Dic 13 2005
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Política

»NUESTRA LUCHA ES JUSTA… NO LA HEMOS INVENTADO»

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

(Puelmapu, diciembre 2005). La siguiente es una entrevista exclusiva con Pascual Pichún Collonao, joven luchador mapuche que a comienzos de semana solicitó formalmente refugio político ante las autoridades de la República Argentina. Esta entrevista es fruto de las conversaciones que Azkintuwe sostuvo con Pichún en dos encuentros anteriores realizados en Argentina, ambos bajo estrictas medidas de seguridad, y una charla telefónica sostenida desde Buenos Aires y donde el propio Pascual nos actualiza su situación procesal en territorio trasandino, el «otro lado» del Wallmapu donde aspira poder vivir en libertad.

Pascual, cuéntanos cómo fue la presentación ante el CEPARE.

La presentación fue de carácter expositiva; yo personalmente expuse mi caso ante el Comité, quienes acogieron la petición a tramite. Estuve tres horas respondiendo preguntas y contando como es la situación de nuestra familia, de la comunidad y del pueblo mapuche en el sur de Chile. Ellos entonces me concedieron un «certificado precario de permanencia» dentro del país. Entre las garantías que me entrega este certificado está la posibilidad de estudiar, trabajar, tener cobertura médica por medio de ACNUR, que es el organismo de Naciones Unidas para los refugiados. También este certificado me da la posibilidad de tener libre tránsito por todo el país, con mi verdadera identidad.

¿Este certificado hasta cuándo dura?

El certificado es temporal y se va renovando cada 90 días mientras dure el proceso de revisión de la solicitud de refugio. En algunos casos esto se puede alargar hasta por un año, depende de varias cosas. Lo positivo es que la solicitud fue acogida y al menos tengo ciertas garantías mínimas para estar acá. El CEPARE es una institución seria, pertenece al Estado y es la encargada de ver todos estos pedidos de refugio. Ellos reciben las documentaciones e informes y después una Comisión estudia el caso, allí participan distintos representantes del estado, de la cancillería, del Ministerio de Justicia, representantes de organismos de derechos humanos, un representante de la Iglesia, otro de Naciones Unidas, etc. Es una institución importante y como hemos actuado de manera seria, presentando documentación con los abogados, eso me da seguridad de que vamos por buen camino.

¿Existe la posibilidad que el estado chileno solicite tu detención?

Si, existe. Yo creo que hemos dado un pequeño paso, aun falta por dar otros más, ya que no tengo aun las garantías suficientes de seguridad que quisiera. La decisión del Comité me da cierta garantía de que puedo gozar en este país de libre tránsito y estudiar eventualmente, pero los propios abogados nos han advertido que el gobierno chileno puede solicitar en los días siguientes que se me detenga. Lo que no pueden hacer es una detención directa de los aparatos represivos chilenos, eso sería imposible pues estarían violando leyes del estado argentino.

Acá tenemos confianza en que las autoridades argentinas puedan rechazar intentos de ese tipo y otros más judiciales. En este país hay varios avances legislativos en el sentido de reconocer a nuestra gente de este lado como «pueblo preexistente al Estado», es decir, como pueblo originario, con derechos especiales y eso lo han establecido en su Constitución Política, no en leyes menores. También tienen ratificado hace muchos años el Convenio 169 de la OIT, que protege y garantiza algunos derechos importantes para nosotros y todo eso da ciertas garantías que corren a nuestro favor. También esta la presión que las organizaciones mapuches y no mapuches puedan ejercer a mi favor, eso será vital, muy importante.

fotoEl renacer de la identidad

Pascual, como han sido estos dos años de clandestinidad. Hoy estás cerrando una etapa, pero deben ser muchos los recuerdos…

Estos 2 años de estar clandestino han sido duros para mi como persona y también para mi familia en general. Me tuve que crear toda un nueva historia de vida, inventar un pasado, una identidad, pero encontré mucha solidaridad de los peñi mapuche de este lado del territorio. Como siempre fue un grupo muy reducido los que sabían de mi real situación, por una cuestión de seguridad, por ahí se me hacía más difícil relacionarme abiertamente con la demás gente mapuche.

También hubo una etapa de acostumbramiento al lugar, acá si bien también hay comunidades, hay muchos peñi mapuche, es distinto… Los ambientes, la geografía, la cultura de la gente, son muy distintos a nosotros los de Gulumapu… En los primeros tiempos fue muy difícil, en lo emocional especialmente, porque nunca antes había estado tan lejos de mi familia y tanto tiempo sin comunicación con ellos.

Un experiencia que te ha cambiado.

Claro, fue una experiencia dura, como te decía, pero a la vez muy enriquecedora para mí como persona, me ha hecho crecer mucho. Yo creo que lo más importante, es que ha hecho crecer en mi la conciencia mapuche que ya tenía antes, pero menos desarrollada. Esto de estar clandestino me llevó a estudiar más, a reflexionar sobre la cuestión mapuche y el tiempo que estuve en la cárcel fue un factor también importante en este sentido, para aprender más y reflexionar sobre lo que soy.

A pesar de lo duro de las situaciones, uno siempre le busca lo bueno. Creo que gracias a esta forma de ver las cosas lo pude sobrellevar, pude encontrar el equilibrio. Además he conocido a un grupo de gente mapuche y no mapuche muy valiosa, que desde el primer momento estuvieron dispuestas a ponerse a disposición, apoyar en lo que estuviera a su alcance para que mi situación personal y la de mi familia fuera mejorando.

Podemos decir que te has vuelto aun más mapuche en estos dos años.

Así es. Cuando uno es un niño o adolescente es difícil plantear así como así tu identidad y decir, soy orgulloso de ser mapuche. Recuerdo que cuando me fui a la ciudad de Traiguén a estudiar tenia 11 años. Fue el año más largo de mi vida, por todo el cambio que eso significa, llegar a la ciudad: los chicos son crueles con la diferencia, en el pueblo son clasistas, muchos colonos italianos viven todavía en esos lugares. Llegábamos del campo y eramos mapuche, lo que nos convertía en el blanco de las burlas.

Yo aprendí mapuzugun en mi casa, pero generalmente no lo hablaba porque me daba vergüenza, pero sí lo entendía. Siempre fuimos marcados en la escuela, por la diferencia por color de piel, el más morenito siempre era el último del curso, me sentaba atrás y era centro de las bromas y hasta los profesores nos trataban mal. Por eso fue un año muy largo, interminable. Incluso me acuerdo que estaba llegando fin de año y como ya no daba más, no quería seguir estudiando, creo que no fui más a la escuela, pero tenia buenas notas así que de todas formas pase de curso.

Sabemos que estuviste en el Liceo Intercultural de Chol-Chol…

Si, eso fue en la enseñanza media. Se dio justo la coincidencia que mis hermanos habían dejado de estudiar, así que entramos el mismo año Carlos, Rafael y Jamelia. Yo entre a turismo, no tenia idea del asunto, pero elegí turismo. El liceo tenía una característica particular, como dices, promocionaba la interculturalidad, algo novedoso que a nosotros nos gustó, también a mis padres que ya estaban dentro del movimiento mapuche.

Ese fue un periodo muy lindo. En ese tiempo había una recuperación muy fuerte de la identidad, ahí conocimos mucha gente hicimos muchos amigos, impulsamos iniciativas culturales, creamos el grupo Kimkache cuando estábamos en segundo medio y a través de Kimkache pudimos fortalecer nuestra identidad y encontrarnos con otros jóvenes. Eso nos ayudó a tomar conciencia de que eramos mapuches y miembros de un pueblo con una gran historia. Allí nos graduamos en el 2001.

Háblanos de Kimkache.

Kimkache era un grupo musical que nació allí en el liceo. Hacíamos música mapuche y otra de raiz folclórica, latinoamericana, con contenido social como se dice. Nos ayudó mucho a salir a conocer. Con el grupo Kimkache cruzamos por primera vez la cordillera, para asistir a un encuentro cultural en Furilofche, que fue una experiencia muy enriquecedora. Ahí nos dimos cuenta de como el sistema educativo de Chile te niega tu propia historia, pues aunque estábamos en ese liceo intercultural, nunca nos dijeron que a este lado de la cordillera habían mapuche.

Entonces, pasar para acá y encontrarse con mapuche que eran jóvenes y que también estaban recuperando su identidad, fue muy grato para todos. Saber que somos muchos, no somos sólo un par, somos muchos. Encontrarnos a gente que eran como vos, que pensaba cosas como vos, en ese sentido fue muy bueno, especialmente para mi en lo personal.

¿Kimkache fue tu primera aproximación a la política?

Sí, se puede decir que sí, aunque estar en la comunidad ya era político, allá estaba el conflicto por las tierras y siempre lo vivías, estaba presente. Nosotros sin embargo creíamos que todo proceso social, todo movimiento social, necesitaba cubrir otros ámbitos, entonces Kimkache cuando nació, nació pensando en eso, en ocupar ese huequito que había y que le faltaba al movimiento, porque en ese entonces no había ninguna propuesta que ayudara a que los jóvenes pudieran tomar conciencia.

Nosotros utilizamos entonces la música y el contenido de las letras, para hablar de lo que somos como pueblo y dar a conocer la lucha de nuestra comunidad. Era una forma más de protestar, igual que una marcha donde hay que gritar consignas, en este sentido era tirar consignas pero a través de la música. Eso al menos pretendíamos con Kimkache, en ningún momento lo pensamos como una cuestión comercial o solamente folclórico. Nosotros veíamos un grupo que formaba parte del movimiento mapuche y estaba al servicio de su gente.

¿Cuándo se produce el arresto de ustedes?

Fue el año 2002. Estuvimos un año detenidos, a raíz de un suceso enmarcado en el conflicto que llevaba nuestra comunidad con las empresas forestales aledañas. Mi comunidad comenzó un proceso de recuperación en el año 96, mi papá era el lonko y rápidamente se hace una persona conocida en ese ámbito y todos comenzamos a ser perseguidos.

Mi papa fue acusado se incendiar la casa de Agustín Figueroa, el dueño de un fundo aledaño a la comunidad y se lo llevaron a la cárcel acusado de terrorismo. Nosotros en ese momento estábamos fuera de la comunidad, estábamos trabajando y tramitando nuestro ingreso a la universidad para ese año. Queríamos estudiar pedagogía intercultural. Como casi nadie quedaba en casa, regresamos una semana a la comunidad a trabajar, buscar leña, dejar ordenado todo. En eso estábamos cuando al final de esa semana, un día viernes, queman un camión forestal y la misma tarde, el día 12 de abril, nos detienen a nosotros dos, con Rafael (arriba, der.), que éramos los únicos hombres que estaban en la casa.

¿Los detienen de inmediato, sin pruebas…?

Así fue. Hacen un allanamiento horas después del hecho, nos llevan esa noche y nos dejan en el calabozo y después nos pasan al control de la detención. Luego amplían la detención y nos dejan incomunicados, estuvimos 5 días incomunicados y después nos formalizaron y levantaron cargos contra nosotros.

Los cargos eran de atentado incendiario y homicidio frustrado. De ahí, la jueza decide dejarnos detenidos y cumplimos un año presos en la cárcel de Traiguén, todo sin pruebas. Después de sucesivos petitorios, nunca nos dieron ningún beneficio, entonces con mi hermano decidimos hacer una huelga de hambre, para que nos dieran la libertad y también pedíamos que aceleraran el proceso judicial.

Estuvimos 30 días en huelga de hambre y 5 días en huelga seca, es decir, 35 días. A tanto llegó la gravedad de nuestra situación que nos tuvieron que internar en el hospital, estuvimos internados y ahí aceleran el proceso y llegamos a juicio oral en enero del 2003.

fotoEn este juicio oral nos condenaron a cinco años y un día de cárcel, pero con beneficios, porque nuestras conductas anteriores eran intachables. Además debíamos pagar una indemnización de seis millones de pesos chilenos, 10.000 dólares más o menos, suma imposible de pagar por nosotros porque, aparte, en esos años estuvieron presos otros tres miembros de nuestra familia.

En resumen, nos condenan y nos dan el beneficio de la libertad vigilada, pero podíamos gozar de ese beneficio sólo si pagábamos la deuda. Nos dan entonces un beneficio provisorio, prisión domiciliaria, donde no te podías mover más allá de 100 metros de la casa, lo cual era un chiste por cuanto el baño estaba a más de 150 metros. Estuvimos así un mes y en mayo, un día antes de mi cumpleaños, el 22 de mayo el Juzgado de Traiguén revocó la medida y nos envió a la cárcel por no pagar la multa.

¿Luego vuelven a salir en libertad?

Ahí estuvimos una semana presos. Después los abogados pusieron un recurso de amparo, porque el procedimiento de detención había sido irregular y nos dan nuevamente el beneficio, nos llevan a la casa. Después nos levantaron la medida de arresto domiciliario y nos dan una medida de arresto nocturno: teníamos que estar todas la noche durmiendo en la cárcel de Traiguén.

Esto sigue así, hasta que la Corte Suprema en Santiago ratificó la condena anterior, es decir, que si no pagábamos la indemnización debíamos pagar con cárcel y cuando nos notifican de eso decidimos pasar a la clandestinidad. Para nosotros estaba claro, no teníamos ninguna garantía de quedarnos en casa o presentarnos ante la justicia. Se supone que nadie en Chile puede estar preso por deudas, eso dicen los convenios internacionales, pero para nosotros estaba claro. Era la cárcel lo que nos esperaba.

Un paso histórico

Pascual ¿Cuándo surge la idea de solicitar refugio político en Argentina?

Luego de pasar a la clandestinidad y recorrer varios lugares, en un principio la idea era estar bajo la protección de un grupo de gente, de un grupo reducido de gente quienes se habían comprometido, como hermanos, como peñi, lamngen, a resguardar mi seguridad. Pero con el tiempo surgieron otras necesidades, personales, más humanas si se quiere entender así, que me hacen tomar la decisión de dar este paso, que implica el riesgo de ser detenido, pero que también la posibilidad cierta de legalizar mi situación en este país y quedar en libertad.

También influyó en esta decisión la detención de mi hermano Rafael en Chile y el encarcelamiento de mi padre. A partir de estos hechos comienza el trabajo de la gente que te mencionaba, para contactar abogados de derechos humanos, contactar otras organizaciones que pudieran solidarizar, generar recursos económicos para mis traslados, etc. Te hablo más o menos de hace un año atrás.

¿Qué le puedes decir a esa gente que estuvo apoyando tu largo proceso de estar clandestino?

– Lo primero que se me viene a la cabeza es una carta que me enviaron unos peñi de Chol Chol. Decía «peñi, más vale estar libre, que secándose en la cárcel». Creo que esa frase lo resume todo, pues aunque esto de estar clandestino y lejos de la familia sea duro, uno puede hacer más cosas fuera de la cárcel.

Cuando decidimos que no me presentaría a la justicia chilena, siempre fue, al menos para mi, no volver a vivir lo mismo, porque ya había estado casi un año en la cárcel y no es gracia estar dentro, no lo veo como algo bueno estar encarcelado.

Eso me llevó a estar acá y también la conciencia de pertenecer a un gran pueblo, de saber que aunque este en este lado de la cordillera, no estoy fuera del territorio mapuche. Al contrario, sigo estando en medio de mis hermanos, como lo hicieron los antiguos. Yo les agradezco a todos, ya que me han permitido estar aquí, haciendo un aporte a nuestra lucha, lo que es mucho más práctico que estar en la cárcel o encerrado en una casa.

Tu hermano Rafael siguió un rumbo diferente y hoy está encarcelado… ¿Qué sientes sobre eso?

Mi hermano tomó la decisión que quedarse cerca de su familia, no sólo de nuestros padres, sino de su propia familia que estaba formando y yo lo comprendo absolutamente.

Quizás si yo hubiera tenido que tomar la decisión pensando en que tengo un pequeño hijo o una hija, tal vez hubiera actuado de la misma forma que él. Me duele mucho que esté en la cárcel, pues es un lugar que nadie que ha vivido ahí recomendaría. Se lo que está sintiendo porque lo sentimos juntos hace dos años atrás, rabia, impotencia, pero también muchas ganas de seguir luchando.

Se acaba de iniciar una campaña de solidaridad en Chile. ¿Qué llamado realizarías al movimiento mapuche y social en general?

Les diría que nuestro pueblo a sufrido atropellos siempre y quizás seguiremos estando en segundo plano en las políticas de los Estados chileno y argentino. Pero a través de demostraciones de fuerza en común, podemos cambiar esta situación.

El mio es un caso dentro de muchos otros que hoy tenemos como pueblo, por eso debemos encarar esto como pueblo, dejando de lado actitudes sectarias que tan mal nos hacen como movimiento. También sabemos la relación que tiene nuestro movimiento con la gente común con la cual convivimos a diario, en todos los ámbitos, social, cultural, estudiantil y en esta lucha los hermanos no mapuche que sienten las injusticias como nosotros, también tienen su espacio que ocupar.

Por ello no quiero pedir un apoyo a mi caso solo desde el pueblo mapuche, sino también de parte de los hermanos chilenos, argentinos, que también se sienten atropellados cuando suceden estas cosas.

Importante debe ser hoy el tema económico…

Bueno, sí. Este proceso va a llevar mucho sacrificio, por ahí es complejo, van a ver muchos gastos, aunque estoy acostumbrado a vivir con lo mínimo, pero se necesita seguridad económica, uno va estar entregado al cien por ciento, entonces requiere de un apoyo de ese tipo.

Es decir, necesitamos un apoyo moral, pero también un apoyo en lo económico, si es pura moral me voy a morir de hambre (risas)… Creo que el apoyo se debiera dar en los dos sentidos, en lo político y en lo económico, para que no nos lleguen bajones.

Necesitamos juntar fuerza, cuando uno siente que está acompañado, aunque no están las personas en forma directa, uno agarra más fuerza. La idea es que me acompañen en este proceso, pues no solo es un proceso personal e individual, es un antes y un después en nuestro proceso de organización como pueblo, quizás un antes y un después en la historia mapuche, ya que vamos a estar sentando un precedente histórico.

¿Qué se viene para los próximos días y el futuro?

Tomarme unas vacaciones en Mar del Plata (risas)… Seguramente en los próximos días y semanas participaremos en reuniones, foros y conferencias exponiendo mi caso y trabajando para la campaña de recolección de firmas y apoyos que se inició. Eso seguramente nos tendrá bastante ocupados.

Ahora para el futuro y con la esperanza que mi caso se resuelva de manera favorable, yo siempre pensé en la práctica de Leftraru (Lautaro), que fue tomar las herramientas que te pueda dar el enemigo o mejor dicho, la sociedad no mapuche, y darle un uso propio. Por eso yo me veo estudiando algo en la universidad, algo que en el futuro pueda ser un aporte a la lucha, obviamente a la par de mi conciencia mapuche. Ser un profesional y dejar de ser un aporte a mi gente seria una traición a la patria mapuche.

Yo lo veo así, haciendo mi aporte en algún huequito que falta por llenar. Seguir haciendo música es una posibilidad, por ejemplo.

Para finalizar, ¿algún mensaje para tu familia, a tu padre que está en prisión junto con tu hermano?

En estos casos me pongo sentimental… Se todo lo que estamos sufriendo como familia, se todo lo que hemos sufrido en estos largos años de lucha por el territorio, pero hemos demostrado que nuestra lucha es justa, convincente, que tiene bases históricas y que no es algo que nosotros hayamos inventado.

La nuestra es una lucha que hemos heredado de nuestros viejos y ellos la heredaron también de sus mayores. Son ellos quienes nos dan todo el newen (fuerza) para seguir con la frente en alto, donde estemos y en las circunstancias que estemos. Siempre con la frente en alto, ese mensaje le enviaría a mi padre y a mi hermano.

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* En el periódico mapuche Azkintuwe (www.nodo50.org/azkintuwe). Fotografía de Hernán Scandizzo.

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