Dic 11 2013
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Opini贸n

Nelson Mandela no cre铆a en el rat贸n Miguelito

Con excepci贸n de algunos, no hay muerto malo. M谩s a煤n: de uno en fondo, contados habr铆an sido malos de verdad. O sea, crueles y empecinados en prodigar el desprecio y el sufrimiento al semejante. 驴Que si el hombre nace bueno (Rousseau dixit) y la sociedad lo hace malo? Depende.

Depende de la cultura que lo haya engendrado y modelado. En cuanto a la nuestra, tributaria de la renacentista y la modernidad, alcanz贸 sus logros con los recursos de la trata negrera, el saqueo de 脕frica, Am茅rica y Asia, y una determinada concepci贸n del ser y estar en el mundo.

En el siglo pasado, millones de africanos se alzaron contra los designios teol贸gicos y filos贸ficos pensados por y para los europeos. Hasta que uno de ellos, el sudafricano Nelson Mandela, concluy贸 que el pla帽idero perd贸n dispensado por el m谩rtir del Calvario no alcanzaba para llevar justicia a los negros.

Durante 27 a帽os de cautiverio de los cuales 15 en confinamiento solitario (1964-91), los verdugos propusieron a Mandela renunciar a la lucha armada para salir en libertad. S贸lo deb铆a firmar un manifiesto de rechazo a la violencia, y aceptar las independencias no reconocidas por ning煤n pa铆s del mundo y condenadas por la ONU: los llamados bantustanes de Botswana, Ciskei, Transkei y Venda, gobiernos te贸ricamente aut贸nomos y con formas particularmente insidiosas de segregaci贸n racial, en las que el Estado sionista de Israel (aliado del r茅gimen sudafricano) encontr贸 inspiraci贸n para resolver sus problemas en Palestina.

Mandela se neg贸 a cambiar sus convicciones por un plato de lentejas. Sus condiciones eran insobornables: un hombre, un voto. S贸lo as铆, el l铆der del Congreso Nacional Africano (CNA) que ahora la comunidad internacional celebra como paradigma de la moral universal (y que hasta 2008 Washington ten铆a en su n贸mina de terroristas), logr贸 su libertad.

Pero atenci贸n. Porque el d铆a en que muri贸 Mandela, el presidente Barack Obama (quien lo hab铆a visitado el a帽o pasado) defendi贸 a la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) al destacar que realiz贸 un muy buen trabajo contra algunos actores malos. Por ejemplo, el rastreo y ubicaci贸n de 5 mil millones de tel茅fonos celulares en el mundo. Aunque naturalmente, Obama no record贸 cuando en 1962, un infiltrado de la CIA en el CNA entreg贸 a Mandela a los servicios de seguridad de Sud谩frica.

Antes que de la voluntad de Dios o de las ideolog铆as merolicas del peace and love, la liberaci贸n de Mandela fue posible gracias a los ecos emancipadores que llegaban a su celda: el legado revolucionario de Lumumba, Fanon y el Che, las luchas del CNA y el Partido Comunista Sudafricano, y las acciones guerrilleras de Lanza de la Naci贸n, su brazo armado.

Las independencias de Mozambique y Angola (1975), as铆 como la determinante cooperaci贸n de Cuba en el terreno militar, fueron el punto de inflexi贸n. En particular, la gran batalla de Cuito Cuanavale (sur de Angola), donde 20 mil hombres perdieron la vida (diciembre-marzo, 1987/88). Por primera vez en la historia de 脕frica, un todopoderoso ej茅rcito de blancos, con armas nucleares inclusive, hab铆a sido derrotado por un ej茅rcito de negros.

En agosto de 1988, poco despu茅s de la victoria de Cuito Cuanavale (batalla quecuba cuito1la libre Wikipedia califica de irresuelta), Mandela fue alojado en un amplio bungalow, dotado de alberca, jardines y cocinero particular. Y en diciembre, a rega帽adientes de Washington, se firm贸 en Nueva York el Acuerdo Trilateral (Angola, Cuba, Sud谩frica) en el que, adem谩s, se pact贸 la independencia de Namibia.

Pero el 5 de julio de 1989, aconteci贸 lo impensable: Mandela fue invitado a tomar t茅 con el presidente Pieter Botha, el implacable die groot krokodil (el gran cocodrilo), defensor incondicional de la segregaci贸n racial y el sistema del apartheid. Botha no lleg贸 a ning煤n acuerdo con el l铆der del CNA, y a finales de aquel a帽o, luego de retirarse por enfermedad, cedi贸 el lugar a Frederik de Klerk, quien celebr贸 con Mandela los tres encuentros que precedieron a su liberaci贸n (1990-91).

De Klerk desmantel贸 el entramado jur铆dico del apartheid, empezando por la m谩s antigua de todas las leyes racistas, la ley de Tierras de Nativos (1913), que limitaba las tierras que la mayor铆a negra pod铆a poseer, la de Supresi贸n del Comunismo, la Antiterrorista, la de 脕reas Grupales, la de Registro de Poblaci贸n (1950), y la ley de Separaci贸n en Lugares P煤blicos (1953).

Los compromisos adquiridos por Mandela y De Klerk llevaron a la promulgaci贸n de una nueva Constituci贸n democr谩tica, y la celebraci贸n de elecciones pluralistas. En el referendo del 17 de marzo de 1992 (煤ltima de las consultas s贸lo para blancos), 69 por ciento de los votos aprobaron el proceso de reformas iniciado por De Klerk

Al salir en libertad, Mandela viaj贸 por el mundo para agradecer la solidaridad recibida. El primer pa铆s que visit贸 fue Argelia (mayo de 1990), donde 茅l y los guerrilleros del CNA hab铆an recibido entrenamiento militar en 1962. Argelia hizo de m铆 un hombre. 隆Soy argelino, soy 谩rabe, soy musulm谩n!, dijo.

Y en Cuba: 鈥溌緿贸nde hay un pa铆s que haya solicitado la ayuda de Cuba y que le haya sido negada? 驴Cu谩ntos pa铆ses amenazados por el imperialismo o que luchan por su liberaci贸n nacional han podido contar con el apoyo de Cuba? Debo decir que cuando quisimos alzarnos en armas nos acercamos a numerosos gobiernos occidentales en busca de ayuda, y s贸lo obtuvimos audiencia con ministros de muy bajo rango. Cuando visitamos Cuba, fuimos recibidos por los m谩s altos funcionarios, quienes de inmediato nos ofrecieron todo lo que quer铆amos y necesit谩bamos鈥︹ (julio de 1991).

Cuba fue el primer pa铆s reconocido diplom谩ticamente por el gobierno de Mandela. En una pared de piedra de casi 700 metros, en la colina del Parque de la Libertad de Pretoria (una de las tres capitales de Sud谩frica), un despacho de BBC Mundo, observ贸: hay grabados m谩s de 95 mil nombres. Entre ellos, los de 2 mil 17 soldados cubanos.

El periodista y escritor ingl茅s John Carlin, quien platic贸 y estuvo cerca de Mandela durante 20 a帽os, apunt贸: Llegu茅 a Sud谩frica en 1989. Si alguien me hubiera dicho que cinco a帽os despu茅s Sud谩frica iba a ser una democracia, y que a Mandela lo iban a ovacionar 50 mil blancos en un estadio de rugby, le hubiera recomendado ir a un siquiatra.

Mandela alcanz贸 la gloria, mas no pudo acabar con el racismo. En noviembre pasado, la comunidad de Kleinfontein, en la provincia donde naci贸 Mandela (Gauteng), plante贸 al gobierno el reconocimiento formal de una colectividad cultural s贸lo para personas blancas.

A la entrada del asentamiento (300 casas) para blancos, cristianos y afrikaners (descendientes de colonos holandeses), hay un estatua en memoria del primer ministro Hendrik Frensch Verwoerd, ide贸logo del apartheid asesinado en 1966.

Los moradores de Kleinfontein dicen que la Constituci贸n los ampara. En efecto, el art铆culo 185 de la Carta Magna habla del derecho de vivir con individuos de la misma ascendencia cultural, idioma y religi贸n.

En Sud谩frica, la idea de que la dicha y felicidad de la civilizaci贸n (con permiso ahora, a pensar distinto) depende de una pir谩mide regida por un Dios blanco, piadoso, terrible y excluyente, contin煤a latente.

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