Feb 16 2013
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PolíticaSociedad

Non habemus Papa… pero sí divisiones

Un Papa que renuncia: Hace seis siglos, ¡598 años!, que la Iglesia Católica no vivía una situación semejante. Joseph Aloisius Ratzinger, alemán de la región de  Baviera fue ungido como Papa en el 2005. Con sus 85 años manifestó que ya no tenía las fuerzas suficientes para seguir conduciendo la barca de Pedro.

Dando por cierto el argumento de Benedicto XVI, no parece que sea esa la única causa de su renuncia. Tal como se esperaba, fue un Papa conservador que procuró mantener a la Iglesia dentro de la ortodoxia y trató de limpiarla de algunas de sus “mugres”, como alguna vez escribió para referirse al tema del abuso de menores por parte de muchos hombres de esa Institución. Situación que, en estos años, tuvo una gran difusión produciendo mucho daño a la Iglesia.
No son pocos los que piensan que, en su renuncia, tiene mucha influencia las dificultades para combatir la mafia económica que llegó en 1971 cuando Paulo VI tuvo que acudir a sectores “no muy santos” para salvar las finanzas vaticanas. Paulo VI encargó esa tarea a un cardenal norteamericano, Paul Marcinkus, poniéndolo al frente del Banco Vaticano.

Este se asoció con Michele Sindona y Roberto Calvi, banqueros italianos vinculados a la tristemente célebre Logia P 2, que tuviera mucha influencia en nuestro país en los tiempos de la Presidenta “Isabel” María Estela Martínez de Perón y José López Rega. Los acuerdos con Calvi y Sindona terminaron en un escándalo. Ambos fueron “suicidados”, el primero en un puente londinense (1982) y el otro estando preso (1986), el cardenal norteamericano terminó poniendo distancia de la justicia italiana (1989), refugiado en un obispado de Arizona. Antes, en 1978, Albino Luciani, había sucedido a Paulo VI. Luciani, obispo de Venecia, con el nombre de Juan Pablo I, asumió el gobierno de la Iglesia. Quiso terminar el Concilio Vaticano II, sacar la mafia del Banco Vaticano y liquidar las ostentosas riquezas de la Iglesia.

Los 33 días, que ejerció su mandato, solo le alcanzaron para hacer público su propósito. Su extraña muerte quiso ser investigada, pero no fue posible ni siquiera hacer una autopsia. Las denuncias, rumores y comentarios que referían un envenenamiento corrieron como reguero de pólvora.

El cardenal polaco Karol Józef Wojtyła, como Juan Pablo II, sería el Papa que gobernara la Iglesia hasta el año 2005, fecha en la que asumió el renunciante Benedico XVI.
Ratzinger fue un conocido teólogo, que enseñó en universidades alemanas. Fue colega y compartió trabajos con Hans Küng, otro teólogo alemán que proponía fuertes reformas al interior de la Iglesia, a quien luego enfrentara duramente. Ratzinger compartía muchas ideas con su colega Küng cuando fue, en los 60, asesor del Concilio Vaticano. Su posición iría virando hacia tendencias más conservadoras, para transformarse en uno de los principales defensores de las corrientes más tradicionales.

Aunque siempre aspiró a reformas al interior de la Iglesia, quería que esta no quedara atrapada por problemas sociales o mundanos. Ahora al retirarse vuelve a plantear las necesidad de esa reformas y se mostró comprensivo respecto a la situación de divorciados y homosexuales.

Los mayores interrogantes futuros giran en torno al nombre y características del próximo Papa. Una de las cuestiones que tienen que ver con su designación está vinculada a temas doctrinarios e internas de la Iglesia. La otra es respecto al marco internacional en el que aspira moverse la Iglesia.

Dado que lo católico es universal, por definición, la posición del papado respecto a este tema no es intrascendente. En las cuestiones internas lo más probable es que se ratifique la tendencia tradicionalista del actual Papa. En el aspecto internacional hay variadas posibilidades que serán motivo de análisis cuando consideremos, dentro de algunas semanas esta cuestión.

Un tema clave es hasta donde, el próximo Papa, podrá o querrá limpiar la imagen de la Iglesia respecto de los intereses económicas que pululan en su alrededor y que se acercan para sacar beneficios o réditos más próximos a intereses terrenales que a perspectivas celestiales. En estos días es motivo de debate y controversias internas la designación del nuevo Presidente del Banco Vaticano, cargo que recayó en el abogado y empresario naviero Ernst von Freyber, también de origen alemán.

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