Dic 21 2004
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Economía

Niños y adolescentes en la escuela

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Los estudios experimentales indican que, por regla general, un niño de cada cuatro tiene problemas en la escuela. La preparación que tienen los maestros no les permite dedicarles la debida atención. La labor cotidiana en el colegio se distingue esencialmente de las clases magistrales que suelen presentarse al estudiante del profesorado. Se les  prepara ante todo para dar  asignaturas, es decir para motivar en sus discípulos procesos de aprendizaje que le permitan adquirir cultura  y habilidades.

Al pedagogo se le transmiten, en primer lugar, nociones técnicas, didácticas, y metodológicas. Después inicia su carrera en el instituto como especialista en conocimientos y en su transmisión. A partir de allí la realidad de la enseñanza le muestra a todas luces que existen considerables discrepancias entre sus expectativas y la de muchos de sus  escolares.

Para la aparición de dificultades al docente con su plan de adiestramiento, ni siquiera es necesario que en una clase de 40 alumnos se encuentren los nueve difíciles que estadísticamente pueden esperarse. Si los continuos tropiezos, y tal vez hasta el fracaso de sus propósitos, no quiere atribuirlos a su propia incapacidad, lo más fácil es buscar las causas en los escolares. Su comportamiento lo identifica como perturbador; percibe a los educandos en la mayoría de los casos como agresivos o desatentos. Si no responden a sus expectativas de rendimiento, los declara tontos o haraganes. Puede que por el momento tales “explicaciones” liberen o tranquilicen al  profesor, pero no le ayudan ni a el ni a los párvulos a vencer los problemas.

Si tratamos de comprender la situación de un estudiante difícil y las condiciones de su comportamiento inquieto, modificaremos nuestra actitud frente a él. Entonces el  pedagogo ya no sé vera obligado a reaccionar “con impotencia” o a tomar medidas de exclusión, sino que hallara posibilidades constructivas frente a esas posiciones  escolares delicadas.

Se entiende que las causas de las dificultades pueden estar en los discípulos,  pero en la mayoría de los casos no es “su mala voluntad”. Algunas circunstancias familiares, la situación escolar y, no en último lugar, el modo de interacción entre  instructores y  colegiales, pueden provocar estos problemas.

Los esfuerzos que hacen los docentes  para alcanzar sus objetivos curriculares encuentran a menudo la resistencia del alumnado. Incluso muchos cursos cuidadosamente concebidos tienen que interrumpirse, o hasta suspenderse, porque el comportamiento de los estudiantes estorba o impide la continuación. La falta de atención a los contenidos didácticos y, en su lugar, los enfrentamientos mutuos entre los discípulos ocupan, a veces, la actividad del maestro. Éste, entonces, en vez de dedicar su tiempo al adiestramiento planificado, emplea una parte más o menos considerable del mismo en amonestar a algún estudiante o a toda la clase o en censurar y señalar el comportamiento indeseable, con el fin de crear o restablecer primeramente las condiciones necesarias para el aprendizaje. Todos los participantes en esta situación se sienten molestos o impedidos en el cumplimiento de sus tareas, y en último lugar, hasta los perturbadores.

Las contrariedades académicas obedecen a multiplicidad de factores: la sociedad, la escuela, la familia, el grupo de compañeros, problemas de rendimiento o de aprendizaje, de adaptación social y la misma personalidad del adolescente  contribuyen a la aparición de dificultades.

En nuestra sociedad, el éxito en el rendimiento estudiantil, desempeña un papel central. El estatus social del individuo no ha de ser condicionado por privilegios de nacimiento, sino por su instrucción personal. Los beneficios estudiantiles  documentados mediante certificados o diplomas, prometen mejores oportunidades profesionales y un mayor prestigio social. Debido al mayor numero de alumnos en los institutos que permiten continuar otros conocimientos y la disminución, en forma simultanea, de empleos calificados y, relacionado con todo ello, la introducción más frecuente del i>númerus clausus en las universidades, aumentaron en los últimos años las exigencias de rendimiento de los bachilleres.   Este creciente reclamo, las notas y la competencia por los lugares de instrucción, apoyada generalmente por los colegios,  se considera hoy causa de múltiples dificultades de escolaridad.

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* Periodista venezolana.

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