Feb 3 2015
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Opini贸nPol铆tica

Obama: presupuesto electoral

La propuesta de presupuesto presentada ayer por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, marca un viraje en la pol铆tica fiscal, que en los pasados seis a帽os se caracteriz贸 por mantener los lineamientos generales de su antecesor en el cargo.

Tras algunos alegatos iniciales en contra de la voracidad de los grandes capitales, pronunciados en el contexto de la crisis econ贸mica iniciada en 2008, el primer presidente afroestadunidense se pleg贸 r谩pidamente a la ortodoxia neoliberal y, desde entonces, su administraci贸n ha privilegiado a corporaciones y fortunas individuales en detrimento de la mayor铆a de la poblaci贸n.

El proyecto de presupuesto para 2016 es, en cambio, un documento caracterizado por un esp铆ritu de redistribuci贸n del ingreso, con programas sociales financiados a partir de un incremento impositivo a las empresas y a los estadunidenses de mayores ingresos. Entre las medidas propuestas destaca un impuesto de 14 por ciento, por una sola vez, a los beneficios obtenidos en el extranjero por grandes corporaciones de origen estadunidense, como General Electric y Microsoft, y una tasa subsecuente de 19 por ciento para tales utilidades de procedencia for谩nea. En contraparte, plantea la creaci贸n de un nuevo banco de infraestructura y aumentar 6 por ciento el presupuesto destinado a investigaci贸n y desarrollo.

No debe obviarse el hecho de que, si bien esta orientaci贸n en las finanzas p煤blicas de la mayor econom铆a del mundo apuesta por fortalecer en alguna medida a la clase media y a la sociedad en general, tiene tambi茅n un claro sentido pol铆tico e incluso electoral: en efecto, el proyecto de presupuesto apunta a acorralar a la mayor铆a republicana en el Congreso, opuesta a las alzas impositivas y partidaria de otorgar manga ancha a los conglomerados empresariales.

El presupuesto de Obama coloca a los legisladores republicanos en una dif铆cil disyuntiva: o ceden, as铆 sea parcialmente a la iniciativa presidencial, o se exhiben ante el electorado como promotores de la desigualdad.

Situado en la mitad de su segundo y 煤ltimo mandato, Obama, por su parte, ya no tiene una carrera pol铆tica por cuidar y puede darse el lujo de procurar el beneficio electoral de su partido, el Dem贸crata, sin preocuparse de la animadversi贸n de los grandes capitales.

Aunque cabe esperar que este proyecto de presupuesto consiga los votos necesarios en el Capitolio, al menos para sus partes sustanciales, es de lamentar que el acento en la redistribuci贸n no haya sido defendido antes por la Casa Blanca, cuando 茅sta contaba con mayor铆as legislativas, y cuando habr铆a podido marcar la diferencia entre la recesi贸n y la recuperaci贸n econ贸mica.

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