May 21 2021
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Cultura

Nilda Barba: En la India es imposible la indiferencia

Nuestra entrevistada, la poeta Nilda Barba, afirma, por ejemplo, que ‚ÄúLa filosof√≠a enlaza con mis escarceos con la poes√≠a‚ÄĚ y que ‚ÄúA medida que pasa el tiempo uno no sue√Īa mejor que antes, sigue so√Īando‚ÄĚ

¬†‚ÄĒ Comencemos retrocediendo hacia‚Ķ

¬†‚ÄĒ ‚Ķlo que pudi√©ramos denominar los inicios de ‚Äúmi biograf√≠a intelectual‚ÄĚ, con la escucha diaria del recitado de poes√≠a que efectuaba mi madre, quien adoraba ese g√©nero. Del mismo modo, ella cantaba y la m√ļsica se o√≠a permanentemente en casa. Ritmo, equilibrio en las palabras que sonaban y resonaban. Los textos fueron adquiriendo una relaci√≥n √≠ntima conmigo a medida que la lectura me lo fue permitiendo, y se intensific√≥ cuando a los diez a√Īos de edad deb√≠ permanecer en reposo durante cuatro meses con la pierna izquierda y la cadera enyesadas.

Esa fue la oportunidad exacta para leer un libro tras otro disfrutándolos, lo que ya nunca se detuvo. Determinados textos fueron jugando en mi vida, entrando y saliendo, estableciendo pertenencias y un archivo. Me sorprendía ante la fascinación por la manera de decir una frase. Simplemente no podía seguir leyendo como si nada destacado hubiese ocurrido, puesto que algo destacado había ocurrido: había leído poesía, eso era poesía, y estaba dentro de una narración. Me era imprescindible ese instante de silencio en mi interior, donde todo se agitaba. El proceso creativo se fue dando muy gradualmente.

Estuve nutrida por la lectura, aunque ca√≥tica, sin gu√≠a, y siempre me result√≥ m√°s simple expresarme a trav√©s de la escritura que mediante la palabra hablada, inclusive para declarar lo m√°s doloroso. No quisiera establecer un ‚Äúadelgazamiento‚ÄĚ, ni afirmar: empec√© a escribir en tal instancia, publiqu√© tal cosa. Aunque s√≠, eso est√°.

‚ÄĒ ¬ŅC√≥mo dir√≠as que se fue generando tu inter√©s hacia las ciencias econ√≥micas? ¬ŅTe desempe√Īaste en tu profesi√≥n?

‚ÄĒ Mi pasaje por la UBA lo percibo como de un pasado remoto, ese sedimento que hace que √©sta que soy tenga ciertos criterios incorporados y una educaci√≥n vinculada al aprendizaje y a la manera de leer, de dudar, de relacionar, de abstraerse, de concentrarse. Es un sustrato importante, no por el orden tem√°tico y de contenido, sino por una cierta disposici√≥n al m√©todo, a la reflexi√≥n. Dir√≠a que Ciencias Econ√≥micas fue la carrera universitaria de la familia. Todos mis primos mayores, menos uno que estudi√≥ veterinaria, segu√≠an esa carrera. Yo era muy buena en matem√°ticas, materia que me gustaba y me resultaba f√°cil, eso parec√≠a indicar mi camino.

Disfrutaba estudiar, fuera lo que fuera. La vida universitaria, el alejarme tanto de la casa de mis padres, hac√≠an fascinante esa etapa que comenz√≥ a los diez y seis a√Īos. Sent√≠a que un mundo se abr√≠a a mi paso. El edificio de la Facultad me resultaba imponente, las aulas gigantes, los anfiteatros, incre√≠blemente atractivos. La biblioteca silenciosa era para quedarse a vivir. Tan pronto como entr√©,

Con Aldana Gaggero, Roberto Goijman, Rubén Eduardo Gómez, Alejandro Pizarro, Juan Verón, Rolando Revagliatti, etc., en 2007

justo el √ļnico a√Īo que hubo curso de ingreso en la Facultad de Ciencias Econ√≥micas, junto a tres chicos m√°s formamos un grupo de estudios que funcion√≥ magn√≠ficamente y continu√≥ hasta que me cas√© y me fui a vivir a Brasil, dos a√Īos despu√©s.

Cuando volv√≠ y retom√© la carrera extra√Ī√© ese grupo, fue m√°s arduo estudiar sola y con hijos y embarazos en el medio. Me recib√≠ el d√≠a que cumpl√≠a siete meses de mi tercer embarazo. Reci√©n cuando mi cuarta hija comenz√≥ el jard√≠n de infantes empec√© el ejercicio de la profesi√≥n en un estudio contable en el √°rea de auditor√≠a externa, y esta labor se extendi√≥ durante apenas dos a√Īos. Si bien me complac√≠a, no me fue posible sostener la organizaci√≥n y cuidado de mi familia numerosa con el trabajo, y decid√≠ dejar.

‚ÄĒ Es reci√©n en este siglo cuando te incorpor√°s a un taller literario.

¬†‚ÄĒ Mi relaci√≥n con la escritura po√©tica, como te comentaba, tiene ra√≠ces que van hasta mis primeros a√Īos. Sin embargo, los modos en los que he podido manifestar esa pasi√≥n ha tenido vertientes diferentes. Cuando se me impuso, se hizo imperiosa la necesidad de que eso comenzara a circular, entend√≠ que ten√≠a que iniciar un proceso de dedicaci√≥n, de interacci√≥n

Con Alicia Del Puerto e Isabel Krisch en 2013

con grupos de poetas. Fue entonces que comencé a concurrir al taller coordinado por Ana Guillot.

Esa etapa de mi formación me dio la posibilidad de escuchar otras voces, otras formas poéticas y narrativas valiosas. Entre los poetas puedo mencionar a Florencia Abadi, Paola Cescón, Isabel Krisch, Néstor Cheb Terrab y Matías Lockhart, y entre los narradores a Lara Segade, Belén Ancisar, Diana Drexler. Ese momento de encuentro en la literatura era una fiesta.

En la actualidad estoy trabajando con Roberto Ferro. No se trata de un taller. Es de otra índole porque mi proyecto poético transita otro carril. Roberto me ayuda a concentrarme sobre los matices y afinidades que son propios a ese desarrollo. Además de las cuestiones relacionadas con mi escritura, también tratamos temas de orden teórico y crítico vinculado a aquellos aspectos que está explorando mi poesía; una mirada integral incluso sobre mis proyectos narrativos.

‚ÄĒ Ya que has mencionado al ensayista Roberto Ferro, me agradar√≠a resaltar que √©l, respecto de tu ‚Äúcomo seda con la boca‚ÄĚ, adujo

Con Cayetano Zemborain

que ‚Äúla textura de sus poemas tiene la intensidad de la sugerencia asediada por el silencio‚ÄĚ.

¬†‚ÄĒ Esta idea de Roberto, √©l la ha expuesto en otras circunstancias: sostiene que la palabra literaria no se opone al silencio, sino que se opone a los estereotipos. Que el silencio abisma la palabra, la instala en un √°mbito de resonancia. Agrega que no habr√≠a eco si no hubiera silencio, que no habr√≠a resonancia si no hubiera silencio. Ferro considera que el silencio es un componente decisivo en mi poes√≠a. Con √©l hemos atendido a esas instancias espaciales en las que yo establezco separaciones entre palabras, particularmente en los versos, y entonces hemos reflexionado acerca de la relaci√≥n entre blanco y silencio.

No se pueden equiparar blanco y silencio, por supuesto, pero evidentemente eso produce una espacialización del ritmo, y esa espacialización del ritmo tiene mucho que ver con el modo en que se van disponiendo las palabras en el blanco de la hoja. Roberto

Con Fernando Kofman, Rolando Revagliatti, Beatriz √Ālvarez, Alejandro Manrique y Miguel √Āngel C√≥rdoba en 2004

alega que cuando se refiere al asedio del silencio habla de afirmaciones que requieren una reverberancia. ‚ÄúTu escritura cala de manera profunda en determinadas zonas, en determinados encuentros, en determinados tonos, y los tonos solamente se registran en el silencio. Es como si tus palabras fueran un relieve sobre el silencio.‚ÄĚ

‚ÄĒ Entiendo que tambi√©n te sentiste convocada por la filosof√≠a.

¬†‚ÄĒ En mi po√©tica convergen, en su composici√≥n, distintas zonas de atenci√≥n y de b√ļsqueda. La filosof√≠a es una de ellas, en lo que condice con el modo en que reflexiono y pienso cuestiones que est√°n vinculadas √≠ntimamente. Indagaciones que var√≠an el orden de inter√©s, que se entrecruzan con otros aspectos de orden te√≥rico y de orden cr√≠tico. En mi poes√≠a circulan m√°s las omisiones que las citas. Los acontecimientos en la vida nunca son lineales, son m√ļltiples, con m√ļltiples manifestaciones. Mi modo de dialogar con la palabra filos√≥fica a veces se ha enlazado

Con Itzel A. Sosa, en Cuernavaca, México, 2009

con cuestiones relacionadas con mi propia experiencia, y ha encontrado en alguna de esas vertientes, si bien no una respuesta, al menos un √°mbito que me permitiera reflexionar.

Otras veces, la relaci√≥n con la filosof√≠a enlaza con mis escarceos con la poes√≠a. Roberto es un cr√≠tico muy conocedor de la obra filos√≥fica de Jacques Derrida, y es a partir de esto que me he acercado a algunos de esos enfoques con su gu√≠a, para poder discurrir acerca de la escritura y fundamentalmente sobre la lectura de mi poes√≠a. En mi √ļltimo libro, ‚Äúal final del pasillo‚ÄĚ, hay un tratamiento de la huella y del fantasma que son dos elementos relevantes en el pensamiento de Derrida. Es decir, cuando yo estoy pensando esa zona, ese otro lado del espejo, estoy pensando la memoria, el pasado, tambi√©n como fantasma, presencias intensamente ausentes y, por otro lado, esos fantasmas pensados como huellas.

En ‚Äúal final del pasillo‚ÄĚ, la memoria, el pasado, los abordo como fantasmas porque reaparecen y est√°n, y van y vienen, y est√°n de un lado y est√°n del otro. No es que mi poes√≠a surja de mi lectura de Derrida; es al rev√©s, en la escritura de mi poes√≠a encuentro ese tipo de

Con M. C. Aparicio, R. E. Gómez, S. Amarante, S. Lobo, L. C. Gris, R. Revagliatti, H. Mans y R. Pignolino en 2007

motivos e im√°genes. Esta relaci√≥n que se√Īalo con la filosof√≠a derrideana tiene que ver con una escena de lectura; me refiero al momento de acercamiento a mi poes√≠a como lectora, pero atravesada por el asedio de otros discursos; lo que supone posteriormente una sedimentaci√≥n que espero siga proliferando en mi escritura.

En mis obras anteriores se advierte con nitidez que el cuerpo es una residencia sensible y vulnerable para el paso del tiempo, y registra las marcas no solamente correspondientes al tiempo biol√≥gico, sino que tambi√©n hay huellas de otro tipo, indelebles, de las que muchas veces no somos conscientes y son consecuencia de vivencias, de tanteos. Mi impronta concierne a lo visceral. Las huellas que plantea Derrida. La huella que siempre es la marca de otra marca de otra marca de otra marca. La huella es la marca del fantasma. Y eso es casi central en ‚Äúal final del pasillo‚ÄĚ.

Tambi√©n ha incidido en mis textos la lectura de Deleuze: en particular, el planteamiento del pliegue; esto, seg√ļn creo, se da a leer en los poemas de ‚Äúcomo seda con la boca‚ÄĚ. Los surtidos avatares me llevaron a acercarme a distintas b√ļsquedas, ya que desde muy chica indagu√© y me pregunt√© sobre los temas trascendentes del existir. En otros t√©rminos, me refiero a vaivenes y modulaciones en diferentes etapas de mi vida, tanto como ahora, desde este presente las puedo visualizar.

Advierto que los modos en que en mi poesía han emergido la heterogeneidad, la profundidad, la variación, no es a través de formas de representación directa, sino en imágenes poéticas que no se presentan como una ilustración de situaciones específicas, sino como modos de tratar y de comprender los sentimientos y las ideas que me han atravesado.

¬†‚ÄĒ ¬ŅTu √ļnica incursi√≥n en la traducci√≥n de poes√≠a es con la de Solange Rebuzzi? ¬ŅEst√° prevista la edici√≥n del poemario? ¬ŅTe referir√≠as a la po√©tica de esa autora y a las circunstancias que te inclinaron a trasladarla al castellano?

‚ÄĒ √Čsa es mi √ļnica incursi√≥n. Conoc√≠ a Solange Rebuzzi en el Festival Internacional de Poes√≠a de Rosario y me atrajo la sonoridad de sus textos dichos en portugu√©s. M√°s tarde, la editorial Vela al Viento encar√≥ con esta poeta el proyecto de hacer la edici√≥n biling√ľe del libro ‚ÄúLebl√≥n, suelo y voz‚ÄĚ, y me pidi√≥ que hiciera la traducci√≥n al espa√Īol. Acept√© a partir del inter√©s que me produc√≠a esa po√©tica en la que encontraba una serie de motivos, de tonos, de vecindades que me resultaban concordantes con mi mirada po√©tica, sin que esto signifique que hubiera correspondencias n√≠tidas: ecos y resonancias que me permit√≠an sentirme c√≥moda. Lamentablemente la edici√≥n biling√ľe a√ļn no se concret√≥ y a pesar del tiempo transcurrido, sigo siendo optimista en relaci√≥n con la posibilidad de editarlo.

Para mí se trató de una labor trascendente, y que de alguna manera permite dar cuenta de mi postura de lectora frente a la poesía. La circunstancia de haber residido en Brasil durante dos lapsos me permitió encontrar en esa poesía registros que yo podía reconocer. Trabajé en íntima relación con Solange Rebuzzi. Fue un trajín, te diría, vivencial.

‚ÄĒ Puesto que sabemos que ten√©s cuatro hijos y en la primera l√≠nea de dedicatorias de ‚ÄúEl cord√≥n‚ÄĚ aparecen mencionados Luciano, Leopoldo, Carla y Natalia, no puedo menos que imaginar que √©sos son los nombres de ellos.

¬†‚ÄĒ Exactamente, √©sos son los nombres de mis cuatro hijos. Tengo la alegr√≠a de haberlos disfrutado mucho durante su crecimiento, etapa por etapa. Y tambi√©n fui y soy consciente de ese disfrute mientras suced√≠a y sucede. Desde chiquitos, en varios sentidos, mis hijos fueron mis ‚Äúmaestros‚ÄĚ, y creo que de no haberlos tenido habr√≠a revisado menos profundamente muchos conceptos dados por verdaderos. Son grandes ya, adultos. Los respeto y admiro.

Los cuatro diferentes, se quieren y se ayudan todo el tiempo. El mayor, Luciano, es m√©dico, neur√≥logo, especialista en ACV; el segundo, Leopoldo, ingeniero industrial con master en finanzas; Carla, la tercera, y Natalia, la cuarta, son licenciadas en administraci√≥n de empresas. Entre los cuatro me convirtieron en abuela de nueve nietos. √Čsta es mi familia, mi red en este salto mortal que es vivir.

‚ÄĒ En 2012, adem√°s de intervenir en el ciclo Jornadas de Literatura, participaste en el Programa Cultural Barrios.

‚ÄĒSe trat√≥ de eventos con actividades multidisciplinarias que incluyeron artistas pl√°sticos, m√ļsicos, poetas y narradores. Ese Programa se desarroll√≥ en centros y espacios culturales de la Ciudad de Buenos Aires, como los centros culturales ‚ÄúRecoleta‚ÄĚ y ‚ÄúGeneral San Mart√≠n‚ÄĚ (entre los m√°s conocidos), los espacios ‚ÄúCarlos Gardel‚ÄĚ y ‚ÄúJuli√°n Centeya‚ÄĚ, el Sal√≥n Dorado de la Casa de la Cultura y escuelas de nuestra ciudad. Carlos Diviesti fue el coordinador del Programa; Norberto Barleand, el coordinador de eventos especiales (literatura y tango); Guillermo Gonz√°lez Heredia, el director general de promoci√≥n cultural.

Los que le√≠mos poes√≠a tuvimos oportunidad de llegar a lectores no habituales de este g√©nero, o a aquellos que tienen una concepci√≥n relacionada con lo que les fue trasmitido en el colegio. La poes√≠a, as√≠, deja de ser un campo cerrado, herm√©tico, para peque√Īos grupos, y entonces aparecen determinados tipos de ecos, reverberaciones.Me resultaron, desde luego, productivas las conversaciones que mantuve con las personas que se me acercaron, opinando, indagando.

‚ÄĒ En tanto has viajado por numerosos pa√≠ses, acaso no siempre como simple turista, habr√°s tenido contacto directo con diferentes culturas.

¬†‚ÄĒ A los once a√Īos viaj√© a Europa con mis padres, mi hermana y mis abuelos paternos con el objetivo de acompa√Īar a Faustina, mi querida abuela espa√Īola, en el reencuentro con sus hermanos despu√©s de cinco d√©cadas desde su venida a la Argentina. Viajamos en barco, en el ‚ÄúAnna C‚ÄĚ. Los hermanos de Faustina resid√≠an en ciudades que fuimos recorriendo emocionados, una a una, hermano a hermano. Con nuestra llegada no s√≥lo se conmocionaba la familia entera, sino todo el pueblo, o el barrio si se trataba de una ciudad m√°s grande.

A los once a√Īos escuchaba y ve√≠a a mi abuelita recordando su infancia actualizada en la mirada de esos hermanos en la que hab√≠a permanecido ni√Īa todo ese tiempo. Inolvidable. Ella nos hablaba siempre de ‚Äúsu‚ÄĚ Espa√Īa y de la fonda de su familia. Estar all√≠ fue para m√≠ como haberme zambullido en el libro de cuentos del que surg√≠an las historias que Faustina me contaba.

Muchos de los viajes que hice m√°s tarde fueron acompa√Īando a mi ex marido; eso me permiti√≥ el contacto con gente que nos recib√≠a en sus casas o nos llevaba a conocer lugares a los que no iba habitualmente el turismo. Como tambi√©n te coment√©, resid√≠ en Brasil durante dos per√≠odos. La primera oportunidad fue al d√≠a siguiente de mi casamiento; luego de la luna de miel en Guaruy√° nos instalamos en Icara√≠ (Niteroi). No exist√≠a en ese entonces el puente R√≠o-Niteroi, y para ir a R√≠o de Janeiro hab√≠a que cruzar la bah√≠a de Guanabara con una barca que adem√°s de personas, trasladaba autos.

Yo ten√≠a diecinueve a√Īos, mi padre tuvo que firmar la autorizaci√≥n para que pudiera salir del pa√≠s. Hab√≠a dado ex√°menes hasta apenas unos d√≠as antes del casamiento. Me llev√© el libro de Do√Īa Petrona C. de Gandulfo, la gran cocinera santiague√Īa, como toda ayuda. Llegu√© a Icara√≠ y fui afortunada al tener como vecinas en el mismo piso a una chica de mi edad, tambi√©n reci√©n casada, y a una se√Īora mayor, sin hijos, los que constituyeron mi familia adoptiva. Adem√°s, Teresita Torres Ag√ľero, hermana del pintor Leopoldo Torres Ag√ľero, argentina ella, y lectora voraz, fue mi amiga desde entonces.

Los brasile√Īos son gente muy c√°lida, me percib√≠ integrada, aunque extra√Īaba horrores. Nunca antes me hab√≠a separado de mi familia. Me sent√≠a muy sola. Cuando naci√≥ mi primer hijo nos mudamos a Copacabana para estar m√°s cerca, mejor asistidos en caso de necesidad. Recordarlo ahora parece incre√≠ble. Ven√≠a a mi casa una lavandera una vez por semana, toda vestida de blanco como las bahianas, y desplegaba una s√°bana, tambi√©n blanca, con la que envolv√≠a la ropa que se llevaba sobre la cabeza con un caminar erguido y acompasado. Teresita me hab√≠a hecho una lista de todas las verduras con sus nombres en espa√Īol y en portugu√©s y con eso iba a la feria al aire libre (como la lavandera a mi casa) una vez por semana.

La segunda oportunidad en la que viví en Brasil fue en San Pablo, también por trabajo de mi ex marido. Esta vez fue más complicado porque, al poco tiempo de nuestra llegada, se desató una epidemia de meningitis, no había vacunas y luego de consultar con epidemiólogos, allá y acá en la Argentina, decidimos volver. Fue muy duro, mis hijos eran muy chicos, Carla tenía siete meses. Esa decisión significó que mi marido se quedara allá y yo regresara sola con los chicos. Mudanza tras mudanza, que sumaron dieciocho hasta el presente.

También viajé a Oriente: China, Japón, Corea del Sur, Tailandia, Singapur, Hong Kong, Yakarta, la capital de Indonesia. Recuerdo en Bangkok una cena en la que un matrimonio propietario de una arrocera nos describía cómo era la estructura familiar y empresarial. Se trataba de un matriarcado en el que la familia joven permanecía bajo el ala, y en la misma casa de la familia de la mujer en la que la madre era la autoridad máxima, y la hija trabajaba en la empresa familiar que dirigía.

En Hong Kong, lo inusitado: una reunión de negocios, luego de una cena, con dos hombres del lugar y tres parejas en una gran disco que además era lugar de citas: inmensa, con varias pistas en las que había shows eróticos. Todo muy refinado y lujoso. Al llegar, se abrían a los costados dos salas con chicas de todas las razas y nacionalidades, que podían ser elegidas. Nos fueron guiando hacia un reservado y para ello fuimos pasando delante de los diferentes escenarios.

En Cant√≥n, China, tom√© un taxi y le ped√≠ al conductor que me llevara a una feria de comida. Siempre me interesan las ferias, los supermercados. Eso me indica bastante de la forma de vida del lugar. Esa feria fue absolutamente fuera de lo com√ļn. Como entonces en pocos lugares hab√≠a heladera, los animales estaban vivos en jaulas de juncos o mimbre. Se trataba de serpientes y otras especies que nosotros no comemos. Los clientes eleg√≠an el animal mientras estaba vivo, luego lo mataban a la vista de todos, lo limpiaban y lo entregaban todav√≠a caliente. En el caso de las v√≠boras les sacaban la piel como si se tratara de un guante. Tambi√©n hab√≠a perros ya cocidos y ba√Īados en caramelo, perros laqueados, colgados con ganchos.

El mismo taxista me llev√≥ por calles donde la gente viv√≠a en pasillos en los que apenas entraba un colch√≥n que iban usando por turnos. Ejerc√≠an en la vereda sus oficios; por ejemplo, el de escribientes, con unos pinceles que, sostenidos en posici√≥n vertical con los dedos √≠ndice y pulgar, dibujaban los grafismos que me resultaban m√°gicos. Todo esto parec√≠a desarrollarse en c√°mara lenta mientras en la calle enjambres de bicicletas no cesaban de enmara√Īarse. Varias veces, al llegar al hotel, me percib√≠ extra√Īa al advertir mi imagen en el espejo y no el rostro de una china.

La India me enfermó. El móvil del viaje fue la meditación en un ashram. Aunque carente de afinidad, la meditación en sí misma fue

Con Norma, su hermana, en Agra, India, 2008

enriquecedora en el lugar ideal. De la misma manera que el contacto con gente de todo el mundo que compart√≠a la experiencia y con la que intercambi√°bamos charlas y ejercicios guiados. Esa sensaci√≥n de ir llegando desde distintas latitudes a un mismo punto remoto, sin habernos puesto de acuerdo ni habernos comunicado por ning√ļn medio en ning√ļn momento previo, es casi de ficci√≥n, realismo m√°gico. Nos convocaba la misma inquietud, o no. Concluida la semana de meditaci√≥n, durante otras dos, recorrimos 3.000 kil√≥metros

Todo es intenso en la India, imposible la indiferencia. El tránsito loco, caótico, con bocinas sonando continuamente. Son muy viscerales, gritan, se pelean. Yo llegué con la idea del equilibrio que da la meditación, de la resignación que les otorga la religión que explica todas las injusticias. Nada más lejos de la quietud y la tranquilidad. Todo es estridente. Los colores brillantes en una paleta amplia y variada resplandecen, atraen la mirada, despiertan. Los olores penetran, invaden.

Usan muchos desinfectantes, algo así como la acaroína, que se mezcla con los olores de la basura en las calles y los animales sueltos (como las vacas), y los monos caminando por los numerosos cables que atraviesan las ciudades. Los camellos son utilizados como animales de tiro, arrastrando carros. Hay escenas que desubican y conmueven, como observar a mujeres construyendo rutas, cargando palanganas metálicas llenas de arena, cemento y otros materiales, y vestidas con saris bordados, largos como para concurrir a un casamiento. Sin embargo, los hombres visten guayaberas y pantalones.

Navegu√© por el r√≠o Ganges, en un bote a remo despintado que capitaneaba un muchachito de diecis√©is a√Īos. Convers√© con √©l y me cont√≥ que estaba casado y ten√≠a un beb√©, que los padres le hab√≠an elegido la pareja. Le pregunt√© qu√© pasar√≠a si se enamoraba de otra chica, a lo que me contest√≥ que eso no iba a pasar, que ellos aprend√≠an a querer a la persona que sus padres eleg√≠an. Vimos en los diarios los avisos de padres publicando el curr√≠culum de sus hijos y buscando pareja con determinadas caracter√≠sticas. Desde el Ganges, ese r√≠o sagrado, divis√°bamos en las orillas a la gente ba√Ī√°ndose con jab√≥n y shampoo, lavar sus ropas y un poco m√°s arriba, tambi√©n en la orilla, dos crematorios, uno al aire libre y otro cerrado.

El chico del bote nos informaba que se crema a todos los muertos menos a las mujeres embarazadas y a los ni√Īos menores de dos a√Īos. (Y hay otra excepci√≥n tambi√©n, que no recuerdo en este momento.) A √©stos, los que no son quemados, se los echa al Ganges en estado natural. Algunos tramos del r√≠o sagrado son los m√°s elegidos para dejar a sus seres queridos; uno de ellos es frente a la ciudad, tambi√©n sagrada de Varanasi, a la que llegan desde largas distancias trasladando a los cad√°veres sobre los techos de los autos (sin ata√ļdes), rodeados de flores. No se puede permanecer indiferente estando en la India, insisto. Son muy fuertes los contrastes. La sensaci√≥n es que todo se pone frente a tus ojos: ac√° estoy, m√≠rame, ac√° pasa esto.

No s√≥lo pasa lo del Ganges que te contaba, tambi√©n se riega con aguas servidas. Se ve por la calle mucha gente mutilada. El tema salud es desesperante, la medicina preventiva no existe. El sistema de castas sigue vigente y la vida humana est√° devaluada. Podr√≠a hablarte durante un a√Īo entero de este tema, Rolando. Me quedo con la sensaci√≥n de haber cometido una injusticia, ya que remarqu√© los aspectos que me conmovieron negativamente. Sucede que aquello repercuti√≥ en mi cuerpo, no pude digerirlo y regres√© con un gran malestar f√≠sico y mucha angustia.

Es decir, estas im√°genes dan cuenta m√°s de mi imposibilidad de comprensi√≥n que de una mirada objetiva, digamos, de una antrop√≥loga sui generis. M√°s arriba hice referencia a que mi poes√≠a no tiene un dominante de representaci√≥n, por eso me animo a especular acerca del modo en que mi traj√≠n viajero se asoma en las im√°genes que te he detallado; acaso el t√©rmino m√°s apropiado sea el de espectros, especie de fantasmas inusuales que se cuelan aqu√≠ y all√° en ciertas formas de extra√Īamiento en mis met√°foras.

Mis otros viajes los realicé a países con culturas no tan diferentes de la nuestra. La sensación en Oriente fue la de haber abandonado el planeta Tierra y haber llegado a otro, quizás de otra galaxia.

‚ÄĒ Compartamos con nuestros lectores, y en el orden en que se presentan, los t√≠tulos de las secciones de tu segundo poemario: ¬Ņpor qu√© no nos acunan?, ¬Ņcu√°ndo?, ¬Ņmi √ļltima jugada?, ¬Ņd√≥nde los besos?, ¬Ņqui√©n dir√≠a?, ¬Ņest√°s despierto?, ¬Ņc√≥mo la perla?, ¬Ņpor qu√© me gusta tanto? (y hasta una √ļltima ‚Äúsecci√≥n‚ÄĚ, sin poemas, as√≠ nombrada: ¬Ņahora qu√©?).

¬†‚ÄĒ Muchos interrogantes. Un permanente surgir de nuevas preguntas ante el suceder y su reflexi√≥n posterior o simult√°nea. En el curso de este di√°logo debo haber mencionado el vocablo extra√Īamiento, que para m√≠ es una condensaci√≥n de mi gesto po√©tico; dir√≠a que ese vocablo expresa de modo confesional el momento anterior a la escritura de mis poemas, que los imagino, digo ahora, y aqu√≠ los imagino como una respuesta ante el asombro.

De ah√≠ quiz√°s que vos como buen lector me se√Īal√°s esa serie de preguntas; preguntas que exponen un segundo movimiento que es el de caracterizar el secreto, el enigma que tratan de nombrar mis im√°genes, mis palabras, puestas en poemas. Si tuviera que nombrar un tercer movimiento, lo caracterizar√≠a como de diseminaci√≥n, es decir, el modo en que proliferan los sentidos, las significaciones, sin quedar ancladas en una √ļnica interpretaci√≥n.

¬†‚ÄĒ Lectores hubo que se preguntaron por qu√© les gustaba tanto tu ‚Äú¬Ņpor qu√© me gusta tanto?‚ÄĚ Y transcribo: ‚ÄúMe gusta tanto porque es una poes√≠a de a pinceladas delicadas, poemas sin t√≠tulo, sin piso ni techo, donde uno puede entrar por una ventana y salir por una chimenea.‚ÄĚ ‚ÄúPoemas mamushkas. Cajitas chinas tambi√©n.‚ÄĚ ‚ÄúMe gusta tanto porque s√≠.‚ÄĚ

‚ÄĒ Cuando otro poeta celebra mi poes√≠a para m√≠ es una celebraci√≥n mayor. Entonces dif√≠cilmente yo pueda opinar, o dar cuenta sobre la referencia de M√°ximo Ballester, excelente poeta, por otra parte, al que acab√°s de citar. Atino a expresar que los lectores de poes√≠a m√°s √°vidos son los otros poetas y, en general, debo decir que hacia ellos me dirijo en primer lugar.

‚ÄĒ ¬ŅCu√°n lejos, o cerca, te hall√°s de aquella ‚Äúdoctora jekyll‚ÄĚ, de aquella ‚Äúse√Īora hyde‚ÄĚ?

¬†‚ÄĒ Cuando me detengo a pensar mi escritura en conjunto, no tengo medidas espaciales ni temporales. No est√°n lejos ni est√°n en el pasado. Cuando leo alguno de mis primeros poemas all√≠ encuentro vibraciones actuales. Tampoco creo que en el transcurso de mi poes√≠a haya habido una evoluci√≥n. S√≠ hubo transformaciones, pero esas transformaciones no me alejan ni me acercan, sino que, en todo caso, complejizan mi relaci√≥n con la palabra. S√≠ es verdad que no he dejado de ser la doctora jekyll, que nunca he dejado de ser la se√Īora hyde, porque est√°n ah√≠ presentes y hay resonancias. Las variaciones que se van dando en mis intereses po√©ticos, provienen de mi necesidad de indagaci√≥n, y acaso con una fantas√≠a de efectuarla con modulaciones y de no caer en la repetici√≥n.

Esta Nilda Barba que escribe hoy es una versi√≥n polif√≥nica de las anteriores. Ese no olvidar los poemas que he concebido es lo que me conmina a no convertirme en una m√°quina repetidora y a explorar permanentemente. Antes aseveraba que no pienso el despliegue de mi escritura en t√©rminos de evoluci√≥n; agregar√≠a que es como el so√Īar, a medida que pasa el tiempo uno no sue√Īa mejor que antes, sigue so√Īando.

Ficha

Nilda Barba naci√≥ el 17 de junio de 1949 en Buenos Aires, ciudad donde reside, la Argentina. Es Contadora P√ļblica Nacional egresada de la Facultad de Ciencias Econ√≥micas de la Universidad de Buenos Aires. Se form√≥ en Civilizaci√≥n, Literatura y Arte en la Alianza Francesa. Particip√≥, entre otros, en 2006 en el Festival Internacional de Zamora y en el Encuentro Internacional de Poes√≠a en Cuernavaca, ambos en M√©xico; en 2007 en el Festival Internacional de Poes√≠a de Rosario, Santa Fe, Argentina; en 2008 en el VII Encuentro de Poetas ‚ÄúJun√≠n 2008‚ÄĚ del Movimiento Poes√≠a, provincia de Buenos Aires; en 2009 en el Encuentro auspiciado por la Casa del Poeta Peruano, en Chimbote, Per√ļ. Poemas suyos fueron traducidos al alem√°n, al ingl√©s y al catal√°n. Fue incluida en los siguientes vol√ļmenes antol√≥gicos: ‚ÄúEl placard‚ÄĚ (2003), ‚ÄúPoetas del mundo‚ÄĚ (2006), ‚ÄúAntolog√≠a de la confederaci√≥n latinoamericana en Austria‚ÄĚ (2008), ‚ÄúNo toda belleza redunda en felicidad‚ÄĚ (2008), ‚ÄúSin fronteras‚ÄĚ (2011), ‚ÄúAntolog√≠a X Aniversario Grupo Alegr√≠a‚ÄĚ (2015). Tradujo el poemario ‚ÄúLebl√≥n, suelo y voz‚ÄĚ de la brasile√Īa Solange Rebuzzi. Public√≥ los poemarios ‚ÄúEl cord√≥n‚ÄĚ (Grupo Editor Latinoamericano, 2005), ‚Äú¬Ņpor qu√© me gusta tanto?‚ÄĚ (Vela al Viento Ediciones Patag√≥nicas, 2007), ‚Äúdoctora jekyll y se√Īora hyde‚ÄĚ (Vela al Viento Ediciones Patag√≥nicas, 2009), ‚Äúcomo seda con la boca‚ÄĚ (Ediciones del Dock, 2015), ‚Äúal final del pasillo‚ÄĚ (Editorial Vinciguerra, 2016).

*Entrevista realizada a través del correo electrónico: en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Nilda Barba y Rolando Revagliatti.

 

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