Abr 7 2008
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Opinión

NUEVO PROGRESISMO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Para muchos, entre ellos los socialistas chilenos, el término vino a reemplazar al concepto de izquierda, que por lo general aspiraba a un cambio revolucionario que terminara con el capitalismo en el mundo. Con el derribo del Muro de Berlín, tal aspiración quedó en el olvido. Y la izquierda fue desapareciendo como rótulo ideológico político. Quedó enquistada en algunas organizaciones que son tildadas de retardatarias, conservadoras por sus ex compañeros de ruta, o de terroristas por sus “enemigos de clase” de la derecha.

La modernidad tardía o la posmodernidad ha traído estas novedades. Y cuando uno se preocupa que analizarlas surgen luces que alumbran la realidad que vivimos. ¿Qué representa este nuevo término en la política? Porque si progresismo viene de progreso, tendría que significar algo relacionado con perfeccionamiento, con mejoría. Pero resulta que en política, progresismo esta directamente vinculado al desenvolvimiento de las libertades públicas.

O sea, el nuevo progresismo no pretende terminar con el capitalismo, sino, en el caso más auspicioso, mejorarlo.

Esta comprobación obliga a asumir que la antigua izquierda –actual progresismo– ha asumido que no hay alternativa posible. Que el mundo sólo puede mejorarse a través de la fórmula que entrega el neoliberalismo. Y, a lo más, hacer a la economía de mercado algo un poco más social. Pero esto mismo lleva a una comprobación adicional y es que la política hoy no la hacen los políticos.

Por eso resulta educativo que en su discurso, la presidenta Bachelet señalara que ser progresista hoy es pensar globalmente y apostar por más Estado. Por supuesto, esta es una referencia muy parcial a una intervención llena de matices.

Sin duda, Bachelet está consciente que el Estado actual no cuenta con las herramientas adecuadas para cumplir la función social que le corresponde. Críticos de la globalización y del esquema neoliberal sostienen que la nueva realidad ha cambiado la función del Estado. Lo ha transformado en un simple administrador de intereses transnacionales que son los verdaderos gobernantes del mundo.

Visión exagerada o no, las experiencias locales sirven para formarse un juicio. Hoy, numerosos Estados cuentan con menos recursos que varias transnacionales. Y así el control sobre determinadas áreas de la economía se hace imposible con un Estado pequeño, carente de medios y sin disponer de una legislación adecuada.

Bien por los líderes progresistas que se preocupan del Estado y su función. Pero hasta ahora pareciera que la pelea la están perdiendo. Antecedentes entregados por las Naciones Unidas señalan que sólo el 22% de la riqueza pertenece a los países en desarrollo, en cuyos territorios vive el 80% de la población mundial. Y un dato más alarmante aún: en 1991, el 20% de los países más pobres recibía sólo el 2,3% de la riqueza mundial. En la actualidad esa cifra ha bajado a un 1,4%.

La concentración económica es creciente. Chile es una buena muestra de ello. En términos macroeconómicos estamos entre las diez naciones más destacadas del mundo. Y también nos encontramos entre las diez que peor reparten sus ingresos en el planeta.

Hace bien el progresismo al preocuparse de estos problemas. Pero haría mejor en explicar cómo está llevando a la práctica tales inquietudes. Los éxitos chilenos son reconocidos en el mundo entero, pero el modelo no es más sensible ni más repartidor. Y la concentración económica sigue mostrándose implacable.

Entre nosotros, la competencia en el retail ya se da sólo entre tres conglomerados empresariales, por más que utilicen diversos nombres de fantasía. Y una reciente fusión fue detenida por el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia. Sin embargo, el fracaso de las intenciones de Falabella y DyS podría generar otra operación de envergadura. El gigante estadounidense Wal Mart estaría dispuesto a llegar a Chile vía DyS.

Encomiables los esfuerzos del progresismo. Incluso la presidenta Bachelet se dio maña para marcar diferencias en Londres. Dijo que mientras hoy la discusión en Europa es cómo modernizar el Estado de Bienestar, en Chile se discute “cómo construir un Estado de Bienestar moderno, desde una base altamente neoliberal que heredamos cuando restauramos la democracia en 1990”.

Independiente de la suerte que pueda acompañar a la mandataria, lo concreto es que el progresismo no está levantando nuevas banderas ni ganando batallas antiguas. A no ser que se considere un éxito administrar modelos de adversarios ideológicos que sueñan mundos diferentes.

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* Periodista.

wtapiav@vtr.net.

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