y ahora el Gobierno de Trump estableciendo sus propios campos de detención.
Creo que esto debería entenderse como una especie de adaptación al cambio climático. Esa es la propuesta de esos Gobiernos para lidiar con un mundo en el que millones de personas se están viendo forzadas a abandonar sus países de origen. Acabamos de enterarnos, justo ayer, a través del Centro de Monitoreo del Desplazamiento Interno, que durante los primeros seis meses de 2019 siete millones de personas tuvieron que desplazarse debido a inundaciones, sequías y otros desastres, muchos de ellos vinculados a la crisis climática.
Juan González: hablando de algunos de estos desastres, uno de los ensayos más impactantes del libro –que para aclarar, se trata de una recopilación de ensayos que usted ha escrito a lo largo de 10 años en materia de cambio climático– se titula La temporada de humo. Habla de cuando en 2017 usted viajó al hogar de su familia en British Columbia para sus habituales vacaciones de verano y se vio sorprendida por los cambios que estaban ocurriendo a su alrededor como resultado de los incendios forestales que envolvían el oeste de EU y Canadá.
-Ese ensayo es un intento de plasmar lo implacable de algunas de las formas en que la crisis climática se está materializando porque, obviamente, son los graves desastres como las tormentas sin precedentes los que captan nuestra atención, como debe ser.
Pero parte de la razón por la que estamos viendo un cambio en encuestas al respecto de la crisis climática… y estamos viendo un cambio en Estados Unidos, donde no solo cada vez más personas están entendiendo que sí, el cambio climático es real, y sí, los humanos son los responsables, sino que la gente está situando al cambio climático como su primera o segunda preocupación. Hay una verdadera sensación de urgencia, y la razón principal de que eso ocurra es sencillamente que las vidas de muchas personas se están viendo afectadas por tormentas, inundaciones y sequías.
Pero el humo afecta a muchísima gente. Incluso si no estás tan cerca del incendio forestal como para tener que abandonar el lugar. Durante los pasados veranos toda la región del Pacífico Noroeste –y del que escribo fue en 2017, pero también ocurrió en 2018– ha estado envuelta en humo durante más de un mes. Y se han visto los efectos en la salud respiratoria, además de generar una intensa sensación de inquietud, que es lo que intentaba plasmar en el ensayo, causada por el extraño aspecto del sol y la luna y esos pequeños puntos rojos o anaranjados en el cielo y, por supuesto, hemos visto las desigualdades que siempre acompañan estos eventos.
Así que los migrantes que recolectaban frutas, por ejemplo, al otro lado de la frontera, en el estado de Washington, tenían que recoger frutas en estas espantosas condiciones. Condiciones que ya desde un inicio no son buenas. Y a medida que los trabajadores se desplomaban durante su jornada laboral, los enviaban de vuelta a sus hogares como si fueran bienes defectuosos. Así que parte de lo que estoy explorando en ese ensayo es, por supuesto, lo que la ONU ahora llama «apartheid climático», en el que vemos estos impactos extremadamente desiguales.

*Publicado en eldiario.es. Traducido por Ileán Pérez

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