Dic 3 2019
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Cultura

Norma Etcheverry y la fenomenal contradicci贸n que conlleva la condici贸n humana

La poeta Norma Etcheverry, graduada en la carrera de Periodismo (Universidad Nacional de La Plata), conversa con nosotros, entre otros asuntos, a prop贸sito de sus viajes por varios pa铆ses de Am茅rica y Europa, as铆 como sobre su experiencia grupal acercando la poes铆a, por ejemplo, a las escuelas, a las c谩rceles, a los sindicatos.

聽鈥 Ranchera de nacimiento, residiste durante una parte de tu ni帽ez a 45 kil贸metros de la Capital Federal, en Alejandro Korn.

鈥 Efectivamente, nac铆 en un pueblo rural llamado General Paz (Ranchos), donde viv铆a 鈥済ente de campo鈥, con sus costumbres, sus creencias, sus sue帽os y sus limitaciones. Por razones familiares, a mis seis a帽os nos mudamos a Alejandro Korn, que si bien es tambi茅n un pueblo provinciano, tiene m谩s que ver con la ciudad que con el campo. Alejandro Korn es 鈥渆l 煤ltimo cord贸n del conurbano hacia el sur鈥, y el contacto con la Capital era, ya en aquella 茅poca, muy frecuente. La diferencia de idiosincrasia con Ranchos fue algo que me marc贸 para siempre.

En una novela que escribo y reescribo (hasta que me decida a 鈥渆xpulsarla鈥 de m铆), la primera l铆nea narrativa recorre la oposici贸n campo-ciudad y las antinomias que se me plantearon en la vivencia cotidiana desde entonces, en las cuales consciente o inconscientemente identifiqu茅 el interior con el radicalismo y el conurbano con el peronismo. Esta cuesti贸n implica otras menores (o no tanto); por ejemplo, el hecho de ir a un colegio religioso en Ranchos, donde hab铆a ciertos lujos como un gran piano en la sala de m煤sica, y, por otro lado, asistir despu茅s a una escuela que me sorprendi贸 por las modestas instalaciones y la situaci贸n econ贸mica de mis compa帽eros.

Pero no me disgust贸, al contrario, guardo en mi memoria algunos recuerdos entra帽ables, como cuando llegaba la hora del mate cocido con leche, en esas aulas de madera sin estufas durante las ma帽anas heladas del invierno. Yo fui all铆 sabiendo leer de corrido, mientras que la mayor铆a a煤n estaba aprendiendo, as铆 que muchas veces me tocaba efectuar la lectura del d铆a desde un libro que nunca olvid茅: se llamaba 鈥淐aleidoscopio鈥e intuyo que incidi贸 esa obra con mi pasi贸n por viajar y compenetrarme con otras geograf铆as y otras gentes.

Cada cap铆tulo se refer铆a a un lugar o situaci贸n distinta, y para m铆, ex贸tica. Ya el caleidoscopio giraba y enfocaba una tribu del Amazonas, ya apuntaba en direcci贸n a los Andes mientras San Mart铆n cruzaba la cordillera, ya ca铆a en medio del C铆rculo Polar 脕rtico, donde un grupo sami se deslizaba en trineo por el hielo de Laponia. Foment贸 mi curiosidad; y mi entusiasmo por la聽 lectura.

Otra cuesti贸n que me marc贸 entonces tiene que ver con el mundo de los hombres y el de las mujeres. Me cri茅 en una familia de mujeres fuertes, algunas por car谩cter (como mi abuela y mi t铆a, la 煤nica hermana de mi madre), y otras por necesidad, como mi madre, que tuvo la osad铆a de divorciarse y enfrentar sola la vida con cuatro hijos (tres, varones). He aqu铆 que tambi茅n me imbu铆 del mundo masculino.

Adem谩s, en el campo qued贸 mi familia paterna, compuesta de padre, t铆os y primos, de sangre vasca y pocas palabras. Altern茅 entre ambos mundos gran parte de mi infancia y toda la adolescencia, y ese ir y venir me abri贸 interrogantes sobre los que indago todav铆a.

Cuando termin茅 la secundaria, coincidieron algunas razones familiares para que, otra vez, nos mud谩ramos de ciudad, ahora a La Plata, donde viv铆a mi t铆a materna, una mujer emprendedora, de mucha personalidad, que muy pronto supo qu茅 hacer conmigo y conseguirme un empleo p煤blico que me permiti贸 estudiar y aprender a manejarme en un contexto de relaciones m谩s complejo que el que yo conoc铆a.

As铆, apenas con dieciocho a帽os, ya trabajaba en el Ministerio de Econom铆a mientras estudiaba Periodismo. Con la llegada de la democracia, particip茅 en pol铆tica y casi sin propon茅rmelo me encontr茅 muy cerca de la entonces vicegobernadora Elva Roulet, otra mujer 鈥渇uerte鈥; por lo menos lo fue, simb贸licamente. En esta instancia, aparece en mi esquema de pensamientos y acci贸n, el tema del poder.

De hecho, a menudo viajaba con ella a pueblos del interior como aquellos en los que yo hab铆a vivido, y observar las necesidades de la gente desde el escenario o desde la ventanilla del auto oficial, me produc铆a una contradicci贸n terrible. Volv铆a la antinomia peronismo-radicalismo, tambi茅n en lo personal, ya que me enamor茅 de hombres peronistas (traicionando a mi padre, supongo) de los que despu茅s me separ茅. El amor tambi茅n fue siempre oscilar entre dos mundos.

鈥 驴C贸mo 鈥渢e explicar铆as鈥 tus b煤squedas formativas en Derecho, Letras, Filosof铆a, T茅cnicas de Psicodrama en la Escuela de Psicolog铆a Social, curso de Yo-auxiliar en la Asociaci贸n de Psicodrama, dibujo y pintura en los talleres de Manuel Oliveira y de Hebe Redoano, acercamientos a la interpretaci贸n de la Kabalah, seminarios de Cine y Literatura, as铆 como sobre Nietzsche, o Est茅tica, o sobre 鈥淟o queer en la literatura del cono sur鈥, taller con Alicia Genovese en la Casa de la Poes铆a鈥?

Voy a empezar contando una breve an茅cdota. Cuando estaba en sexto grado, creo, deb铆 abocarme a la redacci贸n diaria y el t铆tulo convocante era 鈥淣er贸n incendia Roma鈥. Al d铆a siguiente me llam贸 la vicedirectora para felicitarme: tuve por primera vez conciencia del聽acto de escritura en relaci贸n a los otros: me obsequi贸 un hermoso cuaderno de tapas duras y me dijo 鈥渢en茅s que escribir tu diario鈥. Eso hice, y en uno de esos cuadernos (ya estaba en la secundaria), afirm茅 que estudiar铆a Psicolog铆a o Letras.

Sin embargo, instalada en聽La Plata vine a estudiar Relaciones P煤blicas, y ese a帽o los cursos estaban suspendidos, la carrera de Psicolog铆a no exist铆a (se hab铆a cerrado durante el Proceso de Reorganizaci贸n Nacional) y por alguna raz贸n que no comprendo no opt茅 por Letras. Termin茅 en Periodismo, sin una verdadera vocaci贸n, aunque siempre lo asoci茅 con el oficio de escribir, lo que me dio una formaci贸n bastante amplia. Mientras particip茅 en聽 pol铆tica estuve unos a帽os en Abogac铆a, pero estudiar c贸digos de memoria me aburr铆a.

Por fin, decid铆 anotarme en Letras para cursar las literaturas (argentina, alemana, francesa, espa帽ola, cl谩sicas, etc.), porque le铆a mucho y desordenadamente. Curs茅 las materias de Teor铆a y de Cr铆tica Literaria, Filolog铆a y optativas de Filosof铆a. No tengo una vocaci贸n definida; procur茅 buscar, hacer lo que sent铆a que era el camino por donde ten铆a que transitar para nutrirme. El psicoan谩lisis, la C谩bala, Nietzsche o mezclar colores en un lienzo mientras le铆a las 鈥淐artas a Theo鈥 de Vincent Van Gogh, fueron surgiendo a medida que andaba por la vida, y as铆 es todav铆a.

Cuando asist铆 al seminario de literatura Queer fue porque estaba leyendo el poemario 鈥淎ustria-Hungr铆a鈥 de N茅stor Perlongher, y me entero que Jos茅 Am铆cola (con quien hab铆a aprendido mucho en la Facultad) iba a dar ese seminario en el que, entre otros autores interesant铆simos como Copi o Marosa di Giorgio, estaba Perlongher. Es una b煤squeda constante de ese momento de plenitud, en el que 鈥渟er y devenir son la misma cosa鈥, como dice John Berger. Una 鈥渃acer铆a de instantes鈥, con las palabras de Leopoldo Castilla, refiri茅ndose estrictamente a la poes铆a.

鈥 驴Ejerc茅s o has ejercido el periodismo de modo sistem谩tico?

鈥擠esde 1983, como dije antes, comenc茅 a trabajar en el Senado de la provincia. Me recib铆 y comenc茅 a hacer prensa. Mi primera experiencia fue 茅sa, en lo institucional, y no demasiado imparcial puesto que era un equipo que funcionaba alrededor de un cargo pol铆tico. Incursion茅 en radio pero no era el periodismo lo que m谩s me motivaba sino el acto de la escritura. El hecho de efectuar periodismo pol铆tico (y en cierto modo, partidario) me limitaba, me enojaba. Evoco esos comienzos como muy en contradicci贸n conmigo.

Odiaba ir corriendo con un micr贸fono detr谩s de alguien para que se dignara contestar mis preguntas. Prefer铆a las notas donde pod铆a escribir serenamente, aunque fuera una peque帽a colaboraci贸n en un suplemento. No obstante, tal vez por comodidad o por cierta seguridad econ贸mica prefer铆 quedarme en el 谩rea legislativa, en vez de, por ejemplo, irme a Buenos Aires y abrirme camino en el periodismo en una 茅poca en que, en La Plata, todav铆a se discut铆a la profesionalizaci贸n; el diario 鈥淓l D铆a鈥 evitaba dar trabajo a estudiantes de Periodismo. Incluso la carrera, si bien era universitaria, no ten铆a rango de Facultad.

Eso fue cambiando y no s贸lo no se discuti贸 el periodismo desde lo acad茅mico sino que adquiri贸 niveles impresionantes. A ello contribuy贸 el avance tecnol贸gico:a mediados de los 鈥80 lo m谩s sofisticado era tener un fax y en pocos a帽os, internet explot贸.

鈥 No s贸lo viajaste profusamente por nuestro pa铆s, sino que tambi茅n visitaste Chile, Bolivia, Per煤, M茅xico, Brasil, Uruguay, Espa帽a, Italia y Rep煤blica Checa.

鈥 Cuando era chica, me quedaba a ver pasar los trenes en la vieja estaci贸n de Ranchos y me preguntaba por los pasajeros, ad贸nde ir铆an, qu茅 historias tendr铆an esas personas que miraban un pueblo quieto en medio de la nada. Conservo enmarcada una nota de Luis Gruss, en una contratapa del diario 鈥淪ur鈥, de 1989, que se titula 鈥淭renes porque s铆鈥, en la que ilustra sobre la relevancia de los trenes para los pueblos y su m铆tica belleza.

Cuando comenc茅 a andar por el pa铆s y mi tren se deten铆a, en la noche, en estaciones solitarias desde las que se divisaba alguna lucecita prendida, en un pueblo, me ve铆a a m铆 misma, ni帽a, en la estaci贸n de Ranchos. Las primeras veces que sal铆 del pa铆s fueron a Brasil, un pa铆s que aprend铆 a querer recorriendo sus vastas extensiones por tierra y leyendo las novelas de Jorge Amado. A los veintis茅is a帽os ya me hab铆a casado y separado, y decid铆 irme sola a Per煤. Ahorr茅, ped铆 una licencia sin goce de sueldo y me fui por tres meses.

Descubr铆 nuestro Norte maravilloso, Salta, Jujuy鈥, pas茅 a Bolivia, y despu茅s sub铆 a Per煤. Hab铆a conocido hac铆a muy poco al que ser铆a el padre de mi hijo. Creo que me asust茅, y por eso sal铆 a buscar-me. Cuando llegu茅 a lo m谩s alto de la ciudadela, en ese paisaje imponente y celestial que es el Machu Picchu, con la Huayna Picchu enfrente (monta帽a vieja y monta帽a joven, tal lo que significa, con el R铆o Urubamba corriendo abajo鈥; all铆, de pronto, supe que estaba dispuesta al compromiso afectivo y, fundamentalmente, a que, llegado el caso, tendr铆a un hijo). Fue un gran viaje.

Otro, aconteci贸 cuando viaj茅 a Euskadi, para visitar Iparralde, donde intu铆a estaban los or铆genes de mis ancestros. Mi padre hab铆a muerto cuando yo ten铆a dieciocho a帽os y mi t铆o abuelo vasco me dec铆a palabras en euskera que nunca olvid茅. Para entonces, ya hab铆a publicado 鈥淢谩scaras del tiempo鈥, y en este viaje sembr茅 la semilla de鈥淎spaldiko鈥. Cuando volv铆 a La Plata, estuve un a帽o aprendiendo la lengua vasca.

Aspaldiko es una expresi贸n del euskera que significa 鈥渃u谩nto tiempo sin verte鈥, y es un libro que busca ra铆ces de Espa帽a, pero tambi茅n es mi libro m谩s pol铆tico, en el sentido en que, sin darme cuenta, est谩 atravesado por la crisis de 2001 en nuestro pa铆s. Mientras tanto, segu铆 andando con mi hijo por toda la Argentina y Brasil. Recuerdo el verano de 2007, cuando hicimos el trayecto por tierra hasta Ushuaia.

Su pap谩 fue un hombre a qui茅n am茅 profundamente y su desaparici贸n f铆sica fue un quiebre para m铆. De 茅l aprend铆 una b煤squeda singular atravesada por la psicolog铆a, el psicoan谩lisis y (隆otra vez!), la pol铆tica. No encontr茅 m谩s con quien dialogar 鈥ese dialogar鈥, como lo hac铆a con 茅l. La Patagonia seca y des茅rtica fue como un b谩lsamo para m铆, kil贸metros y kil贸metros de鈥; a veces, el mar. Despu茅s de cruzar hacia el Calafate y andar por el hielo del glaciar, bajamos hasta el fin del mundo.

Y hace poco cumpl铆 el sue帽o de conocer Praga, lo que deseaba desde chica, cuando le铆a historias sobre los pa铆ses que estaban 鈥渄etr谩s de la cortina de hierro鈥, y sobre la Primavera de Praga; sobre la vida de V谩clav Havel, el dramaturgo que fue presidente, y聽 antes de eso, Franz Kafka a trav茅s de sus 鈥淒iarios鈥m谩s que de sus novelas, y supongo que Milan Kundera en 鈥淟a insoportable levedad del ser鈥.

Viajar es como el segundo verbo, igual que escribir, a煤n antes que respirar. Ojal谩 pudiera m谩s, pero no tengo medios para eso, ahorro lo que puedo y, cuando tengo vacaciones, aprovecho. En alem谩n, hay dos verbos que me gusta pronunciar, uno es reisen, viajar, y otro es werden, devenir. Entre ambos, un lazo muy 铆ntimo. El viaje, literal y metaf贸ricamente, indica una b煤squeda y en ese camino de buscar hay una transformaci贸n, algo deviene en otra cosa, generalmente superadora. El proceso es similar en el amor, en los v铆nculos, en la escritura.

El viaje es el camino, como en el famoso poema de Constantino Cavafis: 脥taca es el camino. Una vez, tendr铆a diez o

Con Eduardo-Bechara Navratilova

doce a帽os, le铆 un art铆culo en las 鈥淪elecciones del Reader Digest鈥 que narraba c贸mo un ge贸logo desquiciado hab铆a golpeado la estatua de la Piedad, fragmentando parte de su rostro y el brazo. Hace un par de a帽os, cuando tuve a la Piet脿 frente a m铆, detr谩s de un cristal, resguardada para evitar ataques salvajes como aqu茅l, no pude evitar emocionarme. Llor茅, pero creo que las l谩grimas de mi ni帽ez, cuando le铆 esa historia, se un铆an desde el libro a la realidad, como en el caleidoscopio que giraba y giraba hasta detenerse. As铆, ahora, yo re煤no mis partes en el tiempo.

鈥 鈥淧oes铆a a la calle鈥 fue una consigna que sostuviste en 1987 con Gustavo Caso Rosendi, Patricia Coto, Eduardo Rezzano, Susana Kakuyaku鈥

Con Mar铆a L Canoso, Noemi Correa, Anamar铆a Mayol. Rub茅n S. Melero, Gabriela Rivero y Gustavo Tisocco

鈥 脡ramos j贸venes y, en esa 茅poca, el mercado editorial nos quedaba lejos. As铆 es que la idea de hacer nuestros propios libros y ofrecerlos al transe煤nte com煤n, fue un hecho singular: el acto grupal 鈥渄e unirse para鈥, con nuestros libros en mesitas improvisadas en medio de la Plaza San Mart铆n. La gente nos miraba con curiosidad, no estaba acostumbrada a ver poes铆as expuestas en la calle. Lo hicimos varias veces en La Plata, y tambi茅n en Berisso y Ensenada.

Merece nombrarse a Esteban T贸maz, quien fue el gestor y puso mucho empe帽o, aunque tambi茅n es cierto que cuando propuso perge帽ar un reglamento para adecuarnos a un determinado funcionamiento, algunos nos alejamos. De esa 茅poca es mi amistad con dos grandes poetas de La Plata, cada uno en su estilo: Caso Rosendi, de quien estoy

Con Mar铆a L Canoso, Noemi Correa, Anamar铆a Mayol, Rub茅n S. Melero. Gabriela Rivero y Gustavo Tisocco

convencida que su libro 鈥淪oldados鈥 es valioso en la transformaci贸n est茅tica de un hecho hist贸rico que jam谩s se olvidar谩: la gesta de Malvinas.

El otro es Eduardo Rezzano, adem谩s m煤sico, y cuyo estilo, imposible de encasillar, es original y desestructurado. Lo m谩s grato de aquella iniciativa fue la camarader铆a, y al 鈥渞econocernos鈥 alcanzar una noci贸n de la entidad 鈥減oeta鈥. Por lo menos para m铆, en cuanto reci茅n empezaba a mostrar mis versos un poco m谩s all谩 del c铆rculo 铆ntimo, y ese 谩mbito me serv铆a para reflejarme, para ver 鈥渄贸nde estaba parada鈥 en esto de escribir.

No hab铆a juicios entre nosotros porque la autoridad la ten铆a el tipo de la calle, la chica o la se帽ora que se paraba y rescataba alg煤n poema de entre tantos. Insatisfactorio, nada, en todo caso, se aprende de los propios l铆mites. Lo

Con Fernando Delgado

grupal no es f谩cil de continuar en el tiempo sin reglas de convivencia y, por otra parte, 隆es imposible pedirle a un poeta que acate las reglas! La iniciativa de llevar la poes铆a adonde est谩 la gente es algo que siempre me moviliza. Me gusta ir a leer a escuelas, c谩rceles, sindicatos鈥

En los 鈥90 hubo emprendimientos de escritores m谩s j贸venes que ya no est谩n, como Mariano Ojea y Pablo Ohde. Versos lanzados desde avionetas, o afiches pegados en las paredes, fueron algunas de las propuestas. A partir de una iniciativa de la comuna por la que se edit贸 una antolog铆a (en la que no particip茅 porque la pol铆tica y otras b煤squedas me hab铆an alejado de la poes铆a), se organizaron varios ciclos de lecturas que me ayudaron a reencontrarme con la gente. De esos ciclos, destaco el de 鈥淓l Caf茅 de los Poetas鈥.

Con Fernando Mengui, Avelino Mengui, Nury Busquet, 脕ngela Gentile, Monica Claus y Noemi Maldonado

Ana Emilia Lahitte iba a las lecturas y nos escuchaba y, en mi caso, como en tantos, ofreci贸 su ayuda para divulgar mi poes铆a. En esa 茅poca conoc铆 a Horacio Castillo, que nos recibi贸 en su casa (yo fui con el querido C茅sar Cantoni) y conversamos largamente una tarde de verano hasta el anochecer; tambi茅n a Rafael Felipe Oteri帽o, que ahora reside en Mar del Plata pero ama su ciudad natal.

鈥 驴Algo que nos quieras trasmitir de lo que opin谩s de los Encuentros de Escritores y, en particular, del 鈥淔estival de Poes铆a ABBApalabra鈥?

鈥 Estoy persuadida de que, como dec铆a Alberto Vanasco, 鈥渓a verdad de la poes铆a es la amistad聽 de los poetas鈥, no porque la amistad sea m谩s importante que la poes铆a, sino porque en esa amistad se forjan v铆nculos y se comparten instancias que nos hacen dignos de ella. Por supuesto, como en todas partes, hay mezquindades y ambiciones, pero a la larga caen las m谩scaras y queda lo esencial.

Con con Horacio Castillo H, C Aprea, G Caso Rosendi, R Sinelli, S Cornejo, C Cantoni Jose Mar铆a Pallaoro, L Maggiori. A Gentile y Norberto Antonio

Los encuentros son positivos en todo sentido. Si no somos soberbios y aceptamos reconocer el nivel propio y ajeno, eso, a m铆 me motiva a trabajar m谩s, a leer m谩s, a aprender m谩s. El Festival de ABBApalabra en M茅xico me otorg贸 la satisfacci贸n de leer mis textos en lugares como Matehuala y Real de Catorce, en la sierra huasteca, en San Luis Potos铆, conociendo y alternando con poetas de otras geograf铆as y de otras culturas. Fue intensa la actividad.

鈥 Mantuviste, entre otros, www.diagonalconverso.blogspot.com y la revista del mismo nombre que se distribu铆a por correo electr贸nico.

Con con Silvia Montenegro y Pierre Bernet Ferrand en La Habana

鈥 Mi objetivo era delinear una especie de diario (yo lo llam茅 鈥渞evistual鈥), que diera cuenta de las actividades de los poetas de la ciudad. Entre 2005 y 2007 se public贸 la revista 鈥淓l聽 Espiniyo鈥, dirigida por Jos茅 Mar铆a Pallaoro: entrevistas, ensayos como el que hizo Alejandro Fontenla sobre H茅ctor Viel Temperley, la aparici贸n de poetas nuevos y 鈥渘ov铆simos鈥, en fin, que sacudi贸 la modorra platense y dej贸 documentado en soporte papel un material valios铆simo.

A m铆 me provoc贸 el deseo de hacer algo, una especie de intercambio informativo continuado sobre las actividades del 鈥渕undillo鈥, para no perdernos de vista. Envi茅 por

Con Hugo Toscadaray, Leandro Alva, Alicia Pastore y Laura A Ponce

correo un primer n煤mero en el cual aparec铆an poemas de Rezzano de su鈥淕ato barcino鈥. En cada edici贸n redactaba una nota principal sobre la escritura, el amor, el tiempo, la poes铆a femenina… Y transcrib铆a versos de consagrados y desconocidos.

Concret茅 varias ediciones entre 2007 y 2009. Fueron divulgados Horacio Preler, N茅stor Mux, Sandra Cornejo, Roberto Themis Speroni, Mario Porro, Guillermo E. Pil铆a, Silvia Montenegro, Diego Roel, Mart铆n Raninqueo, Ethel Alcaraz, Eric Schierloh, Carlos Aprea, Norberto Antonio, Olga Romero, Horacio Fiebelkorn, Lara Villar贸…Y hubo un art铆culo sobre Mat铆as Behety, que aunque nacido en Montevideo, Uruguay, en 1843, tras haberse radicado ac谩 y fallecido en 1885, es considerado el primer poeta de La Plata.

Con su hijo

聽鈥 Roberto Daniel Malatesta public贸 en 2004 su poemario 鈥淧or encima de los techos鈥 (Editorial Leviat谩n, Buenos Aires), a partir de la tremenda inundaci贸n que se produjera un a帽o antes en su ciudad de Santa Fe. Y vos, Norma, debiste pasar una noche con tu familia sobre el techo de tu casa durante la tambi茅n tremenda inundaci贸n de 2013. 驴C贸mo afrontaste semejante avance de las aguas y qu茅 instal贸 y despleg贸 en tu subjetividad y en tu obra?

鈥 Es incre铆ble c贸mo, de alguna manera, el agua siempre me persigui贸. La primera imagen que me viene a la mente es el desborde del R铆o Salado, y en el medio del campo un ranchito con el agua tapando las ventanas. En el techo, una heladera. Es un recuerdo de cuando tendr铆a鈥 no s茅, menos de diez a帽os. Luego, cuando llov铆a en la noche, sent铆a angustia 鈥減or lo que se mojaba con la lluvia鈥, pero en relaci贸n a la gente humilde, las casas modestas, las cosas que hab铆a afuera y se arruinaban.

Resultado de imagen para norma echeverryYa en La Plata, no muy lejos de donde vivo desde hace veinte a帽os, hay un arroyo que suele desbordar y afectar a decenas de familias que viven en la orilla. En 鈥淢谩scaras del tiempo鈥 hay un poema que se llama justamente 鈥淟a inundaci贸n鈥. En 2002, cuando constru铆an la Autopista La Plata-Buenos Aires, yo misma me inund茅: cuarenta cent铆metros de agua en mi casa, hubo un antes y un despu茅s para m铆, tir茅 algunos libros y papeles pero no fue lo principal, porque por ese temor eterno m铆o, cuando empez贸 a llover m谩s fuerte levant茅 todo, absolutamente todo cuando nadie imaginaba que el agua subir铆a. Imagen relacionada

Eso afect贸 s贸lo a la zona del norte, en Tolosa y Ringuelet. As铆 que, cuando volvi贸 a suceder en 2013 y esta vez fue un desastre y tap贸 a toda la ciudad, yo no pod铆a creer que volviera a pasar. En mi casa tuve casi un metro de agua, pero hubo otras donde subi贸 hasta dos! Agradezco a Dios haber llegado a tiempo (hab铆a ido justamente a Ranchos) para estar con mi familia y resistir juntos esa noche espantosa, con gente que estaba en la calle, separada de sus seres queridos por distancias insalvables.

Todav铆a no pude escribir nada sobre esa noche, todav铆a me contengo. Un poema m铆o bastante divulgado es 鈥淎guas鈥: creado a ra铆z de la inundaci贸n de 2002, y que reci茅n聽 apareci贸 en mi libro 鈥淟a ojera de las vanidades鈥︹ en聽 2009. S铆 estoy con un m贸dico proyecto en imprenta (鈥淰iajar, leer, inundarse鈥): rescate de unos treinta textos (nResultado de imagen para norma echeverryo me animo a denominar聽 los poemas) de mis cuadernos pasados por agua: l铆neas que empiezan o terminan en puntos suspensivos, que son las borraduras del agua.

Es algo experimental; aun en la falta de palabras de cada l铆nea, se arma un sentido. Sobre todo porque eran registros de viajes, lecturas, pel铆culas que vi, momentos. Me parece milagroso que se pueda transformar en arte el dolor.

鈥 Milagroso鈥, agradecimiento a Dios: 驴c贸mo te llev谩s con la representaci贸n 鈥淒ios鈥?

鈥擳engo un costado m铆stico sobre el que se apoya una fe que me ha ayudado enResultado de imagen para norma etcheverry circunstancias de pesar o tristeza, y tambi茅n en esos instantes en que parece ser que uno est谩 presenciando un milagro. Creo en Dios, o en los dioses, no s茅, me da igual. En la soledad y en la visi贸n de la muerte. No se trata de un Dios injusto que permite que mueran inocentes en Palestina: los hombres son los que matan. Pienso en algo superior en relaci贸n al universo: asirnos a algo que nos distraiga del inmenso absurdo de la existencia.

Cuando se alcanza a vislumbrar la fenomenal contradicci贸n que conlleva la condici贸n humana, si uno no es un poco m铆stico se arrima demasiado al suicidio o la demencia. Soy optimista, opongo al absurdo mi entusiasmo por la vida. Me agrada repetir el significado griego del vocablo entusiasmo:鈥渢ener los dioses adentro鈥.

Ficha

Norma Etcheverry naci贸 el 5 de mayo de 1963 en Ranchos, provincia de Buenos Aires, la Argentina, y reside en Ringuelet, localidad del aglomerado urbano Gran La Plata, en la citada provincia. Es graduada en la carrera de Periodismo, por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Public贸 los poemarios 鈥淢谩scaras del tiempo鈥 (1998), 鈥淎spaldiko鈥 (2002) y 鈥淟a ojera de las vanidades y otros poemas鈥 (2009). Con el t铆tulo 鈥淟o manifiesto y lo latente鈥 fue incluida en 2011, dentro de la colecci贸n 鈥淐uadernos Orquestados鈥, dirigida por Abel Robino, una muestra de sus poemas concebidos despu茅s de 2009. In茅dito permanece el volumen 鈥淟a vida sin O.鈥, de poes铆a y relato breve. Textos suyos fueron traducidos al franc茅s, euskera y portugu茅s. Invitada particip贸, por ejemplo, en el Primer Festival Internacional de Poes铆a 鈥淪an Nicol谩s de los Arroyos鈥, en el Quinto Encuentro Po茅tico (ciudad de Buenos Aires, abril 2010: http://es.calameo.com/read/00064806894a6df53cc91), en la Feria del Libro y de las Artes de la ciudad de Berazategui, en el Encuentro Argentino de Poes铆a Rosario 2012, en el Festival de Poes铆a ABBApalabra, en M茅xico.

*Entrevista realizada a trav茅s del correo electr贸nico: Ringuelet, departamento de la Ciudad de La Plata y Ciudad Aut贸noma de Buenos Aires, distantes entre s铆 unos sesenta kil贸metros, Norma Etcheverry y Rolando Revagliatti.

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