Nov 14 2007
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Opinión

No es un cuento. – EL REY QUE RABIÓ

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

¿Puede un simple presidente de un país latinoamericano venir a criticar a un ex mandatario español, y otro a unas empresas españolas explotadoras? Claro que no, caballeros, porque a los peninsulares se les ha olvidado que en el siglo XIX nos independizamos de España. Creen que porque ahora hay algunas empresas españolas instaladas A.C., volvimos a la colonia.

Aunque no hay que olvidar que en los tiempos actuales, gobiernos, reyes y empresas son tres personas distintas y un solo dios nomás: la ganancia. Incluso dicen las malas lenguas que don Juan Carlos es un as de los negocios, y que mantiene una “relación carnal” con la clase empresarial.

¿Supieron que el rey,

también de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Cerdeña, de Córdoba, de Corcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano; Archiduque de Austria; Duque de Borgoña, de Brabante, de Milán, de Atenas y Neopatria; Conde de Habsburgo, de Flandes, del Tirol, del Rosellón, y de Barcelona; Señor de Vizcaya y de Molina; etc. etc., etc.?,

supieron que “Only the Lonely”, como le llama Javier Marías en su novela Mañana en la batalla piensa en mi, se paro y se fue de la reunión plenaria de la XVII Cumbre Iberoamericana? Se paro y se sentó en la diferencia, en todos los presidentes latinoamericanos y en doña Michelle, que dirigía la reunión.

Dicen que hasta los periodistas españoles se extrañaron, porque Su Majestad suele ser un caballero muy bien educado. Pero claro, ante sus súbditos un rey tiene que mantener la dignidad, y la dignidad real se prueba mandando callar a gritos a un presidente latinoamericano que es un indio, aunque sea un indio elegido por su pueblo, no como Su Majestad, que fue elegida por el generalísimo, el mismísimo caudillo, por Franco en persona, nada menos. Y se manifiesta esa dignidad parándose y largándose cuando se le viene en ganas.

“Así hay que tratar a estos metecos”, piensan los gachupines. “¿Acaso creen que son iguales a nosotros y que tienen derecho a criticar a quien se les ocurra, aunque sea a Aznar? Claro que no, cada uno en su lugar, que los indios, los negros y los metecos se callen, que no sean igualados”, como se dice en México.

Yo pienso que en el fondo a Su Majestad le dio tanta rabia porque se acordó que en el siglo XIX los echamos de América Latina a patadas, y que después de la guerra española tuvimos el honor y la suerte de recibir como exiliados a lo más granado de España, intelectuales, artistas y hombres y mujeres de pro, muchos de los cuales todavía permanecen entre nosotros y les reconocemos el derecho a criticar a quien se les ocurra, y los que han muerto son para nosotros paradigmas de la dignidad de España, del mundo en general y de la cultura en particular.

Pero ahora el monarca defiende a las empresas españolas, que no son precisamente paradigmas culturales, sino vulgares explotadoras y sinvergüenzas como cualquier empresa capitalista que se respete, del país que sea. No quiero generalizar, habrá algunas buenas, pero no las conozco.

Se habrá espantado al ver que el presidente Chávez de Venezuela y el presidente Ortega, de Nicaragua, mostraban la ojota que llevan bajo los zapatos, porque para los latinoamericanos de bien, mostrar la ojota es mostrar sus raíces y defenderlas defendiendo a sus pueblos. Pero el, Only the Lonely, el Rey de España, de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra y etcétera, etcétera, no mostró la ojota sino la hilacha: la de advenedizo en las practicas democráticas, la de discriminador y colonialista trasnochado, la de un hombre que no acepta las criticas pero se cree autorizado a formular todas las que quiera y de la manera mas grosera posible, que es retirarse abruptamente de una reunión de alto nivel.

Todos los españoles que vienen a América Latina, incluso el Rey, repiten una frase: “mayor seguridad jurídica para los capitales extranjeros”. Eso si, no hablan de seguridad jurídica para los trabajadores que laboran para esos capitalistas. Y nuestros presidentes latinoamericanos tienen el derecho y la obligación de defender a esos trabajadores.

Cuando, por obra de las Cortes de la dictadura, Juan Carlos fue coronado rey de España, apenas contaba con un modesto patrimonio. Treinta años después, según publicaciones especializadas en estos temas, el rey español es uno de los monarcas más ricos de Europa. ¿Que habilidad ha permitido que ocupe hoy el puesto 134 en la lista de las mayores fortunas del planeta? Posiblemente nunca lo sabremos.

Pero hay una cosa clara ¡Vaya que rabio el rey en esta XVII Cumbre Iberoamericana! Pues que se vaya tomando un tranquilizante, porque la posición de la mayoría de Latinoamérica no va a cambiar.

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* Abogada.

La imagen de apertura se pirateó honorablemente de una portada ya vieja de la revista satírica El jueves, que se publica en Barcelona.

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