Abr 6 2011
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Opinión

Obama/Chávez: la dialéctica entre hegemonía y contrahegemonia

Anibal Garzón.*

Obama hizo una gira por Brasil, Chile y El Salvador para consolidar la hegemonía de los Estados Unidos en América Latina; como contrapartida Chávez visitó Argentina, Uruguay, Bolivia y Colombia para hacer contrapeso de resistencia al imperio. América Latina ha sido la región continental que más ha sufrido las injerencias del imperio norteamericano.

La estrategia de dominación de los Estados Unidos empezó con la aprobación de la Doctrina Monroe en 1823, donde exponía que no se toleraría ninguna intromisión de las potencias europeas en el continente presentando la tesis “América para los americanos”. Podría parecer, a primera vista, un respaldo de los Estados Unidos a los pueblos de Latinoamérica para conseguir sus independencias coloniales, pero no era más que una táctica entre las luchas de los imperios donde los Estados Unidos se apoderarían de los mercados de los nuevos estados latinoamericanos.

Un ejemplo fue la Guerra de Cuba con la firma del Tratado de París en 1898, donde el imperio español cedió sus colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas a los Estados Unidos. Una vez definida la hegemonía de los Estados Unidos por encima de Europa en todo el continente americano, en 1904 el Presidente Theodore Roosevelt aprobó el “Corolario de Roosevelt”, una enmienda de la Doctrina Monroe que incluía la intervención de los Estados Unidos si cualquier gobierno latinoamericano ponía en peligro las propiedades de las empresas estadounidenses.

Un poco de historia

Durante todo el siglo XX, Estados Unidos intervino constantemente para imponer y apoyar gobiernos que no ponían en peligro sus intereses económicos, e incluso, que reprimían duramente a los movimientos sociales de izquierdas por su lucha contra el comunismo, como las dictaduras en los años 70 de Jorge Videla en Argentina, Hugo Banzer en Bolivia o Augusto Pinochet en Chile, entre otras muchas.

También gobiernos progresistas como en Panamá por el general Omar Torrijos, o la Guatemala liderada por el militar Jacobo Arbenz en 1954,… sufrieron asesinatos y golpes organizados por el Centro de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) por que ponían en peligro los intereses del imperio.

Y otro escenario, ha sido —y es, dado que continua— la intervención de los Estados Unidos para ahogar la Revolución Cubana, intentando una invasión en 1961 en la Batalla Playa Girón, produciendo así casi la III Guerra Mundial con el Conflicto de los Misiles de Cuba en 1962, o el constante bloqueo económico y político que sufre la isla hasta hoy.

En los años 90, con la caída del modelo soviético y la posterior consecuencia de la crisis económica en Cuba, además de su aislamiento continental con gobiernos neoliberales en América Latina, los Estados Unidos centraron su injerencia en otras zonas mundiales, principalmente en Oriente Medio y Asia por los intereses imperiales de controlar el mercado del petróleo y otras reservas, creando la Guerra de Irak o Afganistán.

Con la crisis del comunismo, las dictaduras fascistas impuestas por los Estados Unidos abrieron sus barreras democráticas y —rápidamente debido al crecimiento de la pobreza en América Latina por el neoliberalismo— surgieron movimientos sociales como respuesta, el Movimiento Sin Tierra en Brasil, indígenas en Ecuador o Perú, los zapatistas en Chiapas, los piqueteros en Argentina, el Boliviariano en Venezuela,…. Varios no fueron al principio una amenaza para  los Estados Unidos por que eran actores críticos sin un programa político definido para llegar al poder.

Pero la construcción política de estos movimientos y la llegada de Hugo Chávez, Rafael Correa o Evo Morales como presidentes de sus Estados con proyectos nacionalistas de izquierda, u otros más reformistas como Lula en Brasil o Néstor Kirchner en Argentina, inició un nuevo frente contrahegemónico contra el imperio de los Estados Unidos.

En 2004 se fundó la coalición de ALBA (Alianza Bolivariana por los Pueblos de Nuestra América) entre Cuba y Venezuela, y las posteriores adhesiones de 6 países más como Bolivia, Nicaragua, Ecuador,… para conformar relaciones internacionales con dinámicas de desarrollo social e intercambio comercial entre países del sur, para resistir a las dominaciones de los Estados Unidos. Incluso el ALBA ha creado su propia moneda virtual, el sucre, para eliminar el dólar de sus transacciones internacionales.

Estados Unidos, a todo esto, empezó a elaborar su propuesta del Área de Libre Comercio por las Américas (ALCA) con la idea de que los 34 países del continente —excepto Cuba— aprobaran el Tratado neoliberal en 2005 para eliminar los aranceles y así, por su situación favorable a las relaciones de poder asimétrico con otros países al ser una economía más desarrollada y con sus estrategias del dumping —subvencionar productos de los Estados Unidos en otros países para reducir el precio y finalmente eliminar las competencias nacionales y una vez conseguido el monopolio subir los precios de sus productos—, controlar todo el mercado continental.

El proyecto del ALCA fue rechazado en la Cumbre del Mar de la Plata en noviembre de 2005. Por primera vez América Latina hacía frente al “Corolario de Roosevelt”, y además no solamente se opuso a la estrategia económica de los Estados Unidos, sino también políticamente derogando la suspensión del ingreso de Cuba en la Organización de los Estados Americanos (OEA) por la resolución de 1962 en junio de 2009.

El viaje de Obama y sus razones

Desde la llegada de Obama al gobierno, noviembre de 2008, los Estados Unidos han redirigido la injerencia a América Latina para hacer frente al crecimiento de movimientos y gobiernos de izquierdas, sobre todo contra los de inspiración bolivariana. No solamente militarizó las relaciones, justificándolo cómo lucha contra el narcotráfico con la activación de la IV Flota militar por aguas de Latinoamérica tras 58 años inactiva como herramienta de control y espionaje sobre los gobiernos de izquierdas.

También, el gobierno de Obama, según la investigadora Eva Golinger, estuvo detrás, ocultamente, del golpe de estado en junio de 2009 en Honduras contra el gobierno de Manuel Zelaya que se insertó en el ALBA. Y después de cumplida y ejecutada  la promesa del presidente de Ecuador Rafael Correa de no renovar el contrato a la base militar de los Estados Unidos en Manta, Obama trasladó sus fuerzas militares —en agosto de 2010— a territorio colombiano, justamente en la frontera con Venezuela, para aumentar el trabajo de espionaje e injerencia militar del Pentágono en América Latina.

Haití, tras el terremoto de enero de 2010 vivió la invasión de 14.000 militares de EEUU como “ayuda humanitaria”, mientras la intención fue crear una base militar de control en el Caribe. Además de todo esto, como siempre, no ha quedado exenta Cuba, donde Obama pidió, el pasado 10 de marzo, incrementar un 35% el presupuesto de las acciones contra el gobierno cubano en 2012, financiando la Sección de intereses de los Estados Unidos en La Habana (SINA), y la Oficina de Asuntos Cubanos con un total de casi 12 millones de dólares, según el profesor estadounidense Tracey Eaton.

El ajedrez

Más allá de las estrategias bélicas, el gobierno de Obama ha iniciado su ruta diplomática por América Latina, visitando entre el 19 y el 23 de marzo, Brasil, Chile y El Salvador. La elección de estos tres países no fue al azar.

Obama visitó Brasil para reunirse con la nueva presidenta Dila Rousselff. La intención de esta reunión ha sido fortalecer las relacionas entre el imperio y la potencia regional de Brasil en América del Sur para que no se desmarque de los parámetros del capitalismo y condicione a los países del MERCOSUR de crear un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos.

La siguiente visita, a Chile, tuvo un carácter estratégico político. Los aliados de los Estados Unidos y sus directrices neoliberales son Colombia, Perú y Chile, tres países que aprobaron TLCs con Norteamérica. El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, ha buscado una limpieza de su pasado como ejecutor del “terrorismo de Estado” como Ministro de Defensa restaurando las relaciones con Ecuador y sobre todo con Venezuela. Si se hubiese realizado una visita de Obama  a Colombia podría haber perjudicado la estrategia de Santos de buscar la colaboración de Chávez en la lucha contra la guerrilla de las FARC-EP, y mantener el comercio bilateral entre petróleo de Venezuela y productos agrarios de Colombia.

Y Perú, actualmente está en campaña electoral para las próximas elecciones presidenciales del 10 de Abril, y la visita de Obama podría afectar a los candidatos neoliberales como Alejandro Toledo o Keiko Fujimori ante el izquierdista Ollanta Humala. Así, Chile —el único país del Cono Sur que tiene TLC con los Estados Unidos, y tiene prioridad en las relaciones de poder con Bolivia o Perú, es un comodín esencial.

Mantener las relaciones con Chile es estratégico si los Estados Unidos quieren ahogar el proceso de cambios en Bolivia liderado por Evo Morales, o la probable elección como Presidente del Perú del candidato Humala —que si ganase posiblemente  aliste Perú en el proyecto de integración latinoamericana y antiimperialista liderado por Chávez.

Y por último, la visita de Obama  a El Salvador tuvo un objetivo de carácter interno y otro externo. Interno en el sentido de que quiere fortalecer las relaciones con el presidente salvadoreño Mauricio Funes para evitar su salida y que otro dirigente del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) lo reemplace y el proyecto político del gobierno cambie y fortalezca relaciones con Chávez.

En El Salvador hay un conflicto grave entre la cúpula de gobierno, que quiere continuar con un modelo neoliberal con pequeñas ayudas del Estado y relaciones de TLC con los Estados Unidos, y el partido de gobierno, el FMLN, que busca adherirse al proyecto del ALBA. La ahogada que consiguieron los Estados Unidos al proyecto progresista de Honduras con el golpe de estado, también buscar limitar el proyecto de El Salvador, para así aislar a la Nicaragua sandinista y controlar Centroamérica, la “República Bananera”.

La respuesta

Obama ha tenido respuesta del proyecto contrahegemónico liderado por Chávez. El presidente venezolano, a la semana del viaje de Obama, inició una gira del 28 al 3 de abril por América Latina, visitando Argentina, Bolivia, Uruguay y Colombia. La visita a Argentina y Uruguay, dos miembros del MERCOSUR, como Paraguay y Brasil, fue para mejorar las relaciones bilaterales de comercio, como el cambio de petróleo venezolano por productos agroindustriales y sobre todo fortalecer las relaciones políticas con los gobiernos de José Mujica y Cristina Kirchner para hacer frente al neoliberalismo de los Estados Unidos, además de que la propuesta de Venezuela de entrar al MERCOSUR siga con apoyo de ambos.

La visita de Chávez  a Bolivia es para continuar los proyectos bilaterales y del ALBA y para que el comercio entre los dos países y las relaciones políticas sean más fructíferas y soberanas. Además, Bolivia, el tercer país que ingresó en el ALBA, actualmente vive muchas contradicciones internas y conflictos entre gobierno y movimientos sociales donde Evo Morales ha perdido cierta popularidad.

Si Morales pierde las elecciones generales de 2014, Venezuela perdería un socio importante en su proyecto de integración. Y finalmente, la visita de Chávez a Colombia (que ha sido  cancelada para el día 9 de abril por  el retraso de la salida del avión de Chávez en Cochabamba por causas técnicas, según fuentes oficiales) tiene la estrategia de seguir el juego diplomático de Santos y evitar un conflicto entre los dos Estados.

Colombia  es el tercer país, detrás de Israel y Egipto –hasta la caída de Mubarak– de recibir más armamento de los Estados unidos. Entonces una guerra con la posible intervención de los Estados Unidos y Europa a favor de Colombia, no solamente produciría miles de muertos civiles entre pueblos hermanos, sino posiblemente la caída del proceso socialista en Venezuela.

Las correlaciones de fuerzas y las contradicciones entre norte y sur  en el  continente americano cada día son más manifiestas. Estados Unidos no dejará perder su hegemonía fácilmente, y buscará la división y el enfrentamiento entre gobiernos de América Latina, como ha hecho históricamente, para intervenir en base a sus intereses y paralizar la integración de los pueblos contra los proyectos neoliberales.

Y, por la contra, el ALBA no solamente trabaja para conseguir nuevos ingresos de países latinoamericanos afines a la organización, sino también para fortalecer unitariamente la lucha por la soberanía y la segunda independencia de América Latina.

El juego de ajedrez entre hegemonía y contrahegemonia continúa su partida, veremos quién hará el próximo jaque.
 
* En Kaos en la Red
www.kaosenlared.net

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