Sep 27 2006
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Opinión

No de la escritora. – ISABEL ALLENDE Y LA CRUZADA CONTRA VENEZUELA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La diputada Isabel Allende (arriba), a quien no debe confundirse con la escritora homónima, encabeza una suerte de cruzada dentro del PS contra el gobierno de Venezuela asegurando que éste ”ha sido un factor de intervención hacia otras naciones, que a mí me molesta profundamente”, informó hoy el diario electrónico El Mostrador “Además creo que el embajador Víctor Delgado no tiene nada que hacer en Chile”, añadió la hija de Salvador Allende, cuya herencia ética le permitió incorporarse a la política.

Desde que estalló el incendio que prendió el ministro subrogante de RREE Alberto Van Klaveren (abajo, izq.) con el affaire Delgado, gran parte de la “clase” política de la Concertación de Partidos por la Democracia que sustenta al gobierno de Michelle Bachelet se ha radicalizado contra Hugo Chávez. Hoy levantan la tesis de la abstención en la votación secreta del 16 de octubre, mientras recrudecen las intrigas y noticias falsas como la defección del apoyo del Mercosur en favor de una fantasmagórica candidatura “alternativa” a Guatemala de Uruguay e incluso otra del propio Chile, desmentida por el gobierno.

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En cambio, para el senador Alejandro Navarro, también del PS, en Chile gobierna una socialista pero las relaciones exteriores del Estado la maneja la DC. Añadió que “el lobby DC contra el gobierno de Chávez es incomprensible” y que “la petición de la salida de embajador venezolano está sentado un peligroso precedente, ya que después de esto tendremos que medir a varios con la misma vara”.

El parlamentario dijo que “existen canales diplomáticos reservados para hacer ver discretamente la eventual salida de un embajador. Al hacerlo público se esta construyendo el escenario para justificar que Chile no votará por Venezuela, esta es la ‘operación abstención’ que algunos sectores de la DC están impulsando, para tratar de lograr la ratificación por parte de Chile del Tribunal Penal Internacional (TPI), sin sanciones de los EEUU, a cambio de que no votemos por Venezuela. Esto es muy grave pues en los tres cargos de dirección del ministerio no se encuentra representada la visión de los socialistas sobre América Latina y nuestras relaciones vecinales”.

Según Susana Jaramillo de El Mostrador, la única excepción a la unanimidad de la dirigencia Democracia Cristiana (DC) sería el senador Jorge Pizarro, aunque también pide la cabeza de Delgado. Jaramillo añadió que “en el Partido Por la Democracia (PPD), el Partido Socialista (PS) y el Partido Radical Social Demócrata (PRSD) la situación varió en forma profunda una vez que el embajador hiciera duros comentarios contra la falange [PDC] y su pasado histórico golpista, incursionando de paso en la política interna de Chile”.

Raseros distintos

Pareciera que las “ofensas” al “pasado histórico golpista” de los demócrata cristianos terminaron por tocar hasta a las víctimas de aquel golpe militar de Pinochet de 1973. El surrealismo chileno condujo al enojo de la clase política por las alusiones de Delgado (abajo der.) al apoyo DC al golpe contra Chávez de 2002, pero tuvieron la misma reacción cuando algún embajador medio rubio y de ojos azules, como Craig Nelly de EEUU, amenazó con represalias económicas si Chile ratificaba el Tratado de la Corte Penal Internacional.

Tampoco hubo histeria cuando los más altos jefes de la diplomacia y el Estado venezolano aludieron la misma cuestión. Por ejemplo, Delgado no fue el primer venezolano en aludir el papel de los demócrata-cristianos chilenos y de la ODCA, la Organización Demócrata Cristiana de América, en el golpe orquestado por EEUU en la tierra de Bolívar. Meses antes lo recordaron el ex canciller Alí Rodríguez Araque y el vicepresidente José Vicente Rangel.

En El Mercurio del 22 de junio de 2006, página C4, en una entrevista (al parecer, telefónica) de Bernardita Marino al entonces canciller Rodríguez, la periodista preguntó:

–¿Cómo ve la petición de la DC chilena, de que Chile no vote por Venezuela argumentando que no es el candidato que representa mejor a la región?

Y ésta fue la respuesta del jefe de la diplomacia de Venezuela:

–Tengo entendido que esas voces, que con mayor ardor se están emitiendo en Chile, fueron las mismas que apoyaron el golpe de Estado en Venezuela (abril de 2002), y que abogaban por el reconocimiento de la brevísima dictadura del señor (Pedro) Carmona … No quiero intervenir en asuntos internos, porque eso corresponde definirlo soberanamente a los chilenos”.

Casi un mes después, el cuerpo dominical de Reportajes de La Tercera del 16 de julio 2006, páginas 14-15, publicó una entrevista de Francisco Artaza al Vicepresidente José Vicente Rangel:

–¿El tipo de liderazgo que Chávez desea tener en la región pasa por la intromisión en asuntos internos de otros países?

–En absoluto. Y si me van a hacer alusión a lo que pasó con las declaraciones del presidente Chávez sobre Chile y la mediterraneidad boliviana, les digo que ése es un tema completamente superado. Creo que en beneficio de la relación histórica que hay entre Chile y Venezuela esas cuestiones no deben estar en el tapete. Es como si insistiéramos en que fue sospechosa la actitud de la Cancillería chilena durante el golpe de estado contra el presidente Chávez. Borrón y cuenta nueva, porque entre chilenos y venezolanos no pueden haber recuerdos desagradables.

A Delgado le preguntaron: ¿Considera a la DC como la piedra de tope para que el gobierno chileno no exprese su apoyo a Venezuela? Y esta fue su respuesta:

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– La posición de la Democracia Cristiana con Chávez es la misma que tuvo con el presidente Allende. No me extraña esa actitud, la DC se opuso al proyecto socialista, progresista y renovador del presidente Allende y se opone al mismo proyecto del presidente Chávez. Hay una organización internacional que se llama la ODCA (Organización Demócrata Cristiana de América) cuyo presidente es el esposo de la señora Soledad Alvear, señor Gutenberg Martínez, y esa entidad apoyó el golpe de Estado en Venezuela.

Chávez no le gusta a la clase política criolla, menos lo que está haciendo en su país ni lo que dice en foros como la ONU. Pero la histeria de la diplomacia de Chile S.A. pudiera arriesgar buenos negocios, porque el dinero de Venezuela compra mucho más de lo que Santiago importa.

Si los más altos jefes de la diplomacia y del Estado venezolano dijeron tres meses antes por la prensa chilena más o menos lo mismo que Delgado y viendo cómo hay jefes en la cancillería como Alberto van Klaveren manejando las relaciones entre Estados por la prensa como si fueran personajes de la farándula, la pregunta es ¿por qué nadie de la jerarquía de Van Klaveren abrió la boca ante los dichos de Rodríguez y Rangel? Tal vez sea porque el hilo siempre se corta por lo más “Delgado”… ¿o acaso el hilo negro es más vulnerable?

Negocios y oportunismo político

El diario La Tercera se ha vuelto más agresivo que los 23 periódicos de la cadena El Mercurio contra el embajador y el asiento en la ONU, manteniendo su campaña en primera página. La explicación podría estar en los intereses que su dueño, Alvaro Saieh, posee en Venezuela:

Según el diario económico Estrategia, del 4 de septiembre 2006: “El Grupo Saieh lleva diez años en Venezuela, desde que adquirió el Banco Consolidado en US$ 130 millones. Posteriormente, en 1998, compró el Banco del Orinoco, con fuerte presencia en el norte del país.

“CorpBanca Venezuela tiene un dos por ciento de participación de mercado, 630.000 clientes, 1.734 empleados, activos por US$ 932 millones, depósitos por US$ 727 millones y una rentabilidad superior al 35%. Tiene 110 sucursales y 330 cajeros automáticos, bastante más que las 66 oficinas y los 110 cajeros existentes en Chile. Se repite el fenómeno en rentabilidad, pues acá alcanza un 9%. Además, mientras en nuestro país la participación en tarjetas de crédito sólo es de un 1,9%, allá llega a 9% a través de la aspiracional CorpBanca Amex y CorpBanca American Express.

“Caminando por Caracas se pueden encontrar tantos bancos como farmacias en Santiago. La competencia ha obligado a la filial venezolana a fijar un plan de inversión de US$ 12 millones para remodelar sus sucursales y modernizar los sistemas informáticos. Tal como en Chile, la prioridad es el crecimiento en personas, no sólo enfocados en la capital, sino también mirando a regiones, ya que, como explica Chamorro (Claudio, gerente de Planificación de Corp Banca):

“La actividad económica no está tan centralizada como en Chile”. A cargo de este plan está Hernán Santamaría, quien cuenta con una amplia experiencia de 35 años en el sector bancario, 20 de ellos en Citibank, cinco como consultor y diez en Corp Group” (www.estrategia.cl/histo/200609/04/ambito/saieh.htm).

El diputado Marcelo Díaz, identificado con el ala “izquierda” que lidera el presidente del PS, senador Camilo Escalona, desearía “que Chávez retire al embajador u otra medida, y otros como el senador radical Guillermo Vásquez, que fue partidario de apoyar a Venezuela, ahora se inclina por la abstención”.

Las “fuentes confiables” de Jaramillo indican que varios dirigentes y parlamentarios “se dieron vuelta” y ahora son partidarios de la abstención. Uno que otro pone como precio el retiro de Delgado. Pero nadie garantiza que el sacrificio del diplomático no sea gratis para Venezuela.

Isabel Allende dijo: “Yo soy crítica a la actitud que ha tenido el jefe de Estado del país caribeño porque ha sido un factor de intervención hacia otras naciones, que a mí me molesta profundamente, pues es básico el respeto en cuanto a la convivencia de todos los países”.

La diputada del “sector renovado PS” indicó que las expresiones del embajador “son declaraciones que son injustificables, sin sentido y que no le hacen bien a las relaciones entre ambos países”. Dijo que “sería bueno que el Presidente Chávez retire a su embajador porque éste no tiene nada que hacer en Chile. No es aceptable que él se haya entrometido en asuntos internos y que haya criticado a la Democracia Cristiana”.

El jefe de los senadores PPD Roberto Muñoz Barra dijo que “si hay una posición contraria a Chávez, ello no tiene nada que ver con el pueblo venezolano, por el cual Chile tiene un gran cariño, pues hemos tenido una relación histórica muy buena en aspectos culturales, económicos y políticos. No apoyar a esta nación en la ONU no tiene nada que ver con que tengamos que obedecer los intereses norteamericanos, sino que fundamentalmente por una línea negativa del mandatario extranjero con el resto de América Latina”.

Muñoz Barra aclaró mejor su postura: “Resulta insostenible votar por alguien que no da garantías en el continente, y no me cabe dudas que con la impronta de Chávez se puede convertir esta instancia poco seria y confiable que tienda más a perjudicar que a beneficiar a los países de América”.

“El hecho de que aún no haya aparecido un país de consenso, que había sido la estrategia ideal de Chile, pudiendo haber sido Uruguay, Costa Rica u otro, determina que lo aconsejable sería que nuestro país se abstuviera para no aparecer como un Estado obediente a los intereses de Estados Unidos, pero también con mucha autonomía ante estos liderazgos, como el de Chávez, que constituyen una versión nueva de un tipo de autoritarismo al que se llega por la vía democrática, pero posteriormente se va usando el poder de un modo autoritario”, resaltó.

Voces disidentes de la Concertación

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El senador Navarro fue una de las escasas figuras públicas del PS que se atrevió a disentir. Para Navarro “hay gente equivocada que quiere demostrarle a Condolezza Rice que los chilenos somos ‘buenos alumnos’ y castigamos a los adversarios de la administración Bush. Nos parece grave que se establezca relaciones con países sudamericanos con este tono y con esta rigidez, quedando en evidencia, como lo hemos dicho, que no se utiliza la misma vara y el mismo criterio con países poderosos como los Estados Unidos”.

El senador Navarro calificó de “inaceptables” los dichos del canciller reemplazante Van Klaveren de que el problema es con el embajador de Venezuela y no con el gobierno del presidente Chávez. Dijo que el venezolano presentó excusas y Van Klaveren, quien al parecer se enteró de tales explicaciones por la prensa y la radio a los pocos minutos, “no las acepta y endurece la postura de la Cancillería”.

“¿Qué se busca con estas declaraciones?, preguntó Navarro. “¿Encerrar al gobierno de Venezuela para que un simple entredicho continúe escalando y se transforme en un conflicto bilateral? Pedir la salida de un embajador acreditado ante nuestro país no es poca cosa. ¿Por qué insistir públicamente en ello? ¿Hasta donde se quiere hacer llegar el conflicto?”.

“También resulta sorprendente la rápida sintonía entre Van Klaveren y los medios de prensa, en una suerte de “diplomacia periodística”. La fijación de Van Klaveren con Delgado parece animadversión personal, quizás surgida anteriormente en alguna eventual discusión entre ambos en alguna recepción diplomática.

Navarro explicó que “no existe ningún precedente durante los gobiernos de la Concertación en donde se haya tratado con tanta dureza pública a un embajador de un país sudamericano acreditado en Chile”. Dijo que “esto no es casual, pues con este método se busca generar un conflicto bilateral con Venezuela. Chile tiene todo el derecho a solicitar explicaciones o exponer sus puntos de vista, pero esto se debe hacer privilegiando el diálogo y la búsqueda de entendimientos y por canales diplomáticos. Para eso sirve la diplomacia”.

El legislador añadió que solicitará la comparecencia del canciller en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado “para que entregue explicaciones sobre el lamentable manejo de esta situación”.

“Diputados díscolos”

Este fin de semana viajarán a Venezuela cinco diputados llamados “díscolos” porque vienen cuestionando la política exterior del gobierno. La delegación parlamentaria oficiosa, que visitará las instalaciones de la Faja Petrolífera del Orinoco, desea conocer el proceso social y político que impulsa la administración Chávez anteriormente viajó a Bolivia, provocando las iras de la cancillería por “su intromisión”.

El grupo está integrado por legisladores de diverso signo político, como Alejandro Sule, del Partido Radical; Marcos Enríquez-Ominami Gumucio (PS); Sergio Aguiló, PS, quien vivió en Venezuela (al igual que Sule); René Alinco, del PPD y de quien se dice que es el único obrero en el parlamento chileno; y Eduardo Díaz, joven diputado DC y súper “díscolo”, porque con este viaje, desafía a los sectores de derecha de su partido.

Curiosamente El Mercurio también ha publicado cartas de personas comunes y corrientes que expresan críticas a la actitud de la cancillería desde la óptica del sentido común del ciudadano de “a pie”. “Me parece desproporcionada la reacción asumida por la Cancillería chilena en contra del embajador venezolano, Víctor Delgado (bastaba con aceptar las disculpas públicas expresadas por él)”, escribió el lunes Gabriela Prado R., psicóloga.

“Este tipo de reacciones un tanto convulsivas hablan muy mal de nuestra siempre equilibrada diplomacia, y la ponen en un mal pie, fundamentalmente porque se hace evidente su politización en desmedro del interés nacional caracterizado por nuestra reputada cortesía en este ámbito”, añadió. “Constituye un hecho lamentable, pues nos estamos involucrando más de la cuenta en una situación internacional que poco nos compete y que nos traerá consecuencias negativas”.

Otro lector, identificado como Alberto Espinoza Pino, abogado, escribió esta carta el domingo: “Es cierto que el principio de no intervención en asuntos internos constituye una regla de la diplomacia y de las relaciones entre los estados. Por ello son reprochables las palabras del embajador de Venezuela. Pero no es menos cierto que las palabras del embajador Delgado tienen el valor de una verdad histórica inconcusa: el partido Demócrata Cristiano formaba, junto con los partidos de la derecha, parte de una coalición opositora al gobierno del presidente Salvador Allende y la Unidad Popular, y no sólo opositora sino que además respaldó, salvo honrosas excepciones, el golpe militar del 11 de septiembre de 1973″.

Esta verdad duele tanto a los demócrata-cristianos como a los militantes socialistas que hoy son sus aliados en la Concertación, y su recuerdo hace “pagar el pato” al embajador Delgado bajo el pretexto de la norma del derecho internacional de no intervención en política interna.

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* Periodista. Un primer artículo sobre el “affaire Delgado”, que incluye el comunicado de la cancillería chilena –era entonces ministra de RREE doña Soledad Alvear– puede leerseaquí.

Addenda

UNA RELACIÓN QUE TUVO MEJORES TIEMPOS

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La imagen es clara: la relación entre los presidentes de Chile y Venezuela discurría en forma armónica; está por verse cuánto de ella efectivamente se ha deteriorado por el torpe, vergonzoso escandalete montado por la derecha declarada y lo más reaccionario del gobierno de Bachelet, que llevó a la diputada Allende Bussi a afirmar que el voto chileno por Venezuela para el Consejo de Seguridad de la UNo no era un voto por Venezuela, sino “votar por Chávez”.

El martes 26 de setiembre de 2006, citando un artículo d de El Mercurio de Santiago, en el periódico digital Analítica Venezuela puede leerse “La trastienda del conflicto que puede ayudar a la presidenta a confirmar su voto por Venezuela”. Queda dicho allí que tras el discurso de Chávez en la Asamblea General de la ONU, en tanto “varios diplomáticos chilenos criticaron los ataques del gobernante venezolano (…) lejos de sumarse al coro de críticas, Bachelet se mostró menos tajante y adoptó una postura neutra. ‘En ningún momento lo reprobó abiertamente’.

“Una actitud que continuaba la senda del hermetismo que ha mostrado frente a la decisión que tomará respecto del apoyo a Venezuela o Guatemala para el Consejo de Seguridad del organismo. Y sobre la cual su inclinación por el primer país es un dato de la causa dentro del Gobierno”.

Analítica Venezuela recoge además la presunta ira de la gobernante chilena por las declaraciones del embajador Delgado, que recordó tanto el apoyo de la democracia cristiana a la campaña contra el gobierno de Allende, que desembocó en el golpe de Estado de 1973 –que costara posteriormente la vida de su padre, el general constitucionalista Alberto Bachelet, por los malos tratos recibidos luego de apresado por los golpistas– como el brindado a la asionada cívico-militar en Venezuela.

(El texto compoleto puede leerse aquí).

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