Jun 27 2019
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Ambiente

Nos encaminamos a un apartheid ambiental

 

Cientos de millones de personas alrededor del mundo sufren de hambre, desplazamiento, enfermedad y muerte a causa del cambio climático, se señala en un informe presentado ayer en el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas por su ponente especial sobre la extrema pobreza, Philip Alston.

El experto independiente en pobreza extrema y derechos humanos advirtió que el mundo va camino del “apartheid climático”, en el que los ricos compran su vía de escape de los peores efectos del calentamiento global, mientras los pobres son los más perjudicados.Resultado de imagen para CALOR EN EUROPA

Alston, un jurista australiano, mencionó a los neoyorquinos vulnerables que quedaron atrapados sin electricidad ni atención sanitaria cuando el huracán Sandy azotó la ciudad en 2012, mientras que «la sede de Goldman Sachs estaba protegida por decenas de miles de sacos de arena y contaba con electricidad de su generador».

Confiar exclusivamente en el sector privado para protegerse de las condiciones meteorológicas extremas y de la subida del nivel del mar «casi garantizaría violaciones masivas de los derechos humanos, con los ricos atendidos y los más pobres abandonados», escribió.

«Incluso en el mejor de los casos, cientos de millones se enfrentarán a la inseguridad alimentaria, la migración forzada, las enfermedades y la muerte». Precisó que la economía mundial necesita un «giro fundamental» y distanciarse de los combustibles fósiles, a los que responsabiliza de gran parte de las emisiones de efecto invernadero provocados por el hombre.

Su informe critica a los gobiernos por hacer poco más que enviar funcionarios a conferencias para hacer «discursos», a pesar de que los científicos y los activistas del clima han estado dando la voz de alarma desde la década de 1970.

Imagen relacionadaPor lo pronto, el mercurio seguía subiendo ayer en Europa, especialmente en el oeste del continente, con temperaturas inéditas para un mes de junio que podrían intensificarse en los próximos días.

En Francia, donde la ola de calor proveniente del desierto del Sahara se instaló desde inicios de semana, las autoridades emitieron una alerta naranja en 65 departamentos del país y pidieron a los residentes tomar precauciones.

El país sigue traumatizado por la ola de calor de agosto de 2003, a la que se le atribuye la muerte de 15 mil personas, principalmente ancianos, los más vulnerables al calor.

En París, que como todas las grandes ciudades se convierten durante episodios caniculares en burbujas de calor debido al cemento, a las actividades humanas y a la falta de árboles, los residentes tomaban por asalto las piscinas municipales de la ciudad.

El termómetro marcaba ayer por la tarde en la capital francesa 42 °C.

Según el organismo nacional de previsión meteorológica, Météo France, esta racha de calor no tiene precedentes, para un mes de junio, desde 1947 por su intensidad.Imagen relacionada

Los expertos prevén que el termómetro siga subiendo hoy, hasta superar los 40 °C en varias localidades del este y del centro de Francia, como Besanzón, Clermont-Ferrand o Lyon, y se extenderá hasta finales de semana, al menos en el sureste del país.

En España, esta ola de calor durará al menos hasta el primero de julio. Las temperaturas podrían alcanzar el viernes 45 °C en Gerona y 44 °C el fin de semana en Zaragoza, ambas en el noreste del país.

“El infierno is coming”, tuiteó la meteoróloga Silvia Laplana, del canal público RTVE, junto a un mapa prácticamente teñido de rojo por las zonas de calor intenso.

En Alemania, donde los meteorólogos han advertido que se podría romper un récord de 38,5 °C para un mes de junio, las autoridades impusieron restricciones de velocidad en algunos tramos de las autopistas hasta nuevo aviso, debido al riesgo de que el asfalto caliente se rompa por las temperaturas inusualmente altas.

Stefan Rahmstorf, investigador del Potsdam Institute for Climate Impact Research, señaló que «este aumento de los extremos de calor se está produciendo como la ciencia había previsto, como resultado directo de un calentamiento inducido por los gases de efecto invernadero de la combustión de carbón, petróleo y gas», añade.

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