Mar 6 2005
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Economía

Neoliberalismo y Estado

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

(ALTERCOM).¬ŅPor qu√© los prohombres del neoliberalismo que detestan al Estado, luchan por alcanzar el poder y son capaces de todo por conservarlo?

Por una perfecta paradoja histórica Pinochet, Menem, Fujimori, Carlos Andrés Pérez, lo mismo que los otros adalides de la desregulación, afiliados a las tesis neoliberales de que es preciso anular la presencia gubernamental en la economía, comenzaron su obra apoderándose de todas las palancas del poder del Estado.

En manos de aquellos seudos demócratas, en realidad una versión digitalizada de las primitivas oligarquías nativas, los recursos del gobierno, fueron utilizados para hacer que el Estado, prevaleciera sobre la sociedad y en lugar de servir a las naciones, actuara contra ellas. Nunca antes el poder político en América Latina fue ejercido de modo tan absoluto, arbitrario e inmoral.

La √ļltima hornada de dictadores latinoamericanos y los dem√≥cratas, pol√≠ticamente eunucos, que los sucedieron, usaron el poder para aplicar pol√≠ticas antinacionales, dictadas por organismos y gobiernos extranjeros, destruir la precaria institucionalidad construida a lo largo de siglos, comprometer la soberan√≠a y enajenar las riquezas nacionales, comenzando por la privatizaci√≥n del sector p√ļblico de las escu√°lidas econom√≠as nacionales.

El control del Estado sirvió para beneficiar al capital extranjero que tomó el control de sectores claves y altamente rentables de las economías y fue beneficiado por generosas políticas fiscales y tributarias. Para instaurar tales prácticas fue necesario aplicar una violencia nunca antes conocida y singular por su sistematicidad y refinamiento.

El autoritarismo se integró al estilo pseudo democrático de gobernar, al discurso anticomunista y a la retórica de la lucha contra la subversión.

Como antes ocurri√≥ con otras doctrinas econ√≥micas, el neoliberalismo, no se introdujo por sus propios meritos ni lleg√≥ a ser dominante mediante un debate leg√≠timo entre actores sociales diversos, no emergi√≥ como un producto aut√≥ctono de las entra√Īas de nuestras sociedades, ni respondi√≥ nunca a nuestras realidades.

El neoliberalismo, una criatura contrahecha, mezcla de doctrinas imperiales e intereses olig√°rquicos, fue impuesto a la fuerza y vino de afuera. Fue necesario reforzar las facetas m√°s repulsivas del poder estatal, entre ellas, su car√°cter represivo.

El festín de los brutos

Por extra√Īo que resulte, s√≥lo con el poder del Estado pudo apartarse al propio Estado de la gesti√≥n del sector p√ļblico y enajenar las industrias y los servicios que formaban el √°rea social de las econom√≠as latinoamericanas. La feroz represi√≥n ejercida por las dictaduras y sus sucesores dem√≥cratas tutelados, no fue gratuita, no tuvo nada que ver con la subversi√≥n ni con la lucha contra el comunismo.

Aquel festín de los brutos fue necesario para quebrar la resistencia de la sociedad a la aplicación de tales políticas, para lo cual no bastaba con disolver sindicatos, cerrar periódicos y revistas, proscribir partidos y penetrar organizaciones estudiantiles.

Para imponerse, el neoliberalismo suprimió físicamente a toda la oposición.

Los muertos y desaparecidos en los pa√≠ses del Cono Sur y las v√≠ctimas de la guerra sucia en Centroam√©rica, no son s√≥lo los comunistas y los radicales, sino toda la oposici√≥n, incluso los sectores m√°s moderados e inofensivos de la sociedad civil, entre los que figuran acad√©micos, sindicalistas, artistas, periodistas, maestros, indigenistas, que nunca hubieran empu√Īado un arma, pero tampoco se habr√≠an resignado a la recolonizaci√≥n neoliberal.

Eso explica el radicalismo de la nueva derecha latinoamericana y su política de virtual exterminio de las vanguardias populares, en primer lugar la juventud ilustrada, los pensadores liberales, los políticos honestos, los catedráticos brillantes y sobre todo, los heroicos muchachos y las preciosas muchachas a las que ni siquiera respetaron sus vientres fecundados.

El neoliberalismo es una doctrina ex√≥tica y extravagante, incompatible con el pensamiento cr√≠tico, hostil al nacionalismo, ajeno al patriotismo y extra√Īo a la cultura latinoamericana para cuya implantaci√≥n fue necesaria una cura de caballos reaccionaria.

Ninguno de los generales o doctores que endeudaron a Latinoam√©rica y luego vendieron a precios de remate el sector p√ļblico para pagar apenas los intereses de las deudas, actu√≥ en nombre de las naciones, sino contra ellas, ninguno mir√≥ al pueblo ni se dirigi√≥ a la sociedad civil o a las organizaciones obreras, sino todo lo contrario, las anularon para cumplir sus designios.

Los que dijeron que a la sociedad le conviene un Estado débil y proclamaron la necesidad de gobiernos menos protagonistas, se referían a los demás, es decir, a los pueblos, no a ellos mismos. La oligarquía en el poder necesita de estados, no sólo fuertes, sino también temidos, a los cuales utilizar como herramienta para sus fines.

Lo que en realidad los gobiernos clientes del Imperio, no puede aceptar es que las instituciones de poder sirvan de instrumento a los pueblos y sus vanguardias. El Estado les conviene débil cuando sirve a las mayorías y omnipotente cuando es instrumento de la oligarquía.

Ese es el doble standard que cubanos y venezolanos, argentinos y brasile√Īos, cada uno a su manera y de acuerdo a sus prioridades y opciones trata de confrontar.

Hagamos nuestra la receta neoliberal: no se trata de detestar al Estado, sino de poseerlo.

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* Profesor universitario, investigador y periodista cubano, autor de numerosos estudios sobre EEUU.

(www.altercom.org).

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